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Furia en Semana SantaSusan Sechi - Directora de La Historia ParalelaViernes, 6 de abril de 2007
En tanto un Presidente permanecía atrincherado en su residencia de El Calafate custodiada por Gendarmería, donde seguramente se encontraba ajustando la mira de su estrategia para disparar despiadadamente contra sus opositores. Una corrupción institucionalizada que mantiene políticas fraudulentas, pagando en negro la mitad de los haberes de los docentes generó que éstos expresaran su descontento por medio de manifestaciones, las que fueron disueltas, en una Santa Cruiz militarizada, por órdenes expresas del Presidente y el Gobernador Sancho, aunque los medios de comunicación tomaron con pinzas el asunto y leves fueron los comentarios de estos hechos. En estos días el ojo de la tormenta parece estar instalado exclusivamente en las provincias cuyos gobernadores no sucumbieron a las presiones del poder hegemónico, desatándose un ataque contra los políticamente incorrectos e infiltrando grupos de izquierda en las protestas, los que incorporaron la violencia y llevaron la confusión a los reclamos docentes. Los hechos que tuvieron como epicentro la provincia de Neuquén, provocaron un luctuoso suceso que terminó con la vida de un profesor que se encontraba en el lugar donde se produjo un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad, cuando las mismas procedían al desalojo de los manifestantes que cortaban una ruta. Este tipo de acontecimientos demuestra que cuando ha desaparecido el orden público las consecuencias son impredecibles, el estado nacional con sus políticas permisivas, negándose reiteradamente a asumir sus responsabilidades en el resguardo de derechos elementales como lo es el de la libre circulación, solo genera una anarquía que se retroalimenta a si misma. Y así se incorporó la consabida barbarie urbana a las diferentes jurisdicciones provinciales, Salta y Neuquén han sufrido la irrupción de la horda, pero son cuestionadas cuando intentan mantener el orden que altera la paz de sus sociedades. Los desmanes tuvieron su réplica en la Capital Federal, el grupo Quebracho munido de palos, hondas piedras y todo tipo de proyectiles procedieron a violar la propiedad privada y destruir todo a su paso, incluso incendiando un local partidario. Consumado el hecho llegó la policía enviada por el Ministro del Interior, apresando a algunos de los bárbaros. También se registraron actos de violencia en el puerto de Buenos Aires cuando asambleístas de Gualeguaychú pretendieron obstaculizar el acceso de los viajeros que debían abordar las naves de Buquebus y desencadenándose un enfrentamiento con Prefectura, pero Aníbal Fernández aseguró tener todo bajo control y rasgándose las vestiduras condenó solo los hechos de Neuquén, según dijo, transmitiendo el pensamiento del Presidente con el que se habría mantenido comunicado en todo momento. Ese mismo Presidente que no pudo controlar la situación en su provincia cuando la barbarie dejó como víctima al oficial Sayago y sin embargo hoy cuestiona los sucesos de otras jurisdicciones, pero desde la protección de su bunker sin que la inseguridad que afecta a todo el país lo pueda tocar de cerca, total son ciudadanos comunes, no pertenecen al círculo de esos "nosotros" que parecen ser los únicos dignos de su preocupación. |
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