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Dossier
Estoy conversando con Lula Golding, quien un día descubrió que sus manos podían no sólo amasar el pan, las arepas o las tortas, sino también la tierra; igualmente, que el fuego no sólo servía para preparar manjares sino también para endurecer y dar vida a las ensoñaciones que sus manos habían modelado. En su casa-taller Lula convive con sus sueños hechos formas terminadas o en estado de bizcocho, con sus orquídeas, bromelias, obras de arte y la traviesa Lorenza, su muy mimada e inteligente Jack Russell. _ Lula, eres una ceramista que en los Salones de Artes del Fuego ha participado y obtenido menciones especiales y premios importantes como el Premio Ciudad de Valencia en el XXI Salón Nacional de las Artes del Fuego. Igualmente, tus obras han estado presentes en conocidas galerías de arte, tanto en exposiciones individuales como colectivas, por eso me encantaría si pudieras hablarme de tus inicios en este arte del fuego que es la cerámica.
Es muy emocionante cuando los dedos entran en contacto con el barro, la arcilla, y es como un éxtasis cuando van brotando las formas de mis manos _continúa diciéndome Lula mientras enciende un cigarrillo y entrecierra los ojos_. Entre mis piezas y yo existe una comunión, por eso nunca he podido comercializarlas, ya que ellas forman parte de mí misma. Por eso le pido a Dios todos los días que en estos momentos tan difíciles que está viviendo Venezuela, me dé fortaleza, paciencia, inspiración, porque sin eso no puedo entrar a mi taller, no puedo crear.
_ ¡Claro!, s yo estoy de mal humor no puedo crear. _ ¿A través de qué se hace evidente ese soplo divino que dices te lleva a modelar lo que previamente soñaste y dibujaste? _ ¡Ah!, entonces escucha _ enciende un cigarrillo y comienza a explicarme_: Cuando hago la primera quema, que llamamos de bizcocho, se hace siempre a baja temperatura. Se hace siempre así, aunque vaya a hacer una quema de leña, como seguro harían los alfareros de la novela que me dijiste. Sin embargo el Rakú, una técnica japonesa, se hace de manera diferente. Luego del bizcocho viene la fase de vestir la pieza con un esmalte, con una tinta, con un engobe, y ésta es la parte más difícil de la cerámica. _ ¿Cuando le das el color?
_ Lula _le digo, imaginándola frente al horno con la pieza recién quemada_, creo que tú en ese momento padeces la embriaguez del demiurgo de que habla Bachelard, es decir, que experimentas la misma sensación del primer alfarero, del primer ser humano que descubrió en el fuego a un agente de transmutación, pues, gracias a las brasas ardientes pudo endurecer las formas que había modelado en la arcilla, en el barro. Además, por lo que me has dicho sobre la imposibilidad de comerciar tus piezas, creo igualmente que, como todo creador, ves en cada una de ellas al hijo recién parido. _ ¡Sí! Tengo dos hijos y dos nietos, y es una sensación muy parecida; sólo que, por el contrario, cuando la pieza me salió mal, es terrible y va a la basura. Desde luego que eso no lo hacemos con los hijos, ¿verdad? Pero lo que sí hago es sentarme frente a ella para estudiar dónde fallé, por qué no la logré. Para mi lo más importante es la forma y no cómo está cubierta _continúa diciéndome_, aunque lo que uno busca es la armonía entre la forma y el color y la textura. Pero, como te dije, me gusta es ese momento primigenio, antes que el viento me la seque. Ahora, si bien es cierto que trabajo con el fuego, la tierra, el agua, el aire, más cierto todavía es lo que acabas de decir: el fuego es lo más importante en la cerámica. El horno es vital, no importa si es a leña, a gas o eléctrico. No me gusta mucho el horno eléctrico, es muy exigente. El horno a gas es sensacional. El torno también es maravilloso, te libera. Me hubiera encantado estar en aquel primer momento cuando el hombre y la mujer primitivos descubrieron que si hacían un hueco en la tierra _dice, y sus ojos se agrandan, brillan iluminándole el rostro_, lo llenaban con leña, la encendían y quemaban las piezas, entonces éstas se convertían en vasijas, adornos, ídolos... Esas son las quemas de leña que son hermosísimas, y aún se hacen. Si pudiera quemar como los primeros ceramistas, me sentiría muy, muy feliz. _ Háblame sobre tu proceso de creación. _ Mis piezas nacen de mis sueños, es como una inspiración _me dice, y se queda pensando_. La inspiración es como un entusiasmo, una alegría. Cuando siento que debo participar en una confrontación o preparar una exposición, me digo: «¡Ay sí!, voy a empezar a trabajar unas piezas muy bellas». Entonces sueñas y dibujas, dibujo mucho. Pero no puedes perder la continuidad de eso, tienes que trabajar y trabajar, crear y crear. Pero como ya sabemos lo que estamos viviendo, la baja que han tenido los Salones de Artes del Fuego y las galerías de arte, entonces hago utilitarios para no perder la disciplina. Últimamente casi no sueño porque tengo la cabeza ocupada en otros sueños que tienen que ver con el país. Eso sí _me dice con firmeza_, aunque no esté creando grandes cosas, si no tengo arcilla en mi casa me siento como si no tuviera agua, gas, electricidad. Es algo vital para mí. Nunca me puede faltar la arcilla, así como nunca me falta harina, azúcar y huevos para hacer tortas; además, el utilitario es muy bonito, lo tengo ahí, y sirve para regalárselo a alguien que aprecie, que valore todo cuanto hago. _ Lula _le digo, frente a dos higos sentados en un sofá_, este sofá es realmente mágico y sobre todo, como dice Isidoro Duchase, “bello como el hallazgo fortuito sobre una mesa de disección, de una máquina de coser y de un paraguas”. _ Sí, mis piezas tienen mucho de surrealistas. Yo trabajaba en la galería de arte “Freites” y estaba indecisa sobre si debía inscribirme en un taller de escultura que dictaba el profesor Michael Mason, un escultor inglés. Entonces Edgar Sánchez, quien siempre me ayudado a tomar decisiones muy importantes en mi vida como ceramista, me dijo: «Inténtalo, ¿cómo sabes si no sirves para la escultura si nunca lo has hecho?». Me fui al taller que fue en la AVAF (Asociación Venezolana de Artistas del Fuego), y fue maravilloso. Creo que mucho de lo que soy se los debo a Mason y a Belén Parada, quien hoy es mi muy querida amiga y mi profesora. Mason fue como un camino nuevo que se me abrió. Un día dijo: «Hoy me van a hacer una composición de frutos de la tierra». Pensé: «¡Ay Dios mío, ahorita sí es verdad…». Entonces vi frente a la sede de la AVAF un camión de venta de vegetales y me fui a comprar un pimentón, una zanahoria, un tomate, una berenjena, una cebolla. ¡Ay no, fue hermosísimo! Me llevé todo eso al taller, pues tenía que hacer las piezas haciendo uso de todas las técnicas: torno, placa, modelado a mano. Empecé a hacerlo y, poco a poco, fui descubriendo la belleza de los vegetales. Descubrí la hermosura de sus formas, su color. Cuando vayas al mercado _me dice emocionada_, fíjate en los vegetales y verás lo hermosísimos que son. _Sí,también me encantan, pero sigue contándome qué hiciste. _ Hice una mesa inclinada, que se caía por el peso de todo cuanto le coloqué encima. Yo nunca había hecho nada igual. Entonces, el profesor se quedó impresionado, con la boca abierta, y luego me dijo: «¡Qué belleza de trabajo!, tienes que seguir en esto». Así que empecé a hacer sillas, muebles, poltronas, escritorios, con decirte que me fui a Penlam, Carolina del Norte, con una beca que me gané gracias a ese trabajo. Sí, Josefa _ con mucho orgullo, me dice_, me gané una beca de estudiante trabajador. Trabajaba en la cocina 4 horas diarias como contraprestación por mis estudios, pero, como bien sabes, a mí me encanta también la cocina. Eso sí, un día me pasó algo muy bonito pues vino expresamente el profesor de los talleres de madera, se acercó y me dijo: «Qué lindo trabajo! ¿Sabes hacer cosas en madera?». «No profesor _le respondí_, nunca he hecho nada en madera. No trabajo ebanistería ni carpintería». «Es _me dijo_ el trabajo más hermoso que he visto». La gente se paraba y veía mi trabajo porque es realmente una cosa diferente. No es la fruta ni los vegetales que todos conocemos (bodegones, naturalezas muertas), un tema muy trillado en arte.
_ Sí, Lula, pero no olvides que el arte, como dice Paul Klee, “no existe para reproducir lo visible, sino para hacer visible lo que está más allá del mundo”, de ahí que tú, al juntar objetos de nuestra cotidianidad en situaciones absolutamente inusuales, logras hacer visible eso que está más allá de nuestra mirada, es decir, lo que está en las ensoñaciones, en las fantasías que pueblan nuestra duermevela. _ ¡Claro!, es la forma como yo los sentaba en las sillas. Dos higos, que llamo “Los amigos”, están ahí, como conversando. Yo los veo como gente, y quizás estoy un poco loca (ambas nos morimos de risa). Pongo en el sofá una zanahoria reclinada y otra sentada, y las veo como dos amantes que están viendo televisión. La parte humana tiene que estar en todo, sobre todo si son unos vegetales que están sentados, acostados. Por algo están ahí… _ No he creado escuela, como me dices, pero sí he visto las esculturas. Ahora, lo importante es que aunque te inspires en lo que sea, le pongas tu toque, tu aliento. Mi toque es lo que se me ocurrió al momento de concebir la pieza. Es ese amor y esa inspiración que tuve al crearla, y es eso lo que nota la gente sensible cuando las ve y dice: «¡Qué belleza!» Es porque están vivas… Estoy muy vinculada al mundo del arte y de los marchantes, pero el país cultural es totalmente diferente al de hace algunos años. Es un retroceso terrible, pues este desfavorable ambiente en el país influye en tu creatividad y en el movimiento cultural. ¡No hay movimiento! Nada nos invita los domingos a salir a la ronda de exposiciones. Todo está como en suspenso… Estamos de capa caída, tristes. En mi caso particular, no he vuelto a participar en el Salón de las Artes del Fuego porque está muy decaído, hoy tiene muchos errores ese Salón. Asimismo, tuve necesidad de suspender mi exposición “Sueños de la cotidianidad”. Pero todo lo haré nuevamente cuando llegue el momento, cuando la gente se sienta con ánimo para ver mis piezas expuestas. Mira Josefa _dice, con mucha seguridad_, creo que este gobierno, este presidente y su mal llamada “revolución cultural” han sido muy negativos para el país, la cultura en general, ambiente el arte y sus creadores. |
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