Sección: Arte y Cultura
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Mis cuatro noches con Jaime Bayly
Yoyiana Ahumada Licea - LetraliaMartes, 16 de marzo de 2010
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Para aquel momento no se asomaba como el outsider de la política peruana, con el tercer lugar en la intención de voto para las elecciones presidenciales en 2011 en el Perú, con un 8%, desplazando al nacionalista Ollanta Umala, e igualando al ex presidente Alejandro Toledo. Tampoco se había peleado con casi toda la gerencia audiovisual, por uso excesivo de los aires acondicionados, o por usar su programa de plataforma electoral; ni adelantado su programa de gobierno con temas tan picantes como la legalización del aborto, las drogas y el matrimonio entre homosexuales, y mucho menos el anatema de abolir las fuerzas armadas.
“Soy adicto al potasio”, apuntó midiendo mi reacción. A partir de entonces comenzaba la ruta del placer de este escritor, que bebió incontables litros de jugo de naranja durante su estadía en Caracas.
Ejecutante permanente del escándalo, para Jaime Bayly es una militancia y un disfrute enorme practicarlo, “el escándalo es pensar, hablar en voz alta de temas prohibidos, el escándalo es escribir de lo que no se debe, el escándalo es simplemente hacer preguntas, cuestionar, ese es el escándalo en el que yo milito”. Admirador de los cáusticos seriados Seinfeld y el Show de David Letterman a quienes le gustaría entrevistar, se emocionó como un niño al conocer al Gabo y le encantaría tenerlo sentado en el set de su programa, tanto como al caquéxico Fidel Castro o al blue Pedro Almodóvar, porque aunque cada vez quiere ser más escritor y menos showman, no deja de coquetear con el show business y por eso vuelve una y otra vez a las andadas en la pantalla chica, primero su programa “La noche es virgen”, para deleitar a una audiencia ávida de hurgadores en los asuntos ajenos. Confeso vouyerista de las vidas de otros sus ojos pardos se encienden cuando revela el morbo de ser entrevistador: “que te cuenten las cosas más escondidas, los secretos ocultos eso es lo que la gente quiere conocer, no lo que dicen siempre, no lo que repiten casi mecánicamente, sino lo que está bien protegido en esos pliegues más íntimos que todos tenemos, es ahí donde hay que meterse”.
Esa misma noche supe también, que después de haber consumido toda la cocaína del mundo, cuando rozaba la veintena y haber bebido como suele suceder, era abstemio, le encantaba recogerse temprano, no fuma, no se droga, no baila pegado, pero le tiene sin cuidado haberle dado un beso profundo a su gran amigo Boris Izaguirre, en un episodio que nuestro star writer calificó como el encuentro entre Bolívar y San Martín.
La segunda noche, compelido por una agenda rayana en la crueldad, Jaime se decidió a romper las ataduras y saltarse todas las reglas y salió a la noche caraqueña, pisó las aceras de Las Mercedes y como hipnotizado, se dirigió a comer un helado, no uno, dos: uno de mora y otro de chocolote con mayúsculas, de esos italianos. Sin quererlo había revelado otro secreto placer: devorar helados, comerse todos los helados posibles, quizá porque “cuando niño quería ser heladero y un día ya de grande viviendo en Miami, me compré un carrito, y la indumentaria del vendedor, llegué a la casa y toqué el timbre. Las niñas se sintieron muy felices y comimos helados a reventar.” Descorría el velo de otra de sus flaquezas, la más absoluta: sus hijas Camila y Paola.
Al tercer día, la ciudad entraba en shock, pese a que no hubo menos conflictos de los habituales, menos rumores de los que nos caben en el asombro, todos sabían que Jaime Bayly, el de la sonrisa mordaz, el de No se lo digas a nadie (1994), Fue ayer y no me acuerdo (1996), Los últimos días de la prensa (1997), La noche es virgen (1997), Yo amo a mi mami (1999) Los amigos que perdí (2000), Aquí no hay poesía (2001), La mujer de mi hermano (2002), estaba aquí. Esa mañana supe que el gimnasio le es tan necesario como el oxígeno, quizá sea vigoréxico, pero el movimiento y la liberación de endorfinas, está en su agenda diaria de placeres, junto al consumo efímero del alimento, apenas un toque verde, apenas, mejor más jugo de naranja.
La cuarta noche habló de su infancia y confesó su primer gesto escandaloso:
-Con mi familia biológica no me llevaba bien pero tenía esta otra familia, que eran los empleados de mis papás, gente muy humilde, algunos de ellos no sabían leer, pero a pesar de ello eran tan amorosos conmigo, me querían tanto y compensaban de una manera increíble. Tuve una infancia muy rara como de dos mundos, ser infeliz con la gente con la que debía ser feliz y ser feliz con la que no debía juntarme. Esta fue mí primera trasgresión en la vida, aproximarme a un mundo que me estaba vedado, proscrito porque no era el mío, porque era un mundo que debía mirarse hacia abajo, pues yo entré, me encantó y me quedé y fui feliz ahí.
¿Amante del peligro?
-Creo que desde ahí comenzó en mi a desarrollarse un cierto instinto por explorarlo todo y en particular lo prohibido y comencé a comprender que es muy bueno desmadrarse y salirse de borde y permitirse esas exploraciones en el mundo de lo prohibido.
¿Si tuvieras que entrevistar a Jaime Bayly que le preguntarías?
-Jajaja…..a ver, le preguntaría ¿Cómo era de niño?, ¿Por qué se ha llevado tan mal con sus padres?, le preguntaría ¿que cosas no les ha dicho a sus padres que le gustaría decirles?… trataría de explorar un poco ahí en esa zona de su infancia, no le preguntaría lo obvio, lo predecible que son estas cosas sobre la sexualidad y las drogas, le preguntaría sobre sus hijas, la relación que tiene con Sandra, trataría de hacerlo llorar, porque creo que si lo hago hablar de sus hijas lo haría llorar, yo creo que eso a la audiencia le gustaría.
Tu lado oscuro
-Mi lado oscuro es el que uno puede adivinar o ver entre líneas en mis libros: son las penas de amor, todos los amigos que perdí, las peleas con mis padres, son los rencores a los curas, las batallas feroces que he librado con mi país, todo eso es mi lado oscuro.
El lado claro
-Son mis hijas, yo creo, el amor de mis hijas, la ternura, la bondad que ellas me han regalado.
¿Con cuál lado estamos conversando?
-¡Ja,ja, ja¡ con ambos ¿no?
¿Qué pecado no te has atrevido a cometer?
No me he atrevido a seducir a la mujer de mi hermano.
¿Cuál pecado practicas más a menudo?
-Los pecados, los vicios, las debilidades del amor, claro hay pecados de amor que uno esperaría que supieran perdonarte.
¿Rituales de placer?
-Si claro, yo estoy lleno de esas pequeñas manías, lleno, algunas se pueden contar y otras no tanto. Me gusta mucho leer, para mi leer es un gran placer, y dormir es un placer grandísimo, rara vez cumplido por supuesto y hablar puede ser un placer, estar tendido en una cama al lado de tu amante y simplemente conversar, esto puede ser casi como hacer el amor para mi: tocar, mirar, que te cuente su vida, imaginarte cosas de su vida cuando tú no estabas con ella o con él, para mi es un gran placer hablar, es como hacer el amor.
¿Sigue siendo virgen….tu noche literaria?
-Si, en realidad cada pagina en blanco que yo enfrento como escritor es como acostarte con un amante virgen, no la primera, no el comienzo de la novela, cada página en blanco, cada día que uno se sienta a escribir es como ir a desflorar una virginidad y habrá sangre derramada y dolor, pero esto es escribir.
¿Dónde te queda el futuro?
Dios quiera que esté muy cerca de mis hijas, yo quiero estar cerca de ellas, yo siento que si ellas se van a una universidad lejana, yo iré con ellas y escribiré cerca de ellas, me veo escribiendo y cerca de ellas.
La última noche que pasé con Jaime Bayly, no tomó jugo de naranja, no comió frugalmente, se quitó el traje gris, la sonrisa de medio lado, y rió a carcajadas, volvió a hablar de sus hijas y de su mujer, Sandra, hizo un show sobre su vida que deleitó a un auditorio repleto, se tomó fotos, besó a las fans, comió dulce, bebió un jugo de durazno, no pidió helado, y no fue al gimnasio. Era la Caracas del 2001, fui su anfitriona, la ciudad aun no mostraba los dientes. No se había producido el paro petrolero, y menos aún “la carmonada”. Nos sacudíamos el barro del Deslave con el que la naturaleza nos dio entrada al convulso siglo XXI. Esas cuatro noches, fui lazarillo, silencio y palabra sincopada, me autografió su libro, y dejó entrever un pedacito del escándalo que no sale en pantalla.







