Caracas, Jueves, 17 de abril de 2014

Sección: Sociedad

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Totalitarismo VI: La consagración del poder totalitario en la Alemania Nazi

Emilio Figueredo

Domingo, 7 de septiembre de 2003

En el artículo anterior analizamos las circunstancias que hicieron posible la llegada del nazismo al poder. Vimos como las raíces sociales y culturales alemanas de la época vaticinaban conflictos políticos que de alguna manera presagiaban soluciones de corte autoritario. En ese contexto creció el nacionalsocialismo, impulsado por la personalidad carismática de Hitler, así como por su hábil manejo de una propaganda política orientada a satisfacer las frustraciones de una generación de alemanes que había perdido la fe en el futuro y que encontraba solaz en revivir las glorias de un pasado mítico.

La implantación de la dictadura

En enero de 1933 accedió Hitler al poder, después del fracaso de los gobiernos conservadores y autoritarios que gobernaron Alemania amparados por los decretos presidenciales del Mariscal Von Hindemburg y en particular la incapacidad de los dirigentes políticos de entender que las propuestas de Hitler eran , de alguna manera revolucionarias, en el sentido que aspiraba a realizar cambios drásticos en las estructuras del Estado y de la sociedad alemana y que éste si llegaba al poder no se iba a plegar ni adaptar a los patrones de la derecha tradicional alemana. Pero quizá el elemento fundamental que permitió que Hitler asumiera el rol de canciller fue la neutralidad de las Fuerzas Armadas.

A pesar de que en el primer gabinete de Hitler sólo habían tres ministros nazis, estos ocupaban puestos claves como el Ministerio del Interior que le correspondió a Goering, quién de inmediato y sin miramientos de carácter legal, procedió a remplazar a los principales comandantes de la policía de Prusia por personas afectas al régimen y designó a uno de sus hombres de confianza, el SS Daluege, como comisionado especial para la reorganización de la policía, con la tarea de purgar a esa institución de todo elemento que no resultara suficientemente comprometido con los propósitos políticos del nuevo régimen. El 17 de febrero de ese mismo año instruyó a todas las comisarías de policías de trabajar en estrecha armonía y cooperación con las fuerzas paramilitares, es decir, las SA y SS. Y a los pocos días, con la eterna excusa de la amenaza de subversión de la izquierda, autorizó medidas represivas en las que participaron además de la policía, las organizaciones represivas del partido. Este fue el primer paso para legalizar el terror nazi en las calles, ya que pudo actuar libremente y con total impunidad,

La capacidad de expresión de la oposición va a ser sometida a todo género de atropellos restringiéndole toda capacidad de reacción. Goebbels utilizará con intensidad el nuevo medio de comunicación - la radio- que era entonces un monopolio de estado.

Ciertamente lo que va a radicalizar y acelerar el rumbo totalitario del gobierno fue el incendio del Reichstag, que si bien fue atribuido a un comunista holandés, Marinus van der Lubbe, hoy todas las evidencias apuntan a que fue un acto provocado y ejecutado por la mano derecha de Himmler, Reinhard Heydrich y por el director de la división de policía del Ministerio del Interior, Kurt Daluege. Ahora, más importante que la causa de la quema del Parlamento, fueron sus consecuencias, ya que el régimen se aprovechó de la circunstancia para iniciar una cacería de brujas que culminó con el arresto, a la mañana siguiente del incendio, de 4000 dirigentes y miembros del partido comunista, así como de otros intelectuales y dirigentes políticos que en algún momento se habían enfrentado a los nazis. Además, esta circunstancia le permitió a Hitler convencer al anciano presidente Hindemburg para que firmara, el 28 de febrero de 1933, un decreto” para la protección del pueblo y del Estado” que creaba un estado de emergencia mediante el cual se suspendían todas las garantías constitucionales y facultaban al gobierno central asumir el control de cualquier gobierno provincial que no estuviera en condiciones de restablecer el orden público. En la primera sección de este decreto se autorizaba al gobierno “a tomar todas las medidas necesarias para restablecer el orden y la seguridad pública”. Se establecían severas limitaciones personales, al derecho a la libre expresión, a la libertad de prensa, a la libertad de manifestación, facultaba a las autoridades para intervenir las comunicaciones privadas, permitía allanar los hogares y detener a las personas sin mandato judicial y sin necesidad de formular cargos.

Igualmente autorizaba al gobierno a proceder a arrestar o matar a cualquier persona que cometiera una serie de nuevos crímenes tales como: descalificación de los miembros del gobierno, incendio de edificios públicos, incitación a la huelga o protestas callejeras, resistencias a las disposiciones de ese decreto. Más grave aún fue que el decreto le cedía la capacidad de reglamentación del mismo al Ministerio de Relaciones Interiores. Como comentó en su oportunidad el escritor Bertold Brecht sobre este decreto:” la policía podía arrestar…personas y extender el plazo de su detención indefinidamente. Podía mantener a los familiares desinformados sobre el destino y las condiciones del detenido. Podía impedirle a los abogados u otras personas visitar al preso o incluso revisar los expedientes. Podían tratarlo (al detenido) como mejor les pareciera. Sobrecargarlo de un trabajo inadecuado, mal alimentarlo, así como recluirlo en condiciones inadecuadas, forzarlo a repetir fórmulas o a cantar canciones detestadas por él, maltratarlo para obligarle a confesar o divulgar nombres y hechos de otras personas. Todo esto estaban facultados para hacerlo siempre y cuando fuesen autorizados por un superior.”

La GESTAPO se convertirá en el instrumento más poderoso en el ejercicio del terror nazi e incluso en una circular del gobierno en 1940 se declara que “La legalidad de las decisiones de la policía de Estado no dependen del decreto del 28 de febrero de 1933, que autorizó a la GESTAPO a adoptar todas las medidas necesarias para el cumplimiento de sus objetivos, sino que derivan del mandato que tiene la policía alemana de construir un Estado nacional socialista

Mientras esto ocurre la actitud de la prensa internacional es, si no de una candidez extraordinaria, por lo menos de una indiferencia manifiesta frente a los síntomas evidentes de la implantación en Alemania de un gobierno de corte dictatorial e intolerante. A título de ejemplo, en una entrevista a Hitler que le hizo el 2 de abril el Daily Express de Londres se le preguntó si la supresión de libertades iba a ser permanente, a lo cual el líder nazi respondió: “Cuando se suprima el peligro comunista, el orden natural de las cosas retornará”. Esa respuesta fue tomada por buena por parte del entrevistador, sin plantear ninguna interrogante a tal afirmación. En verdad lo que Hitler consideraba como normal era precisamente el poder de arrestar con base a la mera sospecha, condenar a prisión sin juicio y poder aplicar sin crítica su política de terror en los campos de concentración.

El decreto de Hindemburg no fue utilizado para conjurar una eventual y poco probable rebelión comunista sino como un instrumento para plegar a toda la oposición. En la campaña electoral para elegir a los nuevos miembros del Parlamento hubo una censura total para la prensa marxista; los socialistas e incluso los partidos del centro democrático, encontraron trabas de todo tipo para poder realizar concentraciones políticas, las cuales eran disueltas de manera violenta por las organizaciones paramilitares del partido nazi ante la mayor indiferencia de los órganos de seguridad del Estado. A pesar de la campaña de intimidación el partido nazi no logró alcanzar la mayoría absoluta en el parlamento, porque si bien es cierto que los nazi más los nacionalistas disponían de 340 miembros, la oposición con sus diversos grupos tenia 305 , entre los que destacaban los socialistas, con 120 e incluso los comunistas obtuvieron 81 representantes. Ante esta conformación plural el gobierno podía aprobar leyes por mayoría simple mas no podía reformar la Constitución que requería una mayoría de las dos terceras partes

Cuando Hitler convoca, dos días después de las elecciones, el Parlamento en su sede provisional de la Opera para aprobar una ley que le diera poderes extraordinarios, las bandas armadas al servicio del gobierno actuaron de manera brutal para atemorizar a los parlamentarios además de que no se le permitió el acceso a los 81 diputados comunistas, ya que cínicamente se decía que estaban "postalmente ilocalizables”. Tampoco a 26 diputados socialistas. Solo logró aprobar esta ley cuando la oposición centrista ,y en particular la católica, se plegó a la mayoría luego de haber obtenido el ofrecimiento de que se mantendría el concordato con el Vaticano y que se seguiría permitiendo la educación católica en los colegios y otras promesas de moderación en el uso de los poderes por parte de Hitler, cosa que, claro está, incumplió luego. Al final de este mercadeo político, Hitler fue votado legalmente como dictador con el voto en contra de 98 diputados socialistas, como dijo Konrad Hiden en su libro The Fuehrer ( Boston 1944) En la tarde del 23 de marzo de 1933 Hitler se convirtió en un dictador “creado por la democracia y ungido por el Parlamento”.A partir de ese momento ya Hitler no tendrá ningún obstáculo para implantar en Alemania su visión totalitaria.

II La fase inicial del totalitarismo

A Hitler le tomará menos de dos meses a partir del momento en el que es nombrado Canciller para poder llevar a cabo su “revolución legal”y acabar con el parlamentarismo. Hitler convocó al pueblo alemán el 31 de enero de 1933 para que lo acompañara en una “revolución nacional”para restablecer la economía, lograr la unidad de la población resquebrajada por una lucha de clases y salvar a la nación de sus archienemigos los comunistas. Al día siguiente, el 1 de febrero, disolvió el Reichstag lo que le permitirá gobernar mediante decretos presidenciales, con base en el artículo 48 de la Constitución de Weimar, por un lapso de 7 semanas. Tres días más tarde, Hindemburg firmaba un decreto en el cual se establecía la prohibición de realizar manifestaciones públicas que pudiesen significar una amenaza para la nación

rtido creo también sus instituciones, las escuelas Adolfo Hitler, que eran internados destinados a formar políticamente a jóvenes de las mas diversas extracción social. Una vez culminado este primer ciclo de formación se pasaba a la llamada Orden de los Castillos, escuelas especiales localizadas en sitios especialmente escenografitos y en los que se profundizaba el estudio de la doctrina del partido para convertir a los estudiantes en los futuros dirigentes del mismo

Como se puede observar con la llegada de Hitler al poder se inició el proceso de eliminación de todo vestigio del pluralismo existente en el régimen republicano, situación esta que se agravará con la ley habilitante que le confirió al Gobierno facultades para legislar. Ya vimos como la primera medida fue la ilegalización del Partido Comunista a la que siguió el 23 de junio la del Partido Socialista, al cual se declaró en esa ocasión, enemigo del Estado y del pueblo alemán. Solo quedaban entonces con vida, por corto tiempo, los partidos del centro, fundamentalmente católicos y los nacionalistas de derecha. Hasta que el 14 de julio de 1933 se declaró que el único partido legal en Alemania era el Partido Nacional Socialista y que cualquier intento por crear un nuevo partido o actuar con base en las viejas estructuras partidistas sería penado con cárcel por un lapso de hasta tres años. Al mismo tiempo se disolvieron todos los parlamentos regionales y el gobierno se vio autorizado por decreto a legislar en las provincias sin mayores requisitos formales. Desde un punto de vista jurídico, esa decisión fue formalizada en una enmienda constitucional del 30 de enero de 1934, mediante la cual se disolvía definitivamente los parlamentos regionales y que las atribuciones que estos tenían pasaban ahora al gobierno central y la supervisión de todos los estados estarían de allí en adelante coordinadas y sometidas a la autoridad del Ministerio del Interior. Es decir que mediante esa enmienda se había eliminado el antiguo estado federal que existía desde 1867.

Las medidas tomadas por el nuevo régimen no se limitaron a abolir todas las formas del antiguo Estado sino que además atacaron todas las organizaciones económicas que en alguna forma habían tenido influencia anteriormente. Como ya señalamos anteriormente, los sindicatos fueron incorporados el 2 de mayo de 1933 a una nueva organización controlada por las SA y SS denominada DAF ( Deutsche Arbeitsfront), lo que vendría a ser en español el Frente Alemán de Trabajadores. La intención de modificar la estructura sindical no fue para otorgarle a los trabajadores mayores ventajas, sino para controlarlos y reducirles su poder, tanto de contratación como de participación. Algo parecido ocurrió con las organizaciones empresariales y agrícolas. Sólo se salvaron, en parte, de la intervención nazi la federación de la industria pesada. Si bien en un principio se pensó adoptar el esquema corporativista del fascismo italiano, Hitler no lo llegó a ejercitar, ya que le había manifestado a Strasser en 1930: “¿Usted cree que yo sería tan loco como para destruir la industria pesada alemana?”

Se puede afirmar entonces que ya para principios de 1934 las bases del totalitarismo estaban debidamente establecidas y cimentadas en Alemania, ya que el gobierno se había desembarazado de las restricciones que imponían el estado de derecho y la democracia en general. No existía, por lo demás, ninguna forma de oposición posible, fuera esta política, empresarial o de cualquier otra organización civil. Las únicas instituciones que conservaban su poder intacto eran las Fuerzas Armadas y el propio partido de Hitler.

Las Fuerzas Armadas no tenían que lamentar nada de los primeros años de ejercicio del poder por Hitler, al contrario, éste se había esmerado en mostrarles su apego por las tradiciones históricas, así como el respeto a la jerarquía, no interfiriendo en la designación de cargos ni en los ascensos. Además, en una nueva Ley sobre las Fuerzas Armadas, se había suprimido toda jurisdicción civil sobre el personal militar. La única preocupación del Alto Mando Militar era la capacidad que podía tener Hitler de controlar a los grupos paramilitares y en particular, el excesivo poder que había adquirido las SA. Específicamente les preocupaba las ideas expresadas por Roehm, quien pretendía sustituir a las Fuerzas Armadas por unas milicias afectas al movimiento. Hitler estaba consciente, desde 1933, de ese poder emergente y en cierta forma rival del suyo. En un discurso del 6 de julio de ese año afirmó: “La revolución no es una condición permanente…Hay que dirigir la corriente que ha sido liberada por la revolución en los cauces más seguros de la evolución… En este sentido lo más importante es educar al pueblo…Las ideas contenidas en nuestro programa nos imponen una obligación de no actuar como locos y destruir todo, sino actualizar nuestro pensamiento y actuar con astucia e inteligencia”. A todas esas, sin cuidarse las espaldas, Roehm le comentó en una entrevista con el dirigente nacionalista Hermann Rauschning que “ Adolfo es un cerdo. Nos entregará a todos. Ahora solo se asocia con los reaccionarios….¿Somos revolucionarios, sí o no?… Tenemos que producir algo nuevo, ¿no lo ve? Una nueva disciplina. Un nuevo principio de organización. Los generales jamás han producido una idea nueva…. Yo soy el núcleo de unas nuevas fuerzas armadas, ¿no lo ve?”

Hitler estaba consciente de que si eso seguía así perdería el control. Sin embargo, también estaba convencido que el viejo mariscal von Himdemburg moriría pronto, por lo tanto esperó hasta que las circunstancias le fueran favorables para darle un manotazo mortal a su rival. Eso fue lo que hizo el 30 de junio de 1934 en la llamada "noche de los cuchillos largos", cuando con el apoyo obvio de las Fuerzas Armadas sacó de sus camas a Rohm y los principales dirigentes de las SA y los hizo fusilar en la prisión, sin juicio previo, por unos destacamentos de las SS. Como siempre Hitler aprovechó esa acción para liquidar a otros rivales incómodos que no pertenecían a las SA, como fue el caso de Gustav Kahr- quien lo había traicionado en 1923- a Strasser, el líder del ala izquierda del Partido nazi, que se había separado del mismo en 1932 y a dos de los principales aliados políticos del ex canciller von Papen, como al propio general von Schleicher, quien había sido jefe del gobierno antes de ascender él al poder. El 1 de julio el Ministro de la Defensa general von Blomberg se expresó en forma elogiosa de lo que calificó como acción valiente y ejemplar asumida por Hitler para erradicar a los amotinados y traidores a la patria. Lo mismo, en otros términos, hizo el propio Von Hindemburg, quién murió un mes después de estos acontecimientos.

Esto le abrió el camino a Hitler para concentrar todo el poder en su manos, al fusionar en un solo cargo, la condiciones de Jefe de Estado y de Gobierno y asumir el título de Fürher y Canciller del Reich . El 2 de agosto de 1934 todos los miembros de las Fuerzas Armadas se vinculaban directamente con él al hacer el siguiente juramento: “Juro por Dios mediante este sagrado juramento, que le brindaré una obediencia incondicional al Fürher del Reich y del pueblo Alemán, Adolfo Hitler, el Comandante Supremo de la Werhmacht , y como un valiente soldado, estaré listo en cualquier momento para dar mi vida por este juramento”.

Hitler basó su legitimidad en su misión histórica como el líder de un movimiento que en percepción encarnaba los deseos y aspiraciones del pueblo alemán. Según el historiador alemán Ernest Huber, “el Fürher encarna todo el poder soberano del Reich, todo el poder público del Estado, así como el del movimiento emana del poder del Fürher. No podemos hablar de un poder de Estado sino de “poder del Fürher.Si queremos describir correctamente la naturaleza del poder político en el Reich del pueblo. No es el Estado el vehículo del poder político como entidad impersonal, sino el Fürher como realizador de la voluntad popular. El poder del Fürher es omnímodo y total; une en si mismo todos los instrumentos de la organización política, se extiende a todas las áreas de la vida popular, abarca a todos los integrantes de la comunidad, quienes están en la obligación de obedecer y ser leales al Fürher. Ese poder no está condicionado por ningún tipo de control….es libre e independiente y sin restricción”.

La práctica del terror como método de consolidación del poder

A partir de este momento ya no habrán límites de ninguna naturaleza para implantar en forma definitiva un régimen totalitario en Alemania e iniciar la campaña de expansión del poderío germánico por Europa y las políticas de depuración racial y biológica que van a caracterizar el ejercicio sucesivo del poder. Mucho se ha escrito sobre el exterminio de los judíos, de los gitanos y de otras categorías sociales consideradas por los nacionalsocialistas contrarias al espíritu y cuerpo de una nueva nación basada en el predominio de la raza aria. Esos objetivos van a ser cumplidos mediante una política sistemática de terror, en la que contará con cierto grado de complicidad de numerosos alemanes, quienes llegaron a aceptar las tesis del gobierno que a quienes se le suprimía la libertad o la vida no eran seres humanos, sino sub hombres, por lo que el sentido de responsabilidad por las atrocidades cometidas quedaba, en alguna medida, atenuado. Sin embargo, la violencia, salvo en los casos de la ejercida en contra de la oposición política o de los objetores de conciencia -como fue el caso de los testigos de Jehová- raramente fue aplicada en contra la población alemana que no fuese judía. A continuación vamos a brevemente dar algunos detalles sobre los principales mecanismos y acciones adoptadas por el régimen para sembrar el terror.

Los campos de concentración

La creación de los campos de concentración se originó en 1933 con el propósito de acabar con las organizaciones sindicales comunistas y socialistas. La estructura de los campos fue organizada en función del tipo de detenidos que allí iban a ser recluidos y se preparó a los guardianes y otros funcionarios para que consideraran y trataran a los prisioneros como “ dañinos para el pueblo” (volksschädlinge) y que como tales requerían ser reeducados políticamente para convertirlos en ciudadanos del nuevo Reich. Si, a juicio de los SS algunos de los presos eran considerados como incorregibles, o si estos habían ocupado posiciones importantes en las organizaciones políticas prohibidas, o si eran judíos estaban condenados de antemano a recibir torturas crueles y extremas.

Entre los años 1936 y los inicios de la guerra los campos de concentración van a adecuarse a las necesidades de una economía de guerra. Estos campos pasan a estar bajo el control directo de Himmler como jefe de la policía alemana quien, poco a poco, irá quitándole terreno a las penitenciarias tradicionales al incorporar a los campos, sin juicio previo, a todo aquel individuo que fuese considerado por el régimen como un elemento anti social o criminal. Una vez iniciada la guerra la situación en los campos se va a complicar porque, a pesar de que aumentaron el numero de campos, las facilidades existentes en ellos eran insuficientes para acoger a los múltiples detenidos que provenían de los pogromos de 1938 y los prisioneros de guerra. Este fue una de las circunstancias que generó en los principales jerarcas del régimen la idea de que seria necesario iniciar una política sistemática de exterminio. Tal fue el caso de la muerte por inanición de los prisioneros polacos en Buchenwald, la selección de otros presos para aplicarles la “eutanasia” o el inicio de la exterminación por trabajos forzados en condiciones infra humanas , en Mauthausen .

Después de la invasión de la Unión Soviética, se aplicó una política de Estado de evitar guardar prisioneros y se procedió al fusilamiento masivos de los mismos, así como se exterminaron poblaciones enteras basado en que las SS y las SD tenían que ser la vanguardia de “la batalla de las ideologías”.

A partir de 1942 las exigencias de la guerra hizo necesario considerar una reorganización de los campos para adaptarlos a los requerimientos de la industria de armamentos. Para ello era necesario una mano de obra cada día mayor. Para tal fin tenían en los campos un inmenso reservorio. A partir de entonces los detenidos se verán obligados a trabajar forzadamente en el esfuerzo bélico alemán. Esta decisión fue tomada al mas alto nivel, por el propio Hitler y su ministro de armamento, Albert Speer.

Eutanasia

La llegada de los nazi al poder tuvo un efecto deletéreo para los enfermos mentales que estaban recluidos en sanatorios. Muchos de estos pacientes fueron esterilizados, antes de aplicar los programas de eutanasia que se utilizarán en la medida en que el régimen consideró que era necesario iniciar una limpieza general de la población, con vista a la preparación necesaria para la guerra. El programa fue cuidadosamente planificado y realizado de manera secreta, con objetivos definidos de manera precisa. Era necesario exterminar a todos los enfermos mentales recluidos en hospitales u otras instalaciones. Lo mismo debía hacerse con los que tuviesen deformidades físicas o mentales de nacimiento. Lo más sorprendente del caso es que los responsables de esos programas creían que estaban realizando una buena acción patriótica ,ya que se suprimían a personas inútiles para la sociedad y así se abrían espacios y recursos para destinarlos a los alemanes repatriados o a los militares heridos. Se estima que estos programas de limpieza biológica afectaron a decenas de miles de personas. Detrás de todos estos actos estaba la justificación de una forma de pensar basada en el social darwinismo, y en el principio de que solo los más fuertes y aptos podían formar parte de la nueva Alemania

La actitud homofóbica del régimen fue una constante que estaba cimentada en fuertes prejuicios sociales del pueblo alemán, lo que tal vez sirva de explicación para explicar las razones que tuvieron los tribunales de Alemania Occidental para no considerar esos actos de persecución contra los homosexuales como un delito específicamente nazi. A título de información, solo fue en 1969 cuando se abolieron de la legislación alemana las normas discriminatorias que le permitieron a los nazi actuar en contra de los homosexuales.

Los testigos de Jehová

El caso de los testigos de Jehová es particularmente significativo. Este culto religioso fue el único que se opuso abiertamente a Hitler, al negarse a saludar con el obligatorio “ heil Hitler” y además se negaron por razones de conciencia a ingresar a las fuerzas armadas . Se estima que de los 30.000 fieles que existían en Alemania en 1933 alrededor de 10.000 fueron internados en los campos, muriendo en ellos alrededor de 5.000.

La persecución de los Gitanos

Una de las primeras acciones de los nazi fue la de tratar de erradicar de Europa a los gitanos, quienes eran considerados como una sub raza. La acción de destrucción contra los Sinti y los Roma fue feroz, estimándose que 500.000 de ellos perecieron en el holocausto.

La persecución de los judíos

Las persecuciones contra los judíos ,que existieron desde el principio mismo del régimen ,se acentuarán después de la celebración de los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 . Llegarán a su plenitud después de la decisión tomada en la Conferencia de Wannsee, realizada el 20 de enero de 1942, para establecer la mecánica que permitiría aplicar la solución final, consistente en la erradicación total de los judíos de Europa.

El psiquiatra Bruno Bettelheim, que sobrevivió Auschwitz, sostuvo en una conferencia en la Universidad de Michigan en 1985 que "lo que condenó a muerte a los judíos fue el silencio”, queriendo decir por esto que, tal vez no habrían habido 6 millones de víctimas en el holocausto, si el pueblo alemán hubiese protestado, en vez de limitarse a murmurar. Incluso si se hubiese roto el secreto sobre los campos de concentración se hubieran evitado mas muertes.

A pesar de que el gobierno alemán hizo lo posible por mantener en secreto la existencia de los campos de exterminio, la interrogante que sigue flotando en el aire es ¿ cómo era posible que la mayoría de la población alemana desconociese su existencia?. Hay evidencias recientes que demuestran como una gran parte de los alemanes sabían lo que estaba ocurriendo en Polonia, es más, para 1942 ya todos sabían que la cuestión judía había sido resuelta de manera radical. Numerosas fotos fueron tomadas por los propios soldados alemanes en las que se evidenciaba la magnitud de las masacres. La información sobre lo que ocurría en los campos era en muchos casos comunicada por los propios guardianes. Incluso el humo de los hornos crematorios de Auschwitz se propagaba a una distancia de muchos kilómetros ,llegando hasta estaciones ferroviarias en las que se desplazaban numerosos ciudadanos alemanes.

Otras informaciones sobre los crímenes que se cometían en los campos eran lanzadas en panfletos desde los bombarderos aliados y también se informaba sobre ellos en los noticieros de la BBC, que era una fuente de información para millones de alemanes, a pesar de estar severamente penado, sobre lo que en verdad ocurría en el frente oriental. Lo que no es fácil de explicar es si en verdad los alemanes de la época estaban en condiciones de asimilar esas brutales verdades. En todo caso, esa política de exterminio es algo que resulta difícil de entender, a pesar de que para ciertos autores eso no fue muy distinto a los genocidios cometidos por el imperialismo europeo en el siglo XIX en sus diversas colonias. Lo que lo que lo diferencia de estos casos es que su aplicación fue dentro de Europa y en contra de miembros de la misma cultura occidental.

En los próximos artículos analizaremos la implantación de regimenes de corte totalitario en la China de Mao y en la cuba de Fidel para concluir esta serie de artículos con un intento de evaluación comparativa entre los regimenes autoritarios, dictatoriales y totalitarios.

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