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La mano negraElizabeth Fuentes - TalCual - VenezuelaMiércoles, 10 de febrero de 2010
Con el sentido de la oportunidad que lo caracteriza, un presunto vocero del movimiento estudiantil gobiernero (que lo único que tiene de "movimiento" es que mueven al mismo bojotico de gente de aqui pa’llá en autopullman de lujo) está invitando a una marcha el 12 de febrero y que para demostrar que los jóvenes están cuadrados con Miraflores. Respuesta, sin lugar a dudas, al quejío del ciudadano Presidente de la República en contra de las "manitos blancas" que se le aparecen en el estadio y hasta en la sopa y, como en el caso de la crisis eléctrica, nadie en el chavismo sabe qué hacer con eso. Por lo mismo, salen estos funcionaritos públicos (todos esos supuestos dirigentes "juvenilesª" tienen cargos en el gobierno) a pasarse de jalamecates e inventan una dichosa marcha nada menos que un viernes fin de quincena e inicio del carnaval. Repito: Marcha juvenil obligatoria, fin de quincena, viernes prerrumba de carnaval. O sea, chamo. Tas mal. Después, me cuentan (me lo dijo Carlos Blanco, me lo confirmó Juan Carlos Zapata, en fin, lo vio una gentará), que el Presidente se puso unos guantes negros para tomar la espada de Bolivar y demostrar que no es cierto lo que andan diciendo sus admiradores de las FARC, es decir, que quien la tiene mas grande soy yo. Pequeño detalle. Se puso guantes negros. Cabe imaginarlo frente al espejo, dispuesto a acariciar una vez más a la espada del Padre de la Patria dudando. "¿Si me pongo estos guantes blancos me irá a regañar Ramonet porque use un símbolo del enemigo... me irán a sacar con mis manitas blancas en Globovisión 10 veces al dìa...?" Ya se veía, seguramente, retratado en cuanta primera plana se le atravesara, vistiendo semejante señal de derrota. Pero igual lo agarró el sin nariz, porque el Presidente optó entonces por el símbolo clásico del fascismo: los guantes negros, los que no dejan huellas de delito alguno. La mano negra, la mano peluda, dirían sus adversarios. Y es aquí cuando una echa mano del viejo refranero popular y concuerda en que el ocio es la madre de todos los vicios. Porque hay que estar bien, pero bien desocupado, por decir lo menos, para andarse deteniendo en semejantes sandeces, sobre todo cuando es público y notorio que ninguno de sus "colaboradores" tiene capacidad de maniobra como para dejarlos, solos solitos, gerenciando cualquier oficina pública mientras su jefe se distrae frente al guardarropa y sus connotaciones fashionpolìticas. Que con guantes blancos sí debería andar, señor Presidente, pero no para rezarle a Bolìvar o sumarse a las protestas estudiantiles, sino para rozar con el índice las cuentas de sus ministros y funcionarios más cercanos para ver cuán sucias están, como hacían antes las amas de casa para descubrir el polvo sobre los muebles. Guantes blancos, señor Presidente, para abrir silenciosamente la oficina del Contralor General de la República y averiguar si ese ciudadano sigue con vida o le dio un soponcio sobre el escritorio y nadie se ha percatado de ello. O para visitar los barrios y darle la mano a sus votantes, sin miedo. O dársela a los presos de El Rodeo, sin asco. Yo, por lo pronto, propongo que los usemos otra vez. Que andemos cual Audrey Herpburn, no sólo evitando gérmenes o militando silenciosamente en la elegancia, sino apoyando a los estudiantes y, de paso, ayudando a algun empresario de esos que se fajan a producirlos y generar empleo. Quien quita si a punta de miles y miles de manitos blancas terminemos reconstruyendo al país. |
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