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Los museos iberoamericanos avanzan; los museos venezolanos retroceden .
Fernando Almarza Rísquez

Martes, 25 de marzo de 2008

Parte II

Comentábamos en la Parte I que los museos iberoamericanos avanzan integralmente, pues sus profesionales aportan elementos poniendo al día su preparación con en el ámbito epistemológico multi y transdisciplinar actual, del que la museología, como disciplina profesional compleja, no escapa. La museología contemporánea avanzada no se piensa a sí misma de manera cerrada; evidencia de este avance son sus múltiples instancias involucradas con los conceptos y ricas consecuencias actuales de lo cultural, de dimensiones estéticas, epistemológicas, filosóficas, lingüísticas, morales y éticas, educativas y de pertinencia verdaderamente social.

Referiremos en esta parte el estado de la museística venezolana, que por su actual funcionamiento y “líneas de acción” sometidas estrictamente a las políticas gubernamentales invasivas de todos los ámbitos nacionales, no encuentra sintonía con los avances de sus países hermanos iberoamericanos. Es imposible analizar la situación de la museística venezolana actual desde elementos museológicos, pues lo que la define es una acción que responde más a líneas impregnadas por la política e ideología gubernamental que por lineamientos y alcances de la museología contemporánea mundial.

En Venezuela, los últimos ocho años han significado un retroceso integral de su museística. Pero es honesto subrayar que sus anteriores treinta años, si bien tuvieron momentos de calidad y proyección nacional e internacional indiscutible, no significaron siempre las más altas cotas de calidad y avance en todas sus dimensiones. Algunas veces fueron más las estrategias de publicidad altisonantes, las “gerencias” y “excelencias”, y los grandes egos, junto con frenéticas carreras enfocadas más en lo cuantitativo que lo cualitativo de sus eventos expositivos, que lo realmente memorable en positivo.

La mayor libertad y autonomía que los museos venezolanos tuvieron en los pasados 30 años, al menos los de más tamaño físico y antigüedad, resultaron de y en unas importantes disposiciones presupuestarias y personalidad jurídica con amplios rangos de autonomía (eran Fundaciones Públicas del estado venezolano). Ello repercutió en algunas memorables actividades expositivas de artistas venezolanos y extranjeros y, en gran medida, en la acumulación de excelentes colecciones permanentes, independientemente de que a veces las políticas y criterios de su exposición y proyección no fueran los más felices ni mejor basados, especialmente por el caduco y chocante criterio de que eran “tesoros” guardados en sus bóvedas, entendibles sólo por unos pocos conocedores.

Desde aproximadamente el año 2000 el actual gobierno de Venezuela eliminó todo vestigio de autonomía de gestión de avanzada a los museos, agrupando a muchos bajo el rubro de “Museos Nacionales”. Esto implicó que cualquier acción desarrollada por estos museos, por mínima que fuere, deba estar sometida a las “líneas que vienen de arriba”, esto es, las directrices que determina un Consejo superior del Ministerio de la Cultura y/o de la denominada Fundación Museos Nacionales. A ello se suma el agravante de que los funcionarios que definen tales líneas no son siempre los más versados en los asuntos museológicos o culturales y sus correspondencias multidimensionales y multidisciplinares que tales nociones conllevan en la contemporaneidad.

El resultado es que los criterios de acción museológica venezolana actual no responden a desarrollos museológicos avanzados, sino a lo banal del discurso oficial populista, de una caduca mentalidad que sólo mira hacia adentro, apoyada en lo menos bueno de cierto pensamiento del siglo XIX europeo, surgido del trasvase de una filosofía científica entonces meramente cuantitativa, lineal y mecanicista, de unas utopías postuladoras del “hombre nuevo”, seudo-redentor pero igualmente dominador, y de lo menos destacado del discurso populista latinoamericano sesentoso y trasnochado.

Los resultados de ese populismo ya se evidencian: una programación expositiva muy mediocre en sus propuestas, una inexistente proyección museística actualizada, y una asistencia de público cada vez menor (cuando a nivel mundial y en Latinoamérica la asistencia del público se incrementa), una idea banal de lo que es “cultura”, en la peor versión que ésta tiene de “popular”: lo banal masificado a-críticamente, que no se interesa por el estado del análisis del arte, de la estética, de la educación y estimulación del conocimiento implícito, explícito, estimulador y realimentador complejo, puntales de la acción museológica y cultural de hoy.

Dentro de la actividad museística venezolana actual, no se va mucho más allá de la oferta práctica de “talleres” de creatividad, de dibujo y pintura, manualidades, etc., que son apenas una mínima parte de lo que se puede desarrollar en la museística (especialmente la de arte) para la estimulación del sentido estético y creador, y del conocimiento aportado por unas buenas lecturas e interpretaciones del arte o de la ciencia.

En los últimos ocho años, los directores de estos museos venezolanos son designados a dedo por quienes muchas veces tienen las menores competencias y acervo para ello, lo cual no excluye que algunos de estos noveles directores designados sean profesionales con importantes credenciales académicas y éticas, excelente trato personal y profesional, y las mejores intenciones de aporte, pero que quedan sujetas a aquellas “líneas de acción” que ya comentamos. Más aún, se ha venido aplicando una suerte de rotación entre estos directores, de modo que todos sepan hacer lo mismo, evitando así que alguno se destaque legítimamente por sus propuestas e iniciativas individuales, que sin duda poseen.

Obviamente, la museística venezolana actual refleja también la mentalidad de quienes corporizan sus equipos humanos. Resultante de ello es una a veces frecuente toma de “decisiones gerenciales” sobre la base de contenidos ideologizantes acordes con las líneas gubernamentales actuales, como también sobre los “criterios” de cierto sector del “pueblo” (que forma parte de un sector laboral de esos museos) generados desde una condición ideológica, cultural, social y psicológica impregnada de unos valores morales y éticos a veces deleznables, que no siempre expresan sus verdaderas calidades humanas intrínsecas. En tales valores pareciera privar a veces la indiferencia hacia el esfuerzo creativo disciplinado que beneficia a todos, en favor del inculto deleite en el chisme que repiten automática y hasta delictuosamente sin reparar en ello (difamación, injuria y daños morales a terceros, simulación de hecho punible…), todo por el resentimiento y proyección de los propios contenidos de mentalidades conectadas negligentemente con esa “cultura de la queja”, que impregna sus conciencias. Con tal “cultura” siempre se pretende culpar al otro –aquel que sí tiene exigencias de calidad y corrección ética- de los propios errores negligentes.

Tal manera de pensar se genera -y regenera- una matriz de opinión constante ante la que sucumben las mentalidades poco dadas a pensar bien, pudiendo hacerlo, pero que se regodean en la mala calidad y en la flojera criterial negligente. Esa es buena parte del “recurso humano” de algunos museos de la capital, con las dignas excepciones de siempre.

Decíamos que la cultura y misión museística trascienden el “atesoramiento” y pasiva muestra de simples expresiones de bienes objetuales o inmateriales y/o arte-artesanía local o regional coleccionadas, sin duda de importantes valores utilitarios, habilidad, destrezas y estética apreciables. Sin embargo, aún persiste en la museística venezolana la muestra más que pasiva de aquellos “tesoros” coleccionados, generalmente ricos en interpretaciones e información estimulante para transmitir y compartir, pero subutilizados.

Empeora la situación cuando muchas veces se intenta obviar estos “tesoros” para dar presencia, de una manera simplona y casi sustitutiva, al arte “popular” (como si lo “popular” fuera más noble que lo “académico burgués”), sin las reflexiones que sobre este arte son necesarias y pertinentes, y que ni tienen que sustituir a aquellos “tesoros”, ni tampoco ser igualados en sus especificidades muy complejas, ni a sus lenguajes y estrategias de aproximación a lo real connaturales a aquello “popular”. No obstante, aún permanece amenazante cierta preocupación oficial por los “demasiados Picassos” que existen en algunas colecciones museísticas venezolanas.

No existe en estas acciones simplonas la reflexión y análisis que sepa diferenciar, pero también relacionar en diversas dimensiones, lo académico con lo popular, o el arte del “pueblo” con el arte del “académico”, cosa que perfectamente pueden hacer profesionales de la museística que aún forman alguna parte de los recursos humanos de los “Museos Nacionales”, en un análisis que potencialmente arroje enormes e impensadas revelaciones, relaciones y potencias de apreciación, sensibilidad y reflexiones del mundo: lo estético en términos de contemporaneidad.

Comentábamos en la Parte I que el hacer y consumir estético trascienden la sola delectación por lo “bello”, lo decorativo y lo pintoresco, e incorpora la co-creación de múltiples sensibilidades, interpretaciones y sentidos potenciales, en cuyo obrar, transmitir y reinterpretar se involucran lo sensorial, lo lingüístico-semiótico, lo filosófico, lo sociológico, lo etnológico-antropológico, lo educativo y hasta lo neuronal-perceptivo, en dinámicas y dimensiones de ejercicio en evolución y largo alcance, que también reflejan lo universal dentro de lo particular o local, en visiones honestas del pasado, el presente y el futuro. Y esto tiene una enorme veta de información tanto en las artes (“populares” y académicas) como en las ciencias. Y la museología contemporánea de avanzada tiene eso en sus directrices y acciones.

Mucho de la dinámica museística venezolana actual –y en esto no se diferencia mucho de la de los 30 años anteriores- continúa presentando unos contenidos expositivos según la manera vertical del “conocedor”, que ya casi no es ese que legítimamente despliega sus competencias y conocimientos en dispositivos museográficos activadores de aquellas enormes e impensadas revelaciones, relaciones y potencias de apreciación, sensibilidad y reflexiones del mundo que ese arte o ciencia museados aportan. De hecho, la actual museística venezolana oficial subestima las potencialidades de aquellos a quienes considera como “pueblo”, al no aportarle elementos y posibilidades reales para su estímulo y evolución sensible según las reales capacidades que posee, pero que un estrechamiento ideológico oficial reprime.

Tampoco esta museística oficial venezolana actual no desarrolla estrategias de estímulo para la responsable y abierta participación del público desde sus diversos niveles de acervo e interés ante las artes y las ciencias. A menos que tal “participación” sea la de incorporar sin mayores criterios aquello supuestamente “excluido” antes, convirtiendo en algunos casos a los museos en unos recintos que incorporan y muestran desordenadamente lo que puede y debe ser reflexivamente museado.

La museística oficial venezolana actual deja de estimular necesarias acciones bi-direccionales y estimulantes de co-interpretación de valores y sensibilidades educativas, morales y éticas, estéticas, históricas, naturales y lingüísticas, así como circuitos de realimentación de múltiples dimensiones de conocimiento re-generable y compartible, y como formas de autorreflexión sobre ese mismo conocimiento. A cambio, sólo manifiesta una retahíla de términos que, con su impulso netamente populista, repite hasta el cansancio unas frases altisonantes que de tanto ser machacadas devienen vacías y sin sentido, tales como “exclusión”, “pertenencia”, “ciudadanía”, “poder popular”, “educación”, “comunidad”, “derechos”, o cosas como que

Entre los proyectos expositivos previstos para 2008 por la Fundación de Museos Nacionales… se contempla de nuevo que estos operarán “bajo los cuatro Ejes temáticos (Patrimonio, memoria e identidades; Espacio y territorio; Derechos humanos y construcción de ciudadanía y sociedad, arte y cultura). Es posible identificar otros aspectos que signan esas programación: exposiciones más largas (algunas están planeadas para lapsos de un año y la mayoría por períodos de 5 meses), las piezas forman parte de la colección, las muestras tienen un enfoque educativo y comunitario, y buena parte de las exposiciones trascienden lo exclusivamente artístico. [tomado de una nota de prensa de la Agencia Bolivariana de Noticias].

Y ni hablar de ciertas “mega-exposiciones” de larga duración, cuyos fundamentos no son sino los de la “mega-quincalla” donde presentan atiborradas paredes con patrimonios artísticos, de calidad general, pero bajo los más banales enfoques y explicaciones, y con dispositivos museográficos incoherentes o pobres. Sin embargo, es justicia mencionar evidencias de cierta esencia criterial con la continuación de eventos expositivos como el Salón Pirelli.

Las reflexiones alternativas que consideramos desde y hacia la museística avanzada trascienden cualquier acuñado lugar común marginalizante, de atávica y ya injustificada lamentación auto-excluyente (esa debilitante “cultura de la queja”). Y siempre en favor de la asunción, por parte de los funcionarios museísticos oficiales, de verdaderos niveles de valor y responsabilidad social verdaderamente solidaria liberadora, presente y futura, histórica y cultural. Pero ello exige una sostenida preparación y entrenamiento para su ejercicio en el marco de los intachables valores morales y éticos del servidor público que confía en sus propias capacidades y responsabilidades para la resolución efectiva de las problemáticas que le conciernan.

Un hacer museológico, si bien debe tener en cuenta los buenos valores del “haber” actual (que sin duda los hay), no puede soslayar los valores del “deber”, esto es, la prospectiva y la moral de un futuro que construya mejores realidades de las que hay, a partir del mejoramiento y evolución necesarios de las pasadas y actuales condiciones integrales, que deben honestamente despojarse de lo viciado de una mala interpretación que carga a cuestas, y que ningún sufrimiento –real o ficticio- pasado justifica que sigan siendo llevadas como pesados fardos culturales embrutecedores. Y eso no aparece manifiestamente en las políticas oficiales de la museística venezolana actual.

Una museología contemporánea con enfoque epistemológico multirreferencial, multidisciplinar y transdisciplinar resulta, entonces, esencial y muy pertinente en la reflexión cultural actual de Venezuela. Pero ni las mejores intenciones de algunos funcionarios museísticos venezolanos actuales garantizan un desarrollo real y enriquecedor para los museos de nuestro país, mientras se mantengan restringidos por las actuales líneas de acción política gubernamental.

***

Muchas de estas consideraciones las he venido desarrollando y proponiendo personalmente ante algunos museos de Venezuela desde hace veinte años, hasta 2005, habiendo sido casi todas olímpicamente ignoradas y hasta atacadas. Desde esta última fecha esos mismos criterios son aceptados, compartidos, incorporados y desarrollados por profesionales museólogos de catorce países iberoamericanos, incluyendo España, por la vía de mi docencia y por trabajos publicados en diversas fuentes nacionales e internacionales, junto con la participación en eventos de carácter internacional y ricos intercambios en actividades de alto nivel profesional.

Es que la museística venezolana, muy a nuestro sincero pesar, ha devenido cada vez más en terreno estéril para cualquier propuesta de avanzada y real utilidad y evolución socializante de alta calidad y actualidad. Y son pocos los profesionales museólogos venezolanos realmente sensibilizados y con el valor necesario para desarrollar adelantadas iniciativas en este sentido. Y son demasiadas las veces en las que cierta museología venezolana “outsider” sólo se limita a pensar sobre sí misma, en un círculo vicioso. Todo lo anterior conforma un lamentable retroceso de los museos venezolanos, a diferencia de los museos iberoamericanos.

fernandoalmarza@gmail.com

Fernando Almarza Rísquez

 
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