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Nuestra gente Carolina Jaimes Branger - El Universal - Venezuela Martes, 18 de marzo de 2008
Qué maravillosa es nuestra gente!... El viernes 8 de marzo regresábamos de Margarita a Caracas, cuando frente al crucero de Lecherías se me apagó el carro. Muerto totalmente. Afortunadamente cerca de donde empujamos el carro había un pequeño negocio de baterías. Le expliqué a la encargada lo que me había pasado, y me dijo, viendo el reloj, que le preguntara al muchacho que trabaja allí si quería ayudarme. Así lo hice. Con la mejor disposición del mundo, el muchacho le pasó llave al depósito, tomó el medidor, los cables y una batería y se vino conmigo. "La batería está perfecta, sólo hace falta limpiarla", me dijo. "Yo se la voy a cargar y se viene para el negocio para darle una buena lavada". Creo que nunca he tenido una batería tan pulcra como me quedó esta. Cuando le pregunté cuánto le debía, me dijo que nada. Cuando insistí, me dijo "lo que quiera darme".
Seguimos camino, cuando increíblemente se comenzó a oír un ruido. Vi la aguja de la temperatura y estaba llegando al rojo. Me metí en una callecita estrecha de esas que hay en el centro de Barcelona. Llegué a un taller donde el mecánico Carlos Eduardo Molina estaba a punto de salir del trabajo. Le pedí ayuda. Se devolvió para tomar unas herramientas. "Es el electroventilador" me dijo. Me lo imaginé: ya antes me lo habían reparado. Le di dinero y él mismo lo fue a comprar. "Gracias por la confianza", me dijo. De una casa vecina se asomó el señor Armando Morales quien visitaba a su sobrina Candy Villarroel. Preguntó en qué podía ayudar y prestó una herramienta. Terminamos de visita en casa de Candy, con su mamá, su tía y su hija Franzelitz, invitadas por su pequeño hijo Franzel Espinoza a comer unas deliciosas empanadas, mientras Carlos montaba el nuevo electroventilador y el carro se enfriaba. Emprendimos el regreso a Caracas dejando en Barcelona nuevos amigos que se portaron como amigos de toda la vida. Durante el viaje nos llamaron varias veces para saber cómo íbamos. En estos momentos en que reina tanta desconfianza, fue muy gratificante sentir que podíamos confiar en otros y que esos otros podían confiar en nosotras. Que la esencia del venezolano bueno y cordial, atento y amable está todavía intacta y que hay razones para tener esperanzas en que Venezuela se enrumbará por caminos de paz, bienestar y desarrollo para todos. cjaimesbranger@gmail.com |
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