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El Totalitarismo en el siglo XX

VII: El Totalitarismo en China: Antedecentes al maoísmo
Emilio Figueredo

 
Martes, 4 de noviembre de 2003

En los artículos anteriores hemos descrito algunas de las características fundamentales del totalitarismo en el siglo XX. Podemos afirmar que en los elementos comunes a éstos regímenes existe una estrecha imbricación entre: la conducción política, el monopolio de la verdad, la organización y dirección central y vertical de la economía , el uso de la propaganda como instrumento para someter a las masas y la sistematización de la política del terror como medio de intimidación y control de la población. El objetivo varía y según el caso puede ser: crear una nueva sociedad, una nueva raza o un hombre nuevo. Pero, por encima de los propósitos iniciales que hayan podido servir de justificación o basamento ideológico para la conquista del poder, lo que prevalece en estos regímenes es la voluntad de aferrarse- a como dé lugar- al poder, mediante el control de todas las instituciones y mediante la aplicación sistemática de una política del terror. Nunca ha sido mejor aplicable el principio de que el fin justifica los medios como en el poder totalitario.

Es particularmente interesante estudiar como se ha implantado el totalitarismo en otras sociedades diferentes a las occidentales que tratamos en los primeros seis ensayos. En la continuación de nuestro análisis nos referiremos a un caso emblemático como lo fue el maoísmo . Es evidente que a esta lista se le podrían agregar otros ejemplos como los del Khmer rojo en Camboya y la dinastía totalitaria en Corea del Norte. Sin embargo, en beneficio de los lectores, nos concentraremos en el caso chino, el emblemático. Mutatis Mutandi, muchas de sus características son aplicables al resto del totalitarismo moderno asiático.

Condiciones previas a la instauración de un régimen totalitario en China

El estudio del totalitarismo en la República Popular China es un ejercicio intelectual fascinante, ya que se implantó en una sociedad eminentemente rural que nunca tuvo un gobierno democrático, y cuyas características sociales e históricas son muy diferentes a las de los regímenes occidentales que hasta ahora hemos revisado.

Antes de entrar a considerar los efectos que tuvo y que tienen sobre China la incorporación del marxismo-leninismo al acervo cultural y político de esa nación, conviene hacer una breve descripción histórica de los cambios revolucionarios que ocurrieron en ese gigantesco país a comienzos del siglo XX.

Es evidente que para entender esos diversos procesos revolucionarios que ocurrieron en China es necesario remontarse en la historia . En particular, evaluar la influencia que tuvo tanto la decadencia del Imperio Manchú así como las sucesivas invasiones extranjeras.

A pesar de que se ha hecho mucho énfasis en que el desencadenante fundamental de los cambios revolucionarios en China fue la influencia tecnológica y cultural de Europa, hoy la mayoría de los historiadores le otorgan mayor importancia al inadecuado manejo por el imperio de una serie de nuevas circunstancias de carácter demográfico, económico y social y a su incapacidad para resolver numerosos conflictos de la sociedad china que se remontaban a, por lo menos, la segunda mitad del siglo XVIII.

Ahora bien, al analizar a la revolución china, es necesario aclarar a cual de ellas nos referimos ya que en el curso del siglo XX ocurrieron en China varias revoluciones entre las cuales podemos destacar tres principales.

La primera, a la que podríamos denominar como la “Revolución Republicana”, que arranca en 1911 con la caída del Imperio Manchú y va a durar con sus altibajos hasta 1920.

La segunda, es la “Revolución Nacionalista” que se inicia en 1920 y que de alguna manera se prolonga hasta 1949. Ésta corresponde a la toma del poder por el Kuomitang, y se basa en los tres principios de Sun Yat-sen : Nacionalismo, democracia y socialismo.

La tercera , la “Revolución Comunista” propulsada por el igualitarismo y las promesas de establecer un verdadero socialismo y además de darle un mayor impulso al nacionalismo chino. Esta será la revolución promovida y dirigida en sus inicios por Mao Zedong a partir de la creación en 1949 de la República Popular China.

Se puede igualmente afirmar que esta tercera revolución pudiera a su vez subdividirse en al menos cuatro etapas fundamentales, la primera, la consolidación del partido comunista en el poder con base en el modelo soviético, la segunda, la colectivización forzada de la producción agrícola, reflejada en lo que se ha denominado el gran salto , la tercera, el ataque y purga del partido comunista chino y de las principales instituciones del estado mediante la denominada revolución cultural y la cuarta, y última, después de la muerte de Mao, de rehabilitación de los dirigentes históricos del Partido e inicio de las reformas económicas de Den Tsiao Ping.

I La revolución republicana

La primera fase del proceso revolucionario surge de la creciente frustración popular frente a los enormes cambios ocurridos en la sociedad china; el errático liderazgo imperial incapaz de promover las reformas necesarias y la humillante presencia en territorio chino de fuerzas de ocupación japonesas y de varias potencias occidentales .

La existencia de nuevas fuerzas sociales representadas por estudiantes educados en Japón, Europa y Estados Unidos, el surgimiento de una generación de intelectuales ideológicamente contrarios al viejo orden y a las costumbres tradicionales, así como el recién adquirido dinamismo de una clase media modernizadora, fueron factores que generaron un caldo de cultivo propicio para el surgimiento de movimientos políticos revolucionarios.

En 1890 se creó un grupo político dirigido por Sun Yat-sen, quien era un médico con ideas progresistas que había estudiado en el exterior. A su regreso a China se instala en Cantón e inicia su actividad política en 1895, convencido de que la única salida para China era acabar con la dinastía Manchú. Para substituirla proponía la creación de un gobierno fuerte, de corte militar. En su opinión era difícil establecer un proceso de transformación política hacia la democracia en un país que sólo había conocido a la monarquía como forma de gobierno.

El 12 de febrero de 1912 abdicó Henry P’u-yi, el último Emperador de la dinastía Qing y se disolvió la monarquía. Sun Yat-sen lucía como el lógico candidato para presidir el nuevo gobierno, sin embargo esté prefirió, para evitar una guerra civil, dejar que fuese el general Yuan Shiksi, uno de los principales jefes militares del antiguo imperio, quien asumiese la presidencia . A pesar de que Yuan se había comprometido en formar un gobierno constitucional ,prefirió consolidar su poder personal. Se instaló en Pekín y no le hizo el menor caso al nuevo parlamento que se había instalado en Nanking, es más, lo disolvió y se autoproclamó Presidente Vitalicio. Cuando Yuan se propuso restablecer la monarquía, fuertes movimientos de protestas terminaron por derrocarlo en 1916. Su salida del poder dejó a China en un estado de caos en el cual no surgía alguien con la capacidad y liderazgo necesarios para llenar el vacío de poder. El gobierno se fue reduciendo al control de la capital, mientras que en las provincias se iba consolidando el poder de los llamados señores de la guerra. Es decir, jefes militares que organizaban sus propios ejércitos privados para gobernar a su antojo .

Sun Yat-sen buscó el apoyo de la Unión Soviética, principalmente porque las potencias occidentales habían renegado sus acuerdos de revertir, al culminar la Primera Guerra Mundial, las concesiones alemanas a China. Además, porque estaba convencido de que el modelo leninista podía ser el más adecuado para la creación del nuevo Estado Chino. El gobierno soviético decidió apoyarlo. Enviaron asesores, dinero y armas. Sun Yat-sen modificó sus tres principios para convertirlos en “ anti-imperialista, anti-capitalista” y “liderazgo autoritario” ( centralismo democrático) .

El partido de Sun Yat- sen – el Kuomitang – adopta la organización política de los bolcheviques y las tácticas necesarias para la conquista del poder. Al principio su base de poder reside en la ciudad de Cantón, donde ejercen el gobierno de manera eficiente, pero el objetivo declarado es a partir de allí lograr la reunificación de toda China . A tal efecto, inician la preparación de un ejército profesional. Las grandes potencias se niegan a reconocer a ese gobierno como el futuro unificador de China y los señores de la guerra ignoran incluso su existencia.

II La Revolución Nacionalista ( 1920-1949)

Sun Yat-sen, muere en 1925 antes de lograr sus propósitos de unificar a China bajo el mando de su partido. De inmediato se entablará una lucha por la sucesión, la cual fue dominada por Chiang Kai-shek, un joven oficial que era el director de la academia militar.

En 1926, el gobierno de Cantón se encuentra ya en condiciones de iniciar su campaña en contra de los señores de la guerra de las provincias del norte. Bajo el mando de Chiang Kai-shek la campaña logra éxitos en numerosas ciudades y en muchos casos cuenta con el apoyo del partido comunista. Pero esta alianza circunstancial va a durar poco tiempo, ya que en el KMT surgen conflictos, fomentados paralelamente por el partido comunista, entre sus alas progresista y conservadora. Estas luchas internas pronto degeneraron en alzamientos campesinos y en huelgas laborales. La violencia política se incrementó con numerosos asesinatos, en particular en contra de los extranjeros radicados en China. La turbulencia social hizo que los sectores más conservadores del partido y de la sociedad se atemorizaran y le solicitaran a Chiang Kai-shek que tomase medidas para restablecer el orden.

Chiang Kai-shek decidió que ese era el rumbo más conveniente para la consolidación del poder y apoyado por las mafias locales atacó por sorpresa a los comunistas y capturó la ciudad de Shangai, considerada su más fuerte bastión. Ya para 1927 Chiang Kai-shek había logrado el objetivo de controlar la mayor parte del territorio chino y tomó entonces la decisión de romper formalmente con el Partido Comunista . A partir de esa fecha se intensificó una campaña para la erradicación definitiva del partido comunista chino. En abril de ese mismo año, Chiang Kai-shek rompe sus vínculos con la Unión Soviética y expulsa sus asesores, se produce una desbandada generalizada en el PCC, salvo en las fronteras de Jiangxi donde dos jóvenes dirigentes comunistas, Mao Ze-Dong y Zhu De logran reagrupar los escasos cuadros remanentes del PCC y se preparan para organizar la resistencia en contra de los nacionalistas, a través de una guerra de guerrilla.

En 1928 Chiang Kai-shek logra el control sobre Pekín y obtiene así el control nominal sobre toda China. Su gobierno es reconocido diplomáticamente por las potencias extranjeras y decide mudar la capital a Nanking. Con el apoyo de los Estados Unidos logra que se eliminen progresivamente las diversas concesiones extranjeras en el territorio chino. Esto permitía suponer que el nuevo gobierno podría, al fin, concentrar sus esfuerzos en la reconstrucción de la economía y en la unificación del país . Este objetivo no se logra por dos razones, por un lado la invasión japonesa a Manchuria y, por el otro, los constantes ataques de la guerrilla comunista. A pesar de que los japoneses habían ocupado toda la provincia de Manchuria, el gobierno no hizo nada para enfrentarlos, ya que su objetivo primordial era acabar con los comunistas. Chiang Kai-shek afirmaba que era necesario: “primero la pacificación interna antes que repeler la agresión externa”. Una razón adicional podía ser la enorme desigualdad entre el poderío militar chino y el japonés.

Esta decisión política le restó apoyos en una nación en la que el nacionalismo estaba en plena efervescencia. Pero Chiang Kai-shek haciendo caso omiso a esos sentimientos prefirió proseguir la lucha contra los comunistas . En 1934 había prácticamente logrado su objetivo al destruir la mayoría de las bases de sustentación del partido comunista y las pocas que quedaban estaban rodeadas por los ejércitos nacionalistas. Esto dio lugar a un gran episodio histórico en el que bajo la dirección de Mao Ze-Dong el resto de las fuerzas comunistas inició, con cien mil personas, lo que se ha denominado “la gran marcha”. En esta lograron vadear el círculo formado por los ejércitos nacionalistas desplazándose primero hacia el Tibet para luego dar marcha atrás hacia el norte, atravesando una gran extensión del territorio chino. Esa marcha tuvo un recorrido de más de 5000 millas y sólo lograron llegar a su destino final en la provincia de Xhaanxi 20.000 personas.

La intención de Chiang Kai-shek era acabar, de una vez, con las diezmadas fuerzas comunistas, pero para lograrlo requería el apoyo de las tropas chinas acantonadas en la frontera con Manchuria. Sin embargo, el jefe de esas tropas el general Ziang Xueliang, no estuvo de acuerdo, ya que el consideraba que el objetivo prioritario era expulsar a los japoneses y no continuar la lucha interna y a tal fin mantuvo retenido a Chiang Kai-shek por dos semanas, hasta que lo convenció que tenía que pactar con los comunistas para unir todas las fuerzas en contra del invasor japonés. Un año después de esta decisión, China entraba en guerra con Japón, país que, gracias a su mayor poderío militar, logró controlar a las grandes ciudades costeras, así como gran parte del este de China. Esto hizo que los nacionalistas tuvieran que mudar la capital hacia el interior del territorio a la ciudad de Tonking.

Los japoneses jamás tuvieron la intención de controlar todo el país. Pero Chiang Kai-shek se sentía más seguro ubicándose detrás de la barrera natural ofrecida tanto por el río Yangtzé como por las cordilleras de Sechuán. A pesar de las derrotas no quiso negociar un acuerdo de paz con los japoneses . Aspiraba y esperaba que los Estados Unidos lo apoyarían entrando en el conflicto. El hecho de haberse refugiado en el interior de China lo separó de sus principales bases de poder representada por la comunidad financiera e industriales. Además, al haber dejado sin protección a numerosos campesinos en las zonas ocupadas por los japoneses , éstos no tuvieron más remedio que recurrir a la protección de la guerrilla comunista.

En la primavera de 1948, el partido comunista percibiendo la debilidad del adversario, cambió su táctica militar para proceder a enfrentar frontalmente a los ejércitos nacionalistas. La primera gran victoria de los comunistas ocurrió en Manchuria. De allí en adelante la marcha de los comunistas se hará prácticamente indetenible. El éxito de la estrategia comunista fue facilitado por el alto nivel de corrupción del gobierno nacionalista, por la desmoralización generalizada de las tropas y una inflación galopante que afectaba a todos los sectores de la población. En 1949, ocurrió el embate final con la toma de las ciudades de Nanking , Shangai y Cantón . Chiang Kai-shek abandonó el territorio continental y se refugió en la isla de Formosa ( Taiwán) con 50.000 efectivos y 2 millones de civiles. Los comunistas habían logrado alcanzar el poder.

El Inicio de la revolución: Breve semblanza de Mao

Cuando Mao se paró en la tarima de la plaza de Tianamen, el 1 de octubre de 1949, para proclamar la creación de la República Popular China había demostrado ya sus habilidades como líder político revolucionario en un largo periplo que inició en 1912. Siempre fue un político hábil y tenaz y con la suficiente capacidad táctica para saber amoldarse a las circunstancias sin perder su rumbo. Como buen estudiante que fue de la historia de China supo interpretar las relaciones existentes entre la política y la guerra. Sin su ambición y su idealismo y también "su crueldad" probablemente el camino para que el PCC alcanzara el triunfo habría sido menos probable. Pero si bien esos rasgos de su personalidad fueron un elemento importante para lograr el poder asimismo determinaron que una vez conseguido éste creara un caos de tal naturaleza que pudo poner en peligro su obra. Los errores cometidos durante la primera fase de la revolución comunista fueron dramáticos, costaron numerosas vidas y un mayor empobrecimiento de la población. En la actualidad, después de múltiples ajustes y correcciones, China ha logrado convertirse en una de las principales potencias del planeta en un régimen que ha retornado en forma sui generis al capitalismo, paradójicamente bajo la dirección del “Partido Comunista”, con muy poco que ver con el régimen que Mao soñó para China.

Las ideas revolucionarias de Mao se basaban en una combinación entre el ejercicio intelectual y la experiencia. Respondían a una genuina preocupación de corregir la suerte de un inmenso número de chinos, que vivían en un estado de pobreza y de ignorancia total, siendo éstos objeto de formas arcaicas de explotación. Mao tenía además una gran desconfianza hacia la burocracia porque ésta, en su opinión, sólo servía de base de sustentación para las clases dirigentes. Por lo tanto, para él su poder residía en movilizar el entusiasmo y la pasión popular como substitutos de la sofisticación intelectual y la experiencia técnica que supuestamente debería representar el partido comunista en las tesis leninistas. Nunca pudo librarse de su contexto cultural histórico y en muchos casos recurría al pasado para justificar el presente.

Muchos han estudiado la personalidad de Mao y la manera como éste implantó en China una doctrina política totalmente ajena a las realidades socio-políticas de su país. En efecto el marxismo mal podía aplicarse a un país rural como lo era China. Mao consideraba que el atraso y la pobreza eran más bien una virtud que podían servir de base para la construcción de su particular visión del socialismo. En este sentido, Mao pensaba que su revolución triunfaría porque los chinos tenían muy poco que perder y todo por ganar. Esta visión se convertirá en el germen de uno de los mayores totalitarismos que ha conocido la historia. Si en verdad se estaba escribiendo sobre un en libro blanco, como lo afirmaba Mao, entonces, todo estaba implícitamente permitido para alcanzar ese futuro en el que el hombre sería finalmente libre.

Implícita en las técnicas revolucionarias que usaba Mao, utilizando una acepción primitiva del marxismo, estaba la idea según la cual la lucha y el conflicto eran buenos tanto para la gente como para la causa revolucionaria. Sin una lucha revolucionaria permanente no se podrían superar los obstáculos que impedían la realización de la revolución. Sobre todo en China donde el fuerte arraigo del confucionismo hacía que la población prefiriera, buscar la armonía antes que el conflicto. Como la confrontación directa en el seno de la población no parecía del todo efectiva para los propósitos más altos de la revolución, Mao la amplió a la disolución de los vínculos sociales elementales, como un recurso para socavar la resistencia de la sociedad. Todo convencionalismo social tenía que ser eliminado para hacer triunfar a la revolución. Por ejemplo, además de la confrontación entre proletarios y campesinos, estimuló el enfrentamiento de los trabajadores con sus supervisores, de los estudiantes contra sus maestros. Así se lograba subvertir todo el orden existente y preparar las condiciones para que mediante una utilización sistemática de la represión y el terror se lograse superar todos los obstáculos que se atravesaban en el proceso revolucionario. En efecto al invertir el orden de las relaciones sociales elementales se creaba una ilusión de poder en los contestatarios y una fidelidad a los propósitos del gran timonel. Hasta cierto punto esto funcionó desde la óptica del mantenimiento del poder, pero evidentemente desde la perspectiva económica y social global resultó un total desastre.

Otro aspecto importante en la visión de Mao fue su profundo anti intelectualismo. Mao despreciaba a los intelectuales, aunque en cierta forma también lo era, quizá por su conocimiento de la historia de China donde el poder había siempre estado estrechamente vinculado a este grupo de poder. Otro factor pudo ser el origen campesino de Mao y que los intelectuales eran primordialmente urbanos y por lo tanto ignorantes de la realidad del campo. Cualesquiera que fuesen sus razones esta antipatía influyó enormemente en su forma de pensar y su actuación política. Por eso constantemente los persiguió, reprimió y humilló. Esto como veremos en el análisis de las campañas de las cien flores, el gran salto y la revolución cultural, tuvo un costo social elevado y un efecto catastrófico e irreparable para lograr una superación más acelerada y eficiente del conocimiento en China. Pero pongamos en las propias palabras de Mao su visión sobre el pueblo chino. “ Aparte de otras características , los 600 millones de habitantes de China son notables por dos peculiaridades; primero que nada son pobres y segundo son como un libro en blanco. Eso podría parecer como una cosa mala, pero en realidad es buena. La gente pobre quiere cambio, quieren hacer cosas, quieren una revolución. Una hoja de papel limpia no tiene manchas, y por lo tanto se puede escribir en ella las palabras mas nuevas y hermosas y los mas bellos y novedosos dibujos” Con este criterio en la mente estaba mas que justificado hacer lo que fuera con los chinos, porque se trataba de crear el hombre nuevo purificado de todos los residuos del pasado.

Pero a Mao le ocurrirá como a otros líderes que alcanzaron el poder absoluto. No sólo se corrompió, sino perdió todo contacto con la realidad. Se convirtió en un ser arrogante frente a sus colegas y frente a la sociedad . Estaba convencido de que el único depositario de la verdad revolucionaria era él. Y como lo hizo en diversas ocasiones, y en particular en el Gran Salto y en la Revolución Cultural creyó que el solo estaba en condiciones de implantar su utopía usando indistintamente las masas o las fuerzas de represión según lo ameritaran las circunstancias. Al final de su existencia Mao pondrá una vez más en evidencia, las fallas estructurales del totalitarismo. Entre otras la extrema dificultad que hay en poder sacar del poder al líder aun cuando éste ya se haya convertido en un auténtico peso muerto para el proceso; y éste persista en querer imponer a la sociedad las visiones superadas de su juventud cuando soñaban un día alcanzar el poder.

En el próximo ensayo nos detendremos a considerar lo que ocurrió en China con las políticas revolucionarias dictadas y orientadas por Mao Ze Dong. En particular, nos referiremos a las consecuencias de los cambios políticos estructurales y el ejercicio del terror como método para imponerlos , tanto en la fase de consolidación del poder comunista en 1949, como en dos etapas particularmente traumáticas : “El gran salto hacia delante” y el paroxismo destructivo de la “revolución cultural.”

efigueredo@analitica.com

 

 

 
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