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Lenin ponchaoElizabeth Fuentes - TalCual - VenezuelaJueves, 28 de enero de 2010
M e disculpan la salida fácil, esta de comparar la "irrealidad" nacional con el extraordinario filme alemán Good bye Lenin, que narra las peripecias de dos chamos que vivían en el lado comunista intentando esconderle a su madre moribunda, una luchadora prosoviética de toda la vida, que el Muro de Berlín había caído, información que los muchachitos buscaban alterar para evitarle otro infarto a la pobre señora. Por lo mismo se dedicaron a "editarle" la realidad, poniéndole grabaciones de noticieros viejos en su TV, tapándole la ventana para que no viera los anuncios de Coca Cola y llevándole migajas de la comida mala y escasa a la cual estaba acostumbrada, cuando ya en toda Alemania los ciudadanos podían gozar de las bondades del libre comercio. Pero es que el Presidente Ponchao me la puso bombita cuando confiesa, cual evangélico recién iluminado, que acaba de descubrir que es marxista y, sin vergüenza ninguna, revela que ahora es cuando anda leyendo el Qué hacer de Lenin, librito lleno de polvo que muchos, medianamente informados, leímos obligados cuando teníamos veinte años y, por ahí, en 1989, lo archivamos en el basurero. Por eso me resulta imposible no hacer el símil según el cual, mientras el camarada Ponchao se aferra a Lenin, el país que dice gobernar se le está volviendo todo un estadio en las finales Caracas-Magallanes gritándole los tres strikes, asunto que debe tener a su equipo ejecutivo dedicado a maquillarle la realidad para engañarlo otro ratico más, no vaya a ser que le dé un vahído similar al que sufrió en Bolivia. Por ejemplo, cada vez que el Presidente Ponchao quiera ver el juego, Izarrita hará maromas para que en la pancarta estudiantil su jefe lea "Tas Pepiao". Cada vez que se escuche a todas las gradas cantar el "Un, dos, tres, tas ponchao", la Blanca Eckout lo sustituirá por "De tu querida presencia, Comandante Che Guevaraaa"... Y ni hablar de lo que harán en la Disip con las imágenes de la marcha opositora del 23 de enero que tomaron sus helicópteros, coloreando de rojo rojito aquel gentío. O lo que gozarán Román Chalbaud o Carlos Azpurua convirtiendo las declaraciones de la gente de los barrios, furiosos porque el corte de luz les dañó la comida, en revolucionarios indignados por la invasión gringa al pueblo de Haití. Y no me vengan a responder con que mister Ponchao sabe lo que pasa y que nadie le engaña, porque si tuvo los santos ovarios de decir en cadena que no sabía que Arné Chacón andaba asaltando el erario público y, viéndolo en la tele con Rangel, todavía no se ha dado cuenta de que el fugado de Torres Ciliberto es amigo de toda la vida de José Vicente, pues cabe sospechar que en verdad sigue en las nebulosas, víctima de la continua edición que le hacen sus amigotes de Miraflores disfrazándole, no digo la corrupción que siguen protagonizando decenas de pandilleros cercanísimos de su entorno político, o escondiéndole la pelea a cuchillo dentro del PUSV por el "ponme donde haiga", sino también el desmadre político que le puede significar haber cerrado RCTV en un año electoral donde tampoco tendremos ni luz ni agua, hecatombe previsible y donde más de uno debe estar sacando sus cuentas del tipo "¿Cómo quedo yo ahí?", que es como ha debido titularse el más reciente artículo del embajador rojo verdecito Roy Chaderton. Ahora, si el Comandante Ponchao quisiera actualizarse y dar un salto ideológico desde el 26 de octubre de 1917 hasta el sol de hoy, pues sería bueno que los chamitos que tiene en Miraflores haciéndole sinopsis de los libros que dice leer, le transcribieran El Hombre que amaba los perros, del escritor cubano (y que vive en Cuba, ojo) Leonardo Padura, donde narra no sólo la miseria de ser escritor en un régimen que le ordena lo que debe escribir, sino que, a través de la narración del asesinato de Trotsky, devela el horror que fue la bota militar de Stalin en la Unión Soviética, asesino planetario que bastante se leyó a Lenin pero convirtió a su país en una nación miserable poblada por pedigüeños, jalabolas y mafias. Allí, Trotsky describe a Stalin como un hombre con una "mezquindad esencial, tosquedad sicológica y cinismo pequeñoburgués a quien el marxismo ha liberado de muchos prejuicios pero sin alcanzar a sustituirlos por un sistema ideológico bien digerido...los últimos opositores trotskistas dejaron a Stalin sin adversarios y le permitieron convertir la guerra contra los campesinos enriquecidos en un torbellino de violencia colectivizadora que había logrado paralizar la agricultura soviética. Los grandes propietarios primero, los pequeños y medianos después... No menos desolador resultaba el proceso que había emprendido Stalin en el empeño de borrar los elementos de la memoria que no se avinieran a su propósito de reescribir la historia, puesta en función de su preeminencia. ..con el Gran Cambio había surgido la idea de convertir a Moscú en la nueva ciudad socialista, la muestra más exultante del poder alcanzado por Stalin para decidir no sólo la suerte política del país sino también de la agricultura, la minería, la historia, la lingüística y hasta la arquitectura. ..todo aquello bajo una política de terror que había cerrado por igual la boca del obrero y el científico, terror convertido no ya en temerosa obediencia, sino en la desidia del mismo pueblo ..." Ojalá y lo lea, pero no para coger línea porfa. |
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