Sección: Arte y Cultura
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Entre cuentos y relatos zulianos
Roberto SimancasMartes, 27 de julio de 2010
Antes de abordar los comentarios sobre algunos textos literarios de Néstor González Leal, Alexis Fernández y el difunto Magello Wagner Quintero Valencia, trío nacido en el Zulia, debo referirme a lo que para mi criterio es la diferencia entre el cuento y el relato. En primer término, ambos son textos literarios, pero si el cuento en su esencia lo define la acción; el relato, aunque pareciese tener la estructura de aquél, gana siempre en imágenes literarias, está impregnado de estética en su lenguaje, que si bien puede también estar en el cuento, en éste su presencia es válida si motoriza la acción. Y esta precisión es fundamental para conjeturar, porque en nuestra región no se acaba por despegar de los géneros de la poesía, el poema en prosa y el relato, para con mucha dificultad ahondar en el cuento y fenecer ante la novela; esta última casi de capa caída. No significa que no se hayan explorados estos dos últimos géneros, se tiene en el caso del cuento la referencia de La máquina de la felicidad, de Jesús E. Losada; la cuentística petrolera casi desconocida de un Valmore Rodríguez; en la novela la trilogía conformada por Pocaterra, Gallegos y Maldonado. Ante tan magros aportes, no nos extraña entonces que el escritor de estos lares, no pase de coqueteos con el cuento y se ancle en el relato.
No obstante la realidad acotada, no significa que la vieja, intermedia y nueva generaciones no trabajen por dar un salto para superar la minusvalía, allí se tiene el trabajo de un César Chirinos, Milton Queros y Norberto J. Olivar, sin desmeritar el trabajo silencioso de otros y otras como el mencionado Alexis Fernández, quien en la actualidad trabaja, diría yo, por concretar una novela tomando como escenario la Maracaibo del Teatro Baralt y los hermanos Trujillos, pioneros del cine en la región. Un hombre que ha pasado de incógnito en la región y tiene todo un aval nacional y caribeño en el género de la novela y el cuento es el médico y científico Jorge García Tamayo, entre sus novelas destacan Para subir al cielo, Escritos en la Habana, entre otras, que le han sido reconocidas con bien logrados premios literarios nacionales, sin que en su terruño se le tome en cuenta. En la nueva generación y en el segmento del cuento, el joven Luís Perozo promete, quien disciplinándose puede dejar huella de altura en el género, como también en la novela en la que comienza a dar escarceos; el colombiano con residencia en Maracaibo, Alfredo Peñuela, actor meritorio, fundador entre otros del Teatro Popular de Bogotá, su cuento por sólo mencionar uno, Cabimas, es a decir de mucho de elevados quilates. . No nombro mujeres, no por machista sino que realmente no avizoro féminas en los géneros débiles acotados; quizás la licenciada María E. Beltrán Purica, ganadora de un cuento, mención infantil, patrocinado por Monte Ávila Editores, titulado La T Alta; refiere la dama que tiene novelas inéditas. En lo atinente a las otras subregiones de la entidad federal, no menciono sus creadores, que si debe haberlos; no por una especie de imperialismo intelectual marabino, simple y llanamente porque no existe una verdadera red literaria, que integre y haga posible conocer a quienes escriben en Bobures, Santa Bárbara, Lagunillas o San Rafael del Mojan, entre otras localidades. Lo real concreto es que la cosecha prosigue a granel en el género de la poesía, mas con una calidad media hacia abajo. Buscar la causa de dicha realidad, que para una sociedad como la zuliana no es problema; es tarea de investigadores literarios enlazados con sociólogos, antropólogos y demás exploradores del conocimiento social.
Hecho este preámbulo, comencemos con los escritores.
Néstor González Leal es un maracucho nacido en el año 1965, de profesión periodista. El individuo ha tenido destacada actuación como promotor cultural y tallerista literario. Perteneció al grupo literario La secta del Fénix, de aparición por los años ochenta en nuestra ciudad Maracaibo. Me imagino que en búsqueda de esa raigambre por el terruño, diseñó el proyecto de la Fundación Casa de Letras Andrés Mariño Palacios. Destaca en su trayectoria literaria haber ganado el Premio del Concurso Anual de Cuentos del Diario El Nacional (1993), con el cuento objeto de comentario Como si fuera esta noche la última vez. Sus trabajos y obras literarios se resumen en: Lugares para el amor y el desamor, antología sobre la poesía de Jorge L. Mena; Ocho narradores para el siglo xxi. Narradores venezolanos publicados a partir de la segunda mitad de la década del 80; su obra en si está representada por Entre grillos y soledades (1996), poesía; relatos suyos incluidos en la antología Voces Nuevas 1989-90, de la Fundación Celarg y Una pista sutil (1997), cuentos publicados en la colección Madrépora, de la Secretaria de Cultura, Gobernación del Estado Zulia.
En la actualidad se me informa, que el escritor desempeña tareas diplomáticos en Brasil, país al que ha estado vinculado desde su participación en el año 1993 en la primera Conferencia Forum Latino-Americano de Jóvenes, efectuado en Sao Paulo.
El cuento de Leal toma como pretexto una historia de amor entre el púgil Tony Cuba y la narración boxística de un Félix Doral; la mujer, recurrencia eterna del desarraigo aparece despertando pasiones entre Tony, el boxeador y el periodista locutor; la figura del Coliseo, encuentro en el ring, está bien aceptada, pues, es el boxeo deporte donde los hombres se dan uno y otro golpe, para acabar con sangre en el rostro, moretones, costillas endebles y demás consecuencias cerebrales; teatro de la muerte al que el humano entre hipócrita repulsa, siente en lo profundo placer. En el desarrollo del cuento aparecen figuras de sombra pero que deciden el futuro del boxeador, caso de Ángelo, italiano, que por asociación en el imaginario del lector se le asocia a la mafia italiana, imponiendo jugadas y viendo ascender su cuenta bancaria negociando con las apuestas de una burguesía de rapiña y sus canales de distribución del espectáculo de sangre; o bien el entrenador, hombre que sabe la verdadera historia de cómo fue el encuentro entre Ángelo y Tony, mentira que el cubano púgil lo hizo aquél, el hombre tenía rato en el ring; sólo que el apoderado debía mercadear su nueva adquisición a lo grande.
El cuentista, quien por el apellido y su origen, debe ser familia real del Pepe Atilio Leal, personaje sin presencia, quien ocupa puesto en el clásico libro Historia de los 10 mejores narradores deportivos de todos los tiempos, de J. C. Méndez Guèdez. La figura del abuelo se convierte en Félix santuario con dos aseveraciones a manera de axiomas en el mundo del pugilato: ningún boxeador es mejor que otro; lo que sucede es que algunos tienen la buena ventura de contar con un apoderado inteligente y ese Hobbe estaba equivocado, el único lobo para el hombre es la mujer; ideas pretextos para sentenciar Félix su ira de despecho contra Buzi: ¡Al carajo con las mujeres y sus debilidades! De ahora en adelante sólo trabajo. Nada de diversiones libertinas con puticas arrepentidas. Además, toda mujer es básicamente eso, una putita arrepentida, pero putita al fin.
En los primeros capítulos la acción es lenta, desvaríos de filosofía callejera, adosados con imágenes trilladas, que creo, Néstor lo hace ex profeso en un ámbito como el boxístico, en que, por lo general, predomina la fuerza y no la estética. Transcribamos algunas: siempre llueve en mi vida, el reclamo de la pasión en sus pupilas, sentía el cuerpo tan vacío, frenético ardor, tristemente sólo. Así Félix discurre con sus últimos trabajos para el periódico, ya que después del recibir Premio Pulitzer por sus reportajes boxísticos, el Times de Nueva York lo espera en su redacción. La oficina, el apartamento de solteròn, los encuentros esporádicos con los colegas; en todos ellos se repite el té como bebida, su monotonía discurre bien armando el archivo que se llevara u oyendo la vieja canción Bésame mucho, de José Luís Moreno. Silena Buzi es la excusa, el pretexto para drenar el stress de un oficio de trascripción y narración del hecho deportivo boxístico, lo cierto que ella le abre su mundo mudo y se van al acto; donde la descripción no pasa de ser mero texto al estilo de la revista Play boy venezolana. Todavía Leal no nos despierta.
El Félix Doral pronto se ira y Tony regresa de una pelea triunfal en el norte, en el trajín recibe la invitación del boxeador para festejar un año más de la mujer, que aquél ha osado llevarla a la cama. Sabe que es un jugada diplomática de Tony, lo quiere fuera de su realidad, desiste ir incluso por consejo de Silena; sólo que el licor nos da coraje y entonado se presenta a la residencia de la pareja. La acción ahora si ha comenzado.
Néstor ha ido parsimonioso, necesitaba trabajar el escenario, explayarse en los personajes, para en unos pocos párrafos, los finales, darle tonicidad motora a una narración medio depresiva: Al momento fui sujetado por los dos buenos muchachos y el campeón, con una excelente muestra de la técnica adquirida, propinó un gancho a la boca de mi estómago. Bruzi dejó escapar un grito ahogado y yo algo de la bilis que desde hacía rato rondaba mi garganta. De seguida Tony lanzó otro gancho directo a mi rostro. Lo último que percibí después del golpe fue el sabor de la sangre y el vértigo en el cual, con rapidez inusitada, me hundía. Recuperado de los golpes y de la resaca, el periodista espera a Tony en la habitación en que había ido a parar, entra el hombre del ring junto a Buzi con cabeza gacha, esconde el moretón producto seguro de un efectivo gancho de derecha; todo está decidido entre advertencia de muerte; huida de la escena de la damisela, el narrador deportivo marcha, se refugia en su apartamento; reflexiona lo insensato de haber enfrentamiento al campeón de los golpes y en lo profundo entre admiración se imagina abrazándolo en el ring después de otra exitosa pelea. Final de rutina, el profesional del periodismo se recrea ahora con sus cuadros y galardones, ganados por sus crónicas boxísticas; acepta que muchas Silena Buzi lo esperan en el norte y cierra oyendo el bolero Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez.
Cuento que se puede calificar apelando al argot boxístico como medio ligero; nada de pesos pesados; se conforma Leal con la rutina de periodista, quien en compartimiento estanco proseguirá su ruta hacia Nueva York, como él en la realidad lo hará en el sub imperio brasilero. Nada más se conoce de este escritor, parece que la burocracia lo asfixio, destino parecido para la mayoría, de quienes conformaron su grupo La Secta del Fénix.
Alexis Fernández es un licenciado en filosofía venido del municipio Colón, sub. Región Sur del Lago, de nuestro estado Zulia. Nace en la capital de dicho municipio, Santa Bárbara del Zulia en el año 1951. Ha pertenecido a agrupaciones culturales como el Grupo Gillo, el Taller Telémaco y al Movimiento de los poderes creadores del pueblo. Se ha desempeñado como profesor universitario en LUZ. Su obra inicial fue Estra falario (1975), relatos; Anotaciones para una antología de poesía falconiana (1984); Días de gracias (1985), relatos y una novela titulada Turbio Fontanero, entre otras producciones. Militante de un confuso humanismo de izquierda, ha sido investigador y defensor de las etnias aborígenes de la región.
En el libro Días de gracias se tratará de ahondar en el relato Designios. El profesor Alexis nos traslada a una casa distante y morosa según sus palabras; humanizada la abandonada casa, en un momento es blancura, en otra se nos aparece ennegrecida, disfrazada de periódicos desvaridos. Será en octubre entre lluvias, que se parecerá a un gran buque encallado entre los árboles y la noche, imagen que nos hace pensar en otro contexto, como en el cuento de Edgar Allan Poe, titulado Manuscrito hallado en una botella: A una aterradora altura, directamente sobre nosotros y sobre el mismo borde de la pendiente líquida se hallaba un gigantesco buque de por lo menos cuatro mil toneladas. Mas la lucha de Alexis es desarraigo, tratando de rescatar infructuosamente con la palabra el imaginario social perdido de su pueblo; será el Ferrocarril, hoy desaparecido, el cual en otros tiempos unía esas localidades, que lo hace decir: A veces, no sé quién, encendía las bombillas de los aleros y se veía como un vagón del ferrocarril extraviado en la oscuridad. Soledad y oscuridad de una subregiòn, que ha decir de los expertos de la agroindustria, está desde hace tiempo llamada a ser el gran granero de Venezuela, para ello cuenta con las mejores tierras de la nación; sólo que la lluvia, el latifundio y el vasallaje caraqueño y maracaibero, la tienen como un pueblo perdido en la geografía nacional, allá en la capital y el otro cual patio trasero, especie de despensa, venida a menos ante la economía de Emiratos Árabes de la actualidad.
La casa distante en Fernández debe ser una de las Casas muertas, de Miguel Otero Silva, o la casa de los Buendía en el Macondo del Gabriel García Márquez; destino que unas relaciones de producción centro-periferia y periferia.-periferia, realidad que se le imponen a estos pueblos, una vez que cesa la explotación que moviliza tecnología y la mano de obra, llámese petróleo, carbón, banano o cobre. La lluvia se convierte en elemento que viaja con el lector; no se olvida que esta subregiòn le caracteriza su elevado nivel pluviométrico durante casi todo el año; pero la lluvia en este relato significa perdida definitiva de lo ido, único testigo de cómo pasa el tiempo y la distancia se ahonda. Entre águila, guarano y lora, una tarde haciendo reminiscencia cristiana, en la casa entra la luz develando su encierro; enseres de cocina y un altar con sus velas. Acordes de instrumentos llegan a la casa, ahora creemos estar entre los fantasmas del pueblo Comala, en Pedro Páramo, de Juan Rulfo, con la diferencia que en este llano nunca llueve. Ancianas oficiando el rosario, Guardianes de María esperando, seres que llegan y otros que nunca salieron; vuelta la mañana, la figura del gallo anunciador ahora del mediodía, vuelve a caer la tarde con las chicharras en su concierto y así La noche atraviesa la estancia en una rapto de gracia, para que la casa se vista de todo lo anterior: se hace nube, pájaro que se escapa, buque estacionario y vértice que huye en una aparente claridad.
Alexis muestra en este relato su sensibilidad poética. Su lluvia de soledad la plasma también en su novela Turbio Fontanero; desarraigo del campesino que se instala en la urbe ¿Hasta qué punto la casa errante, será el poeta escritor que aflora en Fernández en cada párrafo de este relato? Nube que se aleja de Santa Bárbara, ahora para él distante, solamente suspendida en su recuerdo; sólo que la memoria es quebradiza como la raya blancuzca del zócalo. Relatos escritos en su tercera década de vida, camino hoy a la madurez plena, seguro estoy que sus poemas, relatos y novela anterior, han sido el despegue fructífero para la novela definitiva que nos promete.
Magello Warner Quintero Valencia es un escritor difunto como el relato que se pretende escrutar. Egresado de LUZ en la carrera de filosofía, obtuvo el master en su profesión en la Universidad Nacional Autónoma de México; en su viaje en búsqueda de la utopía socialista se va a experimentar la promesa revolucionaria socialista en el medio oriente, LIBIA, donde cursa el doctorado en la Universidad Bengasi. Méritos para ser profesor de la universidad en la cual egresó, su docencia se vería truncada ante su irreverencia radical durante la gestión presidencial de Carlos Andrés Pérez I. El escritor obtuvo el premio regional de literatura; entre sus obras conocidas destacan trabajos publicados en torno al indigenismo, ensayos de filosofía y el libro Relatos inconclusos (1991), edición de undergraund, cònsona con su ideario revolucionario.
Cinco relatos integran el libro Relatos inconclusos, de los cuales se toma para viajar con el autor el tìtulado En tercera persona. Si la ficción no es más que escabullir su yo el escritor, pienso que Magello bien se autorretrata con la palabra en esta pieza literaria; le conocí a medias, bien de andariego en la fuente de soda PALMAREJO y como expositor en los encuentros de la peña literaria Cesar David Rincón, diligenciada por la poeta Xiomara Rivas, a la cual asistía con cierta regularidad, ya que vivía en el edificio que da al frente con la sede gubernamental, donde se convoca la citada peña. Muchas veces lo vi caminando como su personaje Alfredo Peralta muy solitario por la amplia avenida 5 de julio y Bella vista, o en encuentro con un viejo amigo como él, en algún café corrigiendo y haciendo que se le transcribieran algunos papeles.
Un hombre perdido en la lejanía de una mujer, Betty. Leemos y releemos a Magello y no logro penetrar del todo en su crucigrama de sueños.
Peralta el real es una piel fantasma, es el otro yo; el que viaja con su pensamiento es real siendo sueño. Los años han pasado y el solitario hombre hala del recuerdo su viaje a Tulúa, entra en el tugurio de Esther Mantilla donde habita Betty; pero ya el viajante ha filosofado con los años y hace su propia confesión: Me he vuelto irascible, hosco, gruñón. Su mundo es a su decir un laberinto críptico, y èsto precisamente es este relato. Magello nos sirve una bellísima poética, de modo que su tormento no sea indagado, lo impide con su lluvia perpetua. Unas piernas blancas, la noche lúgubre y la fosa con inscripción de la amada, la figura de unos brazieres azules.
Insomnio, soledad, levantarse de la cama, los libros que acompañan al intelectual descreído; sabe que quien filosofa no cree, piensa, Betty que se la figura en el libro, siguen las bocanadas de humo y la hembra desaparece en su memoria por momento; razona que quemar su fotografía es anularla y el recuerdo como psicópata deliciosa que nos persigue, no desaparece de nuestro mundo.
Un sueño que no sabemos si es sueño, lo cierto que el personaje, que es Magello, comienza a ver el fantasma que hay en él. Lo religioso aflora, no es gratuito ya que Quintero en sus años mozos estuvo en un seminario colombiano, camino a ser cura; Betty desnuda a la entrada de una iglesia, corre y desaparece. Ahora creemos estar en la verdadera habitación de PERALTA, alguien toca a la puerta, no sabemos si es ella, o el fantasma real de quien habita la pieza; aparece la figura de Virgilio, quien lo conduce cual Dante por una ciudad atravesada por las aguas, más allá el sitio de encuentro en que Esther y allí la muñeca pintada de rojo. Vuelve la lluvia; Betty no lo sacia, el vacío camina con él; no obstante, despotrica de los vegetarianos, él es carnívoro de hembra, no un misógino. La despedida, viaje a otras tierras, de seguro México o Libia; otras mujeres en su imaginación:
Fátima y Eglè, nada que lo sacie, entra desaforado de nuevo en el mabil de Esther, toma un cuerpo moreno. No ha despertado aun de su sueño, pues el crucigrama de mis sueños se ha desintegrado en hoteles turísticos y playas azules y ondulantes. Cabalga el deseo en la habitación de los coitos tarifados, ve en los ojos de la mujer, que ella juega con un ciervo de metal, la fémina dice llamarse Mara Prado, el misterio sin dejar de ser magia y fantasma, aparece cuando ella se quita el velo y era Betty, quien sonreía y ascendía a los cielos.
Debo confesar que esta escritura me ha sido difícil, mezcla de barroquismo, una poética siempre presencia, donde las poquísimas imágenes que nos pueden parecer trilladas pasan desapercibidas, ante el previo y el pos de cataratas de metáforas, símiles, humanización; la combinación de un ambiente lluvioso, el fantasma que se logra asir entre entregas en un cuartucho, humaradas que acaban, reminiscencia cristianas y mahometanas; todo se conjuga para lo enigmático, laberinto que creo Magello para escabullirse para una sociedad que nunca lo comprendió, o que él en lo más profundo detestada por sus mentiras. Relacionando el relato con el ensayo La obra literaria de Enrique Bernardo Núñez, del también difunto Orlando Araujo, compañero de viaje de MAGELLLO en su lucha por el socialismo; aquel se interrogaba por qué el autor de Cubagua teniendo un trabajo previo, la experiencia y la técnica para dejarnos una gran obra, no lo hizo y se perdió en notas y crónicas en los periódicos; caso de este zuliano, que a mi criterio juega de modo casi asombroso con la palabra, que es decir, mágico; sin desconocer la influencia que se nota de Gabriel García Marques; no obstante, prefiere por causas desconocidas, seguir como su personaje Peralta, morir en su crucigrama de sueños.
Consolidar los trabajos de este hombre, debe ser tarea de allegados y estudiosos de las letras; muy posiblemente con su obra completa, nos figuremos la gran novela, que no escribió y para la cual estaba capacitado; pues, no es gratuito que el libro reseñado se titule Relatos inconclusos.
Tres escritores de una región y puntos comunes resaltan en sus escritos, aun cuando el primero de los comentados se refiere a un cuento y los dos posteriores al relato. La mujer sumisa y castigada, la Buzi de Néstor Leal contrasta con la casa desolada, de Alexis Fernández, que en cierto modo es la mujer que nos deja, poblada de muertos y aparecidos, la tierra que abandonamos en pos de otros amaneceres; mientras la Betty de Magello es el volcamiento de un intelectual anti sistema, un perseguido por su propio fantasma. En todo caso la mujer se representa como suma de sortilegio, hembra que atrapa, nos devora, nos persigue; pero creo que es una coartada de los escritores. Pesa la casi imposibilidad real que copular a ritmo eterno con un vientre infinito; mujer cuero, mujer de tugurio, casa morosa, es la constante de estos escritores, que se plasma también en la mayoría de los escritores latinos. Seria interesante oír las visiones de las hembras escritoras de cuentos, relatos y novelas sobre el Adán de su pasión; aunque éstas pareciesen caracterizarse por la receptividad, el desenfreno de imágenes en éxtasis danzante, al menos es lo que se percibe en el derrape de una Maria Calcaño con sus Alas fatales, mito poético del zulia. El hombre escritor vive enclaustrada por una Eva que no logra cabalgar como potra, no hay seguridad en tenerla en el establo; ellas refieren aromas de un Cid Campeador, que se coma toda su manzana; en ningún caso se plantea el momento de gozo como mero encuentro, que en definitiva es, para proseguir cada quien arando su libertad.
Se percibe en Alexis Fernández y Magello Quintero una influencia notable de Gabriel García Marques y Juan Rulfo, en si, esa corriente de lo metafìsico arcaico que se dio en llamar el realismo mágico, es decir, lo real es maravilloso; que pienso debe dar paso a otra concepción después de más de cinco décadas descollando en las letras latinoamericanas. Y esto nos vuelve a plantear las conjeturas que se hacían al principio de este trabajo: ¿Cuándo nuestro imaginario social, nuestros fantasmas, plasmados en la ficción entrarán en la modernidad; que todavía no acaba de madurar en la tierra de fuego? El caso de Néstor Leal, como integrante del grupo La Secta del Fénix, en otra vertiente, su estética metafísica se plasma en un hastío de oficina de redacción y un mítico norte, paso a la carrera del éxito como quien deja atrás un folclorismo de pueblo y se va blanquear en el norte. Pueblos de lluvias, ciudad soledad, apartamento de solteròn con su aprehensión medio pesimista de su oficio sobre el ring; cuento y relatos donde la inmovilidad se nos figura eterna, ajetreo de cansancio de plumas que pareciesen siempre dormitar, han encontrado el nirvana del Buda y piensan que la acción es cosa de iluso; cuando precisamente ésta le daría danza a sus borrascas poéticas.
Veo a estos tres escritores en síntesis, uno perdido en la embajada del sub. imperio brasileño; papel asignado desde casi siempre a la intelectualidad arrimada al poder; otro en su madurez plena que podría dar el salto definitivo si trabaja con ahínco y demostrar toda su capacidad literaria en una verdadera novela, dejando como mero ejercicio literario lo que hasta la fecha ha escrito; y al difunto Magello, irreverente por siempre, maldiciendo ante Virgilio al ver desde el infierno que no existe, a Kadafi con su colección de Ferrari y su hijo, el heredero de su poder, patrocinando fiestas del jet set y de farándula en Estados Unidos y en recepciones en las islas del Mar Caribe. La moraleja es clara: El regodeo con la palabra y la irreverencia como excusas no son válida, si no se deja una barroca catedral, cincelada con las palabras del idioma sistematizado por Nebrija y Bello, abierta a un lector, que no tiene porque sufrir los laberintos crípticos de quien escribe; más allá de sus fulgurantes imágenes literarias. La literatura debe ser deleite, corrida sin pausa de los sentidos, pasión que atiza los ojos de quien nos lee, sin dejarlo ciego.






