Cuando los comunistas llegaron al poder en 1949 el sentimiento generalizado fue de euforia. Las tropas comunistas estaban bien adiestradas y eran disciplinadas en contraste con los desbarajustes causados por los señores de la guerra y la retirada de las tropas nacionalistas de Chiang Kai-shek. Al inicio adoptaron una actitud conciliadora y procedieron a poner orden en las ciudades, limpiándolas de mendigos, prostitutas y realizando labores intensivas de limpieza y reacomodo de los servicios públicos. Liberaron a las mujeres del régimen de sometimiento a la permanente tutela familiar. Al mismo tiempo, las primeras medidas económicas fueron efectivas, ya que lograron detener la inflación galopante, mientras que la abolición de los privilegios a los extranjeros así como los castigos a la corrupción permitía vislumbrar un período de orden y progreso.
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En sus primeros años, los comunistas conservaron en su gran mayoría a los antiguos funcionarios del KMT, en parte porque carecían de cuadros suficientes para llenar todas las funciones que requería el Estado para operar. Pero tan pronto como se fueron consolidando y lograron captar nuevos militantes en el PCC, iniciaron las purgas en todos los organismos del Estado así como en las empresas que habían sido nacionalizadas. La primera gran purga se llevó a cabo en 1951, dos años después de la proclamación del comunismo en China. Su objetivo era eliminar a los "contrarrevolucionarios" (todos los ciudadanos que habían integrado, años atrás, las filas del ejército del Kuomintang). Quienes no fueron suprimidos físicamente, padecieron una marginación social absoluta. A continuación se inició la campaña denominada de “los Tres Anti”: En contra de la corrupción, de la burocracia y del derroche. Esta campaña estaba dirigida a depurar la administración pública para sustituir a los funcionarios por personas afectas al nuevo régimen. Poco después se inició otra campaña de “ los Cinco Anti”: Contra el soborno, la evasión de impuestos, el fraude, el robo de propiedad estatal y la obtención de información privilegiada. Estas medidas, cuyos objetivos en cualquier sociedad democrática hubiesen sido impecables, en las manos de Mao se tradujeron en durísimas persecuciones contra funcionarios del partido (condenados en la mayoría de los casos por animadversiones personales) y sobre todo contra todos los capitalistas y burgueses del país.
En fin, bajo estas presunciones, cualquier persona podía ser arrestada y enjuiciada sin prácticamente ningún recurso a la defensa ya que el sistema judicial había sido controlado por el nuevo régimen.
La transición hacía una agricultura socialista
En 1954 se aprueba una nueva constitución, inspirada en la Constitución Soviética estalinista de 1936. El objetivo era reforzar los mecanismos institucionales del nuevo gobierno, convirtiendo a la administración pública en el brazo ejecutivo del partido, lo que dio al traste con el breve ensayo seudo democrático. En China, a diferencia de lo ocurrido en la desastrosa colectivización soviética, en el Partido Comunista Chino reinaba el criterio mayoritario de que los cambios en el campo debían realizarse de manera gradual. Lo primero que se creó fue un régimen de cooperativas agrícolas, en la que los campesinos ponían en un “pote común” sus utensilios de trabajo y la tierra, pero obtenían a cambio productos en forma proporcional a sus aportes. Esto hizo que los campesinos más ricos no se enfrentaran a las reformas introducidas. La propiedad privada había sido reforzada mediante la distribución de las tierras a los campesinos más desposeídos. Se podía comprar y vender tierras y eso hizo que emergiera una nueva categoría, la de los campesinos ricos. Posteriormente hubo una fase de cooperativas más integral, en la que los campesinos trabajaban por un sueldo sin obtener retornos en especie por sus tierras, equipos u otros bienes. Para fines de 1956 todo el país estaba sometido a este régimen colectivista. En paralelo a estos cambios, se inicia un vasto plan de industrialización que debía ser financiado por los excedentes agrícolas. El problema era que en China, a diferencia de la Unión Soviética, no existían tales excedentes.
El Movimiento de las cien flores 1956-57
Una vez concluido el proceso de colectivización de la agricultura, a finales de 1955, se inició un nuevo esfuerzo para acelerar el proceso de industrialización. El partido consideró que era necesario el apoyo de los intelectuales y de los profesionales para llevarlo a cabo eficientemente. Los intelectuales eran particularmente reticentes a incorporarse a esa iniciativa, conscientes de la actitud hostil, que hasta ese entonces, el partido había tenido hacia ellos. Por ello, el Primer Ministro Chou-En-lai propuso algunas reformas para despertar el entusiasmo de estos, en particular, sostuvo que se les debía dar mas autoridad, que sus puntos de vista debían ser respetados y sus investigaciones debían ser tomadas en cuenta. Mao acogió las ideas de Chou y el 2 de mayo en un discurso anunció la famosa consigna “Que se abran cien flores y que compitan cien escuelas”
El objetivo de esa campaña era que los intelectuales pudiesen criticar de manera constructiva a los funcionarios públicos y así lograr estimular una mayor eficiencia de la burocracia. Esto condujo a que los científicos cuestionaran la autoridad de los funcionarios del partido para dirigir el desarrollo científico y tecnológico, que algunos economistas desestimaran la relevancia del marxismo y que los sociólogos argumentaran -en contra de la doctrina oficial- la necesidad de establecer el control de la natalidad.
El problema surgió cuando los intelectuales empezaron a expresar sus puntos de vista. En China, al igual que en la Unión Soviética, la crítica más fuerte en contra de la burocracia y de la actitud complaciente del partido, fue hecha en periódicos oficiales. Al igual que Novy Mir que publicó en la URSS el relato de Solzhenitsyn “un día en la vida de Iván Denisovich”, en las revistas chinas Literatura del Pueblo y en Estudios Literarios, se publicaban relatos basados en un modelo soviético en el que se describían la vida de jóvenes y devotos comunistas que se enfrentaban a burócratas apáticos e ineficientes, en su afán por mejorar las condiciones de vida de la sociedad en general. Se incitaba a los jóvenes escritores chinos a que hurgaran en la historia de su país para que vieran como los maestros del pasado habían superados normas obsoletas y diversos clisés.
Un importante escritor y periodista de la época, Liu Pin-yen, afirmaba, “Aunque nos rehusemos a reconocer las contradicciones en nuestra sociedad, ellas seguirán allí. Pero cuando se reconoce la existencia de una contradicción entonces es posible resolverla”.Y en un cuento que publicó en la revista Literatura del Pueblo pone en boca de uno de sus personajes la siguiente afirmación: “China tiene características chinas. Por ejemplo en la Unión Soviética se puede criticar al liderazgo actual, pero en China eso no funciona…. Si se quiere hacer una crítica, ésta debe ser previamente sometida a la autorización del gobierno”. La reacción del público a estos escritos como a otros similares fue inmediata y entusiasta, y generaron controversias en el seno del partido. En especial, en el aparato burocrático, el cual consideró que permitir este género de publicaciones atentaba contra la unidad política e ideológica del partido. Incluso algunos de los dirigentes del PCC consideraron que este rumbo de libertades podía afectar sus propias posiciones.
A pesar de las preocupaciones de algunos dirigentes, Mao, el 27 de febrero de 1957 en un discurso sobre “ la manera correcta de manejar las contradicciones en el seno pueblo” desarrolló su teoría, según la cual, las relaciones entre dirigentes y dirigidos en una sociedad comunista no tenían por que ser antagónicas. Estas contradicciones debían ser discutidas de manera abierta y resueltas con “métodos democráticos” de discusión, crítica , razonamiento y educación. Para ese entonces Mao seguía convencido de que el adoctrinamiento había logrado formar intelectuales leales al partido y que se podía confiar en ellos para hacer las críticas necesarias para evitar la osificación y alienación de la burocracia. Esto era precisamente lo que estaba ocurriendo y con este discurso de Mao recibía una especie de patente de corso real. Pero al mismo tiempo sostenía de manera admonitoria en el mismo discurso:”La dictadura democrática popular presupone dos métodos. Con los enemigos, se emplea la dictadura, es decir, durante el tiempo que sea necesario, no se les permite tomar parte en las actividades políticas, y se los obliga a acatar las leyes del gobierno popular y a dedicarse al trabajo físico para que, por este medio, se transformen en gente nueva. Con el pueblo, por el contrario, se emplean métodos democráticos y no coercitivos, es decir, se le garantiza su participación en las actividades políticas y, en vez de obligarlo a hacer esto o aquello, se realiza un trabajo de educación y persuasión con métodos democráticos. Este trabajo de educación es el trabajo de auto-educación en el seno del pueblo, y su método fundamental lo constituyen la crítica y la autocrítica."
La campaña anti-derechista
La campaña de las cien flores terminó por generar un movimiento propio de crítica, incluso al partido y al concepto de dictadura del proletariado y por lo tanto desbordó los límites que el partido y el propio Mao estaban dispuestos a aceptar. El 8 de junio el partido lanzó un contraataque descalificando a los diversos participantes de ese movimiento con el epíteto de “derechistas”
Este abrupto cambio de política también se debió, en parte, a crecientes dificultades económicas las cuales fueron atribuidas a los efectos negativos de la campaña de los intelectuales que habría afectado el celo y dedicación revolucionaria de la población. De esa manera, el partido pretendía transferir la culpa de la mala marcha de la economía causada por la incompetencia de la burocracia a los supuestos efectos negativos de las críticas realizadas durante la campaña de las cien flores.
La campaña “Anti-Derechistas” representa un cambio substancial de la actitud de Mao hacia los intelectuales. A partir de mediados del año 1957 se interpretarán las críticas hechas en el pasado como pruebas de un comportamiento políticamente subversivo. Los principales actores fueron destituidos de sus cargas y más de 700.000 personas fueron enviadas al campo para ser rehabilitados políticamente. Es más, en todas las unidades productivas se exigió que un 5 % de los mismos fuesen considerados como “derechistas”, y esto incluso en aquellas en las que no había habido ninguna persona que hubiese emitido expresiones adversas durante la campaña de las cien flores. Estas medidas abrieron campo a personas menos preparadas para ocupar los cargos vacantes.
La campaña contó con el apoyo, al menos pasivo, de la población y en particular de los campesinos quienes resentían las ventajas de los habitantes de las ciudades. También fue un factor importante el sentimiento generalizado anti-intelectual. El nivel cultural fue bajando progresivamente, considerando que este era el costo a pagar para efectuar los cambios sociales, al menos en la visión de Mao. Llegó a sostener: “los intelectuales son los más ignorantes, todos los grandes resultados intelectuales fueron el producto de jóvenes relativamente instruidos y la admiración por la tecnología es un fetichismo”.. La consecuencia fue decapitar el capital humano necesario y a la vez escaso. Es la atmósfera que va a predominar en la etapa del llamado “Gran Salto hacia Adelante”.
El Gran Salto hacía Adelante (1958-60)
Una de las mayores catástrofes en la historia de la RPC fue el denominado “Gran Salto hacía Adelante”. Esta iniciativa fue obra única y exclusivamente del voluntarismo utópico de Mao, El sueño de Mao era saltar etapas y llegar de una vez al comunismo, No se puede olvidar que la visión de Mao de la sociedad era, por decirlo así, “poética”. Y al respecto vale el comentario de Arthur Walley quién al referirse a las cualidades artísticas de Mao, dijo: “su poesía era menos mala que la pintura de Hitler, pero no tan buena como la de Churchill”.
Un ejemplo de ello era que Mao, en muchos de sus discursos, hizo énfasis en que más importante que la energía eléctrica era la energía humana .En tal sentido le gustaba citar en sus escritos la famosa anécdota reseñada por Lie Zi sobre el viejo loco que había decidido desplazar a las montañas con la sola fuerza de sus brazos. Esto ayuda a entender porque consideraba que para avanzar no se necesitaba ni de apoyo externo ni de tecnologías particulares. El ingenio y la sabiduría popular serían un acicate suficiente para lograr realizar los proyectos más ambiciosos: Por eso es que rechazaba proposiciones que se sustentaban en la modernidad.
Basándose en estas premisas el Partido inició, con reservas de algunos dirigentes importantes, una campaña de movilización de los campesinos y las masas en general, acompañados por una campaña de adoctrinamiento .El Gran Salto supuso un cambio con respecto al pasado, lo que estaba en juego era si se aplicaba o no el modelo soviético. El objetivo del plan era acelerar el paso hacia un mayor desarrollo económico y social. Mao creía que se podía movilizar ideológicamente a la población y que este era el motor para el desarrollo.
Este tipo de iniciativa pone de manifiesto los impulsos más negativos y destructivos del ego de Mao. Consistía, entre otras características, en: Profunda subjetividad, casi “lírica”, desconocimiento de los obstáculos reales, y un voluntarismo que prescindía de los requerimientos técnicos y científicos para substituirlos por la fe en las potencialidades del “pueblo” y en particular de los campesinos. El Gran Salto hacia Adelante revela claramente el anacronismo de su pensamiento, el cual tiende siempre a regresar al terreno de sus primeros triunfos y pretenderá aplicar lo que una vez le funcionó, en su juventud, a la compleja realidad de conducir a un país de más de 600 millones de habitantes. En alguna medida Mao prefirió detener la evolución de su país antes de que éste se le escapara de las manos.
El Gran Salto fue un desastre desde un punto de vista económico y social. La producción industrial cayó en 1958 en un 55 % y lo mismo ocurrió con la producción agrícola, que fue afectada además por fuertes sequías. El Partido admitió que los resultados habían sido muy inferiores a los que habían sido comunicados por los dirigentes regionales y que en realidad lo que había ocurrido era una gran escasez de alimentos, de insumos para la industria y una sobre producción de bienes de mala calidad. También se deterioraron las instalaciones industriales por ser operadas por personas con escasa capacitación técnica y lo más grave, un agotamiento generalizado de los campesinos y por ende su total desmoralización, lo que se hizo extensivo a los cuadros dirigentes del partido, los intelectuales y los funcionarios del gobierno.
El punto más incoherente del "Gran Salto hacia Adelante" fue la pretensión de crear toda una red de pequeños altos hornos rurales destinados a producir acero a partir de cualquier pedazo de metal. Hoy en día puede esto resultar hasta cómico sino fuera por las trágicas consecuencias que en vidas humanas tuvo esa delirante decisión.
Otras acciones absurdas fueron, apoyándose en las tesis de Lyssenko, intentar hacer cruces entre el algodón y el tomate para producir algodón rojo; y efectuar "cultivo profundo" de la tierra o la siembra de semillas más cerca de lo aconsejado y por último la eliminación de los pájaros y perros , entre otras especies animales consideradas como parásitos sociales.
Mao, en su obsesión utópica de crear un hombre y una sociedad nueva, fue incapaz de tomar en cuenta la realidad de lo que estaba ocurriendo como consecuencia de sus absurdas decisiones. Las protestas o incluso las puras descripciones de una realidad menos grata que la que inventaba la propaganda oficial fueron consideradas como maniobras “derechistas”
Las primeras llamadas de atención en el seno de la clase dirigente procedieron del Mariscal Peng Dehuai, Ministro de la Defensa. En la conferencia de Lushan -abril de 1959- Mao le atacó con dureza identificándolo con el supuesto "revisionismo" de Kruschev y fue reemplazado por Lin Biao. Sin embargo, la mayoría del Comité Central del Partido Comunista forzó a Mao a pasar a una reserva parcial, por lo que optó entonces optó entonces por desaparecer del primer plano y según algunos autores cayó en un estado de fuerte depresión. A pesar de ello, no modificó la línea principal de su pensamiento y esperó con paciencia y astucia el momento en el que, las condiciones le fuesen mas favorables para hacerse de nuevo del control total del aparato del partido, de las fuerzas armadas y del estado.
Revolución Cultural
Mao, al final del "Gran Salto Adelante", criticó muchas de las medidas adoptadas por la dirección del PCC a pesar de que voluntariamente se había retirado del primer plano de la vida política. En realidad esperó agazapado hasta que pudo hacer su retorno vindicativo. Las críticas principales de Mao a la conducción de Lui Shao QI y Deng Tsiao Ping fueron: el retorno a formas privadas de agricultura, el resurgimiento de los centros de enseñanza superiores, el uso de la tecnología extranjera y la permisividad en obras culturales donde se ponía en entredicho su manera de gobernar.
Tenía un particular temor de que en China se impusiera un revisionismo parecido al ocurrido en la Unión Soviética con Kruschev. En alguna manera, su visión del proceso revolucionario, se asemejaba a la de Trotsky, existiendo la idea de una “revolución permanente”,un proceso en continuo movimiento .
A pesar de su papel determinante en la creación y conducción del nuevo Estado chino, Mao no hubiera logrado convulsionarlo en sus raíces sin el apoyo de un segmento importante del ejército controlado por Lin Biao, y de un grupo de intelectuales radicales dirigidos por su esposa Jiang Qing. Estos se dedicaron a movilizar a la opinión pública y a las masas alegando que el partido estaba traicionando los ideales de Mao y se aprovecharon de la circunstancia de que muchos estudiantes y jóvenes en general estaban convencidos del carácter declinante de la sociedad china y de las pocas posibilidades de movilidad social que permitía el sistema. Estos jóvenes insatisfechos y propicios a la acción fueron el caldo de cultivo ideal para la acción política desestabilizadora de Mao.
La llamada “Revolución Cultural Proletaria” fue una tragedia tanto para quienes la desencadenaron como para aquellos que la sufrieron. Todavía se conoce relativamente mal el período, aunque recientemente varios autores chinos han abordado el tema. Es particularmente revelador de la atmósfera opresiva del período la excelente novela de Gao Xingiang, (premio Nobel 2000) “El libro de un hombre solo”: La "Revolución Cultural" fue obra de Mao y su error monumental en los últimos años de su vida. Lo peculiar de esa crisis fue que la desencadenó quien era el verdadero líder del régimen. Esta Segunda Revolución china, a diferencia de la primera, no tenía un pensamiento conductor y no creó un nuevo orden, sino tan sólo caos y desorden. Fue la consecuencia inmediata de las divisiones ocurridas en el PCC luego del Gran Salto hacia Adelante. En 1966 el conjunto de las instituciones de China estaban colapsadas y lucía más que probable una guerra civil. La purga del partido que propició Mao con el apoyo del ejército destruyó a la dirección histórica del partido y lo puso al borde del caos. Esto sólo puede explicarse por la existencia de una dirección cada vez más dividida y dubitativa y, al mismo tiempo, por un régimen cada vez más esclerotizado.
Formalmente, la Revolución Cultural, se inicia como un movimiento para la educación socialista en el que se pretendía combatir tanto las tendencias "oportunistas" de la dirección del partido como las presuntas desviaciones "capitalistas" de la población. Al principio no parecía que ese proceso conduciría a purgas masivas. Sin embargo, a partir de finales de 1964, Mao promovió una "verdadera guerra de exterminio". Los "equipos de trabajo" destinados a llevarla a cabo depuraron a un 4% de los cuadros alcanzando en algunas regiones un 40%. Mientras esto sucedía, la jerarquía del partido seguía siendo la misma que en 1945: Mao, Chu En Lai y Liu Shaoqi, ocupando los puestos principales. Los primeros enfrentamientos políticos se produjeron como consecuencia de denuncias contra determinados dirigentes. Luo Ruiquing perdió su puesto en la jefatura del Estado Mayor por su negativa a que el Ejército se mezclara en política, posición sustentada por Lin Biao. Un autor, Hai Rui, vio su obra censurada y Peng Zhen, el jefe del partido en Pekín, fue destituido por protegerle. Mao había pensado que la crítica contenida en la citada obra iba dirigida a él mismo. En mayo de 1966 empezaron a surgir los "dazibaos" o periódicos murales en la universidad de Beijing denunciando el “oportunismo”. A mediados de julio, Mao, reapareció nadando en el Yangtsé y según la prensa oficial, lo habría hecho cuatro veces más rápido que el record mundial. Lo que se quería probar era que su estado de salud estaba en condiciones óptimas y que podía tomar en sus manos de nuevo las riendas del poder. A finales de ese mismo año la victoria de Mao era total y al año siguiente lanzó a la juventud al asalto de todos los poderes públicos y políticos. A pesar de que Mao en más de una ocasión había sostenido que no podía existir "ninguna construcción sin destrucción" fue sorprendido por el exceso de fervor y el desorden que causaron los anárquicos guardias rojos, generando no sólo daños importantes al patrimonio cultural chino y a la economía en general, sino que además, causó un número de muertes que se estima en más de un millón de personas. Teóricamente, los guardias rojos debían dedicarse a intercambiar experiencias revolucionarias, pero en realidad se lanzaron a todo tipo de acciones insensatas o salvajes y desmanes, incluso pretender que el rojo en las señales de tráfico significara adelante y no la obligación de parar.
Mientras que le fue útil para efectuar la purga Mao consideró que la "revolución cultural" era deseable. Pero en el verano de 1967 China estaba de nuevo al borde de una guerra civil y el propio Mao decidió dar marcha atrás. Porque más allá de las purgas, lo que había producido el movimiento frenético de los guardias rojos, fue un auténtico colapso de la autoridad gubernamental. En octubre Mao ya estaba propagando la tesis de que la mayor parte de los cuadros del partido eran buenos y que los malos podían ser reeducados sin necesidad de acudir a procedimientos más duros y brutales. Incluso añadió, en contraposición con sus anteriores planteamientos, que no había contradicciones fundamentales en el seno de la clase obrera. Lo único positivo que puede decirse es que trató de controlar la revolución en su peor momento a pesar de haber sido él mismo quien la había propiciado.
Entre 1967 y 1971 se pretendió la estabilización política a partir de la reconstrucción del poder gracias al Ejército, al que se quiso considerar como el "pilar fundamental de la dictadura del proletariado". En ese lapso, el conjunto del país fue colocado bajo la tutela de las Fuerzas Armadas, mientras que Chu En Lai contribuyó también, con su capacidad de negociación, a consolidar el poder político. La autoridad militar ayudó a la reconstrucción del PCC aunque también jugó un papel importante parte del liderazgo regional. En el IX Congreso del PCC -abril de 1969- Lin Biao dio explicaciones de la evolución de la Revolución Cultural, la cual no se consideraba como un proceso cerrado. La misión del PCC, según su interpretación, no sería acelerar el desarrollo económico sino "mantener el impulso de las masas". Al mismo tiempo, la ley suprema del partido era mantener la fidelidad al pensamiento de Mao. Los estatutos aprobados concedían un papel fundamental a Lin Biao que, como "el más próximo de los compañeros de armas" de Mao quién debía heredar su poder. Se puede decir que los años entre 1968 y 1970 fueron de predominio casi absoluto de Lin Biao.
A finales de 1970 unos cinco millones y medio de guardias rojos fueron, a su vez, trasladados al campo con el propósito de dedicarse a tareas agrícolas. Parecía haber concluido ya la etapa de exaltación revolucionaria, pero no se había conseguido la estabilidad política. Al aparecer Lin Biao como sucesor, provocó una nueva lucha de poder en la dirección del partido. Lin Biao acabó enfrentándose con los sectores más radicales del partido y, al mismo tiempo, dejó vislumbrar sus deseos de acelerar la sucesión, lo que evidentemente no podía agradarle a Mao.
En 1971, con la eliminación de Lin Biao, el partido concluyó por reafirmar su autoridad sobre el Ejército. La Revolución Cultural parecía haberse difuminado pero dejaba una trágica huella. Al menos un ministro fue golpeado hasta morir y Liu Shaoqi fue apaleado y murió en prisión. En realidad, la revolución no se evaporó de forma definitiva sino hasta la muerte de Mao.
Desde un ángulo estrictamente económico quizá el impacto de la Revolución Cultural no fue tan desastroso como el del Gran Salto, o mejor dicho, su impacto negativo fue mayor en otras aspectos. Los mayores daños fueron en el terreno de los derechos humanos, y en los medios intelectuales, universitarios y culturales. También el partido sufrió un auténtico terremoto: Entre un 70 a un 80% de las autoridades locales y provinciales fueron depuradas, y un 60 a un 70% de las autoridades centrales. De los 23 miembros originales del Politburó sólo quedaron 9 y solo 54 de los 167 miembros del Comité Central.
Tres millones de personas fueron obligadas a someterse a cursos de reeducación y quizá medio millón de estas murieron en el proceso. A largo plazo, en definitiva, la revolución cultural sirvió para inmunizar contra cualquier posible repetición de algo semejante y, paradójicamente, abrió las puertas a una visión más pragmática del desarrollo económico, cultural y social de China.
El Archipiélago del Terror
En los regímenes totalitarios la represión es un instrumento indispensable y global de la política. Los regímenes totalitarios se han caracterizado por substraer de los ojos del mundo exterior sus errores y crímenes, pero como decía el historiador Jules Michelet, “hay que hacer hablar a los silencios de la historia”
Todos los distintos campos de concentración totalitarios tuvieron, por decirlo de alguna manera, su espantosa especialización: el exterminio de los judíos en los campos nazis, las purgas masivas en la URSS y en los chinos, el deseo de transformar al hombre en sus raíces. Es decir reformar el pensamiento o lo que viene a ser lo mismo, el sometimiento total de la personalidad y de la voluntad de las personas a las ideas de un líder carismático.
En el régimen de privación de libertades de China conviene diferenciar tres etapas que según Domenach son : el período de formación del régimen ( 1949-1957), el período de los huracanes políticos ( 1958-1971) y los de la gran erosión ( 1971-1989)
Pero es importante destacar que ya desde la segunda sesión plenaria del Comité Central del PCC el 5 de marzo de 1949 Mao afirmaba, “Después de eliminados los enemigos con fusiles, quedarán aún los enemigos sin fusiles, quienes entablarán, inevitablemente, una lucha a muerte contra nosotros; jamás debemos subestimarlos. Si ahora no planteamos ni comprendemos el problema de este modo, cometeremos errores muy graves”. La represión fue diferente a la de la Unión Soviética, el objetivo no fue purgar masivamente a la población, sino en gran medida, reeducarla mediante un lavado cerebral. Esto no quiere decir que no se cometieron acciones represivas feroces, sobre todo en los primeros años. Por la cantidad de personas sometidas a la privación de su libertad, el archipiélago del terror chino fue sin dudas el que encarceló a un mayor número de personas en la historia del totalitarismo en el siglo XX
El problema en describir el archipiélago del terror en China es el gran silencio que lo ha cubierto. La mentira y el secreto son las armas predilectas del totalitarismo. Y si bien se sabe que durante años fueron cruelmente encarcelados millones de chinos, pocos fueron los occidentales que percataron de esa realidad. Los testimonios fundamentales provienen de los propios chinos que lograron escapar del sistema. A ese respecto vale la pena leer el libro de Harry Wu “ Laogai: el Goulag Chino”, quien hace un estudio detallado de las diversas formas usadas por el régimen para privar de libertad a sus ciudadanos, que van desde los campos de trabajo forzado en los que se pretendía reeducar a las personas, los centros de detención preventiva, las prisiones, los campos de producción disciplinarios, los campos para la delincuencia juvenil, y los campos de afectación profesional obligatoria para los que ya habían cumplido sus respectivas condenas
Los chinos han tenido hasta ahora un temor justificado en suministrar informaciones, aún cuando ellos mismos hayan sido víctimas del sistema, como el famoso dramaturgo Xia Yan quien a pesar de haber sufrido las consecuencias de la Revolución Cultural afirmó, “Como comunista y como patriota, pensé que yo no debía revelar que el fascismo aún era poderoso en China porque ello podría atemorizar a la gente. Nosotros no podemos seguir el ejemplo de un escritor de la Unión Soviética ( Soljenitzine) que se especializó en la narración de la vida en las prisiones y de los campos políticos y se fue a Occidente para publicar sus obras. Ese tipo de acción no le rinde beneficios al pueblo chino y no refuerza nuestra unidad y estabilidad”
El silencio de las masas tiene su explicación en la cortina de mentiras y de secretos que rodea al poder comunista. Al igual que la URSS estalinista, la propaganda cubre con su discurso todo el sistema de represión y de detenciones.
Antes de los años 80 ningún trabajo de análisis fue publicado sobre la política penitenciaria en China y mucho menos sobre las condiciones de vida de los detenidos. La información que salía a la luz pública era solo la que provenía de las visitas carcelarias organizadas.
Cuenta Domenach que antes de la visita del ex Primer Ministro británico A. Bevan al centro de criminales de guerra de Fushun, en 1953, en el campo se interrumpió las actividades dos días antes. Se limpió, se ordenó todo e incluso se creó un campo de básquet en el cual cuando él llegó a la visita, los guardias estaban jugando un partido vestidos de presos. Visitó sólo las celdas que habían sido previamente preparadas para la inspección, la biblioteca repleta de textos y en la cocina le ofrecieron platos que los prisioneros nunca probaron. En su conjunto, las visitas organizadas fueron un éxito para las autoridades chinas, ya que produjeron declaraciones positivas de ilustres visitantes. Estas visitas constituían, sin dudas, una punta de lanza en la labor propagandista del régimen.
Al igual que en la URSS la propaganda se combina con el máximo secreto. El secreto tiene la función de tapar una realidad que podría perjudicar al régimen y además sirve de método para atemorizar al resto de la población.
Una de las características del sistema carcelario chino es su capacidad de disimulo, muchas prisiones están encubiertas por razones sociales distintas, tales como fábricas, granjas o minas. Los familiares no saben donde estas están ubicadas y solo pueden contactar a sus familiares presos por correo dirigido a unos apartados postales.
En una pared en China se podía leer en 1978 lo siguiente: “Sobre lo que ocurre en las granjas de reeducación por el trabajo, no me atrevo a decir nada, ello pertenece al secreto de Estado”. El miedo de hablar proviene , en parte, del temor que tienen los antiguos detenidos , liberados, de comentar algo porque están conscientes de que siguen siendo observados en forma permanente y cualquier desviación o comentario inadecuado puede hacer que los vuelvan a enviar a los campos.
La indiscreción sobre la naturaleza de los campos no es un simple delito, sino un crimen que demuestra que la persona no ha sido lo suficientemente reformada y que por lo tanto el antiguo detenido debe ser devuelto al archipiélago para su corrección.
El terror en 1949-1952
Cuando los comunistas llegan al poder en 1949 el primer objetivo fue la consolidación del poder, la reconstrucción de la economía y garantizar la seguridad del país. La represión se centró en una primera etapa en la eliminación física de los adversarios más peligrosos y luego reformar al resto, es decir al 95% de la población.
En 1949 , Mao en su famoso texto sobre la dictadura democrática popular, hace una distinción fundamental entre quien es el pueblo y quienes son sus enemigos y en esa distinción se fundamentará la política represiva del régimen.
En esa etapa la ocupación de las ciudades se hace , por lo general, sin ejercer una violencia masiva. Sin embargo en las provincias del centro sur en los primeros tres años se ejecutaron a más de un millón de “bandidos”.
La depuración del campo
Después de promover la reforma agraria el 28 de junio de 1950, las autoridades chinas abandonaron su moderación inicial con respecto a la represión en el campo. El número de víctimas de esta etapa es difícil de calcular, porque como ya hemos dicho las estadísticas son inexistentes. Sin embargo, según Chow Ching-wen, un antiguo funcionario que logró evadirse , la reforma agraria implicó la desaparición física de más de 2 millones de personas. Otros dan cifras aún mayores, como es el caso de Deng Zihui, quien refirió que sólo en la región central y del sur el 15% de los propietarios rurales y campesinos ricos fueron asesinados, lo que representa una cifra de aproximadamente 3 millones, 25% de éstos fueron internados en los campos es decir 5 millones y 60% fueron sometidos a un régimen de control permanente, es decir 12 millones.
A diferencia de la Unión Soviética, el método preferido no fue la exterminación sino la reforma mediante el trabajo en los campos de concentración. Incluso aquellos que estaban sometidos al régimen de control en cierta medida asimilable al trabajo forzado, esas tareas podían consistir en barrer las calles , recoger la basura o cualquier otra que se le pudiese ocurrir a las autoridades locales del partido.
La purga en las ciudades
A partir de 1951 la depuración alcanza a los diversos núcleos urbanos. El movimiento de represión fue denominado “movimiento de trituración de los contra-revolucionarios”, abreviado en chino como Zhenfan. Este proceso puede ser considerado como el más violento de los ocurridos en China después de 1949. Comenzó el 20 de febrero de 1951 con la proclama del gobierno chino de “ los reglamentos para el aplastamiento de las actividades contra-revolucionarias “ Estos preveían penas extremadamente severas , entre las que destacaba la pena capital para crímenes políticos de la más variada naturaleza, que además, eran definido de manera flexible y que por lo tanto permitían toda libertad de interpretación a los tribunales. Una de las características de las normas es el uso de la retroactividad y de la analogía en la aplicación de las leyes, y además el elemento determinante del delito pasa a ser la intencionalidad. El articulo 16 del citado reglamento dice expresamente: “En todo caso que implique actividades contra-revolucionarias no contempladas en la presente ley se aplicarán las penas previstas por esta ley para casos análogos” y en el artículo 18 se afirma: “ las disposiciones de la presente ley son igualmente aplicables a aquellos que hayan cometido crímenes contra-revolucionarios antes de la entrada en vigencia de la misma”
La represión se inicia desde finales del mes de febrero, pero es a finales del mes de abril, cuando estalla con toda su virulencia. El procedimiento utilizado fue primero “incendiar” a través de una campaña política a las masas, mediante concentraciones públicas, procesos y condenas públicas en actos masivos de asistencia obligatoria. En la sola ciudad de Beijín participaron en los 27 000 procesos de masas mas de 3 millones de personas, lo que representaba un porcentaje mayor de gente a los habitantes de esa ciudad en esa época. La movilización de masas es un fenómeno característico de los regímenes totalitarios, para así enmascarar sus acciones a través del desbordamiento de la “voluntad popular”. Se calcula que, con base en ese decreto ,se arrestaron a mas de tres millones de personas, muchas de ellas antiguos funcionarios del Guomidang. En esa primera etapa, se fusilan e incluso de se entierran vivos a numerosos prisioneros. Un testigo de excepción, Juan Pasqualini, quien fue uno de los pocos extranjeros detenidos en los campos y que logró salir de ellos, afirmó que en el campo en el que él estaba en Pekín se ajusticiaban diariamente alrededor de 200 personas. Estimaciones equivalentes de otos campos y otras ciudades dan una cifra que, según varios autores, llegaría a más de 2 millones de personas.
En 1951 la purga en las ciudades es objeto de dos nuevas campañas de represión, denominadas la de las “Tres Anti”. Es la manera empleada para eliminar a los agentes del antiguo régimen que el nuevo gobierno había mantenido a su servicio al principio de la revolución. Esta campaña implicó que un 7.2% de los funcionarios del gobierno fuesen removidos de sus cargos. Algunas otras cifras señalan que en el caso de las industrias en el este de China se aplicaron sanciones informales contra un 70 % de los antiguos funcionarios. En 1952, esta campaña es substituida por la denominada los “ Cinco Anti” que pretende luchar contra el soborno, el fraude, la evasión fiscal, el robo de bienes públicos y la obtención ilegal de secretos de estado. En esta oportunidad el objeto de ataque no son los funcionarios, sino quienes los corrompen, es decir la burguesía . Los objetivos de estas campañas son eminentemente políticos ya que se trata de aplastar a una capa social cuya fidelidad es dudosa y sirve para substraer recursos de esta para financiar el quinto plan económico.
Terror y eliminación
El aplastamiento de la burguesía representa la primera culminación de las purgas realizadas en las ciudades en China. En dos años el clima social cambió de forma radical , todos tienen miedo de sus vecinos. Los procesos públicos humillan al hombre antes de condenarlo. La composición de los acusados es estudiada con precisión como si fuese la puesta en escena de una pieza de teatro, porque en fin de cuentas, se trata solo de un espectáculo que sirve de apoyo a la propaganda del régimen. La represión no sólo tiene por finalidad aterrorizar a la población sino depurarla. La primera fase de la depuración son las ejecuciones masivas que según Jacques Guillermaz alcanzaron la cifra de 5 millones entre los años 1949-1952. La depuración también se cumplió mediante el aprisionamiento de numerosas personas. Se calcula que en ese periodo engrosaron los campos de detención 8.5 millones de personas. Basándose en esos cálculos Domenach estima que en el primer archipiélago chino hubo aproximadamente 10 millones de detenidos.
El aparato represivo
La maestría con la cual se efectuó el proceso de depuración es una prueba que el PCC, a diferencia del soviético, desde sus inicios era ya un sistema represivo articulado a todo lo largo y ancho del país. En ausencia de instrumentos legales para justificar su acción se utiliza como base para instrumentar todas las medidas las políticas emanadas del gobierno.
El mismo criterio de eficiencia prevalece en el sistema judiciario. A los pocos meses de la toma del poder, la justicia pasa a manos de los tribunales militares y, con el inicio de la reforma agraria se constituyen los llamados tribunales populares. En 1951 se establecen formalmente los tribunales, pero en muchos casos, la misma persona preside los tribunales militares y civiles. Merece la pena destacar que las investigaciones del órgano de seguridad pública ( Gongabu) no están sometidas a ningún género de control y en muchos casos, sus decisiones no son transmitidas al sistema judicial, por ejemplo en algunas prisiones solo el 10% de los detenidos habían sido juzgados, o incluso cuando estos estaban sometidos a juicio no se esperaba la condena para someterlos al trabajo forzado. La razón de la preeminencia al aparato de seguridad pública era la necesidad de ejercer una represión amplia y violenta, la cual es concebida a la vez, como un método de depuración, de terror y de pedagogía política.
Casi todos los miembros del aparato de seguridad creado por el PCC eran antiguos militares que serán reforzados progresivamente con soldados desmovilizados. Un ejemplo típico es el de Luo Ruinquing, quien fue su jefe desde 1949 hasta 1959, que a pesar de haber sido entrenado por los soviéticos y en particular por Derjinski , se formó en el marco del ejercito rojo.
La presencia de militares en el aparato de seguridad del estado contribuyó en gran parte a su disciplina y facilitó que las órdenes se cumpliesen verticalmente sin cuestionamiento de ningún género. Sin embargo, como sostiene Hannah Arendt, el totalitarismo solo puede mantenerse en el poder mientras se mantiene en movimiento. Cuando el ejército toma el control, la revolución tiende a ser substituida por una estructura social basada en el orden y la disciplina, lo cual podría atentar contra el mantenimiento del totalitarismo.
El “final político” de la revolución China está aún por verse. Por ahora lo que resalta es una evolución económica cada vez más profunda hacia el capitalismo, donde ya se ha reconocido la inviolabilidad de la propiedad privada y la posibilidad –ciertamente paradójica-de que los capitalistas sean parte del “Partido Comunista”. Las reformas han generado una larga etapa de impresionante crecimiento económico bajo esquemas que nada tienen que ver con la utopía que quiso implantar Mao. Queda, sin embargo, como lo fue desde 1949, el control casi total de la vida política y social por el Partido Comunista, sí bien este es básicamente una estructura claramente burocratizada con muy poca referencia al pensamiento comunista. El partido ejerce su control sobre el Estado, las Fuerzas Armadas y el aparato de seguridad. Si bien es cierto que la represión ha disminuido cuantitativamente todavía permanecen muchas áreas oscuras y mucho silencio compartido.
En el próximo artículo analizaremos la tropicalización del totalitarismo con referencia a las condiciones que dieron lugar a su enquistamiento en Cuba.
Consultar además los siete artículos anteriores en:
El totalitarismo en el siglo XX