Caracas, Jueves, 17 de abril de 2014

Sección: Cultura

ENVIAR A UN AMIGO  |  ENVIAR AL DIRECTOR

La ideología en el arte

Da Vinci: hombre del Renacimiento y la modernidad

María Elena Landa M.

Martes, 2 de abril de 2002

    ...” Si el pintor quiere ver bellezas que lo enamoren, él es dueño de generarlas; si quiere ver cosas monstruosas que lo espanten, o que sean bufonescas o risibles, o verdaderamente conmovedoras, él es señor y creador de ellas; y si quiere generar sitios y desiertos, lugares umbrosos o frescos en tiempos cálidos, los figura, y lo mismo lugares cálidos en tiempos fríos... y en efecto, todo lo que hay en el universo por esencia, frecuencia o imaginación, lo tiene primero en la mente y luego en las manos...”

    Leonardo Da Vinci
    Códice Urbinate

* * *

Si bien existe una historia del hombre antes de la invención de la escritura (prehistoria, antes de la historia), la misma se sustenta sobre bases inseguras, acercamientos, fantasías o aproximaciones, vestigios apenas que apuntan hacia esa realidad pasada, pero que está grabada o ilustrada en algunas piedras, restos dispersos de un mundo ajeno a nosotros, lejano e inaccesible. La imagen explica, de algún modo, el paso de ese ser tan poco conocido, por el mundo.

Por eso nuestra historia (1) comienza cuando el hombre transforma el lenguaje gutural a signos más fáciles de decodificar: signos y significados unidos en el proceso de comunicación, a través del paso del tiempo, grabadas junto con las imágenes a través de la historia. La certeza, las variables, las ideas, el ambiente, todo se puede registrar desde entonces, entre dibujos y letras.

Con la comunicación escrita y la imagen surgen posibilidades infinitas. El saber, el conocimiento, pasó a ser la fuente de poder que todos querían alcanzar, aún actualmente: saber todo, desde cómo se hace el fuego, hasta las leyes físicas más intangibles.

Así se forman las ideologías, que a la vez forman parte de la información que nos llega de nuestros antecesores y quedan grabadas para dar cuenta de su filosofía de vida, de sus ideas y descubrimientos, de su manera de vivir; abstracciones y reflexiones que dan luces sobre momentos históricos dinámicos. Y esa historia escrita es la base de lo que ahora somos, de lo que pensamos; partiendo de ella podemos interpretar y disertar con libertad acerca de cómo era el hombre que nos antecedió desde Grecia, Mesopotamia, Egipto, pasando por los nativos mesoamericanos hasta los genios ilustrados renacentistas, por ejemplo; además de facilitarnos un acercamiento pasmoso con el registro de las guerras mundiales en detalle, hasta llegar a lo más cercano: la actualidad.

Pero la historia, al ser dinámica, se modifica constantemente, gracias a que los hombres tomamos posición ante ella. Lejos de parecer una linealidad armónica, más bien se asemeja a una montaña rusa con rectas, curvas, subidas y bajadas. Bajo este punto de vista es de suponer que el arte, como la manifestación del hombre que guía la historia, estimulado por las diversas ideologías, sea la muestra palpable o imaginada de la profundidad o relatividad de dichos cambios o sólo de ideas que no llegan a concretarse siempre. Inspirados por ésta, nuestra visión de la historia, tomamos un personaje como ejemplo de ese retorno al pasado, en el que se conjugan arte, genialidad, mito, innovación y ciencia, un hombre del Renacimiento iniciador de diversos movimientos estéticos e intelectuales: Leonardo Da Vinci.

    “El extraordinario laboratorio politécnico de Verrocchio (2), frecuentado por el joven Da Vinci entre 1469 y 1476, no sólo enseña los rudimentos de la pintura, la arquitectura o la escultura, sino también nociones de óptica, botánica y música" (Debollini, 1999: 12)

Nos referimos al período histórico donde el hombre, por necesidad de re-encontrarse consigo mismo, se sustenta en la idea que se tenía entonces de los antiguos griegos (Homero, Platón). Donde el ser humano vuelve a ser el eje alrededor del cual se mueve el mundo; no en el sentido soberbio que pudiera interpretarse de esta afirmación, sino como una figura central alrededor de la cual giran, al alcance de la mano, “mitología”, naturaleza, física, matemáticas, la razón, poder económico, la exactitud de las figuras geométricas y un universo de posibilidades insospechadas... “El salto social de artesanos y técnicos a artistas y hombres de ciencia” (Borrás, 1996: 212)

Renacimiento, volver a nacer, el hombre se reivindica como parte del cosmos, como otro elemento tan importante como la naturaleza. Deja de ser un instrumento oculto bajo el manto del Dios medieval, enorme, sólido y oscuro. Él también razona; como un dios, decide, crea, destruye, reconstruye, elabora leyes, profundiza en los principios de la vida y las transforma. Todo es posible, entonces. Y esto se refleja instantáneamente en el arte, como manifestación palpable del hombre en su esencia y del momento histórico. Por ejemplo, en la pintura.

El descubrimiento y aplicación de las leyes de perspectiva lineal del Quatroccento se realiza en Florencia, en el ambiente cultural de dominio ideológico de una clase burguesa, que valoraba la realidad, lo mensurable en la naturaleza, la reconstrucción científica de esa realidad, “para huir de la incertidumbre” de la linealidad medieval (Borrás, 1996:212) . El progreso, que legitima la idea de linealidad, y la realidad como consignas y musas de pintores como Brunelleschi y Alberti. El espacio plano y recto se transforman (desde finales del siglo XIII, con Giotto) hasta hacerse tridimensional.

Da Vinci, de la Escuela Veneciana, no se conforma con esta idea de la perspectiva:

    “Para Da Vinci, la perspectiva lineal –la abstracción mental del quattrocento- no es una técnica suficiente para representar una realidad que es mucho más compleja y variable. Postula la validez de la “perspectiva naturalis” de los antiguos griegos, dividiendo la perspectiva en tres partes: construcción lineal de los cuerpos, difuminación de los colores tomando en cuenta las distancias, y la tercera, la pérdida de determinación de los cuerpos en relación a las diversas distancias” (Borrás,1996:218)

Con los dos últimos, referidos a los colores en las distancias y sobre los contornos, Da Vinci da origen a lo que él llamó “perspectiva aérea”:

    “Hete aquí otra perspectiva que llamo aérea, pues por la variedad del aire podemos conocer las diversas distancias de los diversos edificios... Habrás, pues, de pintar el edificio más lejano, menos perfilado y más azulado” (Borrás, 1996:218).

La perspectiva aérea, definida por Leonardo científicamente, será desarrollada por la pintura moderna gracias a las posibilidades expresivas de la técnica al óleo, donde el aire brinda otra posibilidad plástica. La luz y el aire difuminan los contornos, cuando se interponen entre el ojo y el objeto que se observa, pero se acentúan los colores según la distancia y la atmósfera del momento. Plano y fondo se transforman, diluyendo las líneas, modificando el paisaje.

Los “herederos” de esta manera de componer planos dependiendo de la atmósfera, serán Velásquez (3) y Rembrandt (4). (Borrás, 1996:218). A esta perspectiva se debe, en las pinturas de Da Vinci, que los fondos realizados con detalle, se vean lejanos, detrás de la figura en primer plano. Siempre, detrás de ella, está presente un fondo misterioso, que nos da la sensación de perplejidad al no saber con exactitud el lugar del hombre delante de el enorme espacio, donde se ve el horizonte natural, bajo un cielo vacío, inconmesurable (por ejemplo en “La Anunciación” 1470-80, “La Virgen Dreyfus o del granado”, 1470 aproximadamente).

Así Da Vinci, partiendo de un ideal de la composición y la figura clásica griega, lo adopta y adapta a su propio momento histórico, con más realismo y lleno de exactitud científica, para dar origen a otras técnicas, a otro modo de ver y de pensar acerca del mundo de sus tiempos y del pasado. Tan cierto es que Da Vinci no sólo realizó cuadros bellos, pues lo grotesco también fue introducido por Leonardo a la pintura, atraído por razones científicas alrededor de la fisonomía y las proporciones, y como reflejo de las emociones. Más adelante, entre el siglo XVIII y el XIX, con los estudios sobre el inconsciente, los dibujos de Leonardo dan cuenta de los procesos profundos de la mente: “Los signos de los rostros muestran en parte la naturaleza de los hombres, sus vicios y sus complexiones” (Debollini, 1998: 56).

Lo que señalamos de Leonardo Da Vinci y sus aportes en dos aspectos tan particulares, responde a nuestra necesidad de demostrar cómo la visión de un genio, nacido en el período de las luces (en contraposición al supuesto oscurantismo medieval), científico, diseñador industrial y gráfico, pintor, escultor, arquitecto, sobre todo observador de su entorno, echa una mirada al pasado ideal de los clásicos griegos, para dar una versión propia tanto de ese ideal original como de su propia contemporaneidad, con lo que prepara la infraestructura del arte que nació en contra de las ideologías renacentistas.

Y es que cuando se trata de la Historia, a pesar de las revoluciones que se puedan generar en contra de un establecimiento de normas o directrices anterior, la base para que esa revolución se dé, es el movimiento contra el cual se replantea el presente. Auque, por alguna razón, no estemos de acuerdo con nuestro pasado, no podemos negarlo, porque es de allí que partimos para afirmar o negar lo que somos; independientemente de nuestro gusto.

Con esto sienta las bases para otra historia que no conoció el hombre del Renacimiento, siguiente a la suya. Donde esta idea de perspectiva de Da Vinci se toma como eje principal que da origen a nuevas tendencias y renovados modos de pintar, diseñar, esculpir, escribir y, de nuevo, producir un orden, una nueva visión del momento pasado, para el presente y el futuro; bien sea para oponerse a ello, o para tomarlo como base para la innovación. Así se hace arte y se escribe la Historia.

Notas

(1) Aunque se comienza a estudiar con sentido crítico en el Renacimiento, la Historia como disciplina científica nace en el siglo XIX, sistematizada por diversas corrientes como la de Hegel, el positivismo, el marxismo. (Diccionario Norma, 1991: 777)
(2) Verrocchio, Andrea di Cione (Florencia 1435 – Venecia 1488) Orfebre, pintor, y escultor renacentista, favorecido por Lorenzo de Médicis. Se cree fue discípulo de Donatello.
(3) Velásquez, Diego (Sevilla 1599 – Madrid 1660) Pintor español, revolucionó el arte sevillano con la introducción del realismo barroco de iluminación tenebrista y temas populares. Combinó el realismo, los efectos atmosféricos y actitudes que van desde la ironía al patetismo. (Diccionario Norma, 1991: 1565)
(4) Rembrandt, Harmenszoon Van Rijn (Lieden 1606 – Amsterdam 1669) Pintor holandés. Retratista, simplificó sus composiciones, perfeccionó su dominio de la luz, combinó audazmente los colores y ganó en intensidad emotiva y penetración psicológica, como muestran sus autorretratos de la época.

BIBLIOGRAFIA

BORRÁS G., Gonzalo M. (1996): Introducción general del arte: arquitectura, escultura, pintura, artes decorativas, Istmo, Madrid.
DEBOLLINI, Francesca (1999): Leonardo: Art Book, Electa, Madrid.
Grupo Editorial Norma (1991): Diccionario Norma, Imprelibros, Bogotá.
HAUSER, Arnold (1977): Sociología del arte: ¿Estamos ante el fin del arte?, Guadarrama (Colección de bolsillo), Madrid.


Videos


 
Maurice Béjart <i> Ballet por la vida </i>

Maurice Béjart Ballet por la vida

 
<i>Slimtime</i> Tiempo adelgazante

Slimtime Tiempo adelgazante

 
<i>Encuadre</i> entrevista con el fotógrafo Luis Brito

Encuadre entrevista con el fotógrafo Luis Brito

 


Entretenimiento


 
Muere Cheo Feliciano en un accidente de tránsito

Muere Cheo Feliciano en un accidente de tránsito

 
Angela Lansbury recibió el título de Dama del Imperio Británico

Angela Lansbury recibió el título de Dama del Imperio Británico

 

"The Americans" tendrá una tercera temporada

 

blog comments powered by Disqus