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La lactancia materna cuenta con buenos aliados
Comstat RowlandMartes, 16 de diciembre de 2008
En casos de intolerancia a la lactosa
La administración de complementos nutricionales que sustituyan temporalmente el alimento proveniente de la madre, cuando el lactante tiene deficiencia de disacaridasa, es un recurso adicional válido e importante
La lactancia materna es tan antigua como la humanidad misma; lejanas leyendas como la de Rómulo y Remo o representaciones icónicas de la cristiandad como la Virgen María amamantando al niño Jesús, dan fe de ello. En la actualidad, este método de alimentación es considerado indispensable para el correcto desarrollo del bebé, en sus primeros meses de vida.
Los efectos beneficiosos de la lactancia materna incluyen aspectos biológicos, nutricionales e inmunológicos, entre muchos otros. Asimismo, la esfera afectiva que se establece entre la madre y el niño produce un impacto excepcional, aunado a una adaptación social y un desarrollo psicomotor mucho más fuerte.
Sin embargo, según diversos trabajos de investigación realizados en nuestro país, aproximadamente 70% de las madres dejan de amamantar a sus hijos después del tercer mes de vida. Para el Dr. Rafael Godoy, especialista en pediatría de la Policlínica Metropolitana de Caracas, esta cifra es lamentable, ya que la lactancia debe mantenerse, por lo menos durante seis meses, debido a que la leche materna posee todos los elementos esenciales que requiere el bebé, como vitaminas, proteínas, aminoácidos, lípidos, entre otros.
No obstante, Godoy explicó que el bebé no debe ser amamantado cuando sufre de intolerancia a la lactosa. Dicho trastorno se presenta cuando hay una deficiencia de la enzima disacaridasa en el intestino delgado. “Enfermedades como la gastroenteritis o diversas infecciones virales y bacterianas, pueden barrer la mencionada enzima, lesionando el epitelio intestinal”.
El especialista indicó que un bebé con intolerancia a la lactosa puede presentar varios síntomas, los principales son: cólicos, pérdida de peso, diarrea y la distención abdominal. “Después de hacer un diagnóstico diferencial y comprobar la deficiencia de disacaridasa en el bebé, se debe modificar la alimentación del pequeño. En este proceso se suple la leche materna con fórmulas libres de disacáridos”, explicó el galeno.
Godoy recalcó que dicho trastorno no es permanente; “cuando un bebé rechaza la leche materna, se le administran fórmulas sin lactosa o a base de soya, que le permitan estabilizar su flora intestinal, ya que estos complementos son buenos aliados y representan un recurso adicional importante. Posteriormente, si hay una mejora, el niño debe retomar la lactancia materna”.








