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Sección: Arte y Cultura

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¿Murciélago o Mariposa?

Roberto J. Lovera de Sola

Jueves, 28 de mayo de 2009

Se ha señalado que los temas focales de la literatura son el amor, la muerte y las recreaciones fantásticas. El amor es constante porque es el tema de la vida, sin duda alguna. En ello penetra Helena Arellano Mayz (1963) en su novela corta “¿Murciélago o mariposa?” (Caracas: F & L Editores, 2005. 97 p.) en la cual merodea del tema desde un ángulo muy propio de nuestros días: cómo puede el amor salvar la autonomía de cada persona, la libertad del hombre y de la mujer en la pareja, todo ello contado en la forma bella de una llamativa trama, a la vez sencilla y profunda. Y la cual llena de interrogantes a quien la lea porque “al alma no se le hace ecosonograma, ella sólo se escucha en el silencio” (p. 39), lo cual nos pone ante el momento psicológico en que la protagonista se coloca ante aquello que le sucede: ¿es por ello que llama a su narración “una historia de añoranza” (p. 83)? O dice “Esta oda al amor nace de la necesidad de encontrarle salida a un sentimiento que respete la voluntad del otro, no a manera de resignación” (p. 95-96).

Pero antes de entrar reiteramos, como antes los hicimos ante su novelín “A dos manos” (Caracas: F & L Editores, 2008. 136 p.), la certera escritura de esta narradora, su cuidado en el uso del lenguaje, su poder fabulador, la delicadeza con la que presenta el suceder de su ficción.

En este libro nos metemos por los senderos de una relación amorosa entre un hombre y una mujer. Pero el libro nos presenta por una parte la historia de ese acontecer, narración que a veces se interrumpe con capítulos epistolares bellamente concebidos como las dos cartas de ella “Muy señor mío, Marcelo” o la de él “Muy recordada señora mía”.

En “¿Murciélago o mariposa?” la mujer recuerda, rememora, añora, está triste por que él se ha ido y lo espera: ”en mi desnuda realidad, a solas conmigo misma, desvestida de argumentos razonables, sencillamente soñaba con la oportunidad de volverlo a ver” (p. 69). Pero enamorada como está vive “Sorda a los mandatos de la sensatez, salí violentada en busca de una sonrisa” (p. 69).

Pero para meditar en lo que le sucede escribe su recuento, da vueltas a su agonía (p. 70). Y es por medio de la escritura que llega al meollo de todo ser humano, que es siempre luz y sombra. Y ante la pregunta, que es la del título, expone que Marcelo, el protagonista podría ser un murciélago, “tan vampiro, tan oscuro” (p. 76). O “Podría ser, también, Mariposa. Ligera, de espíritu viajero, renovado, renacido, poseedor del secreto para hilar palabras con seda liviana multicolor” (p. 76): porque sólo siendo a la vez brillo y penumbra puede ser considerado ser de carne hueso, con sangre corriendo por las venas. Y como siempre en esta autora parecen estar siempre presentes los modos de la literatura autobiográfica (así es en “A dos manos”) la protagonista consigna en su cuaderno: “concluyo que si persiste un Marcelo-murciélago-mariposa en poseerme y animarme, cautiva de su revoloteo alborotado, ufanando su parentesco con lo imperecedero inmortal, perseveraré en vencer el temor al recorrido de una cancha llena de obstáculos que dura infinitamente poco ante la eternidad. La vida es breve para no intentar amar, así sea solo con palabras extraviadas, descarriadas, delirantes” (p. 76-77). Pero al ver a aquel Marcelo “ubicuo, vago, confuso, desdibujado errabundo de mi vida” (p. 78) también por asociación, como en un espejo, se está dejando ver ella: ser lleno de contradicciones como todo aquel que con su piel deambula por el mundo. “He ahí al hombre / he allí su contradicción” escribió el inigualable Miguel Hernández (1910-1942).

Escribir es decisivo en el modo de mirar el mundo que tiene esta escritora, es tema recurrente en ella. Por ello podemos leer aquí: “Pero seguiré abierta, como alguna vez leí debe estar siempre la escritura, a un fortuito encuentro, a la más repentina imagen, a esa sola palabra que al hallarla nos ahogará de alegría si no la pronunciamos” (p. 41) o “al eco de mis palabras resonando en mi añoranza al escribir” (p.44): no se olvide aquí que “¿Murciélago o mariposa?” es todo un canto de nostalgia por un amor ido (¿o perdido?). Y es escribiendo que logramos retenerlo, que no se vaya, que permanezca, porque el amor, como se lee en el epígrafe de la gran Maria Zambrano (1904-1991), “engendra siempre” (p. 9).

Pero todo esto lo hace la protagonista de esta nivola consignado con sus letras en las hojas que redacta “Escribir, Anhelando… es también un atrevimiento audaz de reinventar la vida, escribiendo” (p. 80), ¿por ello sueña con tener “una casa con vista al mar” (p. 80)? Y el deseo de vivir frente al mar, donde la vida se renueva en cada ola, no deja de ser un motivo constante en esta recreación: son numerosas las veces que nuestro Caribe, inmenso, azul, pleno de sol, aparece en ellas, es el punto de certeza de su protagonista, ser de alma caribeña (p.14) quien desea que este piélago la “arrulle con sus cuentos, con pasión y exuberancia, como todo lo que crece en esa caótica tierra mía” (p.73).

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COLUMNISTA:

Roberto J. Lovera de Sola


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