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La paja en el ojo ajeno
Carolina Jaimes Branger - El Universal - Venezuela

Sábado, 4 de julio de 2009

Muchas veces me he preguntado si todo lo que ha ocurrido en el último cuarto de siglo no ha sido suficiente lección para los venezolanos. Porque Chávez es una consecuencia. Una consecuencia que ha venido a empeorar muchas cosas, pero también que ha puesto sobre el tapete una cantidad de temas a los que el país había dado la espalda, o simplemente había obviado.

¿Qué más tiene que pasar para que entendamos que un país no puede marchar hacia adelante si la mitad del país está jalando para atrás?... ¿Cómo exigir seriedad si lo que se critica de un lado se practica del otro?... ¿Quién está tan "libre de culpa" (entre quienes no detentan el poder, por supuesto) para "lanzar la primera piedra?

El domingo 21 de junio llegamos a las ocho de la mañana al Teresa Carreño a comprar las entradas para el concierto de Dudamel y YoYoMa. Ocupamos el puesto trescientos cuaren- ta y tres de la cola. Como el aforo del teatro es de 2.400 puestos y vendían máximo cuatro entradas por persona, calculamos que valía la pena esperar con paciencia. Ese mundito, esa Venezuela en chiquita que fue la cola, fue la clara demostración de que si todos no ponemos de nuestra parte seguiremos de peor a pésimo.

Cuando a las nueve de la mañana se abrió la taquilla, se corrió la voz de que casi todas las entradas de patio central y balcón central ya no estaban disponibles. Por supuesto, cundió la indignación en la cola. Pero al abuso sucedieron más abusos: desde los infaltables coleados, que haciéndose los locos saludaban a algún conocido que estuviera más adelante en la fila y se quedaban instalados en una posición que no era la suya, con total irrespeto por quienes habían llegado más temprano que ellos, pasando por quienes se quejaron y señalaron a supuestos "revendedores" y que a la hora de denunciarlos ante el jefe de seguridad del teatro inexplicablemente optaron por no hacerlo, hasta quienes intentaron sobornar a los empleados que allí se encontraban para conseguir las entradas (debo decir que hasta donde supe ninguno tuvo éxito, lo que habla muy bien de esos empleados, que dieron una lección de dignidad).

El sentido de que el otro existe, no existe. En otras palabras, que no vamos para ninguna parte mientras sigamos viendo la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el nuestro.

cjaimesbranger@gmail.com

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