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Crisis, Socialización y Otras Miserias

Domingo Fontiveros

Viernes, 29 de mayo de 2009

La compleja situación que enfrentan el gobierno y el país en materia económica para este año hay que entenderla mejor como un desastroso final de los excesos fiscales, y de otros tipos, cometidos durante 2006-2008. Excesos como esos, cuando hacen crisis, al igual que una burbuja, estallan. Venezuela está así en el camino de regreso a las proporciones económicas y financieras que existían en 2004-2005, lo que significa una muy difícil transición en la producción, el empleo, y el nivel de vida.

Si el gasto público, como principal componente de todos los excesos cometidos, no se hubiera triplicado en un poco más de un trienio, la caída reciente en el precio del petróleo no hubiese sino conducido a la necesidad de ajustes menores. La situación, sin embargo, es otra. La corrección de buena parte de los excesos cometidos implica necesariamente, en las condiciones actuales, un descenso en el nivel de actividad con repercusiones distributivas que tienen el potencial de adquirir mucha gravedad. Este camino va a ser tortuoso y traumático.

El gasto público inevitablemente tiene que contraerse en una magnitud importante, tanto por los topes nominales que el gobierno busca imponer, como por el efecto reductor de la inflación sobre el valor real del mismo. Ello, junto al aumento de la tasa impositiva indirecta (IVA), está poniendo en movimiento un multiplicador negativo tanto en la demanda de consumo como en la inversión, que apunta ya a una depresión severa.

Las mayores restricciones a la concesión de divisas oficiales subsidiadas, que ha sido anunciada y está en práctica, afecta la disponibilidad de importaciones de bienes finales para el consumo, así como de insumos para importantes sectores de producción y de bienes de capital para inversión nacional. El nivel de actividad de la industria y del comercio se verán directamente impactados, con repercusiones en el resto, incluyendo notablemente la construcción.

Incluso para cubrir los compromisos de gasto del presupuesto ajustado, el gobierno está obligado a incurrir en un endeudamiento no anticipado de magnitud considerable, tal como lo ha manifestado en cuanto a acudir al mercado interno de préstamos, y como lo viene realizando directamente o a través de sus empresas mediante el retraso, recontratación o desconocimiento de pagos pendientes de una manera forzosa. Ambas acciones crean una cuantiosa demanda de fondos prestables que succiona casi la totalidad de los recursos que de otra forma estarían disponibles para la producción y las transacciones del sector privado, lo cual añade factores limitantes para la producción interna e incorpora elementos propicios a la utilización del mecanismo de los precios, como instrumento de último recurso para la obtención de capital de trabajo en estas actividades, ante las dificultades para acceder a créditos comerciales o bancarios.

No siendo los actuales precios del petróleo anormalmente bajos, vistos en una retrospectiva de 10 años, y manteniéndose en el escenario internacional una coyuntura de caída en el nivel de actividad económica y una recuperación probablemente lenta en lo adelante, es ilusorio contar con un aumento permanente de estos precios a los niveles de $75 por barril que se promediaron en 2007-2008, a pesar de las alzas vistas recientemente. La antibonanza actual, por el contrario, luce que está para quedarse un tiempo que no será corto.

A esta nueva "normalidad" petrolera, hay que agregar como componente también muy impactante, el descenso del crédito internacional del gobierno y sus empresas, como consecuencia del inmenso endeudamiento acumulado, paradójicamente, en tiempos de bonanza, por parte del Estado y de la misma industria petrolera, así como de la práctica aislacionista reiterada por las autoridades en materia de comercio, inversiones y diplomacia frente a la comunidad internacional.

Además de la contracción inevitable del producto y la demanda, existe el problema adicional de distribuir las pérdidas de ingreso entre los agentes económicos. Este es una función donde, en situaciones como esta, se conjugan mecanismos de diversa naturaleza, como los precios, los impuestos, tipo de cambio, tasas de interés, entre otros. Sin embargo, en ausencia de precios flexibles, como es la realidad actual, la distribución de pérdidas se recarga en mecanismos directos de asignación de recursos, en los que predomina el factor político.

Durante la bonanza, el problema distributivo no era demasiado complicado, aunque sí muy ineficiente, porque al fin y al cabo se trataba de repartir ganancias. El reparto de pérdidas de ingresos es un problema más delicado y complejo, que incluye asignarlas entre sector público y privado, renglones productivos, regiones y factores de producción.

Esta es una labor para la cual el gobierno tampoco está preparado. Sin un sistema de precios flexible y con otras rigideces impuestas al sistema comercial y financiero, la distribución de pérdidas va a involucrar un componente sustancial de racionamiento de recursos, crédito, ingresos salariales y de bienes, que muy seguramente generará diversos y cambiantes grados de escasez a lo largo del sistema económico, aparte de inmensas ineficiencias, un aumento de la conflictividad social y política y una pérdida todavía mayor en el ingreso nacional.

No sorprende que en estas circunstancias, y dados los antecedentes al respecto, el gobierno se prepare para intensificar las prácticas de represión en lo económico, lo social y político. Pero recurrir a más socialismo, de la manera en que las autoridades lo entienden, no va a solucionar los problemas de corto plazo y va a agravar los de largo plazo.

La contracción y el racionamiento van a conducir a un mayor grado de alienación popular respecto a la aceptabilidad del régimen, aunque las repercusiones económicas no se vayan a dar todas juntas. El primer síntoma viene del desplome de la tasa de crecimiento en el 1er. trimestre del año, aunque la inflación aparezca menos intensa que en 2008 (oficialmente, porque hay serias dudas sobre su estricto apego a la realidad).

De todas formas, lo que caracteriza a los regímenes en proceso de socialización de la economía es el alza inflacionaria y la creciente escasez, es decir, el empobrecimiento generalizado de la población. Así que cabe esperar para el futuro cercano un recrudecimiento de la presión alcista sobre los precios y mayor desabastecimiento.

Porque si los mecanismos semiatascados que ya operan en el ámbito económico por efecto de controles directos sobre la actividad privada y la creciente participación de empresas estatizadas en múltiples áreas del devenir comercial, no son suficientes para garantizar los resultados que el gobierno aspira en su voluntarismo, es factible que la retórica sobre la intensificación del socialismo de Estado en esta "nueva" etapa del régimen, se vaya materializando con rapidez en nuevos sectores hasta ahora dejados por fuera de las previas oleadas de expropiación y confiscación, lo cual tendría aún mayores negativos efectos sobre la producción y la productividad.

En todo caso, como las pretensiones manifiestas de convertir a Venezuela en una "potencia mundial" no cuadra con una contracción de la producción y de la inversión, es más que probable que se produzca una veloz reacción para contrarrestar la tendencia recesiva y elevar la demanda por la vía del gasto público, recurriendo para ello a nuevos y mayores ingredientes de financiamiento monetario, así como a nuevos o más elevados tributos. Será entonces cuando el peligro inflacionario se haga mayor y se deterioren aún más las perspectivas para fines de 2009 y el 2010, especialmente si se generalizan los esfuerzos para "subir" la producción a través del control gerencial y/o propietario de las empresas, así como a procedimientos de ocupación de facto de otras unidades productivas.

El juicio crítico al gobierno, como se ve, incluye no solamente el haber malbaratado una enorme fortuna petrolera y multiplicado al mismo tiempo la deuda de la República, sino también la perspectiva de destrucción despiadada del aparato productivo nacional y de sus capacidades de recuperación posterior. No es fortuito que otras sociedades que han transitado caminos como este hayan caído, al final de terribles conflictos internos, en la depauperación y el estancamiento.

buzondf@gmail.com