Semejanzas entre el leninismo y el estalinismo
En este tercer artículo analizaremos lo que significó Stalin en el marco de la revolución soviética y en qué medida representó una continuación o una desviación del rumbo totalitario establecido por Lenin.
Es importante destacar que algunos marxistas, están todavía convencidos que Stalin se desvió del rumbo revolucionario de Lenin, falseando las premisas establecidas en la revolución bolchevique para transformarla en un despotismo de corte oriental que utilizaba como escudo los principios preclaros de la revolución de octubre.
Por eso considero de interés, antes de proceder a reseñar las características fundamentales del estalinismo, abordar el problema de la continuidad o ruptura entre el leninismo y el estalinismo.
Los que afirman que Stalin desvió el rumbo parten del supuesto que Lenin había encaminado a la revolución por el buen camino, y que lo que impidió que ésta se consagrara como una fase gloriosa de la historia de la humanidad fueron los crímenes de Stalin, quién ejerció un gobierno personalista de corte tiránico, destruyendo así la herencia de Lenin.
La pregunta que surge de inmediato es ¿ hubo en realidad una diferencia sustancial de propósitos entre ambos líderes de la revolución, más allá del estilo personal de gobernar de cada uno de ellos? Es decir, ¿hubo acaso una diferencia esencial en el régimen que imperó desde 1917 hasta 1924, con lo que realizó Stalin a partir de 1929? Como explicamos en el artículo precedente, los métodos aplicados por Lenin fueron tan violentos como los que utilizó Stalin y en cierta medida es irrelevante que el primero los usara fríamente, como método para alcanzar un fin- el control total de la sociedad rusa- por los bolcheviques y que Stalin ejerciera la violencia como resultado de una paranoia y de una sed de poder personal desmedida. En ambos casos predomina la misma razón de estado. Ambos gobernaron en nombre del comunismo revolucionario, eran los líderes de un partido predestinado a llevar a cabo la realización de una verdad absoluta. Una característica determinante del totalitarismo, es precisamente, la negación de toda verdad contraria a la lógica del sistema y por consiguiente su absoluta intolerancia a cualquier otra forma de pensamiento que no siguiera los lineamientos impuestos, de ser necesario, por la fuerza para crear una sociedad nueva basada en una visión utópica de la misma.
Tampoco creemos que sirva de atenuante la justificación histórica de que el régimen se insertaba en una tradición autocrática y despótica característica de Rusia y de los gobiernos de los zares. Aquí el punto importante sería discutir si en una sociedad, sobre todo en una atrasada, es posible que el Estado establezca su dominio sobre todas las esferas sociales sin recurrir a la represión violenta y masiva, independiente de los matices y estilos personales. Lenin, era la cabeza de un régimen absolutista y Stalin lo mismo, pero más perverso. El partido Bolchevique fue creado por Lenin como una fuerza cuasi-militar, donde la cabeza se imponía a la base con poca discusión y el partido se imponía a toda la sociedad. Con Stalin, la diferencia radica en la personalización y ulterior perversión del paradigma, pero es posible sustentar la tesis que fue un cambio de grado y no uno sustancial. Así siguió funcionando el esquema, con los matices reformadores de Kruschev, hasta que Gorbachev dio el gran viraje.
Suponer, sobre la base de la llamada Nueva Política Económica que Lenin instrumentó ( un retorno tímido hacia el mercado después del fracaso del "comunismo de guerra”), o por los rasgos de su carácter, que una vez destruida la resistencia social, este habría virado hacia formas democráticas, es una discusión un tanto irrelevante. Lenin murió antes de que Rusia emprendiera el “camino soviético” hacia la industrialización forzada. Son ciertas las diferencias de carácter y capacidad intelectual entre Lenin y Stalin, sin embargo eso no es lo sustancial. El problema central es que el llamado “socialismo” que se impuso en Rusia tiene una necesidad de una gigantesca y opresiva burocracia: Está en el corazón mismo de este tipo de régimen, en el centro mismo de su dinámica de acumulación. No sólo para su implantación sino también para su funcionamiento ulterior.
La consulta de los archivos soviéticos que han podido efectuar los historiadores después de 1991, confirman que tanto Lenin como Trotski estaban dispuestos a usar cualquier medida, por cruel e inhumana que estas fueran, para mantener para los bolcheviques el control absoluto del Estado y de la sociedad soviética.
Sólo para refrescar la memoria recordemos que fue Lenin quien disolvió la Asamblea Constituyente, creó el control absoluto del partido, utilizó a los militares para aplastar las protestas civiles, creó la Tcheca como instrumento para aplicar el terror rojo, mandó asesinar a la familia imperial en 1918, destruyó la fuerza autónoma de los sindicatos, prohibió todo fraccionalismo y por lo tanto el derecho a disentir en el marco del partido comunista, el primero que empleó los juicios ejemplarizantes, el que inició la persecución de los Kulaks, el que creó los primeros campos de concentración o los denominados Gulags.
Stalin, por su parte, siguió aplicando los mismos criterios y acentuó algunas acciones, como fueron la colectivización forzada de la agricultura, exterminando como clase a los pequeños propietarios, creando a costa de la agricultura una industrialización forzada, extendiendo el campo de aplicación de la policía secreta y del terror, mas allá de las fronteras de la URSS, desarrollando lo que se denominó el archipiélago de los Gulags, destruyendo los supuestos enemigos internos y externos y convirtiendo al comunismo en un instrumento de los intereses del Estado Soviético. A esto hay que añadir el genocidio cometido en 1932 en contra de la población de Ucrania, cuando Stalin llevó a cabo el exterminio del pueblo ucraniano por medio de una hambruna artificial que trajo como consecuencia la muerte de alrededor de 8 millones de campesinos .También centenares de miles de intelectuales y muchos ciudadanos comunes fueron fusilados o deportados a Siberia. Todo esto se hizo con el propósito de destruir la conciencia nacional ucraniana.
Posteriormente, cuando se efectuaron las grandes purgas de 1937-38 , Stalin hizo arrestar en sólo 14 meses a 1.800.000 personas, de las cuales, 690.000 fueron asesinadas. A partir de ese momento, los enemigos ya no son ni los burgueses, ni los capitalistas, ni los campesinos, sino la sociedad en su conjunto. Todorov explicaba que para ese régimen “…el enemigo es la gran justificación del terror, el estado totalitario no puede vivir sin enemigo, si no lo tiene lo inventará. Una vez que estos han sido identificados, no serán acreedores de ninguna clemencia…. Ser enemigo es una tara incurable y hereditaria.”
EL TERROR COMO MÉTODO Y EL CULTO A LA PERSONALIDAD
Según Moshe Lewin, la esencia del estalinismo es la paranoia institucional. Por lo tanto, no sólo es importante conocer la magnitud de los crímenes cometidos bajo su imperio sino también las causas.
El informe de Kruschev al vigésimo congreso del PCUS expuso públicamente muchos de los atropellos, sin embargo, trató de diferenciarlos de lo que Lenin hubiese podido hacer, justificó el uso del terror cuando éste fue necesario para combatir a los enemigos de la revolución. La critica de Kruchev se centra más en los daños que le causó a la organización interna del partido el despotismo estalinista que en razones humanitarias. Algunas citas a este importante documento pueden resultar esclarecedoras.
El primer punto que se expone en el “reporte especial” fue la condena al culto de la personalidad, considerándolo la causa de los excesos y perversiones ocurridas en el manejo del partido, de quien abandonó el principio de la conducción colectiva en beneficio de un manejo unipersonal y despótico. Incluso, se afirma que el propio Marx condenó esta posible degeneración , de manera expresa, en una carta al dirigente político alemán Bloss en la que decía: “ Siempre he expresado mi antipatía por cualquier culto al individuo… incluso cuando Engel y yo nos incorporamos por primera vez a la sociedad secreta comunista lo hicimos con la condición de que cualquier adoración supersticiosa a la autoridad debería ser suprimida de los estatutos. Posteriormente, Lasalle hizo justamente todo lo contrario”.
Para justificar el ataque contra Stalin, Kruschev no sólo se apoyó en algunas ideas de Marx sino también utilizó en el informe algunas expresiones condenatorias de Lenin, según las cuales la rudeza y tendencia a la violencia de Stalin lo convertían en inadecuado para ejercer la Secretaria General del Partido.
Kruschev le atribuye a Stalin la generación del concepto de “enemigo del pueblo”, cuando hoy en realidad sabemos que la idea fue de Lenin. Sin embargo fue Stalin , sin dudas, quien la utilizó en su sentido más amplio. Esa expresión significó en la práctica, como dice el reporte, que “el término hacía automáticamente innecesario que se requiriese probar los errores ideológicos de una persona en un debate. El término hizo factible el uso de las formas más crueles de represión, violando todas las normas de la legalidad revolucionaria, para cualquiera que de una u otra manera estuviese en desacuerdo con Stalin, o incluso contra aquellos de los que se pudiera suponer actitudes hostiles, o en contra de los que tuvieran mala reputación. Este concepto de “enemigo del pueblo” impidió de hecho cualquier posibilidad de debate ideológico, o incluso de hacer conocer sus puntos de vista hasta los de naturaleza práctica…. De hecho las únicas pruebas de culpabilidad se obtenían de las “ confesiones” hechas por el propio acusado, las cuales eran obtenidas ejerciendo presiones físicas sobre el mismo”.
Según este informe lo más grave fue que Stalin siguió ejerciendo la violencia y los métodos de represión masiva cuando la revolución ya había triunfado y había acabado con sus enemigos. Cuando el Estado Soviético era una realidad y por lo tanto aparentemente no se justificaban los crímenes, al menos los más extremos. No obstante, es difícil entender como puede marchar una sociedad administrada totalitariamente por una cúpula política, sin la intimidación y un fuerte aparato policial represivo.
A pesar de que este informe tuvo un impacto demoledor en la estructura del Partido Comunista, dejó a oscuras las graves consecuencias que acarreaban las decisiones erróneas asumidas al principio mismo de la revolución bolchevique y que acabarían por derrumbar el sistema en 1991.
Entrar a considerar en detalle todos los crímenes cometidos por Stalin y el estalinismo daría lugar a otro texto, por demás extenso. Lo que aquí nos interesa resaltar es que estos crímenes no solo se cometieron en función de una determinada ideología, sino que ese régimen permitió que se fabricara además un pernicioso culto a la personalidad que terminaría por justificar todos los actos cometidos por el dictador supremo. A tal efecto es interesante citar lo que dice al respecto el diccionario soviético de filosofía, que en su edición de 1965 definía el culto a la personalidad de la siguiente manera:
“Culto a la personalidad
Ciega inclinación ante la autoridad de algún personaje, ponderación excesiva de sus méritos reales, conversión del nombre de una personalidad histórica en un fetiche. La base teórica del culto a la personalidad radica en la concepción idealista de la historia, según la cual el curso de esta última no es determinado por la acción de las masas del pueblo, sino por los deseos y la voluntad de los grandes hombres (caudillos militares, héroes, ideólogos destacados, etc.)
Sin embargo, en los regimenes comunistas posteriores, este aspecto ha prevalecido tales como el caso en China con Mao, en Rumania con Ceaucescu, en la Corea de Kim Il Sung y en Cuba con Fidel Castro, para solo señalar algunos de los casos mas significativos.
¿Por qué el totalitarismo termina por generar ese culto a la personalidad? Porque como bien sostiene Hannah Arendt “la existencia de una cadena de mando organizada jerárquicamente significa que quien manda depende el sistema jerárquico en el cual opera, pero éste a su vez se hace dependiente de él “. Por eso es que progresivamente se convierte en un sistema totalitario. El Jefe Supremo termina por encarnar la voluntad de la organización y se coloca por encima del movimiento o partido. Este monopolio absoluto del poder en manos del jefe se hace más evidente por el control directo del aparato represivo y por las relaciones especiales que el dictador mantiene con su jefe de la policía secreta. Este personaje, por lo general, en un régimen totalitario, está ubicado en la cumbre del poder. El ejemplo de Djerzinski, con Lenin y de Beria, con Stalin, son buena muestra de ello. Pero además, el totalitarismo genera una red de complicidades que se hacen extensivas a la población en general. Todos se sienten, de una manera u otra, en deuda con el déspota, quién otorga favores pero también los quita.
Como veremos mas adelante en el estudio del nazismo, Hitler decía en 1939 que >“ En fin de cuenta, debo con toda modestia calificar a mi persona como irremplazable, el destino del Reich depende de mi solo”. Lo mismo sostuvo Stalin en más de una ocasión, lo que está expresado con lujo de detalles en su autobiografía. Stalin se erigió en el padre de todos los rusos, el único vencedor de la guerra contra los alemanes y en la otra cara de Lenin.
Para concluir, surgen varias interrogantes: ¿ por qué el comunismo moderno, es decir el que surgió en 1917, se convirtió, casi de inmediato en una dictadura sangrienta y después en un régimen totalitario altamente opresivo? ¿Es acaso la violencia un elemento consustancial al mismo?. ¿Porqué se banalizaron los crímenes cometidos contra los adversarios políticos y solo se condenaron, parcialmente, los cometidos en contra de los propios revolucionarios? El líder Menchevique Martov da una razón, cuando en 1918 sostiene que“ La bestia ha lamido la sangre caliente del hombre. La máquina de matar a los hombres se ha puesto en movimiento”.
Pero tal vez la explicación más clara es la del líder de la socialdemocracia ( la matriz inicial de los partidos comunistas) Kautsky, quien en 1918 en su libro, La dictadura del proletariado, afirmaba: "La oposición entre las dos corrientes socialistas,reposa en la oposición de dos métodos diametralmente opuestos: el método democrático y el método dictatorial. Las dos corrientes desean lo mismo: la emancipación del proletariado y con ello la de la humanidad a través del socialismo. Pero la vía tomada por unos es considerada por los otros como falsa y por lo tanto solo pueden conducir a la ruina. La reivindicación de la libertad de discusión nos coloca de lleno en el terreno de la democracia. La finalidad de la dictadura no es la de refutar la opinión contraria, sino de suprimir violentamente su expresión. Por eso desde un mismo inicio la democracia y la dictadura se enfrentan de manera irreductible aún antes de que se inicie la discusión. Una exige la discusión la otra simplemente la rechaza.” Y de manera profética termina diciendo “ La dictadura de una minoría siempre consigue su apoyo más sólido en un ejercito incondicional”. La respuesta de Lenin no tardó en manifestarse al descalificar a Kautski como un renegado.
Uno termina por preguntarse ¿por qué la conservación del poder a como diera lugar y el abandono de los principios morales más elementales era una necesidad de ese régimen? La respuesta bien pudiera ser que sólo así Lenin, y luego Stalin, pudieron poner en práctica la idea de “construir el socialismo”. Entonces el terror no sería otra cosa que el método necesario para imponer la ideología leninista, totalmente utópica, de aplicar una doctrina en total desfase con la realidad. Stalin que se preocupaba menos por la teoría que por la práctica , usó el poder como medio para colmar su megalomanía y superar la paranoia que lo acompañó por todo el curso de su existencia.
En los próximos artículos abordaremos las diversas facetas y vertientes del fascismo en Europa a principios del siglo XX.