I Introducción
A pesar de que, como vimos en el artículo anterior, el término fascista fue acuñado en Italia, este fenómeno político tiene sus orígenes más remotos en el siglo XIX. En particular, en lo que a Alemania se refiere, se puede sostener que el nacional socialismo fue el fruto de una cultura que se había implantado en ese país como consecuencia de un proceso de industrialización acelerado y desigual que había producido hondas fisuras en el cuerpo social de esa nación. La industrialización alemana favoreció el surgimiento y rápido desarrollo de movimientos políticos de corte social demócrata que en alguna medida eran considerados por la burguesía y por los grandes propietarios como una amenaza latente contra la propiedad privada.
Raíces sociales y culturales
A pesar de que el sufragio universal para la población masculina fue introducido en la Constitución del Reich en 1871, el parlamentarismo en Alemania era una institución relativamente débil , y no un mecanismo adecuado ni para la mediación ni para la solución de las tensiones políticas emergentes. Todos los intentos para reformar la Constitución eran rechazados por los sectores conservadores de la sociedad que lograban imponer su poder en el parlamento y vetar cualquier iniciativa progresista.
Antes de 1914 surgieron las llamadas ligas germánicas y agrarias como formas de protesta social y se consolidaron movimientos que buscaban en el concepto de nación unos criterios que definían tanto la inclusión como la exclusión de lo que constituiría la esencia de lo propiamente germánico. En esa época se empieza a perfilar la idea de que las minorías no deberían formar parte del Reich, considerándose como tales a los socialistas, católicos, polacos y judíos e incluso se afirmaba que estos eran los enemigos natos de la nación alemana. Estas ideas conducían a un ambiente fértil para una retórica de erradicación. A esto hay que agregar que al nacionalismo emergente se le sumaron teorías seudo intelectuales de "carácter biológico-social" que apuntalaban en la población un sentimiento netamente anti-semita, y en alguna manera estas ideas estuvieron recogidas por lo que se denomina el darwinismo social y el concepto de völkisch o de pueblo como elemento consustancial al concepto de nación. Hay que observar que ese fenómeno no era una característica exclusiva de la Alemania de esa época, ya que en gran parte existía en el resto de Europa y estaba estrechamente relacionado con el imperialismo y el colonialismo imperantes, aunque el grado de polarización de la sociedad alemana era mayor que el de las otras principales potencias europeas de la época.
Sin embargo esta realidad se va a potenciar como consecuencia de la tragedia social generada en todo ese continente por la inútil masacre de la mal denominada Gran Guerra.
No se puede olvidar el entusiasmo con que las masas acogieron el inicio de la guerra sin prever que el desarrollo de la misma iba a ser totalmente diferente de las anteriores conflagraciones europeas. El nivel de destrucción , la carencia de heroicidad en las batallas, asi como su larga duración, sin que se supiera a ciencia cierta quienes eran los ganadores se verá agravada por el desconcierto que causó la derrota de Alemania. La desmoralización de la población y el estado de caos creado por la desmovilización fue un terreno fértil para que prevalecieran fórmulas extremistas para resolver la situación de gran angustia social.
Este espacio va a tratar de ser capturado por diversos partidos de corte nacional socialistas, siendo uno de ellos el creado en 1918 por Anton Drexler. En su concepcieon original éste era un partido de clase media pero Hitler se encargará, desde la secretaria de propaganda del partido, de organizar las primeras reuniones de masas y cambiar la orientación del partido hacia una versión más populista. Conceptualmente el nazismo era más pragmático que el fascismo italiano y nunca mostró interés en desarrollar el corporativismo.
En un principio ni los gobiernos liberales ni los socialistas tuvieron la capacidad de entender el alcance de esta situación y mucho menos visualizar el peligro que significaban estos nuevos movimientos políticos, creyendo tal vez que eran una expresión más del conservadurismo como tantas otras que habían existido a finales del siglo XIX, pero que no tenían la menor posibilidad de convertirse en alternativas reales de poder.
El nacional socialismo en ese sentido no es una excepción, salvo que a diferencia de otros movimientos fascistas, estaba impregnado por un anti-semitismo racial lo que no era el caso en el fascismo italiano o en el español.
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El nazismo era una expresión típicamente germánica de lo que se podría denominar como un nacionalismo extremista. Potenciaba sentimientos ampliamente desarrollados en el siglo XIX pero frustrados de una u otra manera por el curso de la historia. Hay una expresión, difícil de traducir, que es específica a su concepción y es la que se expresa con la palabra alemana"volkisch" que es el adjetivo de "Volk" que significa pueblo. Esta expresión, intraducible en su sentido preciso, implica que la nación estaba dotada de una esencia misteriosa que podía ser alterada por fuerzas decadentes como lo eran el socialismo, el materialismo, el internacionalismo, y todos estos atributos se le adosaban a los judíos.
Entonces podría decirse que esta particular noción de "pueblo" era asumida como un elemento consustancial de la nación alemana y que requería para consolidarse una depuración de todos los elementos extraños a lo que ella identificaba como identidad nacional. No se puede pasar por alto el hecho de que el proceso de reunificación Alemana iniciado por Bismarck era históricamente reciente y que cuando se realizó no se incluyó en él a numerosas poblaciones de origen germánico que formaban parte del Imperio Austro Húngaro, ni tampoco aquellas pertenecientes a zonas que estaban bajo el dominio territorial de Polonia. Se estableció, por razones de equilibrio de poder, la llamada pequeña Alemania. Algunos historiadores afirman que si Bismarck hubiese optado por la gran Alemania en vez de confirmarse con la pequeña dominada por Prusia, un fenómeno como el de Hitler jamás habría podido prosperar porque se le habría caído una de sus principales razón de ser que era la necesidad de unificar a todos los alemanes en una solo Estado.
El papel del carisma
Quizás un criterio que resulta esclarecedor para entender como Hitler pudo imponer el fascismo en Alemania sería utilizar el concepto de "Carisma" elaborado por Max Weber. El carisma, según Weber, es la cualidad extraordinaria atribuida por un grupo de fieles a un personaje al cual se le considera destinatario de una misión. La "dominación carismática" se diferencia de otras formas de dominación tradicionales, ya sean las basadas en el principio hereditario o en el prestigio del pasado, así como en las que se sustentan en las leyes y en la aplicación de las mismas a través de una sistema institucional estructurado. Lo específico del "poder carismático" es que no se basa ni en la lógica, ni en los precedentes, sino en un estado de ósmosis permanente entre el líder y la población en las que éste, de alguna manera, le transfiere en forma individual, a sus súbditos parte de su "poder" , sintiéndose éstos investidos, de alguna manera, de la misión necesaria para alcanzar las “grandes metas” designadas por el caudillo.Quizá Hitler fue la expresión mas clara del " poder carismático", pero este, de una u otra manera, es uno de los elementos presentes en todos los totalitarismos.
El líder y la legalidad
Claro está que Hitler no se basó solo en el poder carismático, también adoptó para si elementos de la tradición histórica identificándose en alguna manera con grandes personajes del pasado, tales como Bismarck y Federico el Grande. Lo cual le creaba mayores lazos con una población ávida de recuperar la gloria perdida por la ignominiosa derrota de la monarquía en la I Guerra Mundial.
Es importante observar que la mayoría conservadora, que le da el apoyo inicial a su gobierno, pretendía que el nazismo fuese una expresión más del conservadurismo tradicional alemán y que por lo tanto mantuviese el ejercicio del poder dentro del marco de un sistema normativo rígidamente estructurado. Hitler, como hábil político y manipulador, va a mantenerse en los primeros años con un apego a ese formalismo jurídico, lo cual está demostrado con la promulgación en Nuremberg en 1935 de las leyes raciales que se insertan, a pesar de la atrocidad de su contenido, en un marco legal preestablecido. Sin embargo, en la medida en la que se consolidará en el poder, la necesidad de atenerse al formalismo jurídico se irá desvaneciendo. La elaboración de las leyes respetará cada vez menos las formas y las fronteras entre decreto ley , reglamento y ley se harán prácticamente indistinguibles. Esa situación llegó a un nivel tal de informalidad que incluso los juristas más destacados de la época llegaron a aceptar como válida jurídicamente una mera declaración verbal de Hitler, un ejemplo de esto fue la manera como designó verbalmente a Göring y a Hess como sus sucesores en el gobierno del Reich . Pero más grave aún la legislación fue cada vez menos sometida a la necesidad de su publicación en la gaceta oficial. De las 650 órdenes, decretos o directivas emanadas de Hitler en el lapso que va desde 1939 hasta 1945, 404 de éstas nunca fueron objeto de publicación . Un ejemplo, particularmente grave, fue la que autorizó la aplicación de la eutanasia para liquidar a los enfermos mentales: las protestas frente a esta práctica dio lugar a múltiples demandas judiciales lo que obligó al Ministerio de Justicia a informarle a los jueces de la existencia de una orden secreta mediante la cual el Fürher autorizaba dicho procedimiento, y por lo tanto eso lo convertía en legal para los jueces.
Esto es lo que se denominó como el “Führerprinzip” Como explica Maggiore en su tratado sobre el derecho penal en el estado totalitario,cuando existe el «caso de incertidumbre del derecho» el juez se atendrá
'Al principio in dubio pro republica, que en el estado totalitario toma el lugar del antiguo in dubio pro reo. En la incertidumbre, se convierte en fuente del derecho, para la legislación alemana, el "sano sentimiento del pueblo". Allí donde la ley sea oscura, o incluso calle, será fuente del derecho penal "la voluntad del jefe", que es la ley de toda ley: el jefe de un gobierno totalitario, que no habla a través de los parlamentos y sus leyes, sino que se expresa dirigiéndose directamente al pueblo, de cuyo sentimiento y de cuyos ideales es el único intérprete». (G. Maggiore, Diritto penale totalitario nello Stato totalitario, en «Rivista italiana di dirtitto penale», 1939, pp. 159-160,)
II ANTECEDENTES HISTORICOS
Antes de iniciar el análisis de cómo logró imponer Hitler su versión del fascismo en Alemania considero necesario hacer una breve explicación de los antecedentes que crearon el caldo de cultivo para que el totalitarismo se implantara en Alemania. Son numerosísimas las tesis que pretenden darle una explicación unívoca a este fenómeno político del siglo XX, que van desde las tesis de Nolte, quien sostiene que el nazismo no es otra cosa que el reverso del comunismo y que ambos fueron expresión de una guerra civil europea que se inicia en 1917 con la revolución soviética. Otros como Hannah Arendt y Enzo Traverso sostienen que el nazismo es una continuación del imperialismo y racismo prevaleciente en el siglo XIX. No es nuestro objetivo terciar en ese debate, sino más bien tratar de explicar los hechos que ocurrieron en Alemania al concluir la I Guerra Mundial y tratar de entender en que medida estos acontecimientos favorecieron el surgimiento del nazismo como una alternativa política viable en la Alemania de principios del siglo XX.
En noviembre de 1918 el Estado que Bismarck fundó colapsó. Fue remplazado por una república que tuvo 14 años de vida atormentada antes de fenecer de forma tan miserable como su predecesora
Las debilidades de la república y su vulnerabilidad,in nucce, contenidas estaba contenidas en germen en las circunstancias mismas de su creación. No resulta exagerado afirmar que, en parte, su fracaso se debe a que se le permitió a los militares seguir jugando un papel predominante , al igual que a la rigidez extrema del aparato burocrático alemán. La aspiración que habían tenido los políticos alemanes desde 1848 de crear una monarquía parlamentaria se logró en los últimos meses de la guerra, sin que éstos hubiesen tenido nada que ver en la decisión de cambiar la forma de gobierno. La decisión de crear la República la tomó el Mariscal Von Hindemburg, junto con el Canciller Hertling, quienes creyeron que de esa manera iban a crear unas condiciones más favorables para negociar un armisticio con los aliados .
El pueblo alemán estaba convencido de la cercanía de la victoria y la noticia de que se estaba negociando un armisticio le produjo una conmoción inmensurable, ya que no hay que olvidar que el ejercito alemán había vencido en el frente oriental y había recuperado importantes territorios en los que vivían numerosos pobladores de cepa alemana. Además, la última ofensiva militar en el oeste había sido militarmente un éxito.
Estas noticias produjeron, virtualmente, una parálisis en el esfuerzo de guerra de la población y ni los campesinos ni los obreros quisieron seguir sacrificándose por lo que ya consideraban una causa perdida. Por lo tanto, las reformas establecidas por el gobierno del Príncipe Max, último intento de la monarquía por conservar el poder mediante la introducción del sufragio universal y la democratización de la forma de gobierno, no fueron acogidas por la población como un logro sino más bien como una respuesta desesperada realizada por un régimen en estado pre-agónico. Tal vez , y es una mera especulación histórica, la transición de la monarquía a la república hubiese sido menos traumática si el Káiser Guillermo II hubiese entendido que una vez solicitado el armisticio su posición era insostenible y hubiera abdicado sin verse forzado a hacerlo como luego ocurrió.
Sin embargo, al absolutismo le cuesta renunciar por las buenas y el emperador confió que con el apoyo de las fuerzas armadas podría seguir imponiéndose sobre la población. Ese empecinamiento sepultó para siempre la posibilidad de que la dinastía Hohenzollern conservara aunque solo formalmente, parte del poder.
1918 fue un año particularmente turbulento para Alemania, en el que se sucedieron numerosas huelgas y protestas populares. La primera de ellas, fue el alzamiento de los marinos en la base naval de Wilhelmshaven, seguida por la de los marinos de Kiel. Lo mismo ocurrió en Colonia, donde la guarnición de 45.000 hombres decidió formar un consejo para gobernar a la ciudad.
Al mismo tiempo que esto sucedía en Alemania, el Imperio Austro-húngaro se rendía y la dinastía de los Habsburgo llegaba a su fin. En Baviera también caía el reinado y se implantaba un régimen socialista dirigido por Kurt Eisner.
La abdicación del Káiser y su fuga hacia Holanda hace que la República se instaure casi a pesar de ella, y además tenga que asumir el peso, las consecuencias negativas y el odio de la población por haber firmado la rendición y aceptado los términos impuestos como consecuencia de la derrota sufrida. Esto fue utilizado por los nacionalistas para generar la tesis peregrina de que el ejército alemán había sido apuñalado por la espalda y que los causantes de la capitulación eran los socialistas y los republicanos, para de esa manera alcanzar el poder. De aquí en adelante a estos se les impuso el san benito de ser los “criminales de noviembre”, a pesar de que gracias a ellos fue que se pudo, en gran parte, mantener la unidad de Alemania. Sobre esta noción fraudulenta de la realidad se apoyará luego Hitler para liquidar a la república e instaurar un régimen totalitario en Alemania.
Se puede decir que al concluir la guerra nadie tenía un control efectivo del poder y sobre todo, después de la firma del armisticio el 11 de noviembre, la situación parecía derivar hacia un estado de caos absoluto. A todas estas, la amenaza de una revolución similar a la ocurrida en Rusia, iba tomando forma con, entre otras, las acciones adoptadas por llamada Unión Espartaquista presidida por Rosa de Luxemburgo y Karl Liebknecht. El canciller Ebert , quien provenía de las filas de la social democracia, tenía la firma intención de impedir que ocurriese en Alemania lo mismo que había sucedido en Rusia con el triunfo de la revolución bolchevique y por lo tanto consideró que para impedirlo era necesario proceder de inmediato a convocar a una Asamblea Nacional Constituyente que elaborase una nueva Constitución y estableciera las bases para un nuevo régimen basado en la democracia política y en un programa sistemático de socialización.
Es por ello que una de las decisiones más controvertidas de Ebert, fue aliarse con el Alto Mando Militar y utilizar a los cuerpos paramilitares de extrema derecha para conjurar las amenazas de la extrema izquierda. Cuando los espartaquistas, que ya se habían convertido en el partido comunista, decidieron después de numerosas vacilaciones hacer un intento y se apoderaron, a principios del mes de enero, de algunas instalaciones gubernamentales en el centro de Berlín. El gobierno de Ebert supuso que ese era el primer paso para la toma del poder por los bolcheviques y junto con el ejército y los paramilitares aplastaron esa acción generando 100 muertes entre los rebeldes, entre ellos los asesinatos de Liebknecht y Rosa de Luxemburgo después de haber sido detenidos.
Esa supresión violenta, y quizá innecesaria, de la acción ejercida por los comunistas generó una fisura insoldable con buena parte de la izquierda alemana y en el movimiento obrero en general.Incluso los espartaquistas que se habían desilusionado con el giro pro soviético del partido comunista alemán , jamás le perdonarían a Ebert y a los social demócratas los viles asesinatos de sus principales dirigentes. Se ha llegado a afirmar que la memoria de Liebknecht y Rosa de Luxemburgo fueron uno de los más poderosos factores que impidieron la posible reunificación de las izquierdas, aun cuando ya Hitler estaba en el umbral del poder.
Los delegados electos a la Asamblea Constituyente se reunieron en la ciudad de Weimar, cuna del gran poeta Goethe. Entre los miembros de esa Asamblea Constituyente había muchos que no estaban convencidos que la democracia era una buena forma de gobierno para Alemania, sin embargo, convenían a regañadientes con esa fórmula por considerar que era la única manera de apaciguar a las potencias aliadas y tratar así de obtener términos más benignos para las reparaciones de guerra.
Cabe destacar que, entre las innovaciones de la nueva Constitución, estaba el principio de representación proporcional para la elección de los miembros del Reichstag o parlamento y el, para entonces, novel concepto de referéndum por iniciativa popular.
La Constitución era una mezcla de parlamentarismo con democracia plebiscitaria y a eso se le agregaban importantes atribuciones de fuerte corte presidencialista. El Presidente de la República era electo por votación directa y por un período de 7 años. Entre sus principales atribuciones estaba el comando supremo de las fuerzas armadas, el poder de designar o destituir al Canciller ( jefe de gobierno) , disolver al parlamento , convocar a nuevas elecciones y en ciertas circunstancias a un referéndum nacional.
Ciertamente uno de los aspectos que más contribuyó a debilitar a la República de Weimar fueron las condiciones impuestas por el Tratado de Versalles, mediante el cual Alemania se veía en las obligación de cumplir con leoninas obligaciones financieras a título de reparaciones de guerra, así como la obligación de reducir considerablemente el tamaño de sus fuerzas armadas, renunciar a sus posesiones coloniales y al mismo tiempo perder porciones significativas de su territorio.
Otro aspecto de singular importancia fue la pavorosa inflación que se generó en 1923 y cuyos efectos no se pueden atribuir exclusivamente a las condiciones del tratado de Versalles sino a la política fiscal, asumida por el Káiser, de financiar una guerra excesivamente costosa por medio de nuevos empréstitos en vez de impuestos. Solo a título de ejemplo vale la pena indicar los cambios ocurridos en la paridad dólar- marco. Si se toma como fecha de referencia el inicio de la guerra la paridad era de 4.2 marco por dólar, y al final de la guerra en enero de 1919 era de 8.9. En noviembre de 1923 alcanzó la inexpresable suma de 4,200,000,000,000.0 marcos por un dólar. A pesar de que el gobierno republicano supo tomar medidas para restablecer el orden monetario, la gran depresión de 1929 actuó como una puntilla. En verdad puede afirmarse que la República de Weimar tuvo que afrontar desde sus orígenes no solo una profunda crisis económica y social, sino lo que fue más grave aún, una crisis de legitimidad. Por un lado, la izquierda marxista-leninista la rechazó desde el principio por considerarla un estado burgués que nacía en los estertores del capitalismo y por otro, la extrema derecha que la asociaba con la rendición traicionera de la izquierda y con la puñalada en la espalda y la consiguiente humillación nacional y por lo tanto la rechazaba por ser un régimen contrario a la historia de Alemania.
Si a esto se le agrega las erróneas decisiones políticas adoptadas entre 1930 y 1933 por los gobiernos de Brüning, Hugenberg, von Papen, von Schleicher y por el propio presidente von Hindemburg, que al optar por remplazar al parlamentarismo por un régimen de corte dictatorial presidencialista, estaban abriendo de par en par las puertas para que se legitimara una nueva forma de gobierno de corte netamente autoritaria. Lo trágico de estas decisiones es que fueron adoptadas cuando, de alguna manera, la república estaba empezando a recorrer el camino hacia una mayor estabilidad política
III HITLER, El Personaje
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Una característica general de la mayoría de los totalitarismo es la importancia del líder, en el cual se depositan poderes y facultades Mesiánicas. En el caso de Hitler y Alemania, estamos, por así decirlo, ante el caso paradigmático. En un contexto como el que prevalecía en Alemania,no era de de extrañar que surgieran personajes de esa calaña, aunque difícilmente se repitirá un caso como Hitler, con sus habilidades políticas y profundos desequilibrios. Este, desde 1920, había asumido la tarea de ocuparse de la propaganda del partido nacional socialista obrero alemán, fundado unos años antes por Antón Drexler. Ese partido era uno de los varios nacional socialistas existentes y quizá lo que permitió que éste creciera en lugar de los otros, fue la idea que tuvieron tanto Hitler como Röhm, de convertirlo en un partido de masas en vez de seguir siendo eminentemente una organización de clase media.
Un aspecto importante en el apuntalamiento de ese partido fue la naturaleza de la relación que sostuvo con las fuerzas armadas. Hitler estaba consciente de que sin el soporte de éstas el partido jamás lograría sus objetivos. Sin embargo, no se puede menospreciar el enorme talento político de Hitler, quien supo aprovechar todas las oportunidades que se le plantearon para consolidar su movimiento y llevarlo de ser un partido regional en Baviera hasta una alternativa de carácter nacional. Hitler logrará esa meta recorriendo todo el país y utilizando con suma habilidad la propaganda política. Nadie puede negar que Hitler fue el más grande demagogo de la historia, pero tampoco que entendió claramente que, en el siglo de las masas, el liderazgo se convertiría en un elemento esencial para su movilización. El mismo afirmó que “ Ser un líder significa ser capaz de mover a las masas”. En ese sentido resulta esclarecedor leer en la páginas de Mein Kampf todas sus ideas sobre como utilizar la propaganda con fines políticos.
Considero que es fundamental para entender la manera como Hitler organizó la toma del poder, detenerse en algunas de las ideas que sobre la acción política y el uso de la propaganda desarrolla en su texto, sobre todo, porque éste se convirtió en un manual muy útil para apuntalar las aspiraciones de poder de futuros dictadores. Hitler afirmaba que era indispensable : “ Ir a las masas, el movimiento debe evitar cualquier acción que pueda disminuir o debilitar su poder de influir a las masas, por el simple hecho de que ninguna idea importante, no importe lo sublime o elevada que ella pueda ser, no podrá ser llevada a la práctica sin el poder efectivo que reside en las masas” y continuaba afirmando, con gran cinismo, que “Como las masas tienen dificultad de comprender ideas abstractas, la relación con ellas está más en el campo de las emociones, que es donde residen las raíces de sus actitudes positivas o negativas….Siempre resultará más difícil luchar contra la fe que contra el conocimiento… Las fuerzas que han producido las mayores revoluciones de la humanidad no han sido producto de la enseñanza científica …sino de la devoción que las ha inspirado…Quién quiera ganarse a las masas deberá saber que la llave que abre las puertas a sus corazones no es la objetividad…sino una voluntad determinada apoyada por el poder cuando sea necesario”.
Hitler tuvo la capacidad de expresar, de manera muy precisa, una serie de consideraciones de lo que hoy se denomina psicología de masas y utilizarlos como requisito esencial para alcanzar el poder. Es interesante leer con atención otras consideraciones que formula sobre este tema en el texto antes señalado :“ El poder receptivo de las masas es muy limitado y su capacidad de compresión es limitada. Por otro lado olvidan con facilidad. Si ese es el caso, toda propaganda para que sea efectiva, debe limitarse a unas pocas necesidades básicas y después expresarlas en pocas fórmulas estereotipadas. …Sólo la repetición constante logrará imprimir una idea en la memoria de una multitud.”
Otro aspecto importante de su estrategia comunicacional fue utilizar la mentira como arma política que luego será desarrollada a gran escala y como política de Estado por el Dr. Goebbels su ministro de propaganda. Al respecto Hitler sostuvo: “Cuando mientas hazlo en grande, eso es lo que los judíos hacen, porque esto se basa en el principio que en las grandes mentiras hay siempre una cierta fuerza de credibilidad; ya que las grandes masas de una nación son más fáciles de corromper en los estratos más profundos de su naturaleza emocional, que de manera consciente o voluntaria y por lo tanto en la simplicidad de sus mentes están más propensas a ser las víctimas de las grandes mentiras que de las pequeñas, ya que ellos frecuentemente dicen pequeñas mentiras sobre pequeños asuntos, pero se sentirían apenados de tener que recurrir a grandes falsedades. Nunca les vendría a la cabeza la idea de fabricar colosales mentiras y por lo tanto no podrían creer que otros pudiesen tener la imprudencia de distorsionar la realidad de manera tan infame….Por encima de todo nunca duden, nunca cualifiquen lo que dicen, nunca le concedan una pulgada al contrario, hagan que todo contraste sea blanco o negro. Estas son las condiciones que deberán ser cumplidas para cualquier tipo de propaganda , una actitud unilateral para cada problema que se deba afrontar…..Cuando observan una actitud firme y sin contemplaciones frente a un adversario, la gente la tomará siempre como una prueba de que la razón está del lado del agresor, pero si el agresor se detuviera a mita de camino y no lograse atribuirse la victoria entonces la gente lo verá como un signo de que no se está seguro de la justicia de la propia causa".
Para Hitler siempre tuvo más importancia la expresión oral que la escrita, y en particular la utilización en sus discursos de expresiones de violencia verbal. Fue una constante en ellos la utilización de expresiones tales como: “ fuerza, odio, destrucción, exterminio, erradicar”. Su capacidad de movilizar los sentimientos más primarios de las personas era uno de sus atributos principales impactando aun a aquellos que se le oponían ideológicamente. Su capacidad de comunicar, su intuición y la facilidad con la que lograba entrar en sintonía con las masas y con la mayoría de la población que lo escuchaba, fue sin duda su mayor fortaleza pero también la causa principal de su propia destrucción, ya que terminó por considerar que su poder era omnímodo y que nadie ni nada podía interponerse en el camino de su voluntad ni en la realización de su utopía. Además, al ser su poder de naturaleza eminentemente carismática, dependía de que lograse siempre nuevos resultados sorprendentes por lo que en alguna medida, tanto él como el pueblo alemán, llegaron a creer que su voluntad era infalible y que nada ni nadie podría detenerlo nunca.
En el próximo artículo analizaremos la política del terror como mecanismo para obtener y mantener el poder como elemento consustancial del nazismo y del totalitarismo en general, y trataremos de explicar lo que constituyeron los rasgos característicos del nazismo como forma de gobierno.
Ver los artículos anteriores:
Lecturas sobre los orígenes del totalitarismo
Orígenes del Totalitarismo II: El caso soviético en la fase leninista
Orígenes del Totalitarismo III: El caso soviético en la fase estalinista
Los orígenes del Totalitarismo IV:El Fascismo en su versión italiana