Editorial
Política
Economía y Petroleo
Internacionales
Global y Social
Arte y Cultura
Venezuela en la prensa internacional
Síntesis de Noticias
Bitblioteca
Analítica Premium
Mujer Analítica
Zona Empresarial
Zona Light
Links recomendados

 

Opinión y Análisis

Hans-Georg Gadamer y los límites de la literatura
Rafael Rattia

 
Martes, 28 de septiembre de 2004

La piedra de toque de toda la hermenéutica gadameriana se desarrolla fundada en una búsqueda: ver si la investigación ontológica que atraviesa la vasta obra de este autor se aplica finalmente “al modo de ser de la literatura.” Como toda indagación hermenéutica, la perspectiva interpretativa del texto literario según el filósofo, la literatura no tiene menor valencia óntica propia que la legítima representación simbólica-racional que posee el ser.

Para Gadamer la lectura es un proceso radical de interioridad al tiempo que en ella se resume una condición liberadora respecto de toda contingencia exterior a la misma. No existen más condiciones para la existencia de la literatura que no sea: La transmisión lingüística y el cumplimiento de la lectura. Nos advierte el pensador que toda conciencia estética se afirma o reafirma a sí misma gracias a la legitimación de una cierta “autonomía de la conciencia lectora”. Y sostiene que, a propósito de cualquier libro, no importa de cuál se trate, “es para todos y para ninguno”. Valga decirlo, esta última idea es tomada en préstamo de Blaise Pascal. Véase la idea de la circunferencia pascaliana. Pero recuérdese que el fenómeno literario como objeto de lectura es una manifestación relativamente tardía que emerge a la superficie del mapa cultural de humanidad con el advenimiento de la grafía, esto es con la escritura. Nadie ignora que la escritura es un hecho reciente en el devenir de la especie. La escritura es mucho más antigua de lo que imaginamos pero aún así sigue siendo un fenómeno reciente. Así las cosas, poesía, literatura y escritura siempre se han entrelazado de un modo inextricable aunque no siempre se han desarrollado con el mismo ritmo no con la misma intensidad. Igual sucede con la lectura en voz alta y la llamada lectura en silencio. Obviamente, la frontera entre ambas es siempre tenue y harto difícil de delimitar. Lo que hace que ambas sean interpretadas como una totalidad orgánica es su carácter comprehensivo, reproductivo e interpretativo. No hay que olvidar que toda lectura posee un tono, un ritmo y una cadencia, o mejor dicho un tempo.

Hans-Georg Gadamer coloca un especial énfasis a la vinculación lingüístico-corporal de la lectura y dice que ella comporta siempre una especie de “hablar interior”. Para Gadamer la novela es a nosotros lo que la declamación fue a los antiguos rapsodas; o en pintura lo que el cuadro a la contemplación del espectador. Toda lectura lleva implícita una representación y toda representación es susceptible de una recepción en la lectura. Y como la lectura es un proceso, en consecuencia “…no es necesario leer un libro de un tirón.” Se puede leer pausadamente un fragmento, un párrafo, un capítulo y detener la lectura para reflexionar y analizar lo leído. Sin olvidar un instante que leer es esencialmente interpretar un texto.En palabras de Gadamer: “Las vivencias estéticas van apareciendo a lo largo de la lectura. A la obra de arte literaria le pertenece la lectura de una manera esencial, tanto como la declamación o la ejecución”.

Lo literario no es una actividad solipsista ni autotélica; el concepto de receptor está en las bases mismas de toda noción de lo literario. La literatura, cuando es dinámica vivificante, realidad vivencial se convierte en conservación del patrimonio anímico y espiritual de la humanidad. Desde la colección de libros de El Liceo, en el año 335 a.c., pasando por los filólogos alejandrinos hasta el presente, la literatura no ha dejado de ser una caja de resonancia de la formación de los cánones “clásicos” y de su conservación para la memoria histórica por la lectura. Así, a lo largo de los siglos se va gestando un gusto estético y literario y se sedimentando una espesa tradición de las letras cuyas obras “clásicas”, “modernas” y “contemporáneas” no son más que variantes de una misma corriente histórico-artística.

Toda sensibilidad humanística se nutre de abrevar en esas obras inmortales. Y la inmortalidad de una obra literaria está en su carácter imperecedero por virtud de la conciencia histórica que le atribuye a la obra literaria un sentido duradero y por tanto universal porque es intemporal. Lo universal se instala en la conciencia del ser en tanto totalidad universal, no es propiedad de nadie y “el mundo” hereda ese legado literario como patrimonio artístico de la humanidad. Ello significa –según Gadamer- que cuando hacemos referencia a la “literatura universal” nos estamos refiriendo exactamente al concepto de “literatura mundial”. Ahora bien, los límites formales de toda literatura están vinculados a eso que Gadamer denomina “la linguisticidad”; es decir, la capacidad de escritura que afecta a todo lo lingüístico y representa el límite más amplio del sentido de la literatura.” En este sentido, lo que el poema tiene en común con el resto de los textos literarios que la primera nos habla desde el significado de su contenido, importa más para el texto poético lo que nos dice. Por supuesto que existen diferencias sustantivas entre el lenguaje de la poesía y el de la prosa y más aún las hay entre el lenguaje científico y el de la prosa literaria pero lo que verdaderamente las diferencia, según Gadamer, “es la pretensión de verdad que plantea cada una de ellas.” No obstante las diferencias formales arriba señaladas, siempre existió y continuará existiendo una profunda empatía comunicacional entre las obras literarias y la mediación significativa de dicha empatía está representada por la configuración lingüística que permite la inteligibilidad del enunciado literario en general. “Visto así –dice el filósofo- la comprensión de textos que practica, por ejemplo, el historiador no difiere tanto de la experiencia del arte.” Desde el punto de vista de la teoría literaria, el historiador es a la vez un arqueólogo del texto literario y al mismo tiempo un hermeneuta de la creación literaria, es un descifrador, un comprendedor del discurso escrito; el historiador es un intérprete de esa huella pura y extraña del espíritu que es la escritura; sea esta literaria, histórica, jurídica, científica o del signo que fuere. Por voluntad epistemológica del historiador lo extraño y muerto (pasado) adquiere un aire familiar y coetáneo (presente); el historiador con sus herramientas teóricas y metodológicas propicia una reconversión del sentido del texto escrito en sentido vivo y revelador. El texto dice lo que oculta y es por ello que toda verdadera obra de arte literario sólo alcanza su plenitud en su lectura. Un texto, literario o no, únicamente puede ser leído desde la capacidad de un sujeto cognoscente que interrogue y decodifique los signos fundantes de dicho texto y lo ponga en relación dialéctica, en compleja tensión dialógica con el contexto originario que le otorgó partida de nacimiento y es en tal actividad comprensiva y reconstructiva que adquiere especial relevancia la “conciencia hermenéutica” cuya razón de ser está fundada en la preexistencia del texto literario. En palabras del propio Gadamer: “La estética debe subsumirse en la hermenéutica”. Dicho de otro modo: la racionalidad artística (y también literaria) está comprendida en la experiencia hermenéutica y siendo así, toda obra de arte también puede leerse como un texto pero jamás alejado de su significatividad contextual ni desenraizada de su realidad temporo-espacial, o como le gustaba decir a Schleiermacher, de “su suelo”. Así como resulta literalmente imposible separar el texto literario del contexto histórico, del mismo modo es vano y tal vez estéril separar en el discurso poético lo que se dice en él con la manera como se dice.

------------------ (*) Historiador, poeta y ensayista. rrattia@hotmail.com

Rafael Rattia

 

 

 
Home Contáctenos Regístrese ¿Quiénes Somos? Foros Chat Bitácora
 


Copyright © 1999 - 2006 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos.
Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.