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Recordando al Holocausto Mercedes Montero Miércoles, 14 de mayo de 2008
En la Europa que vivió los horrores causados por el Nazismo de Hitler, han quedado testimonios que nos hablan con elocuencia extrema sobre una de las páginas de salvajismo más cruento ocurrido durante la II Guerra Mundial..
Uno de estos testimonios está en el Museo Liberty, ubicado en Overloon en Holanda. Pueblo hermoso este, como todos los de este bellísimo país, lleno de casas con jardines plenos de flores que en la oportunidad de su visita mostraban su colorido bajo un brillante sol de Primavera. El museo está en un bosque en el centro del pueblo, permitiendo la conjunción de naturaleza, construcción y equipo bélico. Paz y guerra en un solo paisaje, expresión de la contradicción humana. En las afueras del museo hay tanques, estructuras de observación, cañones, etc. representativos de todas los países que participaron en la conflagración mundial, en bastante buen estado a pesar de haber sufrido los rigores del tiempo por más de cinco décadas. Luego está el edificio enorme del museo en el que hay toda clase de armamento, vehículos, uniformes y demás parafernalia militar, perfectamente organizado y en excelente condición. En este museo está el pabellón que el General Marshall regaló a Holanda por su contribución y esfuerzo para lograr la victoria. El museo tiene un pabellón muy especial, dedicado a las víctimas de la II Guerra Mundial, con énfasis en el Holocausto. Las paredes de ese pabellón están cubiertas de noticias, fotografías, dibujos reproducciones de cartas, informes que hablan del sufrimiento humano. Hay fotografías de fusilamientos, de gente llevada al horno, de las cámaras de gas, de los campos de concentración, de los ejércitos de esqueletos ambulantes, de las caras cadavéricas, de las expresiones de profunda tristeza y dolor. De ojos y miradas que relatan una historia de vejación. De los suicidios, pobres presos cuyo dolor pudo más que el temor a Dios. De las pilas de cadáveres, de los trenes cargados de seres cuyo único destino era la muerte. De niños que habían perdido la esperanza, de viejos que habían perdido la sabiduría, y la gran mayoría reflejaban como común denominador la imagen del sufrimiento que se adopta después de haber rendido todos sus derechos, contando entre ellos la dignidad. En el medio de este pabellón están colocadas esculturas que representan los esqueletos forrados en piel de los seres famélicos, de los suplicantes, de quienes se ahorcaron, de los fusilados, de los obligados a tener una conducta servil, de los torturados, esas esculturas hablan por si solas, con una elocuencia que no necesita palabras. Todas estas pruebas nos hablan en forma clara, que no deja lugar a dudas, que los campos de concentración quedaron sembrados de muerte, de tristeza, de un temor que va más allá de la razón. Es el Holocausto de Ana Frank, por sólo nombrar a alguien que tiene un dejo de recuerdo en la mente de millones de seres humanos. En la conciencia colectiva de todos los países actores del conflicto quedó escrita la historia del sufrimiento. Todas las naciones que sellaron la libertad con millones de muertos, con heridos y mutilados, con sangre derramada, con la destrucción y la miseria, con huérfanos y viudez, sencillamente NO pueden echar al olvido una lección como la recibida, que los hizo crecer como naciones. Alemania todavía pide perdón y siente vergüenza. El pueblo judío perdió seis millones de almas. Asimiló una lección que hoy en día los ha llevado a tener uno de los ejércitos más poderosos del tiempo actual. Aunque todo los demás pretendieran borrar su memoria, que no es el caso, el pueblo judío no permitirá que el Holocausto quede borrado. . Pretender negar el Holocausto es lo mismo que decir que los juicios de Nuremberg no se dieron, que los culpables del genocidio no fueron juzgados, que no existe la Corte de La Haya. Del Holocausto, del exterminio, del dolor, también salió Su Santidad Juan Pablo II, uno de los mejores ejemplos de amor que haya conocido el género humano, quien también selló la historia del Holocausto con su ejemplo de perdón y de creencia en la bondad que nos ofrece Cristo. Los campos de Europa están cubiertos de cruces, de lápidas que muestran los nombres, nacionalidades y edades de los soldados que lucharon por una causa que consideraron justa. En el cementerio de Arnhem, hay una lápida que muestra a un Mayor de 37 años como el de más edad de los enterrados. No reconocer esas muertes y su causa, negando el Holocausto, es pretender que esas muertes y el dolor sufrido no ocurrieron, es negar la historia. Sólo se entierran los cadáveres. Las ideas, los principios, las experiencias y el aprendizaje NO pueden ser enterrados. Disentir, oponerse, disgustarle la verdad lleva a los seres humanos en posiciones contrarias a dirimir sus diferencias, tratando de entender la secuencia y relato de los hechos probados. Tratar de borrar o negar las pruebas es un crimen tan grave como el que están tratando de negar. Es declarar que la justicia no existe. ¡Se puede luchar para detener el sufrimiento, pero no se puede negar lo ya sufrido! mechemon99@yahoo.co.uk |
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