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El totalitarismo se implanta: "despierta y reacciona "Marta de la VegaJueves, 7 de agosto de 2008
Frente a la arremetida presidencial, escondida tras las recientes decisiones del Tribunal Supremo de Justicia, acatadas sumisamente por los otros poderes públicos, que en principio son autónomos e independientes, precisamente para impedir que el poder ejecutivo exceda los límites de la Constitución, como exigiría una sana democracia, tenemos que responder con todas las armas democráticas. En primer lugar, tenemos el deber, hoy más que un derecho, de votar el próximo 23 de noviembre. También son válidas todas las manifestaciones de calle, las protestas y las ocurrencias, poderosamente creativas que han enriquecido, con la imaginación juvenil, la panoplia de los medios de participación política pacífica y democrática. Pero votar constituye la más importante forma actual de participación, para responder a quienes aspiran a convertir la sociedad venezolana en un cementerio de ilusiones, en el naufragio de todas las oportunidades y el derecho de prosperar a base de trabajo y honestidad, en la mutilación de los diversos deseos de superación y pluralidad de logros con los que sueña la gente, para afirmar su dignidad y no la degradación de su libertad. Votar es una extraordinaria oportunidad que, una vez más, el presidente ha pretendido corromper. No olvidemos que ha sido un mago en dilapidar su capital político, cada vez más exiguo y cuestionado, incluso por quienes han sido sus más cercanos seguidores, porque tras la fachada de un estadista demócrata, emerge, siniestra, su persistente tentación totalitaria. Como dijo el Papa Juan Pablo II, cuando visitó Venezuela, despierta y reacciona: todos tenemos que movilizarnos en contra del inicuo manejo del derecho con el juicio político contra los comisarios Simonovis, Vivas y Forero, en contra de las inhabilitaciones, en contra de estas leyes-decretos, nulas de toda nulidad, no sólo porque fueron presentadas como "cascarones vacíos" y por consiguiente, no cumplieron el lapso máximo acordado para la potestad habilitante, al ser presentadas sin su contenido completo, que sólo salió varios días después del 31 de julio de 2008 y por tanto, no tienen validez porque los lapsos en Derecho son perentorios, imperativos y si no los respetas, aunque tengas la razón, pierdes, sino, sobre todo, porque desconocen el resultado claro del referendo consultivo constitucional. Pisotean la voluntad popular que explícitamente dijo no a las gravísimas implicaciones que pretendía imponer el presidente, manipulando, engañando y mintiendo, con su reforma constitucional, para implantar "su" socialismo del siglo XXI, autocrático, centralizador, de control total sobre la sociedad, reaccionario y militarista. No pudieron Chávez, ni tampoco sus acólitos, imponer la reelección indefinida, que sólo buscaba mantener indefinidamente la total impunidad con la que saquean los que gobiernan y los sectores que se aprovechan económicamente sin rechistar con tal de enriquecerse rápido y desmesuradamente. En ese sentido, ya que ratificamos la vigencia de la Constitución de 1999 el 2 de diciembre de 2007, Chávez y su gobierno se ponen hoy fuera de la Constitución Nacional. Con estos decretos, con el manejo indignante de las inhabilitaciones como utilización de una legalidad torcida para perseguir y sacar fuera de juego a los adversarios, que son mejores y más idóneos para gobernar que lo que todos los que integran juntos el gobierno lo hayan podido hacer en casi 10 años, se convierten, Chávez y su gobierno, en delincuentes. Tenemos que actuar, que movilizarnos, que conquistar a todos los necesitados que han sido usados como carne de cañón para inocular el odio y el resentimiento sociales, enfrentando entre sí a los venezolanos, como si no compartiéramos las mismas angustias por la indefensión en que estamos ni tuviéramos los mismos sueños de aspirar a vivir en un mejor país para todos. Todos juntos, los demócratas, chavistas o no chavistas, socialistas o no, que deseamos pluralismo, respeto por el otro diferente de mí, sin discriminaciones ni sectarismos, que deseamos respeto efectivo a la ley y verdadera justicia, actuemos enérgicamente, sin caer en atajos inconstitucionales y sin salirnos de los métodos democráticos. Resulta inadmisible el despilfarro sin transparencia y sin rendición de cuentas con las que el gobierno, comenzando por el presidente de la república, manejan el dinero de todos los venezolanos, pasando por encima de todos los controles y de toda ley; nunca antes habíamos corrido tan aceleradamente hacia el peor de los subdesarrollos; jamás en el pasado la corrupción obscena alcanzó los niveles actuales, nunca habían sido tan patéticas la improvisación y la falta de idoneidad de quienes se encaramaron en las responsabilidades de la Administración Pública y en los más altos niveles del gobierno. Esta administración ha llevado al paroxismo los peores vicios y las prácticas más inescrupulosas del populismo clientelar y demagogo que dominó a partir del boom petrolero de mediados de los años de 1970, cuando se extravió el rumbo de la democracia de partidos, se polarizó el país, se impusieron el pragmatismo y el oportunismo acomodaticio entre los sectores sociales, económicos y políticos, y se derrumbaron las esperanzas vislumbradas con la Venezuela democrática del pacto de Punto Fijo. Si entonces se olvidó el sentido de justicia social, solidaridad y eficiencia, hoy, peor aún, se usan estos valores para manipular e irrespetar las carencias y la dignidad de la gente más necesitada. La justicia ha sido pervertida hasta la exacerbación, con un poder judicial genuflexo y cínico, como jamás en la historia del país, con el derecho inicuo con el que funciona el poder judicial, por ejemplo, en contra de los tres comisarios y el grupo de policías metropolitanos presos. Hoy, el presidente de la república perdió el resto de la legitimidad que todavía ostentaba y los Poderes Públicos también, desenmascarados como lo que son: apéndices sumisos de la voluntad o del capricho del líder, mesiánico y delirante, que juega con el país como un niño con su juguete menos apreciado, a patadas, a insultos, a mentiras y con la fanfarronería del guapetón de barrio frente a los más débiles o la teatral ternura del lobo disfrazado de oveja. martade_la_vega@yahoo.es |
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