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Uslar Pietri y la educación
Víctor Guédez

 
Miércoles, 31 de mayo de 2006

En un discurso, pronunciado en la Universidad de los Andes en 1963 y titulado “Una educación para la vida”, Arturo Uslar Pietri sintetizaba algunas preguntas que ahora, luego de 33 años, adquieren una presión apremiante y promueven una vigencia estremecedora. Cuatro eran las interrogantes: “¿Qué estamos haciendo con nuestros jóvenes? ¿De cuáles sistemas y dispositivos disponemos para recibirlos, guiarlos e incorporarlos atinadamente a una vida útil para ellos y a una obra de desarrollo correcto del país? ¿Estamos listos para manejar y dirigir ese inmenso capital de juventud, de energía, de esperanza o, por el contrario, no podremos hacer otra cosa que despilfarrarlo, desaprovecharlo o, lo que aún sería peor, convertirlo en factor negativo y en lastre para el avance social y económico de la nación? ¿Tiene nuestra educación una respuesta adecuada que ofrecerle a las ansias y a las premuras con que esa ávida y material muchedumbre surge en el horizonte de nuestro quehacer histórico?” Más dolor que aliento producen las posibles respuestas a estas preguntas, ya que es mucha la desesperanza que resulta de observar que, si durante muchos años se cometió el error de formar consumidores de riqueza y de conocimiento ahora, en lugar de reorientar el esfuerzo hacia la idea de productores de riqueza y conocimiento, se privilegian las intenciones adoctrinadoras y revanchistas. El drama de nuestros días es que estamos siendo testigos de visiones regresivas que intentan convertir el pasado en la legítima perspectiva del país. En el marco de esta extemporánea distorsión se hace necesaria la evocación de quien –junto con Simón Rodríguez, Andrés Bello, Cecilio Acosta y Luis Beltrán Prieto? constituye uno de los más emblemáticos educadores de Venezuela.

Arturo Uslar Pietri no fue exclusivamente un educador pero fue esencialmente un educador. En efecto, él no estuvo encerrado, de manera absoluta y excluyente, en ninguna de las disciplinas intelectuales que cultivó, más bien, fue un hombre polifacético. Sin embargo, el amplio dominio de tantos campos del saber lo ejerció con la intención reiterada, y casi obsesiva, de comunicar, transmitir y transferir, con lo cual demostraba que la vocación educadora constituía el núcleo desde el cual emanaban las fuerzas centrífugas y centrípetas de su esfuerzo humano. Todo lo que sabía, lo sabía, porque sabía que la educación era el mejor medio para saber de si mismo y de su tiempo. Pero, asimismo, todo lo que sabía, lo sabía, porque sabía que la educación era también el mejor medio para relacionarse con los demás y para crecer con los otros. Desde esta perspectiva se entiende que Arturo Uslar Pietri no vio a la educación solamente como un educador, la acometió como todo lo que era y desde todo lo que pensaba. Reflexionó sobre ella con todo lo que sentía y a partir de todo lo que aspiraba. La entendió como una expresión relacionada con el origen de todo, como un acontecimiento asociado con la naturaleza de todo y como una referencia vinculada con el destino de todo.

Al sistematizar formalmente sus actividades y aportes en materia de educación, tendríamos que recordar que en 1937 fue designado profesor de la cátedra de Economía Política de la Facultad de Derecho de la U.C.V. Esta dedicación por la economía derivó en la creación de la Facultad de Economía en 1938. El ejercicio de dicha cátedra le permitió organizar una copiosa información sobre la materia con lo cual compensó la ausencia de textos producidos en el país. Ello lo condujo a la publicación de un libro académico de titulo “Sumario de la economía”. También, dentro del mundo universitario, fue fundador de la cátedra de Literatura Venezolana de la U.C.V. y autor de otros dos textos académicos: “Breve historia de la novela hispanoamericana” y “Sumario de la civilización occidental”.

Desde el mismo año que comienza su labor docente, se entrega con una devoción y una dedicación ininterrumpida a escribir y opinar sobre la educación. Su primer artículo fue sobre la escuela rural y lo publicó en la revista Elite. Desde ese momento no abandonará la reflexión continua sobre los temas del niño, del maestro, de la escuela, de la calidad de la educación y, en general, del impacto de estos asuntos en el destino de Venezuela. Esa identificación intelectual y afectiva lo conducen al Ministerio de Educación durante el periodo presidencial del General Eleazar López Contreras. Asumió la responsabilidad del Ministerio siendo muy joven y con las limitaciones asociadas a la segunda guerra mundial. Ejerció esta cartera desde el 19 de julio de 1939 hasta el 3 de marzo de 1941. Durante estos escasos veintidós meses desarrolló iniciativas y concretó realizaciones de fuertes repercusiones. Algunas cifras muestran resultados reveladores: en 1936, el índice de analfabetismo en Venezuela superaba el 70% de la población adulta, mientras que para 1941 se había reducido a 57%. En 1936, sólo estaba inscrita en las escuelas 20% de la población en edad escolar, mientras que para 1941 se contaban 4.663 planteles federales. Asimismo, puede destacarse que para el año 1935 habían dos escuelas normales federales y un plantel privado con apenas 141 inscritos, en cambio para 1940 funcionaban cinco establecimientos federales y catorce privados, con un total de 1.105 estudiantes.

Pero su aporte rebasaba lo simplemente cuantitativo. Cabe reseñar, en una dimensión cualitativa, que impulsa y crea escuelas normales con la clara intención de favorecer la calidad del trabajo docente. Paralelamente y con el mismo propósito, promueve la capacitación de los maestros en ejercicio mediante actividades que van, desde cursos de verano, hasta iniciativas por correspondencia. A estos esfuerzos se añade su renovado empeño por especializar la enseñanza en el campo dentro del foco de vincular la educación a las características regionales y a las exigencias propias de los ambientes rurales. Con esta idea concibe una escuela normal rural con lo cual se convierte en un antecesor de las políticas de regionalización. En el orden de sus contribuciones deben subrayarse sus gestiones para la aprobación de la Ley de Educación de 1940, esfuerzo en el cual no había alcanzado éxito su antecesor, Enrique Tejera. Arturo Uslar Pietri le imprime su visión a esta Ley, muy especialmente en una de sus ideas más consecuentes: convertir la escuela primaria en “la clave, la esencia y la condición necesaria de todo sistema educacional”. En este proyecto se estableció la gratuidad y obligatoriedad de la educación primaria elemental. La Ley entró en vigencia en septiembre de 1941.

Debe destacarse, desde una perspectiva propiamente pedagógica, su preocupación por estimular la dedicación y el rendimiento estudiantil. Amparado en esta idea establece el requisito de efectividad y buena conducta para repitientes y fomenta el reconocimiento a los estudiantes de mejores promedios. Asimismo, estimula el concepto vocacional y la orientación de la educación hacia las necesidades del desarrollo del país. Para ello, establece dos ciclos para la educación media: uno dedicado al bachillerato general con una duración de cuatro años, y otro de especialización preuniversitaria, de dos años. Las ideas de diversificación también fueron objeto de un importante impulso. En varias ocasiones sostuvo que el concepto unilateral y lineal del sistema educativo encerraba la secuencia de los estudios e impedía salidas eficientes hacia profesiones prácticas. Inspirado en esta razón, promovió la expansión de los programas de las escuelas técnicas, especialmente las relacionadas con la educación técnica industrial, la de artes y oficios para mujeres, y la de artes plásticas y aplicadas.

La idea básica que sirvió de marco a sus reflexiones y acciones a favor de la educación siempre fue la de vincular la educación con la vida, es decir, con la realidad histórica, económica, social e individual de las personas. En más de una oportunidad, sostuvo que la misión que ella debe asumir es la de “enseñar a vivir”. Quizá, esta sentencia fue la que lo llevó a ejercer su magisterio en espacios más abarcadores que los proporcionados por los recintos de la educación formal. Por eso, ejerció su vocación educadora y asumió sus acciones pedagógicas, también por las vías de la comunicación social así como mediante los recursos propios del ensayo y de la divulgación periodística.

Uno de los esfuerzos más sostenidos e influyentes de la historia del medio televisivo y radial se asocia con el programa “Valores Humanos”. Visto en retrospectiva, se hace posible establecer la explícita correspondencia entre la educación y los valores humanos y los valores humanos para la educación. Estas dos vertientes se conjugaban en una cita semanal que convocaba un público plural en edades e intereses. Algo superior a la nostalgia se siente cuando recordamos un esfuerzo tan orgánico e influyente como aquel que desarrolló Uslar Pietri, desde el 25 de noviembre de 1953 hasta 1987. Las emisiones de cada programa se introducían con la célebre expresión “Amigos invisibles”, luego de la cual se disfrutaba de una disertación tan amena como densa y tan erudita como didáctica. Políticos, artistas, músicos, poetas, novelistas, científicos y sacerdotes, así como algunos temas asociados a asuntos palpitantes, fueron abordados con una magistral capacidad divulgativa y educativa. Esto era posible, además, por el dominio del complejo y exigente medio televisivo, así como por un extraordinario control del tiempo, con lo cual siempre aseguraba un redondeo preciso de las ideas y un establecimiento de conclusiones enriquecedoras. El tejido impecable de los argumentos se animaba con apoyos visuales, tales como mapas, fotos, imágenes, diagramas y otros recursos, que ilustraban adecuadamente la secuencia de los comentarios. Todo esto transcurría sin que mediaran lecturas ni esquemas que pautaran el desenvolvimiento de los discursos. Libertad, dominio y seguridad eran las únicas guías que orientaban sus exposiciones. Las versiones transcritas de estos programas fueron publicadas, en varios tomos por Ediciones Edime. En la edición de 1968 se lee el siguiente testimonio de Uslar Pietri: “VALORES HUMANOS constituye para mí una experiencia preciosa… Este tipo de comunicación directa abre nuevas posibilidades a la difusión de lo conocimientos, que alcanzan a un público más vasto, de una manera más poderosa y actuante que la del periódico, la escuela y el libro. La utilización adecuada de este nuevo instrumento puede cambiar todo el panorama de la educación de masas”. Es ilustrativo recordar que el intelectual colombiano, Germán Arsiniégas expresó sobre este programa lo siguiente: “…No hay venezolano, desde que Venezuela existe, que haya sido más oído que él… Escuché durante mi estancia en Venezuela las charlas de Arturo por la televisión y no conozco ningún otro expositor que llegue más directamente a un auditorio más grande con un encanto mayor”.

Pero la acción y la influencia educativa de Uslar Pietri también encontró un poderoso medio en los espacios de opinión de la prensa. Su primera opinión formal sobre educación se produjo en un artículo titulado “Conciencia general” en el Diario Ahora (Caracas, 2 de febrero de 1936). Luego escribió seis ensayos que fueron publicados en la revista Elite durante 1936 y 1937, los cuales estaban dedicados a: “Matamos sistemáticamente al venezolano”, “La crisis de la responsabilidad”, “El libro venezolano”, “Rumbo a las asociaciones culturales”, “Una escuela rural” y “La historia y la cultura”.

Después se produce un paréntesis dentro del cual desaparece el tema educativo, para aflorar nuevamente en junio de 1948, cuando escribe un artículo sobre “La crisis de la universidad venezolana” en el diario El Nacional. Desde ese momento sus reflexiones sobre el tema educativo se extendieron a lo largo de toda su vida. Estas aproximaciones siempre estuvieron presididas por la idea de una educación para la vida y, especialmente, para la vida productiva, la cual debe incluir la preparación tecnológica y la sintonía con las necesidades del país. Con base en estas referencias, precisó reiterados diagnósticos que criticaron la instrucción libresca y tediosa de la escuela tradicional, en donde ni siquiera se enseñaba a hablar y a escribir. Asimismo rechazó los métodos memorísticos que abusan de la repetición de las reglas que no se asimilan y que distancian a los estudiantes de las vivencias de aprendizaje. A esta escuela distorsionada se añade la antiescuela de la calle que, sin embargo, atrae más al joven que la propia escuela.

Otro aspecto de preocupación para Arturo Uslar Pietri fue el de relacionar la educación con los avances científicos y tecnológicos, así como con la paradójicas realidades internacionales. En este sentido, propuso una concepción de la escuela como puente hacia la sociedad global y amparado en esta idea, defendió en su oportunidad (1989) el informe coordinado por Edgar Faure para la UNESCO. Su opción fue coincidente: no sólo aprender a aprender, o aprender a hacer, se requiere que el ser humano aprenda a ser. Igualmente, Uslar Pietri tuvo una anticipada comprensión de la importancia de la informática. En 1978, publicó un artículo titulado “Informática y poder” en el cual visualizó el papel de los bancos de datos como fuente de poder en el futuro. También prefigura la necesidad de recurrir a la informática en la escuela para evitar anacronismos y divorcios entre la tecnología y la educación. En el orden de estos temas palpitantes, abordó igualmente la relación entre la escuela y el ambiente. Desde los inicios de sus reflexiones sobre la educación enfatizó la ausencia de un componente ecológico en la escuela, así como la significación de los recursos naturales para el presente y futuro del país.

Las ideas educativas de Uslar Pietri alcanzaron un ámbito mayor al del artículo ocasional. En su extensa bibliografía pueden observarse libros con particulares focos educativos. Se recuerdan, en este sentido, títulos como: “Materiales para la construcción de Venezuela” (1955); “Educar para Venezuela” (1982); “De una a otra Venezuela” (1992); “Fachas, fechas y fichas” (1982); “Oraciones para despertar” (1968); “Vista desde un punto” “(1971); “Mensaje a los maestros” (1975); y “La isla de Robinsón” (1982), entre otros.

No pueden dejar de recordarse diversas intervenciones, discursos y documentos dedicados al tema de la educación. De manera particular debe destacarse el “Informe de la Comisión Presidencial para el Estudio del Proyecto Educativo Nacional”. Esta comisión fue presidida por él, desde su constitución en 1985 hasta la presentación del informe en 1986. Luego de un detallado recorrido diagnóstico, el Informe precisa que surge la necesidad de un PROYECTO EDUCATIVO NACIONAL como respuesta a la crisis de la educación y de la sociedad venezolana. Este proyecto sostiene que una filosofía educativa deberá fundamentarse en las siguientes orientaciones: 1) Que se entienda que la educación tiene un “doble papel, de un lado, ella cumple una función formadora del ser social, por otra parte, la educación también tiene una función de transmisora a tono con sus nuevas exigencias sociales. La escuela, la familia, los medios de comunicación social, la iglesia y los partidos políticos, entre otras, son instituciones que participan en esas funciones”. 2) Que se desarrolle “una educación que no deje sin destino útil y deseable a ningún ser humano y que corresponda al concepto expresado hace tanto tiempo por Simón Rodríguez de enseñar a las gentes a vivir”. 3) Que se acepte que “la educación no puede ni debe reservarse sólo para los mejores dotados, ni tampoco puede pretender educar a todos de igual manera. La educación para ser efectivamente igualitaria debe ser compensadora y descubridora de vocaciones y aptitudes, que debe contribuir a desarrollar”. 4) Que se enfatice a la educación como “una fundamental posibilidad de todo el ser humano; cualquier que sea su edad ella le acompaña desde la cuna hasta la tumba. Por ello la educación debe preparar para la vida y para el trabajo, logrando así una formación integral del hombre, que le permita adaptarse a un mundo en permanente transformación”. Para culminar estas orientaciones se puntualiza que todo el esfuerzo educativo debe proyectarse hacia “el desarrollo de espíritus libres, con criterios abiertos a la duda, y en permanente búsqueda del conocimiento, estimulando el ejercicio del criterio propio que permita el cuestionamiento de cualquier formulación dogmática”.

El haber tomado contacto, aunque sea de manera muy apresurada, con los propósitos y propuestas, así como con los deseos y visiones que Arturo Uslar Pietri tuvo sobre el tema educativo, nos deja la sensación de que ellos, además de continuar pendientes, se han hecho más severos. Pero, lo más doloroso es que incluso, ahora, se está desmontando hasta la plataforma sobre la cual él afianzó sus exhortaciones. Esta dramática realidad nos obliga a aceptar que, además de pensar con Uslar, en cómo reconstruir a Venezuela, nos toca previamente evitar que siga siendo desconstruida..

Fotos: Ana Luisa Figueredo

 

 

 
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