Uno va por cualquier lado y la vista se tropieza con vestigios de estructuras no terminadas. Ellos son los esqueletos del olvido y los monumentos a la desidia, y los siento como una viga en mi ojo sensible.
Durante más de diez años me he adentrado en ellas para documentar la dejadéz y el ambiente espectral de columnas que solo sostienen el vacío, paredes que asumen el cielo como soporte y techos que nada cubren.
Con la cámara apuntando les caí encima con furia y, mediante complicados procesos manuales, los dejé más vulnerables y quebradizos, listos para finalmente colapsar.
Los he llevado a un estado màs lejos de la decrepitud: a la casi desintegración, abriendo ventanas y puertas cual ojos y bocas, para que se vea y se diga lo que son en última instancia: PROMESAS VACÍAS.
Mi deseo es que finalmente se los trague la tierra metafóricamente, lo cual considero el resultado justo por tantas PROMESAS VACÍAS.