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Imaginación y virtuosismo del XV Festival de Música Latinoamericana Roberto Palmitesta Lunes, 19 de mayo de 2008
En la jornada desarrollada en el Centro de Arte La Estancia, el público descubrió nuevas formas de vida dentro del mundo académico. Lo abstracto, la inventiva, el caos, los ambientes de drama y la música que apela a diferentes estados emotivos se hicieron presentes con las obras interpretadas. Primero, la Filarmónica Nacional dio vida al concierto para violín y orquesta, compuesto por Karen Husa, donde el experimentado Luis Morales Bance estuvo en plan estelar. La obra de Husa al principio sorprendió a buena parte del público que esperaba música con melodías solventes, comunes en la música académica de los grandes clásicos, pero se encontraron con lo opuesto. Pero luego las caras de asombro cesaron y los ojos de los presentes se sumergieron en el escenario, descubriendo una forma distinta de hacer música, caótica, abstracta y abundante en cambios de tiempo. El salvadoreño Germán Cáceres dirigió con mucha elegancia y se comportó como todo un caballero, tanto con los músicos de la orquesta, como con el público que gentilmente le aplaudía. Las emociones aumentarían con el Concierto para piano y orquesta No. 1, original del guatemalteco Dieter Lehnhoff – quien estuvo presente – donde el joven pianista costarricense José Luis Quesada lució todo su virtuosismo y potencial como intérprete. La pieza sumió al público en un clima de suspenso y drama. Las expresiones de la gente eran similares a las del público que esta presenciando una película de terror en una sala de cine. Quesada es un pianista muy emotivo y expresivo, tanto con los gestos faciales, como con sus movimientos, lo que le otorgó aún más intensidad al recital. “Tomé como inspiración mis vivencias, es una obra vivencial, de diferentes estados de mi vida. Tiene mucho nihilismo, en realidad no se de donde saqué esa onda tan nihilista para escribir esta pieza”, afirmó Dieter Lehnhoff al terminar el concierto. El concierto que se realizó en la noche, en la José Felix Ribas fue mucho más íntimo y sublime que el encuentro de La Estancia. El clarinetista Jorge Montilla fue la estrella, interpretando como solistas, varias obras compuestas para su instrumento. Montilla compartió responsabilidades con el virtuosos Serguei Pylenkov en el piano, para dar vida al “Zarabandeo” del mexicano Arturo Márquez y también para interpretar “Dos miniaturas medievales” de la venezolana Adina Izarra, una de las más aplaudidas de la noche. Pylenkov se robó la admiración de la audiencia por sus grandes dotes con el piano. Javier Montilla, consagrado flautista y miembro de la agrupación Pabellón Sin Baranda, acompañó a su hermano para interpretar en dueto de flauta y clarinete, la pieza “Guasa macabra”, original del también venezolano Paul Desenne, uno de los compositores contemporáneos más reconocidos de la escena local. Quien se mostró sorprendido fue el propio Alfredo Rugeles, con la interpretación que Jorge Montilla hizo de su obra “Inventio”, para clarinete solo, compuesta en 1976. “Nunca había escuchado esa pieza interpretada de esa manera, estoy sorprendido, de verdad que Jorge Montilla es increíble con el instrumento”, exclamó Rugeles. La noche cerraría con broche de oro, cuando Jorge Montilla diera vida a su propia composición “Four for four” para cuarteto de clarinetes. Cuatro músicos, cuatro tipos de clarinetes y una sección de la obra para que cada uno de destacase: joropo, merengue, son y finale. La pieza impresionó a propios y extraños. Montilla tuvo que salir varias veces a recibir aplausos y hasta se quedó casi media hora después de concluido el concierto, recibiendo al público que fue a felicitarle o a pedirle fotos y autógrafos.
Foto:Roberto Palmitesta
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