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Sección: Arte y Cultura

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El Nacionalismo

Pablo Mora

Miércoles, 18 de noviembre de 2009

Pablo Mora

¿Una nación no es un principio espiritual, un proyecto de empresa común, un alma social? ¿Una gran solidaridad, constituida por el sentimiento de los sacrificios que se han hecho y de los que se pueden hacer todavía? ¿Perseverar en un ser dentro de su propio devenir? ¿Sin un resurgimiento espiritual, nuestra época, nuestro proyecto —revolucionarios— producirían una catástrofe? ¿Se impone un renacimiento espiritual para contrarrestar las amenazas de tanto poder de destrucción? ¿Nuestros países de la América Bolivariana tienen conveniencias económicas y espirituales que defender y por ello necesitan fundirse en un organismo vigoroso, entendiendo a Latinoamérica como un bloque de energías unificadas por objetivos similares, dispuesto al entendimiento multilateral, global, en cierne? ¿En América Latina, el Estado ha existido antes que la nación, siendo el nacionalismo un sueño meramente psíquico, antes que una expresión de la sociedad, con base a un cambio o proyección real de transformación estructural?

¿A medida que avanza el empequeñecimiento de la nación-estado, va apareciendo con más fuerza una conciencia planetaria, basada en una economía global? ¿La tecnología moderna está desgajando las culturas nacionales? ¿El nacionalismo tradicional se desplaza hacia gigantescos “supranacionalismos”? ¿O asistiremos a un renacimiento del nacionalismo dentro del mundo de la alta tecnología? ¿Un tribalismo y nacionalismo ciegos serían tan peligrosos como regresivos? ¿El reforzamiento de un Proyecto Latinoamericano en cuanto Frente Común nos aseguraría el avance en la liberación económica continental, mediante un desarrollo autónomo y soberano, fundado en la concertación o convergencia interna y en la anhelada integración latinoamericana?

¿Nos falta todavía poner el fundamento del pacto social, que debe formar de este mundo una nación de repúblicas? ¿O hemos de esperar que el acontecer internacional nos señale el camino, antes que nosotros establezcamos los condicionamientos basados en nuestras posibilidades? ¿Tendremos que debatirnos entre el abandono estratégico, las miserias internas y los desequilibrios económicos, a partir de una mutua comprensión de fuerzas y de límites?

¿La hora sería la del sumar, del despertar, del destruir mentiras, del sincerar; la de la unidad de acción tras una bolivariana salvación de la nación? ¿La gran ventaja del nacionalismo —y nacionalismo latinoamericano— es que puede armonizar las clases, las ideas, las voluntades, fortalecer los nexos comunes de nuestros pueblos y la urgencia imprescindible de la unión, de la unidad en pro de nuestro derecho a vivir una vida humana digna, a realizar nuestro desarrollo dignamente? ¿Nuestra Gran Cuestión es afianzar nuestro destino común ante toda pretensión imperial de unipolaridad o correr el riego de morirnos de hambre con un petróleo que tendrá un valor muy pobre, cuando sea desplazado por fuentes alternas de energía? ¿Nuestro dilema: crecer, ser, inventar, vivir, sobrevivir o perecer? ¿Unirnos, convivir, compartir o morir? ¿Sólo una conciencia común, un sentimiento común y una voluntad común, son capaces de fundar un real nacionalismo, es decir, nuestra alma nacional?

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