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Llegar a viejo tiene sus técnicas

Llegar a viejo es hoy en día más fácil. Solo hay que vivir. Y eso, si es un problema y un poco más difícil. Sobretodo en estos tiempos donde la salud se deteriora por la escasez de medicinas y los malandros parecen tener un acuerdo con San Pedro, y envían la gente antes de lo previsto.

Ahora, llegar a viejo es una cosa, y mantenerse como viejo es otra. Lo que cada quien enfrenta de maneras distintas y logra, sorprendentemente, en las más diversas formas.

Cómo la gente vive más

En el mundo moderno, a los expertos de la salud y la ONU, les ha dado por dotar a los niños cuando nacen de un indicador de cuanto vivirán: “Esperanza de vida media al nacer”.

Desafortunadamente, no expiden un certificado de garantía como cuando se compra un auto.
En el mundo actual, en un promedio que incluye a todos los continentes, los niños al nacer tienen una esperanza de vida media de 67 años 2 meses y 13 días.

Para tener idea de cuánto se ha progresado en la historia de la humanidad, hay que conocer que en la Grecia Clásica y la Antigua Roma, se tenía una esperanza de vida de solo 28 años; en la América pre colombina, antes del descubrimiento, la esperanza era de 30 años, lo que coincidía con la Inglaterra medieval.

A principios del Siglo XIX, cuando se iniciaban las guerras de independencia en las colonias españolas, la esperanza de vida estaba entre 30 y 40 años; y cuando se inició el Siglo XX, había aumentado esa expectativa, siendo de 50 a 60 años.

Es precisamente en el siglo XX, cuando los científicos descubrieron la manera más expedita para aumentar el número de años que las personas pueden vivir. Tenía y tiene que ver principalmente con la potabilización del agua, su separación de las aguas negras y la higiene en el manejo de los alimentos.

En los países en vías de desarrollo, es decir los más atrasados, la principal causa de una expectativa baja es la mortalidad infantil. Y la principal causa de esta mortalidad son las enfermedades gastrointestinales. Siendo el secreto de la longevidad “promedio”, el evitar que los niños se enfermen de diarreas, se deshidraten y mueran.

Con este fin, y a partir de 1994, el Banco Mundial (BM) se ha dado a la tarea de financiar proyectos de agua en todo el mundo. Iniciativas que lograron que en pocos años aumentara la esperanza de vida de poblaciones enteras.

Según expertos del BM, en fechas recientes y en algunas zonas del Brasil, la instalación del sistema de cloacas, potabilización de agua para consumo humano y la instalación de letrinas y pocetas ha logrado casi duplicar la esperanza de vida de la población de esas zonas, de poco más de 40 a casi 70 años.

120 años a la vista

Hacia el 2010, se celebró en la Universidad Central de Venezuela (UCV) en Caracas, una conferencia de carácter científico sobre la longevidad de la cual gozarán los niños que están naciendo.

Entre otras revelaciones, los conferencistas estimaron que algunos de esos niños podrán vivir hasta 120 o 125 años.

El aumento de la esperanza de vida, y por ende de los longevos, se debería entre otras causas a varios medicamentos sintetizados en el último cuarto del Siglo XX, aunando a la comercialización de los antibióticos, a partir de 1944.

En opinión de los expertos, el atacar los problemas de la acidez con medicamentos como el omeprazol, la alta tensión con los anti hipertensivos, el azúcar con la metformina, los antidepresivos, y más recientemente con la aparición del Viagra, tuvo como resultado que se aumenten los años que las personas pueden vivir.

A diferencia de los tres primeros medicamentos meninados, el Viagra tendría el efecto de aumentar la autoestima de los hombres (que siempre tienen una esperanza de vida menor que el de las mujeres) y por lo tanto combatir la depresión.

Cómo la gente vivirá entonces

“Si se llevasen el miedo, 
y nos dejasen lo bailado 
para enfrentar el presente… 
Si se llegase entrenado 
y con ánimo suficiente… 

Y después de darlo todo 
- en justa correspondencia – 
todo estuviese pagado 
y el carné de jubilado 
abriese todas las puertas… 

Quizá llegar a viejo 
Sería más llevadero, 
Más confortable, 
Más duradero”, canta el cantautor catalán Joan Manuel Serrat en “Llegar a viejo”.

Viviendo más, el problema es cómo vivir esos años que hoy en día no se viven; y además, en que estado llegar a viejo. Como relata Serrat en su canción, en el más genuino humor español.

Es distinto el comportamiento de los hombres y mujeres con respecto al tema de la edad y el envejecimiento. Aunque el temor a hablar de la edad y aceptar que se empieza a ser viejo, puede ser igual para ambos.

Uno de los primeros síntomas es un inusual interés por el ejercicio. Muestra de que ya en las mañanas no nos levantamos con las mismas fuerzas. “Algo duele, es señal que estamos vivos”, suelen decir.

El otro síntoma también es inusual: Hacer algún tipo de dieta. Lo cual nunca puede ser malo, porque es cuidarse y eso ayuda en el interés de matricular unos años sobre el promedio. Lo curioso es el inusitado interés de quienes han sido tragones habituales.

Hacer ejercicio y tragar menos, es una primera etapa. Porque entonces se presta atención al envoltorio. Aquí la cosa se vuelve un poco más complicado y suele ser paulatina.

Se busca no solo sentirse más joven, sino que también verse más joven. Si se tiene dinero, se recurre a la cirugía estética, liposucción, inclusión de bandas o reductores de estómago, tratamiento de masajes, aplicaciones de sueros, botox y otros aditamentos.

Ocurriendo más en las mujeres que en los hombres, las técnicas del bisturí, aunque dolorosas y costosas, suelen ser (si están bien hechas) las de resultados más inmediatos.

La otra variación, de carácter exterior, es la ropa. Aquí es donde vemos que un porcentaje por cierto pequeño, parece apropiarse de la ropa de los hijos. Es vestirse como lo hacen los jóvenes, sin reparar o tener sentido del ridículo.

Esta modalidad es contraproducente. Si algo resalta la vejez de alguien, es no estar en sintonía su edad con la ropa que lo viste. Se ve a lenguas. Y de eso no escapan tanto los hombres como las mujeres.

Otra cosa que no es igual para ambos sexos, es teñirse el cabello. Hoy en día es aceptado los tintes en las cabezas femeninas. Pero en los hombres, una cabellera negra azabache sobre una cara con arrugas y un cuerpo encorvado causa una muy mala impresión.

En cambio las mujeres, han aprendido (en general) a taparse las canas con colores claros, tanto en rijo como amarillo como en grisáceos.

Sin embargo, hay otros que ni pendientes. Asumen su vejez con dignidad y desparpajo. Son los que cuando los ves, parecen decirte: “Soy viejo y qué, a ti que te importa”. Esos creo que viven felices, con sus achaques, kilitos de más, cabello escaso y blanco, y arrugas al descubierto.

Se pelean con sus conyugues, no hacen caso a los médicos, fuman, toman y tratan de seguir comiendo, en lo que su jubilación le permite.

Quién tiene la razón

Recuerda a un conocido médico venezolano, el doctor Mamán, quien en 1980 (contraviniendo a la opinión imperante entre sus colegas) decía a quien quería oírle que comieran de todo, hasta huevos. Que se olvidarán de esas malas recomendaciones. Que en Etiopía la gente se moría a los 40 años, porque se morían de hambre. Y que cuando se llegaba a los 70 años, se padecía de enfermedades propias de la edad, por vivir más. Enfermedades que antes no se conocían, porque la gente se moría de joven.

Dentro de la lógica del doctor Mamán, están los integrantes de los Rolling Stones. Todos septuagenarios, luego de una vida desenfrenada, de excesos, trasnochos, rumbas, que si han escaseces es de dietas y (eso sí) plena de sustancias. Y a pesar de todo siguen como campantes como Johnny Walker, otro ícono británico. ¿A quien le hacemos caso?

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