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Sección: Arte y Cultura

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La “TRANSISTORIA” de Margot Römer y Josefina Benedetti.

Víctor Guédez

Jueves, 22 de enero de 2004

TRANSISTORIA
Sean nuestras hijas columnas talladas, estructura de un templo.Salmo 144:12

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Primera Instalación
“Hagamos acto de ausencia”
Época: clasicismo, siglo V a. C. Lugar: Grecia. Obra histórica: las cariátides del Erectón (Acrópolis de Atenas). Las creadoras, como columnas, dan la bienvenida al público a través de monitores con videos de sus rostros cantando vocalises típicos de las sopranos coloratura y recitan poemas de Eurípides rodeadas de un ventoso ambiente impregnado de música de la Grecia helénica, apenas interrumpido por el ruido de una lejana motocicleta.

Margot Römer, artista plástico y Josefina Benedetti, compositora, se unieron para el proyecto de TRANSISTORIA en la ciudad de Caracas en 1999. Desde sus primeras entrevistas la propuesta era expresarse a través de instalaciones que representaran varias etapas de la historia del arte, en las cuales, tanto las imágenes como la música se complementaran y nutrieran mutuamente. Partieron, entonces, estableciendo primero los conceptos que regirían el discurso, para luego seleccionar las obras iconográficas que lo representarían.

En 2000 comenzaron a desarrollar digitalmente los proyectos en sus diferentes disciplinas pasando por muchas etapas de maduración y de intercambio de ideas, hasta ajustarlas a sus exigencias.

Las imágenes fotográficas de archivo, los videos, los textos y las esculturas, que hasta ese momento existían sólo virtualmente, se comenzaron a imprimir, filmar y producir realmente, apenas seis meses antes de la fecha de la inauguración.

Por su parte, la variada y rica paleta musical se fue estructurando y enriqueciendo día a día con innumerables fragmentos sonoros, propios y prestados, intervenidos electrónicamente para lograr diferentes ambientes y situaciones hipotéticas, exaltando la cotidianidad y la realidad social del país.

En las cinco instalaciones que aquí presentamos, las artistas deambulan por el arte occidental, entorno cultural al cual pertenecen, con libertad creadora, y con percepción clara de su propia transitoriedad.

En su apropiación de imágenes y sonidos, derecho adquirido en la posmodernidad, han producido una fuerte carga lúdica de parodia, de kitsch, y de pastiche, que imposibilita cualquier relación nostálgica con el pasado, propiciando, más bien, un lenguaje pleno de ironía cónsono con este siglo XXI que apenas comienza.

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Segunda Instalación
“Mateo 16:18”
Época: Renacimiento, 1593. Lugar: Roma. Obra histórica: Cúpula de San Pedro en el Vaticano (Miguel Ángel). A los costados de la cúpula de San Pedro, en el Vaticano está representada la memorabilia sacramental de las dos autoras en un ambiente reverencial, donde una enorme serpiente simboliza la eterna lucha entre el bien y el mal. Sin embargo, su título, sacado del Evangelio de san Mateo nos advierte acerca del triunfador de la contienda. Cantos gregorianos y el Ubi Caritas de Maurice Durufflé se contraponen a la violencia sonora de Anselmo y su banda Pantera compartiendo entonaciones de rituales de brujería de África oriental. Esta confrontación llega a un clímax, con la aparición del demonio, pero gracias a las plegarias de los hombres unidas a la Pasión según San Mateo de Juan Sebastián Bach, la intervención divina expresada a través del Panis Angelicus silencia momentáneamente al sibilante ofidio.

TRANSISTORIA o la transitoriedad de la historia.

Arte y vida expresados en 5 instalaciones inter y multidisciplinarias, donde se han reunido dos creadoras conscientes de ser transeúntes en la historia. Manejan dos disciplinas diferentes: la visual con fotografías, videos, esculturas y otros medios expresivos contemporáneos, y la auditiva en forma de composiciones electroacústicas donde conviven una amplia variedad de elementos vocales, instrumentales y extra-musicales en una expresiva paleta sónica. Las creadoras, que pertenecen a una misma familia, una misma época histórica, un mismo país, han fundamentado sólidamente su reflexión. En su discurso expresan -como dice Adorno- la consciencia de lo efímero del artista ante la transitoriedad de toda obra de arte en la historia de la humanidad, permitiendo, por eso (Vattimo), que en cada una de esas instalaciones el pasado se torne accesible formando un vínculo libre rememorativo-monumental. Allí está la hibridación expresada por Ihab Hassan, como réplica mutante de géneros, que incluye la parodia, el travesti, el pastiche, en este presente plural donde los artistas están dialécticamente a la orden de un intercambio entre el ahora y el no-ahora; el otro y el mismo. Basándose en todo ello, las dos creadoras se erigen a sí mismas como columnas del mundo cultural, social, creativo en que viven, conscientes de ser herederas plenas de la cultura occidental, y de allí parten a un recorrido por diferentes etapas de la historia tomándolas para ellas y actualizándolas dentro de su propio tiempo y su propia realidad. Su reflexión culmina en plena armonía con las formas irónicas de la postmodernidad, empleando la frase de Nietzsche Yo soy todos los hombres de la historia.

Con todo ello queda expresado el contenido artístico, histórico y social contemporáneo en el cual se produce el arte de hoy, contribuyendo con el ADN pero específicamente el ADN Mitocondrial, que contiene las características predominantes del hombre moderno, y que sólo a través de las mujeres –sus portadoras- ha podido pasar de generación en generación.

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La historia es un tránsito en el cual los tiempos se conjugan en un solo tiempo: el pasado del presente, el presente del presente y el futuro del presente. Por eso, toda época es de transición para quien vive en ella. El arte , por su parte, no se ha escapado de esos designios y esa es la razón por la cual en él se congregan las secuencias retrospectivas y prospectivas de su devenir. El arte siempre ha revelado un sorprendente y extraño desenvolvimiento: durante mucho tiempo se proyectó a la manera de una flecha acelerada que se elevaba; luego se detuvo estratégicamente para tomar conciencia de los logros alcanzados; después vió hacia atrás para recapitular; de inmediato retomó un discreto reinicio pero con un espejo retrovisor que le permitía repasar y recuperar el recorrido; éste esfuerzo produjo un agotamiento que determinó un girar permanente alrededor de sí mismo; finalmente, exploró recursos adicionales en otras disciplinas estéticas para concretar alianzas y renovar sus cotinuos relanzamientos.

La explicación expuesta es necesaria debido a que el encuentro entre la transitoriedad de la historia y la retroprogresión del arte se convierte en la encrucijada conceptual sobre la cual se afirma el recio temperamento creativo de Margot Romer y la iridiscente sensibilidad de Josefina Benedetti. Estas cualidades se complementan para promover un proyecto interdisciplinario que se nutre de metonímica memoria, asi como de reflexión contemporánea y de vocación de futuro. En cinco instalaciones, amparadas bajo la denominación de “Transistoria”, las artistas recorren la volubilidad de la historia y el nomadismo del arte para recordarnos que una y otro se comportan como dementes que siempre responden preguntas que nadie les ha hecho. Esos sentidos sorpresivos y sospechosos, pero también apasionantes y exigentes se despliegan en intrigantes rotulaciones: “Hagamos acto de ausencia”, “MT 16, 18”, “¡ Oh terror !”, “Suprimetismo” y “ Yo soy todos los hombres de la historia”.

Margot Romer aporta el concepto y la estructuración de las instalaciones asi como las resoluciones de las intermedia, mientras que Josefina Benedetti asume lo relacionado con las composiciones electroacústicas. Estos dos enfoques interactúan a la manera de acoplamientos sedimentados que van más allá de un ejercicio de multidisciplinariedad inscrito en registros paralelos de dos o más aproximaciones sobre un mismo acontecimiento. Lo que procede, más bien, es un alcance interdisciplinario que favorece una integración en la cual el origen y el propósito se funden en la naturaleza de un mismo compendio. No se trata de instalaciones acompañadas por música, ni de música ilustrada visualmente. Por el contrario, se promueve una “interfecundación” que se traduce en una sinérgica correlación de las partes con el todo. Estamos en presencia de una integración más que de una síntesis. Las integraciones son a partir de diferencias y para preservar diferencias, mientras que las síntesis operan a partir de las diferencias para superar las diferencias. Con esto queremos señalar que, además de los enriquecimientos recíprocos que ocurren a partir de las integraciones, se mantienen los estatutos particulares de los respectivos lenguajes. Quizá, podría pensarse en una conjugación integradora más que en una promiscuidad confusa de especialidades e stéticas. En definitiva, las instalaciones podrían ensimismarse en sus específicas resoluciones para existir sin sonido, asimismo la música podría mantener su autosuficiencia sin incluir referentes visuales. Sin embargo, una y otra no alcanzarían la afirmativa resonancia que obtienen cuando ofrecen refugio al enriquecedor complemento.

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Tercera Instalación
“¡Oh Terror!”
Época: Neoclasicismo, República,1793. Lugar: Francia. Obra histórica: Asesinato de Marat (David). La proyección de un Marat en estertores de muerte trasladado al siglo XXI venezolano sostiene en su mano ensangrentada el diario El Nacional con la noticia del Catiazo. De telón de fondo aparece una bandera recién desengavetada de tenues estrellas sin azul. Las autoras, como oligarcas, comparten la suerte de Marat en dos cajas de luz… Mientras, se escucha una sonata clásica Mozartiana cuyo primer tema es una versión libre del Himno de la Federación “interpretado” por Wynton Marsalis, acompañado por el gingle de Proseín; el segundo tema está elaborado con fragmentos de canciones propias de las revoluciones venezolanas de los siglos XIX y XXI e incluye citas de la Obertura 1.812 de Piotr .I. Tchaikovski, y del ruido de aviones y helicópteros. La coda final refleja dos discursos antagónicos pero escritos sobre una idéntica estructura musical , lo que dice mucho de nuestro gentilicio.
En medio de estos lenguajes combinados, y a partir de las pautas que solventan los aspectos visuales y sonoros, se filtra la idea misma de lo posmoderno que constituye, en esencia, el núcleo reflexivo y resolutivo de estas obras. La posmodernidad es la superlativa superación de cualquier dicotomía y es también la suprema afirmación de lo paradójic. En este concepto no hay cabida para las exclusiones ni para la desvalorización de lo ambiguo. La posmodernidad, en su alcance más amplio, es una especie de agonía prolongada de la modernidad , así como su descenso, aplazamiento , liquidación y resurreción. Con Lipovetsky cabría afirmar que es “el descrispamiento de la oposición tradición-modernidad”. Es precisamente, en este cruce de alcances, donde se conciben, diseñan y solventan las cinco instalaciones de Romer y Benedetti. En cada una de estas proposiciones hay muchas hebras que se entretejen sin anudarse y que se urden sin alterar la regularidad de las urdimbres. Por esta razón, al sentir la presión para un pronunciamiento, tendríamos que confesar que ellas expresan una deliberada acepción posmoderna que, en lugar de obedecer a una razón de militancia dogmática, responde a la intención de comprender y problematizar un concepto de elevada complejidad. No olvidemos que -al decir de Octavio Paz- la posmodernidad es un término en busca de significados. En el fondo, las artistas asumieron el compromiso de introducirse en lo complejo, con el fin de demostrar que hay conceptos que no pueden entenderse desde fuera: sólo se comprende aquello que se vive con la intensidad de lo entrañable y con la amplitud del pensamiento divergente. Apoyadas en este mayúsculo compromiso, nuestras artistas intentaron, con éxito notorio, el darle forma y sonoridad a lo inexplicable y el otorgarle testimonio territorial y ambiental a lo teóricamente incomprensible.

Por motivos de espacio no podemos entrar en la descripción particular de cada instalación y mucho menos podemos atrevernos a una lectura de sus atributos estéticos. Tan sólo estamos en condiciones de señalar que estas realizaciones nos remiten a una idea de progresión que surge de la regresión (rememorativa), pero que culmina en la superación de ambos sentidos mediante una “introprogresión”. No se trata de ver hacia atrás con un espíritu simplemente recuperativo, tampoco se persigue alcanzar una novedad mediante una ingenua noción de originalidad. Lo importante es encarnar un sentido de “originariedad” en el cual prevalece una redimensión de las relaciones: más importante que lo que esta detrás o adelante es lo que está arriba y adentro. En el sentido de la responsabilidad creativa, que está arriba, y en el fondo auténtico de la mismidad, que está adentro, es donde se encuentran los factores más importantes del juicio estético y las pautas más transparentes de la conciencia histórica.

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Cuarta Instalación
“Suprimetismo”
Época: Modernismo, 1913. Lugar: Rusia. Obra histórica: Elemento suprematista básico (Malevich). En paredes enfrentadas se observan dos fotografías de las autoras realizadas en alto contraste: blanco sobre negro y negro sobre blanco; la del sonido, amordazada, y la de las imágenes, con los ojos vendados. En el suelo, al centro, la representación de una obra de Malevich de contorno blanco y centro rojo, este último formado por ladrillos pulverizados en un área de “destrucción” acordonada. La música es la versión posmoderna de 4’33” de John Cage.

A partir de esos propósitos, Margot Romer y Josefina Benedetti asumen el compromiso de “vivenciar” para comprender, en lugar de comprender para “vivenciar”. En este marco se aprecia que los referentes visuales y las armonías electroacústicas de estas obras están cargadas de todo lo que le es propio al ser humano. Hay humor y amor, materialidad y espiritualidad, ironía y nostalgia, pasión y esperanza, emoción e intuición,. . . En fin, la valoración y develación de todas las naturalezas que se integran en la naturaleza humana se hacen presentes con la potencia de una exhortación. No es casual que la última instalation sintetice el esfuerzo asumido con la expresión: “Yo soy todos los hombres de la história”. Entre otras cosas, esta aseveración de Nietzsche recuerda que cada ser humano revela el patrimonio de toda la humanidad y que el patrimonio de la humanidad es el producto del aporte de la totalidad de cada ser humano. Margot Romer y Josefina Benedetti asumen, procesan y traducen estas ideas en representaciones, simbolizaciones, abstracciones y transfiguraciones. En efecto, cada una de las instalaciones promueve representaciones formales de imágenes apropiadas y recontextualizadas, signos de la transitoriedad de la historia asi como de las expresiones artísticas que acoge, abstracciones asociadas a plurales atmosferas musicales, y transmutaciones de lo referencial y antirreferencial, así como de lo evocativo y de lo autobiográfico. En el marco de estas sensaciones aflora la convicción de que –tal como la afirma José Antonio Marina –“el arte es una hermosa parábola sobre la condición humana”.

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Quinta Instalación
“Yo soy todos los hombres de la historia”
Época: actual, siglo XXI. Lugar: universal. Obra histórica: Ella misma: Instalación. La metonimia y la ironía se expresan a través de fotocopias del ojo derecho y el ojo izquierdo de la que mira y de la oreja izquierda y la derecha de la que oye. En la pared de fondo el texto de Nietzsche Yo soy todos los hombres de la historia en los siete idiomas que involucran las Instalaciones: griego, italiano, latín, francés, ruso, castellano e inglés. En el piso, un cojín de satén rojo en forma de sensual boca de mujer. Dos mujeres representan a todos los hombres de la historia, como portadoras que son del ADN mitocondrial contentivo de las características predominantes del Hombre Moderno, y que sólo a través de ellas, las mujeres, ha podido trasmitirse de generación en generación. La música expone fragmentos de algunas obras de la compositora en interacción con ritmos y cantos shamánicos y afrovenezolanos, y citas musicales y literarias de obras pertenecientes a varios autores: Beethoven, Daniel Santos, Fauré, Elton John, Sojo, Elgar, los Beatles,, Billo Frómeta, y Vargas Llosa entre muchos otros.

www.margotromer.com

romer@margotromer.com

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