Opinión Nacional

Joaquín Arderius (1885-1969)

A mi juicio, en España no ha comenzado
a publicarse la auténtica novela social
Pero esto para mí tiene una explicación rotunda:
la de que en España no se ha hecho aún
la revolución social, ni siquiera la política
Joaquín Arderius

LA VOZ DE LA NOVELA SOCIAL

El tipo de novela de Arderíus difiere esencialmente de las que por lo común se llevaban en su época, y en razón de esa diferencia marca en el alma el primer distintivo de una originalidad indiscutible.

En 1931 apareció su novela Campesinos, de la que José Díaz Fernández dijo: Quizá por primera vez se intenta en nuestra literatura una verdadera novela sobre campesinos, donde el sufrimiento del hombre español aparece desnudo y severo, como una síntesis del eterno dolor del mundo. Porque nuestras novelas rurales fueron hasta hora novelas rurales sólo por lo bastas, desmañadas y agrestes.

La vida tal cual es, sin previa elaboración en la fantasía del escritor, no admite más que una clase de traslado a la narración novelesca. Ni tal vez más que variaciones de puro estilo en la interpretación personal. Esta fidelidad a los modelos vivos y a los ambientes reales tomados con la menor dosis posible de subjetivo capricho, cuidando de mantener una neutra impasibilidad en el análisis de cuanto se ve y se observa, ha producido la parte más numerosa e interesante de la novela moderna.

Arderíus no se detiene ante ninguna audacia. Sus personajes son almas que se mueren furiosamente. Para los críticos clasicistas, enemigos de la fusión de géneros y de la insumición a las reglas diferenciales, la novela de Arderíus constituye un verdadero escándalo. Por dos cosas. Primero, porque carece casi en absoluto de arquitectura material. Segundo, porque se encuentra situada precisamente en la fronteras de la etopeya, en la zona misma que separa a ésta del poema.

Joaquín Arderíus Fortún nace en Lorca, provincia de Murcia, el 5 de abril de 1885. Cursó sus primeros estudios en un colegio religioso de Madrid. Más tarde realizó aprendizajes de ingeniería en Lieja, Bélgica. Pero los abandonó muy pronto, dedicándose por entero a la literatura y al periodismo. Participante activo de todos los movimientos revolucionarios durante la dictadura de Primo de Rivera, fue encarcelado repetidas veces entre 1923 y 1929. El 30 de enero de 1930 el mismo día en que caía la Dictadura de Primo de Rivera, aparecía dirigida por José Díaz Fernández, Antonio Espina y Adolfo Salazar, la revista Nueva España. La revista tenía la intencionalidad de cubrir todo el ala ideológica de las izquierdas y de mantener una línea de periodismo polémico. Más tarde se incorporó a la dirección Joaquín Arderíus. En un principio Nueva España tuvo una periodicidad quincenal; a partir del número catorce, hasta su desaparición se convirtió en semanario. Entre los colaboradores pueden destacarse: María Zambrano, Azorín, Miguel Angel Asturias, Mauricio Bacarisse, Corpus Barga, Juan Gil-Albert, Benjamín Jarnés, Ramón J. Sender y César Vallejo. Arderius, Araquistáin, Ferrater Mora, Madariaga, Sánchez-Albornoz, Sender, Francisco Ayala, etc. colaboraron en la revista Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura, cuyo primer número apareció en París, en mayo de 1953.

Arderíus siempre se mantiene aparte de todo grupo o tendencia particular dentro del movimiento de vanguardia y desarrolla una técnica y estilo propios, mezcla de humor negro y de fantasía surrealista, con ecos de Gómez de la Serna. Aprovecha la técnica surrealista como vehículo de sátira políticosocial. En Los príncipes iguales (1928) pretende demostrar la bancarrota de un agónico mundo burgués, mediante una estructura alegórica y visiones paranoicas que sólo encontrarían su equivalente en ciertos cuadros de Dalí.

Arderíus estuvo muy ligado al Socorro Rojo Internacional, presidiendo en diversas ocasiones las actividades de la sección española. Fue uno de los promotores en nuestro país de la Unión Internacional de Escritores y Artistas Revolucionarios. Los ochenta fundadores de la sección española de la Unión Internacional eligieron para su presidencia a Joaquín Arderíus, Ricardo Baroja, Pedro de Répide y Antonio Espina. La organización no pasó, sin embargo, de tener carácter nominal, y fue suprimida al año siguiente al de su constitución (1931), por consigna del partido comunista de la U.R.S.S. Arderíus fue uno de los novelistas sociales más destacados durante la República. Se exilió en 1939, primeramente en Francia y más tarde en México, al producirse la invasión de París por las tropas del III Reich. En la capital azteca ejerció funciones de agregado de Prensa, en la embajada del Gobierno republicano que representaba Nicolau d´Oliver y logró después un modesto empleo en el Ministerio de Educación Nacional. Falleció en México el 20 de enero de 1969, tras treinta años de exilio en los cuales abandonó completamente la literatura.

Todo lo que se llamó nueva literatura se hallaba infiltrado en el arte de Arderíus y en sus obras: Mis mendigos, Yo y tres mujeres, La duquesa de Nit, El baño de la muerta, La espuela, Los príncipes iguales, Justo el Evangélico, El comedor de la pensión Venecia, Lumpemproletariado, Campesinos, Vida de Fermín Galán (en colaboración con Días Fernández) y Crimen. Arderíus es original y conceptual. Radical como nadie las páginas de sus libros, en los que desarrolla su tesis sociológica, exasperada y rebelde, plantean los problemas esenciales que hoy inquietan a la inteligencia avanzada. Y como dijo José Díaz Fernández: La novela de Arderíus tiene valores indiscutibles para encabezar un tipo de novela social española.

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