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Dossier
Después de meses de espera el encuentro con Ninón, menuda y vivaz, se realizó el 07 junio de 2005 en la quinta Pimpinela en Las Mercedes, aderezado con un rico ponche de crema y un perceptivo entorno del pasado. Parte de la conversación fue publicada el 22 de enero de 2006 en el diario Últimas Noticias, para conmemorar sus cien años de existencia creativa, llenos de luz, color y chispa de humor cíclico. Hoy, Nina Crespo o Ninón, sigue habitando sus espacios íntimos con escasos recuerdos de su periplo existencial; pero espera puntualmente, y sin prisa, cumplir sus ciento un años de vida.
Ana Jacinta Crespo Báez, Nina para sus seres queridos y Ninón en el ámbito artístico, nació en El Paraíso, como Adán y Eva, y se crió entre el Palacio de Miraflores y la Villa Santa Inés, en Caño Amarillo, Caracas, el 24 de enero de 1906. Nieta del General Joaquín Crespo e hija del coronel Estatio Crespo y Elvira Báez de Crespo, quienes tuvieron siete hijos. Cercana a cumplir ciento un años de vida, sabe que todo ha quedado en el camino de la socialización amorosa con gente que ya no recuerda y su tiempo vital transcurre, con ciertos chispazos lucidos de su “penthouse”, así llama a su cerebro, con su hermana María Cristina (Pimpa). Ésta, de 88 años de edad, ex bailarina de flamenco, funge en breves ráfagas como la “voz” y la “memoria” de Ninón. El primer trazo conocido por Ninón fue “una vaquita, según mi madre, porque yo no me acuerdo de ello. Copié la vaquita de una lata de mantequilla danesa Brunn. Así descubrieron mi vocación artística”. Ninón publica en 1923 la primera caricatura del doctor Luis Razetti (“Era sólo una calva, una nariz y una mandíbula prominente”), en la revista Billiken, estimulada por su padre y Lucas Manzano, y la última, en 1990, aunque realizada en el 86, del ex Presidente Jaime Lusinchi. Su trazo, inteligencia y encanto tuvieron cabida en Elite, desde el primer número, donde cristalizó su inquietud por la palabra y el arte pictórico. “Tristeza me da no haber sido escritora”.
La exposición de caricaturas, realizada en 1927 en el Ateneo de Caracas, le permitió a Ninón ser loada por su talento artístico hasta finales de los años cincuenta. De autodidacta pasó a estudiar pintura en España por recomendación de Tito Salas a comienzo de los años treinta y a finales de la década regresó al país. Allá tuvo como maestros iniciales a Ignacio Zuloaga y Zabaleta y Enrique Martínez Cubels. Salvador Dalí fue, entre otros, su condiscípulo. Según sus susurros: “Me retiré de la actividad artística pública porque no estaba a la altura de lo que se estaba haciendo. Yo era muy académica”. En esos años emergía con fuerza el abstraccionismo geométrico. II
¿Cómo se siente llegar a cien años? ¿Ha seguido pintando? ¿Por qué regresó de España? ¿Heredó el humor de su padre y la vocación artística de doña Elvira? ¿Cómo descubrió que tenía talento para dibujar? ¿Sus padres la apoyaron cuando decidió dedicarse a la pintura? ¿Qué tal su infancia? ¿Por qué cree que la han considerado la primera caricaturista latinoamericana?
¿Qué es la caricatura para usted? -¿Por qué no expone sus cuadros?
III
¿Por qué Ninón? Ha dicho que hoy día ya no es Nina, ahora es Ni-ná. ¿Por qué? ¿Por qué no se casó? ¿A cuál recuerda? ¿Quiso tener hijos? IV
¿Cómo fue su relación con Teresa de la Parra? ¿Conoció a Gabriela Mistral? ¿Y Tito Salas? ¿A qué se debe su devoción por los médicos? ¿Conoció al Dr. José Gregorio Hernández? V
¿Le apasiona la figura de Bolívar como a Pimpa? ¿Cuál cree que es su defecto?
¿Tiempos pasados fueron mejores? Ser fiel y saber ver Ninón fue una niña precoz en la ejecución artística. A los siete años imitaba a los clásicos del renacimiento y a los catorce había definido el trazo psicológico de la caricatura por el que sería reconocida. Conoció a Tito Salas, quien se convertiría en su admirador y orientador, pero “nadie puede decir que me haya dado clases, mi único maestro ha sido la naturaleza: es muy sencillo, sólo se necesita ser fiel y saber ver.
Vista y revista “¡Qué vigor y cuánta sensibilidad trasciende de este lienzo, lleno de un colorido susurrante, y con ese feminismo que solloza en el alma y no en los labios! ¡Cómo se respira en este cuadro la fragancia de los jardines que sufren las maravillas del injerto! Así Nina lo ha querido demostrar en la sicología interpretativa de la obra, cuya intensa factura nos habla de ese interesante universo en que ella vive”. José Ramírez, Caracas, revista Elite, 1927. “Los muñecos (las caricaturas) que Nina Crespo ha buscado entre nosotros mismos, no provocan solamente la risa, provocan una risa cortada en breve por la admiración de la artista sabia, hermosa, burlona sin crueldad, filósofa sin prejuicios”. Andrés Eloy Blanco, Caracas, 1927. “La señorita Crespo Báez es una pintora de concepto, que tiene dentro de su gran destreza intuitiva una marcada tendencia para el retrato, sobre todo para el retrato en que use refleja algo más que la identidad física; es decir, para el verdadero retrato, en los que rasgos habrán de reflejar la plenitud del alma”. Vicente Gómez Paratcha, El Universal, 2 de marzo de 1932. “Menuda, de piel muy blanca, delgada, de gestos y rasgos físicos muy finos. Coqueta. Puede haber nacido a principios de siglo y, ante la jovialidad que desborda tenemos que dejarle los años de cualquier alegre muchacha. A medida que conversa y entramos en su vida se hace más expresiva, más espontánea. Afirma que usa lentes para taparse un poco las arrugas”. Helena Salcedo, Estampas, El Universal, 29 de Julio de 1984. “Ahora he descubierto una cantidad de cosas que dicen sobre mi, y soy la primera asombrada. Yo hacía mis cosas sin darme cuenta. Pero, últimamente como que todo es nuevo. Es lógico, como esta generación no me conoce”. Maritza Jiménez, El Universal, 31 de mayo de 1986. “Por su talento precocísimo, por el noble tipo de belleza venezolana representado en su figura y, sobre todo, por haber sido la primera mujer que en Venezuela se dio a conocer como caricaturista, figuró Nina Crespo alrededor del año 30 como el benjamín o “enfant gaté” de los círculos intelectuales caraqueños. A la caricatura por exageración o hipérbole de la fisonomía, que había impuesto el expresionismo popular de “Leo”, opuso “Ninón” la gracia femenina de un dibujo esquematizado, de línea muy depurada, en que el carácter y la atmósfera cómica de los personajes parece estar logrado más bien por eliminación que por alteración de los rasgos. Gran observadora de las maneras de andar, de los ademanes, de los vestidos, del cuerpo entero como continuidad o complemento de la expresión fisonómica, el arte de “Ninón” desborda la caricatura en su acepción ortodoxa de parodia gráfica de los rostros, para darnos a sus personajes en el conjunto de atributos psicológicos que constituyen lo que llamaremos su estampa o su facha”. Aquiles Nazoa, Los Humoristas de Caracas, 1967.
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