Sección: Arte y Cultura
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Argelia Bravo: cuerpos fronterizos que transitan por “la trochas”
Carmen HernándezMiércoles, 2 de diciembre de 2009
Como parte de las políticas de conocimiento y difusión de las prácticas artísticas reflexivas sobre el contexto social desde una perspectiva de género, la Sala RG presenta la exposición Arte social por las trochas hecho a palo, pata' y kunfú de la artista venezolana Argelia Bravo. Esta muestra reúne doce obras realizadas entre 2004 y 2009, las cuales son el producto de un proceso de investigación sobre la violencia experimentada por la comunidad transgénero, realizado a través de la Organización No Gubernamental Transvenus de Venezuela.
Además de su trabajo de activismo, orientado a estimular la reinserción social de la comunidad “transfor” que ejerce la prostitución en la Avenida Libertador de Caracas, Bravo establece ciertas estrategias de registro visual para elaborar una reflexión crítica desde el campo del arte, con el propósito de ejercer cambios en el imaginario colectivo sobre la apreciación y valoración de estos sujetos condenados a vivir en los “bordes” de una ciudadanía jurídica y cultural, pues no tienen derechos identitarios ni laborales específicos, debido a que no responden de manera visible a una sexualidad normada. El modelo binario, heterosexual, no es impuesto solamente por los órganos de control, como la policía, sino también por diferentes sujetos que han naturalizado esa supuesta condición de lo “correcto” y en las prácticas cotidianas discriminan de manera física o simbólica a quienes la subvierten. Es así como se reproduce la representación de la heterosexualidad como “universalidad natural” en el ámbito familiar, la escuela y en los circuitos sociocomunicacionales o espacios públicos.
Bajo la premisa del “arte social”, Argelia Bravo crea hibridaciones de algunos procedimientos de registro identitario y construye metáforas del cuerpo social, en la medida en que los sujetos estudiados representan a toda una comunidad sometida a las mismas situaciones de intolerancia. Parte de este proceso es poner en cuestionamiento los modelos del conocimiento, y por ello, esta artista recurre a una subversión de los mecanismos empleados por algunas disciplinas que estudian la conducta, como las ciencias forenses, la antropología y la sociología, para abordar otros elementos, supuestamente “marginales”, que ponen en duda o problematizan el supuesto objetivo de la búsqueda de una “verdad”, como la noción de identidad y ciudadanía. A partir de los testimonios verbales y corporales de las chicas “trans”, se revierte la cosificación tipológica, pues se hace énfasis en las historias personales y en los rasgos individuales, concentrándose en el cuerpo y sus cicatrices, haciendo de éstas una “fisonomía de la violencia”, otorgándoles la condición de pieza única, particular, capaz de ser apreciada también como impresión gráfica.
También Bravo crea paralelismos entre el espacio urbano y el espacio social cuando introduce un recorrido físico y simbólico por las “trochas”, esas rutas “retorcidas” transitadas por las chicas “trans”. Frente a la cartografía impuesta por los modelos urbanos privilegiados por los procesos de modernización, que supuestamente organizan, clasifican, regulan, jerarquizan y controlan los flujos sociales para favorecer la transitabilidad y convivencia de la “ciudadanía” (los sujetos que se ajustan a la normatividad), el tránsito por las “trochas” revela la existencia de una ciudadanía paralela que habita la ciudad desde los márgenes, la hace suya desde otros lugares y con otras perspectivas. Además de la supervivencia física, las “trochas” representarían el deseo de reforzar la idea de lo “travestido” como una realidad “otra”.
Bravo compara las trochas usadas por los transformistas con las rutas empleadas por los movimientos subversivos, como las guerrillas latinoamericanas. Pero desde el discurso artístico, esas trochas usadas por los transformistas que recupera Bravo, pueden ser comprendidas también como metáforas de la nación “fronteriza”, aquella que se reconoce discursivamente pero que no goza de derechos reales en la práctica. Las trochas representan los caminos de sobrevivencia en la vida cotidiana de esos sujetos “torcidos”, pero también representan los flujos identitarios en la lucha por el poder interpretativo desde el reconocimiento de una posición crítica siempre fluctuante que rompe con el binarismo. Esta oblicuidad puede interpretarse como una postura contra el “prediseño del sentido”, en términos de Nelly Richard, que también puede extenderse a una postura crítica frente a las representaciones de lo latinoamericano como cultura periférica marcada por la sociologización o la exotización.
El trabajo de Argelia Bravo contribuye a comprender que la producción artística puede asumir complejos procesos de investigación sobre los imaginarios sociales y sus consecuencias en las prácticas cotidianas, como la violencia corporal y simbólica hacia la condición femenina y transgénero, sin dejar de revisar críticamente el campo del arte. Su trabajo da visibilidad a las discriminaciones y conflictos identitarios, con un profundo compromiso y respeto, estimulando mecanismos de diálogo en los cuales ella, como artista, es mediadora y no intérprete. Lo social deja de ser un tema artístico para convertirse en un proceso de conocimiento mutuo y constante que se realiza “con” y no “sobre” los sujetos y sus experiencias.






