Opinión Internacional

El peronismo como instrumento

En su degradación estructural, en el extravío melancólico de su identidad, el poder del peronismo alcanzó a ser inexplicablemente administrado, en su cotidianeidad, por un reconocido antiperonista.
Trátase de Carlos Zannini, El Ñoño en Santa Cruz, El Chino para los cordobeses. 

Cuentan que llegó al extremo irónico de decirle a cierto pujante empresario cordobés, que le cae raramente bien:
“Qué lástima, Tati, que seas peronista”.

La consolidación de Zannini, como hombre fuerte del gobierno cristinista, implica la consecuencia directa de la muerte (irresponsable) de Néstor Kirchner, El Furia.

La literatura clásica indica que El Furia supo construir admirablemente el poder gracias a la distracción programada de Eduardo Duhalde, El Piloto de Tormentas (generadas).
Pero en el origen, en Santa Cruz, edificó a través de dos figuras diferenciadas. Contrapuestas. Insustituibles.
Julio De Vido, el peronista cultural, para la epopeya cotidiana de la recaudación, su apasionamiento menos cuestionable.
Y Carlos Zannini, el maoísta decepcionado con veleidades de estratega. Ponía la letra indicada para las positivas arbitrariedades y excesos.
Aparte, El Furia solía entretenerse con la rivalidad que estimulaba. Entre Zannini y De Vido. Una técnica antigua, que los maquiavelos de barrio, como Rolando Tadeo, denominan “conducción radial”.

Durante la era del kirchnerismo póstumo, con Nuestra César entre los tuits de la presidencia, Zannini logró eclipsarlo a De Vido. Para convertirse en el paladín de la Revolución Imaginaria.
En el verdadero jefe de La (Agencia de Colocaciones) Cámpora. Es la organización presupuestaria, encargada de suministrar los nuevos cuadros que improvisa, presentablemente útiles para diseñar el delirio del recambio generacional.
Jóvenes que Zannini, invariablemente, debe auditar. Sea Larroque, el Wado, o Recalde El Niño. 

Ante la tácita aceptación de los experimentados, de la magnitud del peronista Florencio Randazzo, El Ex Killer que se mantuvo con el sellado de los documentos. Randazzo se resignó a reportarse -para protegerse- en Zannini. Como los frepasistas tardíos que supieron reprogramarse. Como Juan Manuel Abal Medina, El Abalito, un secretario con redacción propia que trabaja como Premier. O la estrella en ascenso, precipitadamente impugnada, Axel Kicillof, El Gótico.

De todos modos, merced a los desastres que generaron en el ámbito vulnerable de la energía, De Vido alcanza a resistir. Y recargarse de relativo oxígeno. Llega, para permanecer, al extremo descarado de reclamar frontalmente la utópica re/reelección de su jefa.

VALE
Pero al pobre De Vido no le alcanza la capacidad negociadora para atemperar, ni por asomo, la totalidad de los desastres provocados por las políticas antagónicas de otros dos rivales. Morenito, otro peronista cultural, un peso pesado que sobrevive. Y Axel Kicillof, el más formado entre los dogmáticos. 

En especial a De Vido no le alcanza para evitar el escape de Vale. Trátase de la empresa brasileña, hegemónica en la explotación del potasio, que se instaló en Malargüe, sur de Mendoza.
Son dos mil los puestos de trabajo que peligran por el raje de VALE. Aparte, se trata de la esfumación de los 6 mil millones de dólares festivamente anunciados. Con la construcción del trencito respectivo para despachar el potasio, desde el puerto de White, Bahía Blanca.


El riesgo del raje motivó que Nuestra César le suplicara a Dilma, en Chile, por su intermediación.

Pero Dilma no puede torcer las decisiones del directorio que preside Murilo Ferreira. Ampliaremos.



Comparaciones tentadoras
La consagratoria infiltración de Zannini, y la proclamación del peronismo como mero instrumento, no debiera legitimar las comparaciones tentadoras, pero fáciles. Aluden a épocas distintas.
Por ejemplo comienzan a proliferar los audaces que comparan las funciones actuales que cumple Zannini, con las que cumplía, casi cuarenta años atrás, don José López Rega, El Lopecito. 

Primero son incomparables porque Zannini carece, ante todo, de magia.
Pero también sería una osadía imperdonable establecer equiparaciones, acaso indirectas, entre El Furia y Juan Domingo Perón.
Impertinencias del lenguaje. Unificadas por el espectro de la muerte.

Por último, Nuestra César tomaría como una ofensa que se le establezca un paralelo con la señora Isabel Martínez. Ni siquiera la reconoce como antecesora. 


Por más que se fuerce la comparación, nadie puede imaginar, a Nuestra César, en el tramo de la peor adversidad.
En la opacidad de la detención de cinco años que padeció Isabel. En la finca El Messidor. Cuando solían abrirle hasta las puertas de la humillación.

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