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Opinión y actualidad

¡Magia en Galipán!
Carolina Jaimes Branger

 
Miércoles, 22 de agosto de 2001

Hace poco, mi amiga Iruña Urruticoechea nos invitó a visitar "el Museo", el Jardín de las Piedras Encantadas. El plan original era ir a "comer vasco" a Galipán, en Casa Pakea, un lugar cerca del cielo donde se come como en el cielo, y uno se siente en el cielo. Pero Pakea estaba full. Tan full, que no están tomando reservaciones hasta septiembre.

"No importa", dijo Iru. "Nos hacen la comida en Pakea, y nos la llevamos para el Museo". Ventajas de tener una amiga de ascendencia vasca.

Iru y yo hemos sido compañeras de luchas, de desesperanzas y de angustias ante la situación actual del país. Pero también lo hemos sido de ideales, de alegrías y de sueños sobre el futuro. Y si Iru dice que el Museo es una maravilla, es porque el Museo es una maravilla. Entonces, vamos para allá.

Nos paramos en Pakea a buscar la comida, y a disfrutar de la vista y la calma del sitio al que aún no habían llegado los comensales. Desde la terraza, casi que se puede tocar el Humboldt, casi que se puede oler el mar.

La carretera de Pakea hacia el Museo toma más o menos media hora.

El Museo de las Piedras, el Jardín de las Piedras Marinas Soñadoras. El Museo donde lo prohibido es no tocar, donde los hombres deben entrar acompañados por una mujer, porque todo el Museo es un homenaje a la mujer; donde los relojes se deben guardar, porque el tiempo del Museo es el tiempo de la visita, el tiempo del sol, y donde los zapatos se abandonan a la entrada, para que la experiencia de "sentir" las piedras se realice a plenitud.

En la puerta nos estaba esperando quien en una época se llamó Gonzalo Barrios Pérez, y ahora, después de haber encontrado el sentido de la vida, cambió su nombre por el de Zóez y se entregó a la Naturaleza. Cuenta él que el nombre Zóez fue una revelación, y que más tarde descubrió que, por una maravillosa coincidencia, significa "vida" en varios idiomas y dialectos antiguos.

Él es la vida misma del Museo. Nos explica sus teorías sobre el origen de la vida y la fecundación del huevo cósmico. Las piedras van contando la historia. Cada piedra tiene su razón de ser y de estar. Zóez dice que las piedras le hablan. Le hablan de armonía, de participación. La primera ley del lugar es la armonía y la polémica es delito. La segunda es la participación y no la competencia. "Al revés que allá afuera", dice sonriendo. Por eso debe ser que se siente tanta paz.

El jardín está dividido en tres etapas, que se visitan de manera guiada, con Zóez o con su asistente. En la parte más alta, hay una placa grabada "Reminiscencia", en la que cuenta su historia el poeta Gonzalo Barrios Alfonzo, padre de Zóez, a quien indistintamente llaman "El Poeta del Avila" y "El Poeta de Galipán".

Conocer a Gonzalo Barrios Alfonzo al finalizar el almuerzo, fue el postre perfecto. Fue descubrir de dónde proviene la magia de Zóez. El poeta, que vive en Galipán desde hace muchos años, expresa sus sentires a través de sus poemas. Poemas sencillos, diáfanos, se diría que en momentos hasta ingenuos, pero de una profundidad comparable a la del mar que enmarca la casa por la parte de abajo, cuando la casa se perfila contra el horizonte.

El poeta sabe cuándo son las seis y veinte de la mañana porque el sol apunta en el picacho, y oye el trino del gonzalito (Canto a Galipán).

El poeta siente el extremar del verano como la época en que "se adormece el río y muere el alma de las plantas" (Canto a Noris Aguirre).

El poeta se pregunta, "¡Barco de mi alma! ¿dónde está el puerto?" (El Barco de mi alma), y él mismo se responde, cuando dice de su mujer, Vestalia, "Al cabo de un tiempo, una mujer tocó las puertas de mis sentimientos. Le expuse algo, le hablé de mi mundo, y le gustó tanto que entró en él" (Reminiscencia).

El poeta le ha cantado al Golfo de Venezuela. El poeta le ha cantado al poeta Andrés Mata: "de un poeta a otro, con profunda admiración".

El poeta le cantó a Iruña:

"Te pareces a la Aurora
En el primer día del nacimiento Universal!!!

Hay Luna llena y campo claro
en el mirar de tus ojos apasionados"

El poeta me cantó a mí:

"Cuando dejes tu mirada
en los cielos de estos prados
te recordarán los pensamientos
de este jardinero"

Yo también me traje un pedazo de la magia de Galipán en mis pensamientos. De la magia de las piedras encantadas. De la magia del culto a la mujer. De la magia del sol que da las horas. De la magia del hijo a quien le hablan las piedras. De la magia del padre que le canta a la vida.

Hay unos estupendos reportajes sobre el Museo, realizados por Miguel Blanco y Ana Luisa Figueredo, que se pueden visitar en Venezuela Analítica, en las siguientes direcciones:

Si deseas visitar el museo ecólógico, debes hacerlo previa reservación (para que Zóez tenga un estimado de los asistentes). Puedes llamarlo al 016-628.88.74

 

 

 
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