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El giro de la araña

Aunque hablar de las arañas pareciera ser un tema de cándido matiz, en el fondo resulta ser un problema de gruesa construcción. Particularmente, por lo que significa “el giro de la araña”. Y que si bien, a simple vista, dice poco o nada, en esencia revela la traición convertida en tormentoso revuelo. O explicado de manera diáfana, es el momento en que se quebranta el compromiso dado, o la decisión tomada. Por eso, cuando se habla de lo que revela “el giro de la araña”, y que por igual alude al giro del escorpión o de la garrapata, dada su relación familiar, está poniéndose al descubierto la ofensiva que, como reacción animal, permite afrentar todo cuanto la irracionalidad puede demoler en su paso en reversa. Pero que para la araña, el escorpión o la garrapata, significa avanzar. Aunque sea invertida o volteadamente.

El caso que desde la perspectiva analizada busca enfatizarse, aunque no apunta a explayar el problema desde la mirada de los arácnidos, tiene como intención poner de manifiesto su efecto. Pero medido desde el ejercicio de la política. Específicamente, de la política venezolana en el ínterin que vive a consecuencia del régimen dictatorial que escarmienta el país político, social y económico.

Ciertamente, “el giro de la araña” tiene su réplica en la política. Sobre todo, al traicionarse la palabra sobre la cual descansaron las múltiples promesas que estimularon expectativas de desarrollo luego de transitar períodos de marcada dificultad instigados por problemas de gobierno que emergieron de lo que se llamó “la antipolítica”. O sea, la animadversión contra la práctica de los partidos políticos cuando el país se vio sumido en serias dificultades por la incapacidad de la política de motorizar cambios inminentes en la sociedad. Por dicha razón, los partidos políticos dogmáticos, en la fase democrática vivida durante cuarenta años, después de 1958, vieron mermadas sus fuerzas e influencias.

En medio de la vorágine que alentó tan imponentes contradicciones, luego del arribo del militarismo más recalcitrante en 1998, el país comienza a padecer una serie de profundos problemas de toda índole que terminaron arrastrando a Venezuela hacia el recrudecimiento de la crisis de Estado que ya venía dejándose notar con profunda incidencia en la dinámica política y en la económica. Habida cuenta de que la misma ya cabalgaba desde finales de la década de los ochenta, como resultado del deterioro del mercado petrolero.

La inflexión sobre la cual se asienta “el giro de la araña”, no está en la situación de desbaste y desgaste que ha estremecido a Venezuela por causa de la corrupción de los gobernantes, afectos y acólitos del socialismo pretendido. Está, justamente, en la traición orquestada por altos y medianos dirigentes del régimen ante lo que constituyó la palabra transcrita en cada precepto constitucional. Especialmente, en los principios que cimientan las razones constitucionales mediante un articulado que exalta la condición de Estado democrático y social de Derecho y de Justicia en un contexto jurídico que apalanca los derechos humanos, la organización y funcionamiento del Poder Público Nacional. También, las garantías que avalan el devenir del sistema socioeconómico y la seguridad de la Nación.

No hay duda de que la traición siempre estuvo escondida debajo de ese velo invariable y perverso que representó el populismo disfrazado de “solidario”. Nunca dejó de estar enmascarada en medio de los discursos presidenciales cuando ofrecían “villas y castillos” a venezolanos que creían en promesas pautadas mediáticamente. También, fue una traición a la patria al atentar contra la soberanía y las libertades sujetas al ejercicio de la política.

Por eso suena contraproducente y ridículo que el gobierno central, a través de Conatel, haya ordenado la exclusión de la señal de CNN en español y en inglés que proveían las empresas cableras venezolanas. Ello se decidió partiendo del nimio argumento de que los contenidos de CNN “constituyen una agresión contra la patria”. Particularmente, cuando más evidencias sobre los desaforos cometidos por quien funge como vicepresidente de la República, posiblemente nadie más las expondría con la valentía y la ecuanimidad que estos profesionales de la comunicación social llevaron a cabo.

El gobierno central, cita el artículo 58 de la Constitución cuya interpretación luce desvariada toda vez que quien permanentemente flagela el cumplimiento de la Norma Suprema, es el propio régimen cuyas medidas desconocen el ordenamiento jurídico constitucional. Es así como pretende desconocer la separación de poderes como principio activo de la democracia. Asimismo, se ha aprovechado de todo coyuntura que surge de la crisis política actual para acentuar amenazas e imposiciones a todo factor de la sociedad que se atreva a contravenir el estilo despiadado de gobierno que caracteriza toda dictadura. Por encubiertas que sean sus intimidaciones.

Por todo esto, surgido a consecuencia de estar implicado el vicepresidente de la República, según pruebas elaboradas a conciencia de lo que la acusación en cuestión repercute para la nación venezolana y su gobierno, es propio reseñar que la popularidad del régimen se afianzó sobre la necesidad de salir del foso donde la antipolítica arrastró al país. No obstante, esa misma sensación de complacencia, comenzó a perderse a medida que el gobierno se empeñó en radicalizar su obstinación a través de la fractura social y política procurada desde presumidas decisiones que sólo ampararon la corrupción. Y que, por el revolcón sufrido, se convirtió en una vulgar traición a lo establecido constitucionalmente.

Así que por esta razón, no cabe duda de que el régimen se verá abatido por culpa de tan descaradas “vueltas en reversa”. Y que a decir de los tristes hechos que han puesto al país de espalda a la moralidad política y a la ética ciudadana, con la revelación de CNN, y la declaratoria del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, la ofuscación gubernamental venezolana sólo es demostrativa de la cobardía ante la verdad y de la procacidad inducida ante la traición cometida. Por lo observado, la reacción gubernamental no ha hecho otra cosa más parecida a lo que realmente es “el giro de la araña”.

Cuando quienes gobiernan son atrapados entre los resquicios de un poder tentador, sus decisiones tienden a traicionar los postulados sobre los cuales estructuraron sus planes de gobierno deviniendo todo en una situación de pérfido revuelo.O lo que se llama “el giro de la araña”.

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