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Henri Pittier
Eduardo Casanova

Miércoles, 17 de octubre de 2007

No lejos de Ginebra, en pleno campo, en un pueblecito del Cantón de Vaud, llamado Bex, en Suiza, nació en 1857 Henri François Pittier, destinado a dejar una huella inmensa en Venezuela, luego de haberla dejado en Costa Rica, en los Estados Unidos y en el mundo entero. Lo recuerdo como un hombre alto y corpulento, con una voz más bien aguda y una presencia que imponía. Para todo el mundo era el Doctor Pittier, o el sabio Pittier, para mí era “el viejo” Pittier, suegro de mi tía Berta Sucre de Pittier, padre de mi tío Emilio y, sobre todo, abuelo de mi primo hermano Emilio Pittier Sucre, que desde que tengo uso de razón ha sido más bien mi hermano mayor, muy querido, que mi primo. Tendría yo diez años cuando aquel señor, de verdad imponente, que tenía noventa y uno, me invitó con una sonrisa a subir al Ávila, proeza que hoy, a mis casi sesenta y ocho, yo sería incapaz de lograr. Hoy sé que era Ingeniero Civil y Doctor en Filosofía graduado en Alemania y en Zurich, y que fue profesor en colegios y universidades antes de atravesar el Atlántico para establecerse en Costa Rica a los treinta años. Que en Costa Rica fundó el Observatorio Meteorológico y desarrolló una labor científica de primera importancia. En 1901 se fue a Estados Unidos, y en 1907 publicó una obra llamada “Primitia Flora Costaricencis”. Como botánico se interesó vivamente en las plantas tropicales, y en 1913 visitó por vez primera Venezuela, para asesorar la instalación de una escuela de agricultura en Maracay. Luego de cuatro años de ausencia, regresó a nuestro país en 1917, y por último, se instaló entre nosotros en 1919, para iniciar un trabajo titánico y formar una auténtica escuela de científicos, entre quienes destacaron Francisco Tamayo y Tobías Lasser. Se encargó por algún tiempo del Observatorio Cajigal, y desde 1936, gracias al gobierno de Eleazar López Contreras, se convirtió en Jefe del Servicio Botánico del Ministerio de Agricultura y Cría. Fue el creador del Parque Nacional de Rancho Grande, hoy Parque Henri Pittier, y publicó muchísimas obras, entre las que destaca el “Manual de las Plantas Usuales de Venezuela”, publicado inicialmente en 1926 y que es una obra clásica que aún es de uso fundamental para quien quiera sabe algo sobre la flora venezolana. Pero su bibliografía llega a unos 300 títulos. Esa fue su vida pública, que se cortó con su muerte en enero de 1950, a los noventa y dos años. La privada también fue ejemplar, y le dejó a Venezuela una familia Pittier que, con gran orgullo y alegría para mí, es parte importantísima de mi familia inmediata


 
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