La desaparición física de Úslar Pietri no deja de ser un hecho natural, a
los 94 años había vivido lo que tenía que vivir; entonces alejémonos de los
convencionalismos y entremos a analizar el vacío que él deja.
Antes se fueron Juan Liscano, Juan Nuño, García Bacca, Cabrujas, Herrera
Luque, Denzil Romero y tantos otros que sería largo enumerar. Con cada una
de esas muertes fueron quedando grandes vacíos, vacíos que nuestra sociedad
parece no estar en capacidad de cubrir, y de aquí el drama venezolano.
Con una educación desarticulada, la privada dándole más importancia al
negocio que ella supone y la pública sumida en la mediocridad fruto de un
sindicalerismo destructivo; no es dado pensar que el legado de Úslar o de
cualquiera de los otros mencionados pueda ser ponderado.
La figura de Úslar, como la de Cabrujas, estuvo apuntalada por su presencia
televisiva. ¿Pero quién hoy dentro de ese inmenso público televidente está
en capacidad de recordar alguno de los programas en los que él intervino?
Julián Marías declaraba al ABC: "Su figura ha sido estimada y reconocida,
pese a que quizá le ha pasado lo mismo que sucede con otros escritores
hispanoamericanos, que son muy citados y conocidos pero poco leídos" Esa
afirmación, reveladora además de un profundo Eurocentrismo, tiene mayor
vigencia por estos lares, por cuanto sí bien es cierto que en Europa
existen o han existido unos cuantos cientos de "uslares", que pudieran
restarle primacía; nosotros sólo hemos contado con uno. Sólo hemos contado
con uno que vendimos cual detergente. Que consumimos con la misma celeridad
con la que se engulle una hamburguesa, de la cual nunca habrá de quedar un
recuerdo perdurable.
Su legado está allí. En unos cuantos libros, en cientos de videos, en
cientos de entrevistas, en miles de artículos, en algunos fascículos
coleccionables, en los que fue plasmando su visión de Venezuela y del
venezolano. ¿Cuántos los atesoran? ¿Cuántos los recuerdan? ¿Cuántos los
ponderan en su justo valor?
Retomando, de este lado del océano, lo afirmado por Julián Marías. No es que Úslar haya sido poco leído, es que Uslar en vida simplemente fue ignorado.
Fue ignorado porque siempre se constituyó en un ser que nadaba a
contracorriente. Incansablemente repitió que había que sembrar el petróleo;
mientras que el petróleo se dilapidaba. Ni a gobernantes ni a gobernados,
les convenía la prédica. Ya casi al final de sus días clamaba indignado
contra el 5 y 6 y cualquier otro tipo de juegos de azar que de manera
alarmante proliferan. Ni a gobernantes ni a gobernados, les agradaba la
invectiva. Fue el exponente del hombre culto en un país en el que campea la
incultura. Ello asustaba a los gobernantes quienes poco o nada tenían que
proponer, quedando ante él vestidos de ignorancia. Ello desagradaba a los
gobernados, quienes incapaces de superarse hicieron denuesto de él
tildándole de prepotente, de engreído. Fue crítico en un país en el que la
sana crítica es tenida por insulto, por maledicencia. Su crítica irritaba
por igual a gobernantes y gobernados. Úslar y Vallenilla Lanz develaron la
autentica esencia y herencia del venezolano, pero como la revelación de lo
develado no se correspondía con lo que el venezolano cree que es, se
prefirió ignorar la revelación y cubrirla con el manto del prejuicio
aristocrático para el primero y “positivista” para el segundo.
Muere Úslar y parece que está bien muerto, en lugar de estar bien vivo. Bien vivo en su legado. Para que él viva resulta imperativo leerlo, ¿pero quién
lee hoy en día? Muere Uslar y su figura no trasciende más allá de la nota
necrológica. ¿Acaso éste no era un muerto para más de un especial de
televisión, tanto en la pública como en las privadas? Por lo visto ¡No!
Sus restos, que no sus enseñanzas, fueron sepultados el 28 de febrero; su
tránsito se había producido el 27, día para mí tan aciago como aquel otro.
No fui a la Guairita, preferí enclaustrarme con él en la biblioteca y
retomar La isla de Róbinson, para releer lo que hace ya 20 años
escribiera:
“Esta independencia que hemos proclamado no es sino un armisticio, una
suspensión de las armas. Hay que hacer pueblo, hacer dirigentes, formar
republicanos sobre una herencia de despotismo y monarquía. Cómo puede
ejercer soberanía el pueblo si no lo hemos preparado. Este soberano ni
aprendió a mandar, ni manda y el que manda a su nombre lo gobernará, lo
dominará y lo esclavizará. Qué soberanía puede ejercer un pueblo ignorante y pobre. No hay que esperar de los colegios actuales lo que no pueden dar, están haciendo Letrados, no esperen ciudadanos”...
... “Garrapateaba en la hoja: ‘PRECEPTOS SOCIALES: Objeto principal de la
ESCUELA! ... Lo demás que se enseña en ella se reduce a dar MEDIOS DE
COMUNICACIÓN, como HABLAR, ESCRIBIR, CALCULAR, etc. ... Acostúmbrese al niño
a ser
Veraz Consecuente
Fiel Generoso
Servicial Amable
Comedido Diligente
Benéfico Cuidadoso
Agradecido Aseado
A RESPETAR LA REPUTACIÓN Y A CUMPLIR CON LO QUE PROMETE...
...“¿Todavía me tiene usted por loco?” ... “Se podría hacer la historia de uno de estos logreros surgidos con la Independencia. Cualquiera que
escogiéramos al azar serviría para el caso. Uno de tantos hombres sin
formación, sin principios, sin ideas. Usted y yo los hemos conocido por
centenares, bastaría con acercarse a la casa de gobierno de la más modesta capital para topárselos en su faena. Algunos han tenido valor personal, otros ni siquiera eso. Simple atrevimiento para trepar y arrebatar, ayudados por su propia ignorancia. Pero son liberales, ¿qué quiere usted? Son los campeones de la democracia y de la igualdad”.
Su epitafio bien podría ser esta sentencia surgida de su genio:
Entre los Médicis y Savonarola ganaron los Médicis.