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Opinión y actualidad

Ambiente, proyectos de integración física en América Latina y desarrollo sustentable en Venezuela
Magaly Arocha

 
Miércoles, 1 de agosto de 2001

Expondré algunas reflexiones en torno a temas de la "agenda global" de mi experiencia como funcionaria pública y como analista internacional. Me planteo algunos problemas: ¿Cómo conciliar proyectos de desarrollo económico con exigencias de preservación ambiental en pro de un desarrollo sostenible en un país subdesarrollado y rico en recursos naturales como Venezuela?; ¿Cuáles son los actores que pueden limitar tales iniciativas?; ¿Cuáles intereses están en juego?
 
Es indudable que los países de América Latina y Venezuela en particular, han definido desde fines de los noventa, políticas exteriores que colocan la integración económica y física como prioridades para el desarrollo. La Declaración de Brasilia de septiembre de 2000, es un ejemplo[1].
 
Ahora bien, para integrarse físicamente se requiere desarrollo de infraestructura: carreteras, autopistas, puentes, etc. cuya construcción implica cambios en el paisaje y por ende alteraciones del medio ambiente.
 
Si se revisan algunos de los ejes definidos en las reuniones que siguieron a la Cumbre (en Argentina[2] y en Montevideo en el 2000[3], en Santa Cruz de la Sierra en 2001[4] se vislumbra toda una red de carreteras a ejecutar. Así mismo existen proyectos y acuerdos de interconexión fluvial (Orinoco-Amazonas; Altlántico-Orinoco-Meta-Pacífico, entre otras) y eléctrica (Venezuela-Brasil).


 
Si el desarrollo sostenible “no contamina el ambiente ni destruye las inmensas reservas naturales de una nación”[5], el reto de las economías latinoamericanas que buscan reactivación debería ser la preservación de los ecosistemas frágiles de las zonas a desarrollar, además de la consulta y participación de las comunidades - elemento humano- afectadas, que involucra otro de los temas de la agenda global actual: defensa de los derechos humanos, en este caso específico de las comunidades indígenas.
 
La interconexión eléctrica entre Venezuela y Brasil, que data de 1997[6] y que debería culminarse en julio de 2001, es un ejemplo de cómo un proyecto que persigue la cooperación, la integración y el desarrollo fronterizo puede verse limitado o condicionado por involucrar zonas ABRAE (Areas Bajo Régimen de Administración Especial: como el Parque Nacional Canaima, la Reserva Forestal de Imataca, Sierra Lema, etc.) y comunidades indígenas (de la etnia Pemón) que se consideran propietarias ancestrales de estas tierras.
 
Se evidencian asimismo, algunos problemas generados a partir del reciente reconocimiento de derechos ancestrales sobre las tierras que ocupan a las comunidades indígenas, la tendencia al uso de la denominación de "pueblos" y no de comunidades, lo que implica un proceso de ajustes y negociaciones por parte del Estado venezolano con miras a llevar a la práctica lo que fue concedido en el papel.
 
No se debe subestimar el esfuerzo del gobierno en el proceso dada la complejidad del elemento humano involucrado: etnias diferentes, con las cuales resulta difícil llegar a un acuerdo que sea aceptado por todas. El desafío gubernamental es profundizar la consulta. De lo contrario, se corre el riesgo de enfrentar reclamos por presunta violación de: “los derechos originarios sobre las tierras que ancestralmente ocupan y que son necesarias para desarrollar y garantizar sus formas de vida, el derecho a la propiedad colectiva de sus tierras, las cuales serán inalienables, imprescriptibles, inembargables e intransferibles”[7].
 
La interconexión eléctrica con Brasil supuso la elaboración de estudios de impacto ambiental por parte de las empresas involucradas y su debida autorización por los órganos competentes. Este proceso se realizó pero las comunidades afectadas no se convencen de los esfuerzos por mitigar el impacto ambiental, temen que el proyecto fomente desarrollos mineros[8] y se enfrentan al Estado con el apoyo de Organizaciones No Gubernamentales defensoras del ambiente, haciendo incluso uso de la fuerza - derrumbe de postes - retrasando el proyecto.
 
Su presión ha conducido a que la Asamblea Nacional, cuatro años después de haber asumido el compromiso de suministro energético a Brasil y con un 76 % de la ejecución física acumulada y con una fecha de entrega prevista para julio de 2001[9], ordene la revisión de las condiciones contractuales del Memorándum de Suministro de Energía Eléctrica entre Venezuela y Brasil, de los costos de suministro e incluso, que se someta a aprobación legislativa para que adquiera características de ley[10].
 
En tanto el país mantiene un compromiso que no ha cumplido con las consecuencias que generaría un excesivo retraso: económicas (penalizaciones), desprestigio internacional y en la relación con Brasil, país que enfrenta hoy una severa crisis energética.
 
Este caso ilustra pues la problemática de la integración física, el elemento humano y la preservación ambiental. Sin lugar a dudas otros proyectos de infraestructura como el Eje Venezuela – Brasil- Guyana- Suriname, podría tener éstas y otras limitaciones, derivadas no ya sólo del factor ambiental sino además de las controversias territoriales e intereses geopolíticos de los países participantes.
 
Otro caso es el planteado por el Proyecto de integración fluvial Atlántico-Orinoco-Meta-Pacífico, el cual debe ser analizado cuidadosamente dada la inseguridad originada por la guerrilla que afecta la zona del río Meta y que hace que estos territorios reine la anarquía y la subversión, ello aunado a la ausencia de demarcación y a problemas de asignación de islas entre Venezuela y Colombia, aparte de la inexistencia de instalaciones y áreas proturarias que permitan un comercio a gran escala; sin subestimar el impacto ambiental en la cuenca alta del Meta (Venezuela es un pías aguas abajo). Por lo que convendría apoyar prioritariamente proyectos nacionales como el de la interconexión fluival en el Eje Orinoco-Apure en pro del desarrollo sustentable del país para luego pasar a proyectos más ambiciosos.
 
La interconexión el´ctrica con Brasil ejemplifica también la participación e interferencia cada vez más activa de ONG’s defensoras del ambiente en los procesos de toma de decisiones de los Estados, característica del orden mundial actual. El subcontinente latinoamericano con la riqueza natural que alberga no escapa de la atención y hasta ambición de algunas de organizaciones que podrían estar asociadas con grupos de Misiones que se han establecido y funcionan como verdaderos enclaves dentro de los Estados.
 
Llama la atención su ubicación en zonas estratégicas (como el Amazonas) ricas en recursos (energéticos, genéticos, biológicos, mineros, forestales). Ellas cuentan con el respaldo de los países industrializados, principales promotores de la preservación ambiental y críticos de los países del Tercer Mundo por su crecimiento demográfico – que califican como “excesivo” - y sus escasas políticas ambientalistas.
 
Sin embargo, para proteger el ambiente y conciliar la economía con la ecología, que es la exigencia que se hace a nuestros países, se requiere de innovaciones tecnológicas[11] y aquí abordamos otro de los temas de la agenda global: la transferencia de tecnología. Responsabilidad de los países desarrollados es precisamente transferir tecnología adecuada, elemento clave del llamado desarrollo sostenible. Transferir tecnologías modernas y eficientes desde el punto de vista energético no sólo es un deber de las naciones industrializadas, es también su interés. Lamentablemente la tentación es transferir tecnología obsoleta, respondiendo a intereses económicos inmediatos y desmedidos.
 
Indudablemente el problema ambiental ha dejado de ser local o regional, no depende sólo de intervenciones internas de un Estado sino que hoy el problema se centra en cómo los Estados soberanos pueden y deben ponerse de acuerdo para salvaguardar el ambiente. Sin embargo, se detectan contradicciones: el mayor productor de gases contaminantes a nivel mundial se niega a ratificar el Protocolo de Kioto sobre el uso de combustibles fósiles y el recalentamiento global[12], y simultáneamente impone limitaciones a productos del mundo en desarrollo por contaminantes (caso Orimulsión venezolana). Esto nos da una idea del destino de la materia ambiental en el futuro.
 
América Latina goza de una gran riqueza natural. En el caso específico de nuestro país, el hecho de ser una nación amazónica, caribeña, atlántica, llanera y andina, le confiere uno de los más altos niveles de biodiversidad biológica en el mundo, estando “catalogada como una de las diez áreas de megadiversidad del planeta”.[13]
 
Parte fundamental de esa riqueza, es el recurso humano. Se debe profundizar aun más en el esfuerzo del Estado por asistir a las comunidades indígenas, considerando las limitaciones planteadas por la geografía e inaccesibilidad de las zonas que ocupan. De lo contrario, estarán sujetas a posibles y peligrosas manipulaciones por parte de actores inescrupulosos que valiéndose de los derechos que de buena fe, le han sido reconocidos por el Estado venezolano, pretenden hacer uso de esas tierras, para la explotación de las riquezas y la biodiversidad.
 
La insistencia de acusaciones sobre el presunto abandono de las comunidades indígenas por parte del Estado y la insistente necesidad de" ayudarlas" deben ser debidamente sopesadas. Es obvio que para alguien de la ciudad el modo de vida de los Yanomamis puede parecer desamparado, atrasado pero es su cultura y debe ser respetada. Lo que si es innegable es que al Estado venezolano a través de las distintas organizaciones – no sólo es responsabilidad del Gobierno Central sino a las alcaldías y gobernaciones – le corresponde, a través de gestiones administrativas, ofrecer mayor asistencia, servicios y control en las zonas fronterizas que son las que poseen mayor concentración indígenas y riquezas naturales. Sólo así puede evitarse, en mi opinión, que su lugar sea ocupado por otros actores con distintos fines y cuyas acciones además de afectar a esas comunidades vulneran la soberanía (mineros ilegales, narcotraficantes, guerrilleros, son sólo algunos).
 
La integración física que implica vías de comunicación y acceso e interconexión fluvial y eléctrica, puede ser una herramienta que de ser bien manejada, puede contribuir a la integración de esas zonas al resto del país.
 
Los decisores venezolanos y latinoamericanos deben asumir que la época de la explotación ilimitada de los recursos ha terminado y que la mejor inversión es la que se hace en preservación del ambiente. Más aun si se considera que Venezuela posee una de las tasas de deforestación más altas de América Latina[14]. Se trata de conciliar integración, ambiente, toma de decisiones (análisis costo-beneficio) y desarrollo.
 
No debemos esperar que sean las ONG´s o los países industrializados los que valoren - y eventualmente nos manipulen para explotar - esos nuestros recursos.

Debemos ser protagonistas del proceso. No se trata de abandonar los proyectos o de cerrarnos al desarrollo. El punto es no depredar la riqueza natural en función de proyectos de desarrollo irracionales. Se trata de estudiar y seleccionar los que tengan menor impacto - negativo - ambiental y sociocultural y sopesar debidamente cuánto nos beneficia y a qué actores beneficia más, para evaluar su conveniencia y aplicabilidad.
 
Otro tema de la agenda global, relacionado con el ambiente es el narcotráfico y los planes para combatirlo. Ultimamente se ha debatido en torno al Plan de ayuda de los Estados Unidos para combatir este flagelo en Colombia. Se ha criticado su componente excesivamente militar y se ha quizás subestimado el impacto ambiental: la deforestación de las plantaciones de coca a través de químicos altamente contaminantes.
 
Venezuela es un país aguas abajo: nuestros ríos se nutren en importante porcentaje de los cursos de agua dulce que nacen y llegan del territorio colombiano. Sin olvidar que con la avanzada contra el narcotráfico, los Estados Unidos establecen una red de vigilancia y detección del transporte aéreo de droga basada en radares y aviones de interceptación de sus fuerzas armadas, para lo que varios países americanos se niegan a conceder permisos de instalación en suelo nacional o de realización de sobrevuelos. Una vez más la soberanía entra en discusión.
 
CONCLUSIONES
 
· La problemática ambiental está ligada al desarrollo. El dilema es cómo desarrollarse generando el menor daño al ecosistema. Los requerimientos son educación (cualquier plan de desarrollo y conservación ambiental pasa por la propia conciencia de los habitantes del país); tecnología[15] y aplicación de la legislación existente;
· La presencia del Estado a través de instituciones que ejerzan funciones de vigilancia y el control de las zonas ricas en recursos naturales es esencial.

Esas zonas son, en el caso venezolano, zonas fronterizas (con Brasil por ejemplo, Estados Bolívar y Amazonas) altamente vulnerables por la extensión y dificultades de acceso. Las fronteras dejadas a su propia suerte o sólo con la asistencia de la Guardia Nacional se prestan a acciones de explotación indiscriminada (minería ilegal) con todo lo que ello implica (contaminación de ríos con mercurio, explotación indígena – presuntas manipulaciones genéticas-, inmigración ilegal, narcotráfico, prostitución, enfermedades endémicas) por parte de extranjeros en territorio nacional;
· Los proyectos integracionistas debidamente estudiados pueden ser otro instrumento de desarrollo. Queda de parte de los decisores el estudio de los distintos aspectos involucrados ( socioculturales, ambientales, jurídicos y económicos) a fin de obtener el mejor beneficio al más bajo costo, aprovechando la oportunidad de un contexto internacional en el que los requerimientos de recursos y energía marcarán las acciones y negociaciones de los actores;
· La interconexión con Brasil revela la importancia de profundizar la consulta pública. Si se omite este elemento se corre el riesgo de paralizar proyectos y generar más daños al ecosistema que los que se atribuyen al proyecto mismo (basta sólo revisar en qué modo fueron derrumbados los postes de EDELCA en el Estado Bolívar y sopesar el procedimiento utilizado por la empresa para su colocación - uso de helicópteros-) además de las consecuencias económicas e internacionales que implicarían el eventual incumplimiento de compromisos adquiridos;
· Este ensayo es sólo un intento de reflexión sobre los nuevos escenarios que se delinean en América Latina, la interconexión y los ejes carreteros representan una maraña de intereses y actores que pueden cambiar y afectar el proceso de toma de decisiones. Los aspectos ambientales y socioculturales en juego son sólo algunos. Si se consideran las rutas y los territorios a atravesar por los ejes podrían surgir otros (reclamaciones territoriales) que completarán la agenda regional y hasta global, en los próximos años, ocupando el interés de nuestras Cancillerías.

 
[1] En la Declaración de Brasilia del 01 de septiembre de 2000, los Jefes de Estados Suramericanos, acordaron fortalecer la integración física como elemento dinamizador del desarrollo económico y social de la región, a través de la construcción de ejes o corredores viales con miras a constituir un verdadero sistema integrado de transporte para el Continente.
[2] Encuentro Preparatorio de Viceministros de los sectores involucrados, en noviembre de 2000, en Buenos Aires – Argentina. Fueron identificados doce (12) ejes de Integración, seleccionándose sólo cinco: Eje MERCOSUR (San Pablo – Montevideo –Buenos Aires – Santiago); Eje Andino (Caracas, Bogotá- Quito- Lima – La Paz); Eje interoceánico Brasil – Bolivia- Perú- Chile. (San Pablo – Campo Grande- Santa Cruz – La Paz – Ilomatarani- Arique- Iquique); Eje Venezuela – Brasil- Guyana- Suriname; Eje multimodal (Orinoco- Amazonas- Plata (Incluye la Hidrovía- Paraguay-Paraná).
[3] Reunión Ministerial para la Ampliación y Modernización de la Infraestructura de América del Sur, 4 y 5 de diciembre de 2000, Montevideo – Uruguay. Fueron definidos y jerarquizados los ejes. El quinto fue: Brasil – Guyana – Suriname – Venezuela.
[4] I Reunión del Comité de Dirección Ejecutiva de la Iniciativa para Integración Regional de América del Sur, Santa Cruz de la Sierra, 27 de abril de 2001
[5] Gil Ricardo Salamé Ruiz: "Desarrollo económico sustentable", Análisis, El Globo, 21-09-00, p. 25
[6] El 4 de marzo de 1994 el entonces Presidente de la República, Rafael Caldera y su homólogo brasileño Itamar Franco, firman el “Protocolo de La Guzmania”.

Protocolo Adicional al Convenio de Amistad y Cooperación entre la República de Venezuela y la República Federativa de Brasil del 17 de noviembre de 1977. Con este texto los gobiernos de ambos países crean las bases para ejecutar proyectos económicos bilaterales, permitiendo que una “Comisión Binacional de Alto Nivel, con mandato amplio”, se responsabilice por “temas relevantes para la cooperación bilateral”, como lo constituye el suministro de energía eléctrica de Venezuela a Brasil, de acuerdo con las metas de ambos gobiernos; afirman el propósito de conjugar esfuerzos para promover el desarrollo armónico de la Amazonia, atribuyendo especial importancia a las iniciativas de cooperación fronteriza y coinciden en la percepción de que en el ámbito de los respectivos esfuerzos de desarrollo sustentable, protección del medio ambiente y respeto de las comunidades indígenas, la frontera entre los dos países puede y debe constituir un espacio de desarrollo e integración.
El 29 de enero de 1997, Centrales Eléctricas Brasileñas, S.A. (ELETROBRAS); Centrales Eléctricas del Norte de Brasil, S.A., (ELETRONORTE), el Ministerio de Energía y Minas de Venezuela, la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) y Electrificación del Caroní (EDELCA) firman el Memorándum de Entendimiento para el Suministro de Energía Eléctrica Venezuela-Brasil. Con este documento se acordaron los lineamientos para el suministro de energía eléctrica por parte de EDELCA a ELETRONORTE, a fin de atender la demanda de la ciudad de Boa Vista, estado de Roraima.
[7] Art. 119 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, 1999.
[8] La Reserva Forestal de Imataca, es el límite Norte del Parque Nacional Canaima.Fue declarada en 1961 y abarca una extensión de 3.6000.000 hectáreas de las cuales el 80 % aún se encuentran cubiertas por bosque húmedo tropical primario. Es una zona rica en recursos minerales, principalmente oro, bauxita y hierro, por lo que los intereses mineros en la zona datan del siglo pasado.

(Informe de la Mision UNESCO_UICN al Parque Nacional Canaima, Venezuela del 19 al 26 de mayo de 1999.
[9] Fecha reajustada, porque el contrato establece la culminación para julio de 1988
[10] El Memorándum de Entendimiento con Brasil deberá ser sometido a consideración de la Asamblea Nacional para su aprobación a fin que cobre características de ley y tenga validez plena; deberá además someter a su consideración la respectiva autorización para la desagregación del Parque Nacional Canaima y todas las medidas de impacto ambiental; la Contraloría General de la República deberá revisar los costos y las condiciones contractuales del Memorándum. Medidas sugeridas por la Comisión del Ambiente y Ordenación Territorial, aprobadas por la Asamblea Nacional en sesión plenaria del 05-06-01. (El Universal, 06-06-01, p. 2-2)
[11] Basta pensar en la sustitución de los cables de cobre por las fibras ópticas, en las latas de cerveza cada vez más sutiles y también en la capacidad adquirida en los últimos años, por las empresas para producir generando menos desechos industriales.
[12] En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima celebrada en 1997 en Kioto (Japón), los países industrializados se comprometieron, en un protocolo, a reducir las emisiones de los causantes del recalentamiento terrestre. El protocolo debe entrar en vigor en el 2002 si para entonces ha sido ratificado por al menos 55 de los 160 Estados participantes en la conferencia y que son responsables, en su conjunto, de 55 % de las emisiones de todos los países industrializados. El Tratado contempla la reducción de las emanaciones: hidrofluorcarbonos, dióxido de carbono, metano, óxido nitroso, perfluoruro y hexafluoruro de azufre (Pacto sobre recalentamiento", El Universal, 1115-06-01, p. 1-12)
[13] "Antonio De Lisio: "Riqueza Natural y pobreza social o el reto ambiental de Venezuela", Ambiente, El Globo, 5-6-01, p. 8.
[14] Durante la década de los 70, Venezuela perdió alrededor de 245 mil hectáreas de bosques por año cifra que se incrementó dramáticamente a un promedio de 600 mil hectáreas a mediados de los 80. (Según estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación)
[15] Plantas de procesamiento de los desechos industriales que no emitan gases contaminantes, imponer el uso de productosbiodegradables, producción de gasolina sin plomo …
 

 

 

 
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