Carlos Yusti es un espíritu inquieto. Escribe, pinta, promueve proyectos culturales, diseña una página web, etc. Nació en Valencia y tiene algunos años viviendo en Ciudad Guayana. Ha escrito cuatro libros y realizado una serie de exposiciones individuales de pintura. Su última exposición se centra en el dibujo sobre papel y lleva por título "Metáforas del color". Sorprende el trabajo con el color, su soltura musical, su ingenuidad agresiva, su historia oculta y cierta poética. Los títulos de algunos dibujos son bastante sugerentes: "Jinetera con medias azules", "El Dragón Chino salía con una muchacha de mi barrio", "Verde sobre rojo". El tema: la figura femenina o masculina, los animales y cierta plasticidad infantil. Aunque el tema podría ser el color. El color como juego, como poema visual.
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El artista que es Yusti aprecia su intuición como fuente invalorable de sensibilidades y saberes. Se sirve y es servido tanto por ella como por los conocimientos, que le permiten entender la vida y acercarse al arte con la frescura del aprendiz sempiterno, que él ha elegido ser. La solidez de su sabiduría demuestra que su entrega al arte es irrevocable.
Como escritor es imprescindible para quienes nos hemos acostumbrado a su verbo descarnado e irreverente, pero cargado de una gran fuerza poética, que suele darle un color y una visión singular a su producción escritural. La música acompaña la voz de sus interpretaciones, como en una sinfonía de acordes magistrales. Digo, así, que él es puntal de su cuerda, donde selecciona con generosidad a sus "compañeros de viaje".
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El poeta Pedro Suárez escribe un boceto que bien vale la pena transcribir: "Así es Carlos Yusti, híper-tenso y levemente satírico, coleccionista y desmemoriado, trashumante e internauta, anacrónico y potsmoderno, grafómano y lector borgiano, no hípico ni aficionado al fútbol o a los terminales, y mucho menos a los Triples. Intelectual y sicalíptico, pintor y escultor, ensayista y amigo entrañable, que de vez en vez exorciza bravuconería, con la humildad de un preinfarto. En ocasiones le da por mirar el Orinoco y salpicarse con la clara del Caroní, por balbucir una mujer en la desnudez de su piel, por caminar n través de la espalda de un tótem que ya antes había esculpido, y en otras por coleccionar figuritas de africanas ,caballos, lunas y epístolas que escribe en letra sánscrita a los que estima en la amistad".
El pintor se interna en la poesía de su paleta de colores para ofrendarnos con sus creaciones, que ausculta en la intensidad de lo infantil, verdaderos sintagmas plenos de contenido y emoción. Sus lienzos, polisémicos y multicromáticos, se dejan leer siempre con una lectura distinta cada día. Como un libro entrañable que nos acompañará por siempre. Carlos eres el Leonardo de estos parajes de hormigón, como le gusta decir al poeta Arévalo.
