Opinión Nacional

Venezuela le dijo NO al Socialismo en el referendum del 2 de diciembre de 2007, “ganó Bush y perdieron Fidel Castro y Chávez”

A pesar de que el inventor del socialismo moderno (el alemán Karl Marx), lo llamó “socialismo científico”, para diferenciar su pensamiento del de los anteriores pensadores proponentes de diversas formas de socialismo—a los que Marx llamó “utópicos”—y a pesar de que muchos de los partidarios de la muy variopinta diversidad que existe sobre lo que en realidad es el socialismo, éste—utópico o científico—no sólo no se diferencia en nada del comunismo, sino que socialismo y comunismo—siempre han sido y son la misma cosa—y sobre todo siempre han sido y siguen siendo irrealizables utopías—y lo que queda de ellas en este siglo 21, es apenas el muy pernicioso populismo que manejan los politiqueros sin escrúpulos, en su perenne intento por conformar bases clientelares que los lleven y los mantengan en el poder—desde el nivel local al nacional.

Las ideas de Marx, lejos de ser científicas, constituyen apenas su opinión personal sobre lo que él consideraba que era la mejor alternativa a las injusticias sociales creadas por el surgimiento de la Revolución Industrial; a finales del siglo 18 y comienzos del siglo 19—y son específicamente una receta para el desastre si se siguen las supercherías económicas que desarrolló en los tres enormes mamotretos que utilizó para escribir su “obra cumbre” (El Capital)—y; sin excepción, toda sociedad que se organice conforme a las recetas políticas y económicas del varias veces mencionado pensador alemán, culminará subyugada—antes de colapsar económicamente—por una monarquía, imperio o despotismo controlador de un poder absoluto, como ha sido evidenciado en todo el mundo por los numerosos Socialismos Reales, fracasados todos; sin excepción, e incluyendo a los todavía existentes en Cuba y Corea del Norte.

Pero Venezuela aún no está a salvo de la amenaza socialista, como patéticamente lo evidenció la expresión de Hugo Chávez durante la rueda de prensa en la que reconoció su derrota, al decir: “no le cambiaría ni una coma a la propuesta”—que fue desaprobada por una mayoría de venezolanos, entre los cuales claramente se cuentan a unos cuantos de los llamados “chavistas”—es decir, que a Chávez le importa un pito lo que piense el pueblo soberano.

Para sufragar a favor o en contra de esa propuesta socialista, estuvieron habilitados 16 millones 109 mil 664 electores inscritos; de los cuales sufragaron 9 millones 2 mil 439 (8 millones 883 mil 746 que votaron válidamente y 118 mil 693, cuyos votos fueron declarados nulos), lo que arroja una participación del 55,88 % y una abstención del 44,12 %—los que votaron a favor de la propuesta (4 millones 379 mil 392) constituyeron el 27,18 % y los que votaron en contra (4 millones 522 mil 332) constituyeron el 28,07 %–ambos bandos fueron ampliamente superados por los 7 millones 107 mil 225 abstencionistas.

La primera lección que nos enseñan esas cifras es que existe una muy amplia desconfianza del electorado, tanto en los “líderes” políticos—de cualquier bando—como en el poder electoral—a pesar de que este último—públicamente dominado por simpatizantes del chavismo—hizo lo que muchos creían; si no imposible, altamente improbable: que el CNE reconociese la derrota de una candidatura o propuesta política chavista.

La segunda lección—resumida bastante bien por el general retirado Raúl Isaías Baduel durante su propuesta de una nueva asamblea constituyente, pocos momentos después de anunciado el primer boletín de escrutinios por el CNE, es que no se le puede imponer un proyecto de país a los únicos y legítimos dueños de la soberanía nacional (los habitantes de una Democracia)—ese proyecto debe ser construido mediante una verdadera participación de la pluralidad pensante; existente en todo conglomerado humano.

Otra importante lección de la votación del 2 de diciembre de 2007, es que durante los casi 9 años que el chavismo lleva controlando hegemónicamente al poder público, ha podido comprobar que no se puede sobornar a un amante de la libertad y de la democracia, para que acepte ser convertido en un esclavo de un ente estatal planificador de la vida de la sociedad, a pesar de haber dilapidado en ese atroz intento, gigantescas sumas de dinero—además de aprender, lo que ya las víctimas de todos los anteriores socialismos reales, saben: las supercherías económicas inventadas por Marx sólo conducen a un lugar: al colapso de la economía nacional—si esto aún no le ha ocurrido a Venezuela, es sólo gracias a las groseramente enormes cantidades de petrodólares que ha estado administrando el chavismo; a lo que éste ha añadido la impresión del doble de bolívares que debería por cada petrodólar recibido (Pdvsa recibe 2.150 bolívares por cada dólar que obtiene vendiendo hidrocarburos y sus derivados—los que el Banco Central—convierte en Reservas Internacionales en dólares—una parte de las cuales, llamada engañosamente por el gobierno nacional “reservas excedentarias”, son convertidas nuevamente por éste en otros adicionales 2.150 bolívares).

La juventud de los estudiantes universitarios que les impide sentir el temor a las consecuencias políticas a mediano y largo plazo que sienten los políticos curtidos, les enseñó a estos últimos—y a los curas—que “no hay que poner la otra mejilla” ante los constantes atropellos del poder, y no se le debe pedir a este último que respete los derechos humanos y cívicos de los ciudadanos sino exigírselo mediante incesantes reclamos y protestas, como sin descanso lo hicieron los estudiantes desde poco antes del atropello contra Radio Caracas Televisión (en mayo de 2007); hasta la madrugada del lunes 3 de diciembre de 2007, cuando se conoció el escrutinio del referendum socialista, y han prometido continuar sin parar.

Es muy importante también, que la hoy muy alegre “oposición”—convertida en mayoría política en la madrugada de ese mencionado día lunes—no quede impedida de percatarse y combatir la políticamente inaceptable solidaridad expresada por el Gobernador del Zulia; Manuel Rosales, con la propuesta chavista de “crear un sistema de seguridad social para los buhoneros”—porque ella lo que persigue es convertir en clientes políticos a los venezolanos que se han visto obligados a salir a la calle a ganarse el sustento para sí y para su familia, debido principalmente al deliberado ataque del gobierno nacional en contra de la inversión y la empresa privada, que son las principales fuentes de generación de empleos permanentes y adecuadamente remunerados. La “democracia social” que defiende el Gobernador del Zulia, no es más que una variante perniciosamente populista nacida de los restos políticos del ya políticamente inaceptable socialismo.

Los sacerdotes cristianos y todos los líderes políticos deberían también releer la obra magistral del insigne intelectual venezolano; Carlos Rangel, titulada Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario; así como la excelente continuación de esa obra hecha por los intelectuales latinoamericanos; Plinio Apuleyo Mendoza [colombiano], Carlos Alberto Montaner [cubano] y Alvaro Vargas Llosa [peruano], con los títulos de Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano y Fabricantes de Miseria, para que luego de percatarse de que la “Doctrina Social de la Iglesia” no es más que otra perniciosa forma de socialismo (tanto así que dio origen a la “Teología de la Liberación”, que llevó a no pocos sacerdotes latinoamericanos a convertirse en guerrilleros marxistas), comiencen a estudiar a la verdadera ciencia económica descubierta (no inventada como las supercherías de Marx), por el pensador escocés Adam Smith, y expuesta en su magistral obra titulada Una Indagación sobre las Razones y Causas de la Riqueza de las Naciones, y que desde su descubrimiento ha sido perfeccionada en todas sus áreas.

Quizás leyendo esas obras aprendan que—contrariamente a como miente el socialismo—no existe tal cosa como una educación, sistema de salud, ni transporte—ni nada—gratuito, porque ello violaría la segunda ley de la termodinámica [la energía calórica no puede ser transferida desde un cuerpo de una temperatura más baja hacia un cuerpo con una temperatura más alta; sin la añadidura de energía adicional]—es decir, todo tiene un costo: por ejemplo, a los alumnos de la educación “gratuita” y obligatoria, le puede parecer gratis ese vital servicio—hasta que se enteran que es financiado con la catajarra de impuestos que pagan sus padres y el resto de los contribuyentes.

Antes de finalizar; opino que, si alguna reforma a la actual Constitución Nacional, hace falta, es un artículo que diga: “Queda totalmente prohibido a todo gobierno—nacional, regional, estadal, municipal, parroquial, local u otro—ser propietario de cualquier empresa o servicio que contemple el cobro de los bienes producidos o servicios prestados, a los consumidores—o deba ser financiado con fondos públicos. Todo bien o servicio que sea necesario para la comunidad a la que sirve cada gobierno deberá obligatoriamente ser asignada mediante licitación pública, a la o las empresas privadas con mejores ofertas”.

Finalmente; el subtítulo de este artículo “ganó Bush y perdieron Fidel Castro y Chávez”, es para recordar que el actual régimen venezolano no celebra el 4 de febrero de cada año, la derrota militar sufrida por Hugo Chávez y sus cómplices en 1992, sino que esa fecha fue deliberadamente escogida por ellos, para celebrar el trigésimo aniversario de “La Segunda Declaración de La Habana”, como llamó Fidel Castro a su discurso en la plaza José Martí, el 4 de febrero de 1962; que un “Socialismo Bolivariano” es un oxímoron, por cuanto el Padre de la Patria; Simón Bolívar, fue también uno de los cuatro Padres Mundiales del Liberalismo—doctrina político-económica diametralmente opuesta—al Socialismo, junto a Lajos Kossuth en Hungría, Giuseppe Mazzini en Italia y Johan Rudolf Thorbecke en Holanda, como cualquiera puede leer en la Encyclopaedia Britannica, en sus artículos dedicados a la historia del Liberalismo; y que el “Socialismo del Siglo 21” no existe, sino que es un descarado y absurdo “renacimiento” de la Revolución Cubana—como lo acaba de comprobar el mundo al leer los 69 artículos propuestos—y defendidos a ultranza–por los Poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Ciudadano de Venezuela, para “reformar” la Constitución Nacional venezolana de 1999.

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