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El mundo descubre a HaitíMaría José Zamora - La Prensa - NicaraguaJueves, 28 de enero de 2010
Son décadas escuchando lo mismo sobre la situación de Haití: dictaduras, inestabilidad política, violencia, destrucción de los recursos naturales, ignorancia y toda una serie de factores que unidos dan como resultado la pobreza extrema que padecen casi la totalidad de los 9 millones de haitianos. ¿Cómo es posible que exista en el mundo tanta desigualdad? Su Santidad Juan Pablo II, con la firmeza y la fuerza que lo caracterizaba señaló este desequilibrio mundial en la distribución de la riqueza, y pidió a los países desarrollados y ricos que se preocuparan por resolver estas diferencias. Parece ser que a partir de ese momento algunos esfuerzos se han hecho en este sentido; sin embargo, no ha sido suficiente y quizá no de la manera más adecuada. Países como Haití y Nicaragua que a través de su historia han sido víctimas de dictadores y gobiernos autoritarios, tienen en común los mismos problemas y por ende los mismos resultados; son países empobrecidos, altamente vulnerables a los fenómenos naturales, y en la práctica, desprovistos de educación, recursos e infraestructura para enfrentarlos. No dudo que el desgraciado destino de estos países, no por casualidad primero y segundo más pobres del continente americano, va a continuar igual mientras se mantengan en el poder cúpulas insensibles y corruptas, que trastocan las leyes a su antojo y resisten acogerse a un sistema democrático que naturalmente se fundamenta en: elecciones libres y transparentes, alternabilidad en el poder, igualdad de oportunidades, respeto a los Derechos Humanos, respeto a las libertades civiles, instituciones de Gobierno independientes e imparciales, correcto equilibrio entre los Poderes del Estado, desarrollo económico y justicia social, entre otros. Estoy consciente de lo complicado que suele ser comprender la relación entre democracia y progreso; entre democracia y crecimiento económico, por lo cual es importante observar, en Latinoamérica por ejemplo, países como Chile y Costa Rica, cuyos gobiernos se han adherido fielmente al sistema democrático y prueban ser consecuentes con el desarrollo a largo plazo de su país, lo cual genera estabilidad política, protección y aprovechamiento de sus recursos naturales, mayor inversión, más empleos, viviendas dignas, y eficientes sistemas de salud y educación para los pobres. Opino que la estrategia de apoyo de los países ricos hacia Latinoamérica y el Caribe, y en el caso que hoy ocupa la atención mundial: Haití; debe de fundamentarse en la siguiente premisa: ?Solamente un sistema democrático puede sacar a los países pobres de ese estado y crear sociedades justas?. En otras palabras, los países ricos deberían de suspender su ayuda a aquellos gobiernos dictatoriales que rodeados de una pequeña élite de oportunistas se aferran al poder y se roban el dinero de la cooperación y las pocas divisas que produce el país. Urge que en estos países empobrecidos por gobiernos corruptos se establezca un programa a largo plazo cuyo objetivo toral sea sacar de la ignorancia, de ser posible, al cien por ciento de la población. Esto significa promover una educación integral que incluya como materia obligada; principios y valores democráticos. Indudablemente una ciudadanía consciente de sus derechos y deberes es capaz de trascender las desigualdades ideológicas, económicas y académicas en la consecución del bien común, de interiorizar una visión de nación y de descartar aquellos vicios políticos que distorsionan la práctica democrática. El terremoto ocurrido en Haití el 12 de enero ha conmovido al mundo por la desmesurada e inmanejable tragedia resultante. Ningún lugar del planeta está exento de sufrir catástrofes, la diferencia estriba en las capacidades económicas y de recursos humanos con los que cuenta el país para responder efectivamente, disminuir el número de víctimas y superar cualquier dificultad. Un país empobrecido como Haití, no está preparado para enfrentar ningún fenómeno natural y ésta es una buena oportunidad para que el mundo abone a su deuda con los pobres; por lo tanto no solamente hay que curar a los heridos, alimentar a los sobrevivientes, hacer casas y carreteras, sino además educar a la población para que paulatinamente vayan adquiriendo conciencia de sus capacidades y la responsabilidad de sacar adelante a su país. Éste es el momento para Haití de renacer y también de los países ricos para invertir su dinero en los pilares que sostienen a una sociedad próspera: Educación y Democracia. |
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