Sección: Arte y Cultura
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Breve historia de Maracaibo
Américo Gollo Chávez.Lunes, 7 de septiembre de 2009
Cuenta una leyenda, que sólo se escucha entre poetas, que Prometeo logró escaparse de su duro castigo, y que dejó la sabiduría de los dioses sembrada entre la gente que daba vida al Lago Coquivacoa y de él bebían sus aguas para vivir y en él pescaban y jugaban para no morir. Del mismo modo, se fue hasta el sur del lago y para que se iluminaran las noches y se pudieran contemplar los sueños en sus idas y venidas del cerro a las aguas, sin tropezarse en sus viajes, les inventó el Relámpago del Catatumbo, mucho más cercano y mas perfecto en marcar el destino que la Estrella Polar, guía durante las noches de los mares y océanos abiertos.

Eso ocurrió a su debido tiempo, alrededor del siglo XII antes de Jesucristo y Prometeo venía montado en una canoa, probablemente construida por los navegantes Incas, quienes fueron los primeros en llegar desde sus playas hasta el Japón, descansando en la Polinesia para el reposo de tan largo viaje. Y tan verdad es esta historia que cuando Fujimori, miles de años mas tarde, ya en nuestra era, fue electo presidente del Perú, sin reticencia o resistencia alguna, ni siquiera por los blancos criollos que allí habitan, la gente toda saludó en él a uno descendiente legítimo del imperio Inca, sin interrogarse sobre su linaje, convencidos como están que la sabiduría toda de sus antepasados se fue completa en esos viajes y que hoy vive en Japón con tanta eficacia que ya nadie se preocupa por su origen si no de los progresos sin frenos del Japón.
Así fue, entonces, como Prometeo recibido fue por los habitantes, que eran muchos, entre quienes se destacaban según su geografía, los zaparas, bobures, toas, añú wauyyu…y muchos más, que descendían de los arahuacos. Diversidad de etnias todas según versiones de los blancos y de los historiadores de oficio según las enseñanzas y juicios de su propia raza, lo cual hace que se dude de su palabra pero que, por ahora, tengámoslas por ciertas. A decir verdad, tampoco es importante si fueron falsas o inexactas, como es poco relevante, insignificante quizá, que los motivos de los tejidos guajiros sean así porque así son los patrones nunca por ellos vistos ni sabido, pero es de ellos la puntada en el color exacto. Poca significación alcanza igualmente que Mara haya no existido, ni que en sus actos de guerrero ficticio haya engendrado con su rendición el nombre de la ciudad, mara cayó. Maracaibo fue el grito que nadie nunca oyó, pero fue así, porque hay que hilar y liar muy fino para cubrir semejante inferencia.
En lugar de tan épicos actos pudiera ser verdad que corresponde a estos habitantes primeros, el nombre a la ciudad, Maracaibo, que según los expertos sonaba Maa-ra-iwo (Maracaibo). Es de suponer que a Ambrosio Alfinger, el primer “fundador”, por su acento y cualidad de su alemán decía perfectamente Maracaibo, y así grabó su nombre, ocurrió aquello en Septiembre de 1535. Según un sabio descendiente de los Jiraharas, Havid Sánchez, Alfinger había sufrido mucho en el viaje, venía cansado, extenuado casi y exclamó, recostado en su memoria de anhelos del otoño en Ulm, Quedémonos aquí que hace fresquito. Wir müssen hier bleiben, es ist fresch y destapó la última cerveza que conservó del viaje y que lo acompañaba desde München. No mucho más se supo de él ni de sus sombras que deambulan por estos lugares según son verdaderos los documentos de Kurt Nagel, alemán maracucho sin dobleces.

Luego aparecen los enredos propios de los recién venidos y de los nuevos invasores, como debe decirse, si atendemos las recomendaciones del señor presidente de la Venezuela de hoy, para quien no hubo descubrimiento ni nada de esas cosas, sino invasiones malsanas que acabaron con esto que era bello, bonito, bueno, socialistas fueron y eran los invasores imperialistas y así son, de lo cual no escapan antecesores suyos, probablemente venidos ellos también allende el Atlántico, pero de quienes se puede renegar y maldecir pues no tuvieron ni dinero ni gloria ni originales padres y sus labores en lugar de descubridores o señores del mando fueron de trabajos dudosos, y sin darse el tiempo necesario para establecerse según sus banderas eróticas se vieron envueltos en las fundaciones y refundaciones, y en eso andaban y un señor español, llamado en mas detalles y por mejores señas, Alonso Pacheco en 1569 le da el Nombre de Ciudad Rodrigo de Maracaibo y sin saber si terminó con esto se rebautizó como Nueva Zamora Laguna de Maracaibo, en 1574, por Juan de Maldonado, quienes, en ambos casos, por circunstancias no previstas ni bien documentadas emigraron de aquí tan rápido como les fue posible. Dejaron eso sí los necesarios hombres, lacayos de ese imperialismo según repite envuelto en color rojo el presidente, para controlar y también se quedaron –por mas que obvias razones - los inválidos, pero lo importante fue que estuvieron juntos y así siguieron, nuestros aborígenes, los alemanes, los españoles y detrás de ellos y con ellos Prometeo y los dioses indígenas con los cristianos por esta línea de los diversos Maracaibo, que son muchos en su origen, pero uno en su heterogeneidad se unieron.
Muchas cosas más ocurrieron después en el camino, y años mucho más tarde, llegaron otros invasores, paisanos de Prometo quien vino primero como quedó dicho y establecido, vinieron pues con entusiasmo y se registraron en sus almas donde buscaban más y mas aventuras, y se demostró que era cierta la resurrección en sus nombres como, Apolonio, Alejandro, Hermes, Elímenas, Abdénago, Sócrates, Clédigo, Dídimo… , dice la Leyenda que Udón Pérez, entre otros, tuvo que ver con ellos y que fue su guía, tal las visitas que con frecuencia recibía de Dionisio, en un bar muy famoso, el Maracaibo Ilustre, fósil hoy, y todos esos nombres y sus combinaciones maravillosos generaron mejores nombres y los nombres engendran a los hombres.

Viene una larga historia, que según unos se expresa en su tendencia a garantizarse autonomía, lo cual se debe a su privilegio geográfico, que la hace la puerta al Caribe y al Continente, a través de su lago y a la tenacidad de sus habitantes cultores del trabajo, del arte, de la ciencia y, ha de sumarse la incomprensión de los gobiernos centrales que, por diversas razones, dieron trato discriminatorio al estado y a su gente, que tuvo expresiones muy graves hasta proponerse su disolución, para que Maracaibo no existiera más y se fuera a Falcón, para hacer de Capatárida la capital del nuevo estado; mas tarde el cierre a su Universidad, porque era innecesaria y tan deficiente, tan mala, según El Cabito, hoy, por cosas del proceso, Señor General revolucionario, Castro, que hasta un paisano suyo, compadre suyo, pudo recibirse en ella de abogado. Hay quienes niegan esta versión mucho más porque les angustia el valor de la imagen que por cuanto ella dice exactamente, pero, por esas cosas de la historia, se siguen graduando abogados.
Pero si la grandeza de este pueblo se comprueba en su arte, en su ciencia, en sus creaciones, sus iniciativas y creaciones de bancos, periódicos, Maracaibo es una ciudad excepcional por su humor, por su música, danzas, contradanzas, valses entre ellos el Diablo Suelto que es emblema de la cualidad de la música venezolana. Y la gran dama musical, La gaita, bueno, no tan dama. La Gaita que, como dice Rafito Molina, nace en la Iglesia, en las reuniones familiares, en la pulpería, es la expresión de los de abajo, como lo era el tango, pero mientras éste es la obra del desgarramiento, el adulterio, uno que otro parricidio, matricidio, el sufrimiento, filicidio, aquella es mas bochinche, porque quien ha de preocuparse por la muerte si está segura, o amargarse hasta el colmo por los cachos que conforman el pundonor del Caribe, y honra a quien con dignidad los exhibe, ella sin él o él con ella. La gaita, es la algarabía, el juego de Eros libre asido sin complejos con manos de aventuras en charrascas, furros, cuatros, hasta llegar al hoy convertida en empresa y maracas bajos, cuatros, tamboras de marcas japoneses, empresas unas poderosas, otras manufactura que afincan su calidad en función del mercado del disco, y hay hasta quienes afirman que se emplean dentro de ese juego como mercancías para el uso político inmediato, en donde el arte aparece muerto convertido en panfleto o inicua bufonada, contraria a su origen, colmado de ironía, de lección cuando se adentraba en espacios abiertos de la política y otras excrecencias del hombre. Gaitas de todos sabores y ritmos, y no podrá faltar la gaita regatón, la gaita jazz o cosas de esas, de esas cosas de la gaita de la postmodernidad, que en Maracaibo nació mucho antes que la modernidad. Y esta será una de las características fundamentales de esta ciudad: la postmodernidad, tal como hoy la venden y precian, nació unos cien años antes de la modernidad. Por ese proceso tan especial la mujer tuvo un gran papel en la historia de Maracaibo. Su valor heroico y su valor erótico que exhalan sus cuerpos de palmeras en pinturas de Rafael Rincón González, conforman parte de la gran retórica poética de la región, pero mucho más que eso de las más lujuriosas fantasías vírgenes. Entre estas damas, una ha jugado un papel vital, de madre, protectora, celestina para la belleza y otras aspiraciones del alma, La Chinita, venida a esta ciudad para refundarla para siempre. Llegó en una tablita después de haber salido de Belén, atravesado el Atlántico, posiblemente con descanso en Colombia y sometió a su amoroso imperio a toda la región, historia que deberá ser contada por San Sebastián con lujo de detalles. Un de tantos extranjeros que hicieron de esta ciudad su casa plena.

La escritora Milagros Socorro afirma, creo haber visto eso por ahí, de aquel tiempo el de primeros orígenes, porque Maracaibo tuvo primeros, segundos y terceros orígenes:“La característica fundamental de la cultura zuliana está en su origen popular, por oposición a los ghettos de las élites, enclaustradas, tal como bien traduce el verso, Esa trigueña hizo el cebo, conmigo en El Saladillo.Es de hacer notar, tal cual cronista, como una nota triste, que El Saladillo fue destruido por y bajo el gobierno de Caldera, el Tomás Funes de esta ciudad y de esta región en períodos de la Modernidad, con el beneplácito de las élites, de esas sin pedigrí pero que se hicieron según las mordidas de la política y con la tristeza del pueblo que, otra vez, la Gaita en su valor poético protestó con brillantez, en la voz de Goterita.
La piqueta, esa que denunciaba la gaita, no acabó con Maracaibo que está en peligro siempre, acabó con todo, y lo que quedó en pie lo destruyó la plaga petrolera, que llegó sin llegar a Maracaibo, o llegó como plaga, al decir del poeta Nazoa; y hoy vive el riesgo de ser convertida en la primera ciudad de Venezuela, voz de un ex-acalde romano, y la primera de América y casi la primera del mundo, según voces de candoroso chauvinismo, pero a pesar de tan cálida euforia esa modernidad no ha podido con su poesía, su gran humor, la belleza de su habla, hablar en vos correctamente y la bondad de las caderas marabinas, todo ello y más nos permite asegurar la eternidad de Maracaibo.

Sus desgracias modernas han sido descubiertas de manera sencilla por la gaita, la verdadera, del poema, del canto, la alegría, la rebeldía, “Maracaibo ha dado tanto que debiera de tener carreteras a granel con morocotas de Canto” y Alí, el de Falcón, como tantos otros zulianos extranjeros, nos previno de la necesidad de salvar el Lago, porque si se muere el Lago se muere la gente. Y el lago se está muriendo aceleradamente. Pero en esta primera ciudad de Venezuela cuantas cosas sobran por mediocres y malas. Cuantas faltan por buenas. Estas serán posible cuando el arte y la ciencia, la tecnología anden sueltas por las calles nuestras. Cuando puedan sentarse juntos los poetas, los sabios, los músicos, pintores, gaiteros, decimistas, doncellas y cuenta cuentos viejas en un bar donde todos quepamos construyendo en colores y podamos re-crear a Maracaibo sobre su historia vieja y la no hecha. Total nada nos cuesta, es llevar al futuro sus orígenes.







