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Sección: Arte y Cultura

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A Oswaldo Vigas la vida se le ha ido entre ofender y pedir perdón

Esso Álvarez

Miércoles, 11 de marzo de 2009

A Oswaldo Vigas la vida se le ha ido entre ofender y pedir perdón

Bajo la curaduría de Mariela Provenzali se exhibe, en la Alianza Francesa de La Castellana, Mujeres, mujeres y mujeres… de Oswaldo Vigas. Treinta y cinco dibujos íntimos ejecutados durante su convalecencia en una clínica el año pasado, cinco glicées y una escultura de bronce, se podrán apreciar hasta el 3 de abril. Excelente pretexto de los franceses para rendirle un homenaje por haber recibido la orden de Comendador de la Artes y de las Letras. Este año tendrá sendas exposiciones en Houston, París y la Costa Azul. A continuación compartimos varios textos de los encuentros y conversaciones epilépticas con el maestro.

Por Esso Álvarez

I

Ella revolotea incansablemente alrededor del taller y el apartamento. Echa un vistazo a todo, delega responsabilidades a las personas que cabalgan diariamente con la organización y ejecución de la agenda del maestro. Pregunta cómo van las cosas; quiere respuestas, nadie responde, exclama algunas frases en francés nada traducibles. Corre, mejor vuela, tras el celular, el fax, la computadora personal. Suena el teléfono, una llamada del exterior, es su hijo Lorenzo, cineasta y biólogo marino. Cambia de humor. Suena el timbre, son unos amigos no esperados. Vuelve a sonar el timbre, son los coleccionistas esperados. Vuelve a sonar el timbre, son unos periodistas que llegan a la hora indicada, pero que ella no recordaba. Todo es un caos. Recibe un correo electrónico, lo abre: “¡Listo, las obras llegaron!”. Se da un respiro, baja al jardín que pronto será una pequeña piscina, contempla las rosas cultivadas con amor y exclama: “Ya está, voy a descansar un momento”. Así son los días infinitos de Janine Castés de Vigas, compañera cómplice en la travesía artística y proyecto de vida, desde finales de los años 50, del artista plástico Oswaldo Vigas (Valencia, 1926).

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II

¿Dónde está Vigas? En el espacio donde libra, en la nocturnidad más íntima, las batallas contra los fantasmas que lo acompañan y atormenta desde la infancia. Allí deja que la mano derecha voluntariamente haga los trazos sobre la superficie elegida, aún usa paleta y caballete, para materializar sus sueños reales o imaginados. El taller donde pinta no excede los 30 metros cuadrados, con poca luz artificial, y lo comparte con Iván Marrugo, su asistente incondicional, quien vela por su aliento, tiempo y lugar.

Huérfano de padre a los diez años de edad. Fue un niño viejo, por su madurez y responsabilidad prematura, los adultos, incluida su progenitora Nieves Linares de Vigas, le consultaban las decisiones que afectasen a la familia. Dice mirando a través de sus lentes rojizos con voz baja y dicción perfecta: “De niño me decían en la escuela que tenía vocación de servicio y que servía para sacerdote. En realidad, soy un niño, por eso creo que hago lo que hago. En mis sueños, dormido o despierto, aparecen enigmas que desconozco”.

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Él lleva la creatividad en sus genes, descendiente por vía materna del pintor Arturo Michelena, y John Vigas, su hermano paterno, impecable y exquisito fotógrafo (aún por estudiar), colaboró en Billiken, Élite, El Cojo Ilustrado, El Venezolano y El Universal, medios impresos del incipiente siglo XX, y estuvo cercano al poeta Andrés Mata y al Club Automovilístico de Caracas.

III

No recuerda cómo se inició en la expresión plásticas, pero sabe que desde que tiene uso de razón está garabateando sus percepciones. Vistiendo pantalones cortos recibió, en Guácara-Carabobo, al ya reconocido pintor Alejandro Otero. Se considera un autodidacta en el quehacer pictórico, aunque para socializar visitó el taller valenciano de Braulio Salazar y asistió al Taller Libre de Arte de Caracas. A los 26 años obtiene el Premio Nacional de Artes Plásticas, con la Gran Bruja, de la serie titulada por el escritor Oswaldo Trejo. Becado en París frecuentó la Escuela de Bellas Artes e hizo trabajos con Marcel Jaudon y otros expertos gráficos. Sus trazos están realizados sobre diversas superficies y técnicas como el dibujo, la pintura, el collages, los murales, las esculturas, las técnicas gráficas, los tapices y la cerámica. Ha escrito teatro y poesía, ejercido la diplomacia y la gerencia cultural. Estudió Cirugía y Pediatría, en la Universidad de Los Andes (ULA) y en la Universidad Central de Venezuela (UCV), formó parte de la promoción Dr. Pastor Oropeza de 1951. Invitado por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva participó en el proyecto denominado la Síntesis de las Artes Mayores para la Ciudad Universitaria.

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Vigas ha estado políticamente en una montaña rusa y eso le ha ocasionado encontronazos con moderados y radicales de todos los frentes. A la caída de Rómulo Gallegos fue advertido por Eloy Dávila Celli, gobernador de Mérida, que la seguridad lo estaba buscando. Tuvo que irse, pero su trabajo desde el exilio no ceso. En 1957 contribuyó en la redacción del Manifiesto de los Intelectuales contra la dictadura imperante. Derrocado el general Marcos Pérez Jiménez, Vigas asumió por seis meses, a los 32 años, la Gobernación del estado Carabobo. Sobre lo anterior hace un breve un mutis, sonríe y exclama con sorna: “Lo que me falta en mi currículo es la línea que indique que estuve preso”.

Sus pasiones creativas fueron materializadas, para el bien colectivo, cuando se desempeñó, durante cinco años, como director de cultura de la Universidad de Los Andes. Fundó el Departamento de Cine de la ULA, organizó muestras de Cine Documental Latinoamericano y música. Creó y fue brevemente el director del Museo de Arte Moderno de Mérida. Colecciona amigos (Picasso, Wifredo Lam, Guayasamin, Nicolás Guillén, Roberto Matta, Eduard Loed, Gastón Diehl, Fernando de Szyslo, Raymond Cognat, José Gómez Sicre, entre otros), obras precolombinas y de otros artistas. Excelente conversador, de memoria prodigiosa; ácido y directo en sus críticas. En ocasiones mágicas, asume el rol de cocinero. Admite que con el paso de los años ha visto obras en las que no se reconoce. Sus trabajos están representados en museos y galerías privadas y públicas en diversos países. El año pasado en la Feria de Arte Internacional de Scharpoord de Knokke, Bélgica, fue distinguido como el Cobra latinoamericano.

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IV

-¿Tiene alguna función el arte?

-La de trascender del gran enigma del hombre que es la muerte. La obra mayor permanece y salta en el tiempo. El tiempo nos mata y la obra trasciende todo, incluso la muerte.

-¿Contabas algo sobre la fantasía tecnológica?

-Parte de nuestros artistas han querido ser tecnólogos, científicos y han despreciado la sensibilidad. Ellos querían no tener sensibilidad, sino conocimientos técnicos. Esa era la otra fantasía. La arquitectura es más importante que pintar cuadros, se hicieron arquitectos sin ejercer nunca. Esa es una fantasía de los artistas venezolanos que es debido, a mi manera de pensar, a un complejo de inferioridad.

-¿Propia de los latinoamericanos?

-No, de los venezolanos.

-¿Cree que se deba al llamado progreso?

-Así es, allí radica el problema. Venezuela siempre ha querido ser un país de progreso, y eso fue lo que se llamó el Ideal Nacionalista de Pérez Jiménez: la modernidad y el progreso. En Venezuela todos irrespetan al que se mete a artista, dicen que ese no será nadie. La ambición de quererse destacar más que los demás hace que se meten a “artistas científicos”, “artistas técnicos”, tecnólogos, a algunos les resulta, le suena la flauta y tienen tal personalidad que pasan por encima de todos los obstáculos y realizan una obra con una característica propia, un ejemplo, Jesús Soto. Él tuvo la perseverancia, la voluntad para darle, machacar las rayitas, como le decíamos, y a través de eso llegar a imponer una forma de arte que es el cinetismo. Soto habría obtenido reconocimiento en cualquier rama en la que hubiera incursionado, por su personalidad dominante y arrogancia.

-¿Con el cinetismo podemos referirnos a la desmaterialización de la materia?

-No es ninguna desmaterialización, el hecho de que sean rayitas no quiere decir que sea desmaterializado. Un crítico argentino me dijo que el cinetismo no es un arte abstracto, sino un arte figurativo y que es una manera de hacer visual la fantasía del infinito. Ahora, para mí, si para hacer un arte válido hay que ponerse a buscar todas esas explicaciones, me parece que eso no es arte; porque eso excluye sentimientos, pasiones, ansiedades, voluntades y el arte, para mí, son todas las cosas que ellos rechazan: intuición, emoción, ansiedad, angustia. ¿Entiendes? -¿Funcionó?

-Le sirvieron como excusa para hacer arte.

-¿Qué necesitas para trabajar?

-¡Emoción! -¿Qué es lo que hace que esa emoción se enriquezca?

-No es necesario que se enriquezca, puede seguir siendo la misma.

-¿Es la misma de cuándo comenzó?

-En el fondo es la misma, no he cambiado. He acumulado experiencia filosófica, científica, matemática, tecnológica, pero no la uso. ¡No me sirve para nada!, me vasto con lo que tengo.

-¿Tiene instinto animal?

-Sí, un instinto animal perfecto.

-¿Será porque eres autodidacta?

-Los artistas, con excepción de los académicos, tienen que inventar su lenguaje. Yo no imité un lenguaje, sino que inventé mi lenguaje, por eso nunca fui académico.

-¿Inventar o imitar?

-No me he imitado nunca. Siempre consigo las cosas, no las he buscado. Las ideas para las pinturas no las busco, parten de los bocetos. Un borrón se articula en nuevas formas, se transforman en figuras, en composiciones y trabajo usando la técnica, un poco del automatismo.

-¿Y esos seres que habitan sus obras vienen del sueño?

-A veces sueño que estoy pintando, pero no me sirve para nada, en relación con la pintura y, otras veces, estoy pintando y no me acuerdo de lo que soñé. Los sueños son un esquema psíquico, de una realidad que vive el inconsciente. Las imágenes de mis pinturas son parten del inconsciente, pero ellas aparecen gracias al automatismo de la mano, que es la que sabe.

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-Sí, no soy yo el que la guía.

-¿Qué hace un sedentario para que las emociones fluyan? -Con la cuestión racional, no hay nada qué hacer. No hay nada que se pueda hacer o dejar de hacer para que estén allí. A propósito del arte, me quedé en la Escuela de Artes Plásticas de París cuatro años, estuve en la Escuela de Filosofía de la Sorbona, oyendo a Gaston Bachelard y a otros críticos, y en la Facultad de Medicina. En España hice bocetos de El Greco, de sus composiciones. Siempre estuve estudiando, leyendo, escribiendo, guardando libretas. Nada de eso me ha servido para hacer mis cuadros, pero eso es un cúmulo de conocimientos.

-¿Eso es lo que cree?

-No, eso es lo que yo siento. Ese cúmulo de conocimiento quizás es para probarme a mí mismo que no necesitaba de ninguno.

-¿Un reto y luego la negación?

-No sé, nutrirse para saber si era bueno, lo hice. Pero no me interesó.

-¿Estudió a Paul Cézanne?

-Sí, a Cézanne lo descubrí en Valencia, no en París. Vi un libro de acuarelas y tuve una época similar a él. Hice naturalezas muertas, paisajes, composiciones de grupos, y al mismo tiempo pinturas abstractas. Ahora estoy localizando esos viejos cuadros.

-¿El color en Vigas?

-Mi pintura tiene un fondo y una estructura fundamental dibujística. No soy alguien que haya estudiado el color, eso es intuitivo. El mejor colorista de la pintura venezolana fue Marcos Castillo.

-¿Le interesó el arte conceptual o las instalaciones?

-Nunca, me produce curiosidad, pero no emoción estética.

-¿Un error?

-Eso no es artes plástica, sino filosofía, poesía, otra cosa. Los elementos que las nutren son para obras de teatros o espectáculos.

-¿Bárbaro Rivas y Armando Reverón se disputan su gusto?

-¡Por supuesto! -¿Qué encuentras en ellos?

-¡Son pintores de la intuición! No necesitan conocimientos, sobre todo Bárbaro, es el pintor más dotado que han tenido las artes plásticas venezolanas. Reverón tenía su formación intelectual cubierta por la locura. Él me metió los dedos en los oídos (Están las fotografías que le hizo su amigo y pintor Ángel Hurtado) para sacarme los bichos que yo tenía adentro, para que no me atormentaran como lo atormentaban a él. Yo tenía 22 años de edad.

-¿Somos esclavos de nuestras pasiones?

-Sí, por supuesto, no somos libres.

-¿Alcanzamos esa libertad?

-No la alcanzamos nunca.

-Dijo que la alcanzaba cuando pintaba.

-Sí, pero eso yo no lo llamaría libertad.

-¿Y cómo lo llamarías?

-Desprendimiento, pero también hay una dependencia. Uno de los instantes más emocionantes que he tenido en mi vida ha sido recorriendo las grutas donde vivió el hombre de Neardenthal y el Cro-Magnon. Ese hombre de hace 40 o 60 mil años que sintió lo mismo que yo, me ha dado seguridad. Me mueve lo ancestral, no lo contemporáneo, aunque lo que hago sea contemporánea. A través del arte uno hace el camino de regreso a los orígenes y el arte con mayúsculas no tiene edad.

V

El maestro Vigas vivió lo que representa ser celebridad y la superficialidad humana contemporánea al aceptar la invitación a la 57ª edición del Festival Internacional de Cine de Cannes. Su Bruja de la culebra (1952) simbolizó, gracias al cineasta venezolano-chileno Atahualpa Lichy, la imagen de la muestra Una Cierta Mirada. Tuvo el privilegio de ser testigo y actor en la feria de las vanidades del jet set cinéfilo mundial, no eludió los encuentros fortuitos en el piso del hotel con Nicole Kidman, Monica Bellucci o Clint Eastwood.

-¿Tiene vanidad?

-Yo tengo vanidad. Me gusta que me reconozcan, pero no considero que sea más importante que lo demás. La vida se me ha ido entre ofender y pedir perdón. Cuanto más se envejece, más joven se es, y ya no te importan las vanidades.

VI

(No se encuentra la imagen 9306396) Mujeres, mujeres, mujeres… En la intimidad del papel se acoplan, se distancian, se engullen, se dan dentelladas sobre el trazo blanco y negro, se disputan los espacios, son gordas, anoréxicas, risueñas, tetonas, alegres, tristes, sentadas o de pié, están nuevamente ahí, materializadas por él. Desde siempre lo han amado y, sobre todo, han sido sus cómplices, con sus virtudes y defectos, él lo sabe. En silencio, sin exigirle nada han estado ahí, ¿recuerdan la serie de Las Brujas? No son las féminas que pululaban por el boulevard Raspail que él percibía camino al hotel D’Aubusson. Ellas lo han acompañado desde antes de visualizar el conocimiento y emprender el camino creativo que frisa los 83 años. Hoy, en la Alianza Francesa de La Castellana, ellas, las mujeres que lo custodiaron con frenesí durante su convalecencia y rehabilitación (2008-09) en el Hospital de Clínicas Caracas, tienen nombres justos y precisos: Paciente, Burlona, Doncella, Mis Curanderas, Libertadora, Niña, Tripocha, Morochas, Bufona, Gemelas, Mirona, Materna… Ellas constituyen el penúltimo harén de las amadas y deseadas en su imaginación. Su vida ha sido un infinito lleno de mujeres maravillosas, comenzando por su madre, que ha amado; pero no todas han sido sus amantes.

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VII

El poema Sigilosamente fue escrito, entre otros tantos, mientras las “mujeres” tenían la osadía de abandonarlo para irse a otras menudencias impublicables y dejarlo desguarnecido ante lo inevitable.

SIGILOSAMENTE

la he visto acercarse en estos días

sigilosamente

pero yo también

sigilosamente

me he ido a otro apartamento

en este gran edificio

que es la vida.

Sigilosamente

nos vemos

nos saludamos

y sigilosamente

nos vamos hacia otros corredores

Otros encuentros

Sigilosos

nos esperan

sé que también ella

sigilosamente

nos está esperando

Ese encuentro nuevo

y sigiloso

quisiera decir

que nunca llegará

aunque bien sé

que en alguna otra ocasión

sigilosamente

nos volveremos a ver.

H.C.C. 29/06/08.

Regreso de la noche de Oswaldo Vigas, Galería de Arte Ascaso, Editorial Arte, 2008, Caracas.

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