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La mujer y la guerra en elogiada película iraní Guillermo Zapiola - El País- Uruguay Jueves, 20 de marzo de 2008
Uno de los títulos fuertes del 26 Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay es fuera de toda duda "A las cinco de la tarde" de la iraní Samira Makhmalbaf, que va hoy a las 23 en Cinemateca 18.
La cita en el título del poema de Federico García Lorca no es casual. Como el torero de Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, recitado dos veces en el film, las mujeres de esta película de Samira Makhmalbaf salen al ruedo, a reclamar derechos en una sociedad (para el caso la afgana, pero el alegato podría ser trasladado a otros países islámicos), que las ha postergado largamente. El famoso cineasta iraní Mohsen Makhmalbaf, padre de la realizadora y autor de títulos clásicos como El ciclista, Salaam Cinema y Kandahar, se ha desempeñado como guionista, productor y montajista de esta película dirigida por su hija cuya acción transcurre en el Afganistán posterior al Talibán. La película se inicia con la odisea cotidiana de Nogreh, joven afgana que alterna la diaria búsqueda de agua y alimentos con la asistencia oculta a una escuela laica. Hija de un fanático que lamenta la pérdida de valores en la sociedad post talibán (y traslada su precaria vivienda para evitar oír música), Nogreh desea un cambio en su país, un cambio que no sólo permita la democracia si no también la igualdad entre sexos e, incluso, la oportunidad de que una mujer pueda intervenir en política. No es fácil, claro. El personaje debe esforzarse por conseguir sustento para su padre, su cuñada y para el agónico bebé de ésta, en una Kabul que ha hecho pensar a algún crítico en el destruido Berlín de Alemania, año cero (1948) de Roberto Rossellini. El cuadro se amplía con la llegada de numerosos refugiados que regresan de Pakistán a la espera de mejores oportunidades y chocan con una miserable realidad. Será uno de ellos, el "poeta" (cuyos hermanos han sido simbólicamente asesinados por los diversos poderes en conflicto) quien, admirador de su fuerza y su vehemencia, entable amistad con ella y la apoye en sus acaso utópicos deseos. Será también el poeta, incidentalmente, quien cite (equivocándose) a Lorca. Todo desemboca en un desesperado intento de huida, quizás hacia la nada. La guerra es una presencia ausente en esta película premiada en Cannes. Se la percibe, mayoritariamente, en el rugir de los motores de aviones que cruzan el cielo y pueblan la banda sonora. Pero el empeño de la directora Makhmalbaf se ubica a la altura de lo humano, del sufrimiento de la gente común que, más que hacer la Historia, la padece. El cine iraní sigue aportando sorpresas, y A las cinco de la tarde puede ser una de ellas. Llega con sólidas credenciales de calidad. Una familia que pelea con la cámara El apellido Makhmalbaf es una leyenda en el cine iraní, aunque últimamente suene mal en círculos oficiales. El padre, Mohsen, fue un militante islámico de la primera hora, que padeció prisión y tortura en tiempos del Shah, pero parece haberse ido desencantando progresivamente y hoy se lo percibe como un peligroso disidente, que para peor permite que sus hijas Samira y Hana hagan películas. Han sufrido censuras, amenazas y hasta (en el caso de Samira) atentados durante el rodaje. En realidad Samira lo inició todo cuando le informó a su padre que se negaba a seguir yendo al colegio, porque se negaba a ser adoctrinada hasta en las clases de química y matemáticas. Mohsen vaciló pero finalmente se decidió a apoyar a su hija, quien desarrolló así una carrera propia. |
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