Despedida de un gran literario Gabriel García Márquez
Martes, 22 de noviembre de 2005
“Si
por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me
regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera”.
Posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo
que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que
significan. Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que
cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás
se detienen, despertaría cuando los demás duermen. Si Dios me obsequiara un
trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando
descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma. A los hombres les probaría
cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin
saber que envejecen cuando dejan de enamorarse! A un niño le daría alas, pero
le dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la
muerte no llega con la vejez, sino con el olvido. Tantas cosas he aprendido de
ustedes, los hombres... He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima
de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir
la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera
vez el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre. He aprendido que un
hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a
levantarse. Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero
realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa
maleta, infelizmente me estaré muriendo. Siempre di lo que sientes y haz lo que
piensas. Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te
abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.
Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría “te
quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes. Siempre hay un mañana
y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me
equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero,
que nunca te olvidaré. El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo.
Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más,
hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que
no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy
ocupado para concederles un último deseo. Mantén a los que amas cerca de ti,
diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma
tiempo para decirles “lo siento”, “perdóname”,
“por favor”, “gracias” y todas las palabras de amor que
conoces. Nadie te recordará por tus pensamientos secretos. Pide al Señor la
fuerza y sabiduría para expresarlos. Demuestra a tus amigos y seres queridos
cuanto te importan.”