Caracas, Miércoles, 23 de abril de 2014

Sección: Cultura

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Eros y la doncella

Luis Javier Hernández Carmona

Domingo, 9 de junio de 2013

En la novela Eros y la doncella (Editorial Verbum de Madrid, 2013) de Mario Szichman, la historia cronológica-conmemorativa se ve intervenida a través de la historia ficcional, y en esa intervención, el hecho histórico es sustituido por cuerpos que reclaman su espacio en la escena literaria







   Foto: Google

Eso crea una nueva lógica de sentido a partir del paralelismo simbólico entre discurso erótico y discurso femenino encarnado en el cuerpo de la doncella, un afilado instrumento que cambia la historia e invierte las causalidades. De esa manera lo profano suplanta lo sagrado, y lo malo a lo bueno; en fin, la metáfora femenina no solo mutila los cuerpos, sino que cambia destinos sociales.

Diversas instancias abren perspectivas que van a determinar los hechos desde los cuerpos desbordados en pasión, cuerpos de la subversión literaria que recrean acontecimientos más allá de lo estrictamente histórico.

La Revolución Francesa, equiparada a los carruseles que producen ilusiones dentro de los burdeles, crea espacios de la tentación y el pecado que dan destellos de felicidad, permitiendo al mismo tiempo el encubrimiento y la simulación.

Eros y la doncella es una novela que privilegia la mirada; los personajes escrutan incesantemente los espacios públicos. El Otro es espectáculo del yo enunciante que varía según las perspectivas narrativas.

Tal es el caso de Robespierre, quien comparte con la doncella la historia textual como imagen central del espectáculo; la mirada y su circunvolución dentro de lo circense, el escenario ficcional por excelencia.

Entre tanto lo material (la doncella) se humaniza y adquiere características enigmáticas, aires de mujer fatal que cumple inexorablemente con su dantesco oficio.

Para Szichman, cotidianizar la muerte significa estructurar una cadencia narrativa que subvierte los órdenes lógicos desde la historia misma. Se trata de una cronología legitimadora de la ficción que asume rasgos circenses.

Como si la historia conmemorativa intentase borrar, o más bien, transformar en principios éticos capaces de aleccionar a los presentes, y a las generaciones futuras.

Así la historia construye su eje referencial a partir del desmembramiento del cuerpo que se fragmenta y se desangra. Especie de rito satánico que humedece pañuelos y reconforta la avidez del público que asiste a las ejecuciones, es decir, al circo de sangre y muerte.

En Eros y la doncella, la historia textual salta entre los espacios históricos para diversificarse en los disímiles personajes históricos que se asoman para hacer girar la trama como si fuera un caleidoscopio. Los estamentos se fraccionan y los códigos culturales son trastocados desde sus mismas figuraciones.

Así aparece el absurdo desde la pretensión de escribir una "Biblia erótica" donde lo carnal es la sublimidad que se intenta definir como grandiosidad del ser en busca de la trascendencia.

De allí que los estamentos de lo subversivo los dicte la "Biblia erótica" de Mirabeau y no la Revolución. Así se establece una nueva tribuna, nuevos tribunos que comparten la vida con las leyes, y las leyes con el desenfreno y la búsqueda frenética del placer. He ahí el encuentro del estamento real y el estamento ficcional para construir Eros y la doncella.

Lo real y lo carnavalesco se unen en torno a los cuerpos desgarrados entre los espacios públicos y los lugares íntimos. Las apariencias y los murmullos subvierten las posibilidades históricas y banalizan los sentires y sentidos de una Revolución que marcha huérfana en medio de la codicia de los hombres.

Aunque suene paradójico, Eros y la doncella de Mario Szichman es una convulsa historia de amor donde los amantes se mueven en un terrible laberinto que es la vida; historia del deseo que sobrepasa los cánones históricos y presenta al cuerpo como centro de la existencia humana.

Cuerpos vestidos de hipocresía o desnudos de angustias; pero cuerpos al fin que procuran su libertad entre aciertos y desaciertos, vidas o muertes representantes de dos lugares comunes que acompañan paralelamente nuestra existencia: Eros y Tánatos.

Y desde esas circunstancias enunciativas, Mario Szichman se ha convertido en un verdadero maestro que interroga realidades desde la cotidianeidad de los personajes, privilegiando el cuerpo como el gran cartabón para intentar reflexionar sobre las bondades y miserias de la existencia humana.

Mario Szichman presentará Eros y la doncella el 18 de junio en la Casa de América de Madrid.

fuente:talcualdigital.com


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