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Los museos iberoamericanos avanzan; los museos venezolanos retroceden
Fernando Almarza Rísquez

Jueves, 17 de enero de 2008

Parte I

“Los museos como agentes de cambio y desarrollo" fue el lema cultural asumido para 2008 en la celebración del Año Iberoamericano de los Museos. Esto lo pactó el I Encuentro Iberoamericano de Museos auspiciado por la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), en San Salvador de Bahía, Brasil, en junio de 2007. Los 23 países iberoamericanos desarrollarán una serie de actividades para el logro de tales fines.

Lo postulado en este Encuentro remarca la necesidad de que los museos “potencien el conocimiento de Iberoamérica como espacio cultural común, en especial su patrimonio natural y cultural y sus museos, fomenten el respeto por la diversidad cultural iberoamericana, y establezcan canales de comunicación e intercambio con los museos de los países iberoamericanos”. Nada más pertinente, si se considera más allá de declaraciones retóricas. Pero cualquier propuesta que involucre lo museístico hoy día precisa de varias consideraciones, que sin duda los participantes de tal Encuentro previeron, y que acá comentamos.

La estrategia y operatividad para lograr tan nobles postulados requiere principios que actualicen los potenciales, alcances y pertinencias de su escenario de aplicación, y éste refiere la enorme extensión geográfica y ricamente cultural iberoamericana. Y precisa considerar el sustrato humano actual sobre y con el que discurren y se realizan aquellos principios y acciones, y eso involucra la mentalidad que le amplía o limita su visión del mundo y sus sentidos, y su enorme potencial aún por realizar en su hacer humano individual y colectivo, en su cultura y en sus valores morales y éticos, individuales y colectivos.

Esta visión del mundo refiere representaciones, interpretaciones, imaginarios, vivencias, resguardo, evolución y transmisión acerca de su cultura misma, como algo que debe ser entendido y ejercido esencialmente como heterogéneo, diverso, marcado por lo histórico local y planetario, regional, continental y transcontinental. Es algo que refiere unas más o menos reales identidades culturales y genéticas, complejas, y que trascienden el simplismo de los “tres colores” fenotípicos. Y también hace referencia a la trama de sus conocimientos y la reflexión sobre sí mismos, a sus alcances y consecuentes discursos sobre lo cultural y sus dimensiones universales, incluyendo sus nociones estéticas. Y aquí es donde se involucra el papel de los museos, especialmente como fuentes de conocimiento integral.

La cultura y misión museística trascienden el “atesoramiento” y pasiva muestra de las solas expresiones de bienes objetuales o inmateriales y/o arte-artesanía local o regional coleccionadas, sin duda de importantes valores utilitarios, habilidad, destrezas y valores estéticos apreciables. Pero el hacer y consumir estético trascienden la sola delectación por lo “bello”, lo decorativo y lo pintoresco, e incorpora la co-creación de múltiples sensibilidades, interpretaciones y sentidos potenciales, en cuyo obrar, transmitir y reinterpretar se involucran lo sensorial, lo lingüístico-semiótico, lo filosófico, lo sociológico, lo etnológico-antropológico, lo educativo y hasta lo neuronal-perceptivo, en dinámicas y dimensiones de ejercicio en evolución y largo alcance, que también reflejan lo universal dentro de lo particular o local, en visiones honestas del pasado, el presente y el futuro.

El término “museo” no se limita al contenedor físico donde se guardan y estudian importantes objetos materiales o inmateriales, artísticos o no, pues incluye aquellas gestiones que conserven y muestren, en tanto centros de educación e interpretación, diversas dimensiones de lo patrimonial museado, artístico o científico, de transmisión oral, tradicional o folclórico, desde miradas individuales o colectivas locales, hacia lo regional y lo universal.

A lo anterior se incluye la actualidad y alcances de las instituciones museísticas mismas, sus espacios, concepciones y acciones en la contemporaneidad, foco y razón de lo postulado por la OEI. Y es precisamente allí donde tocan fondo las consideraciones y referencias de las presentes líneas, en la seguridad de que generarán un terreno fértil para el mayor desarrollo y obrar museístico.

La museología actual desarrolla estrategias y muestras patrimoniales no únicamente generadas en forma vertical por los “conocedores” que operan desde dentro del museo, quienes sin dejar de ser por ello legítimos, algunas veces proponen verticalmente solo una interpretación de aquello museado. Igualmente desarrolla estrategias de estímulo para la responsable y abierta participación del público desde sus diversos niveles de acervo e interés. Con ello busca estimular acciones cuando menos bi-direccionales de co-interpretación de valores y sensibilidades educativas, morales y éticos, estéticas, históricas, naturales y lingüísticas, en un circuito de realimentación de múltiples dimensiones de conocimiento re-generable y compartible, y como formas de autorreflexión sobre ese mismo conocimiento. Y en esto, los valores de inclusión, tan referidos hoy día en ciertos discursos populistas, son ya de larga data. El enfoque epistemológico multirreferencial, multidisciplinar y transdisciplinar resulta, entonces, esencial y muy pertinente en la museística y en la reflexión cultural actual.

Son diversos los ejemplos de desarrollo de estrategias que expresan la actualidad y fundamentación museológica, y de ello referimos casos destacados y recientes generados desde nuestras mismas latitudes iberoamericanas, con la admiración e inspiración que tal calidad nos despierta y estimula.

En noviembre pasado la Universidad Internacional SEK, de Santiago de Chile, organizó el Seminario Nuevas tendencias en Museología y manejo de colecciones, bajo la coordinación del museólogo y profesor universitario chileno Marcelo Soto Olhabé, dentro de las actividades del Master en Museología y Desarrollo de Colecciones dentro de su Facultad de Estudios del Patrimonio Cultural de esa Universidad. El objetivo fue propiciar la participación de profesionales museísticos de diversas tendencias y países vinculados con la gestión de patrimonios culturales y su musealización.

Participamos profesionales de Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, España, República Dominicana, y el país anfitrión, y mi persona por Venezuela, con ponencias en modalidad presencial y no presencial, foros e intercambios que se prolongaron hasta el 30 del mismo mes. Las propuestas y enfoques evidenciaron los enormes avances teórico-prácticos que desarrollan los participantes en la gestión y gerencia museística de las instituciones a las que pertenecen, o a las que nutre su labor en este campo.

Se presentaron postulados en sintonía con la visión de las colecciones (principal mas no únicamente artísticas) y la musealización patrimonial diversa, material e inmaterial, como fuentes de conocimiento activo y activable en un sinnúmero de posibilidades y perspectivas de muestra contextual, almacenaje, tecnología informática y alcances y dimensiones de interpretación, dentro de estrategias y dispositivos museográficos y principios educativos y epistemológicos realmente actualizados.

Las ponencias abarcaron temas de variedad y pertinencia, que iban desde estrategias de medición de eficiencia en instituciones culturales, sistemas regionales museísticos y tipologías de usuarios (Luis Cesar Herrero, España), documentación en línea de las colecciones, y el manejo y disposición de colecciones como una política pública, la evolución del museo y su íntima relación con el coleccionismo (Claudio Gómez, Chile), hasta los universos patrimoniales y acción educativa como una construcción intersubjetiva de realidad (Roxana Seguel, Colombia).

Otro tema de pertinencia actual fue el del poder popular y museos (Yasmín Rozas, Chile), junto con el de recreación sensorial y educación (Beatriz Pérez, Colombia), el museo y su mediación cultural (Tamara Díaz, Costa Rica), el Museo de arte como espacio para la educación (Beatriz Pérez Pineda, Colombia), nuevas tecnologías en la interpretación del patrimonio museal (Pablo Ariel Cassino, Argentina), y museografía del arte multimedia (José R. Alcalá, España). Otras destacadas ponencias trataron aspectos sobre la valoración del arte contemporáneo y el establecimiento y necesidad de las redes museísticas.

Destacó especialmente, a nuestro interés particular, la propuesta de introducción a la museología relacional, con un enfoque en principio antropológico-semiótico a la luz de las teorías del etnólogo sistémico Gregory Bateson (Joseph Gómez Villar, Chile). Personalmente, aportamos ponencias sobre el museo como fuente de conocimiento y significaciones, a través de criterios transdisciplinares e informáticos del manejo de colecciones, con las potencias y alcances dimensionales de sus catálogos virtuales.

Los planteamientos de la museología contemporánea, independientemente de la naturaleza de sus colecciones, trascienden la discursiva tradicional de las “colecciones atesoradas”, para considerar y trabajarlas como patrimonios susceptibles de un estudio multidimensional, multi y transdisciplinar, esencialmente de interpretación de sus sentidos culturales. Razones de espacio obligan al puntual comentario sobre algunas ponencias que evidencian la calidad e insoslayable adelanto conceptual y práctico mostrado en el Seminario, reflejo de sus prácticas de vanguardia en Iberoamérica.

La colombiana Seguel, enfoca epistemologicamente al museo y su dimensión educativa dentro del paradigma sistémico-constructivista, presentando como centro del estudio al Sujeto mismo en el intercambio con sus iguales y sus legítimas subjetividades. Esta intersubjetividad edifica horizontes de sentido, en acciones educativas que propician intercambios que socializan sentidos sobre lo patrimonial, a la luz de paradigmas que perciben, cuestionan, explican o interpretan el objeto, integrando lo simbólico, metafísico, axiológico y pragmático, dimensiones éstas que modelan la observación decantada por todo patrimonio cultural.

Escribe Seguel que las visiones del mundo no reposan en verdades trascendentales ni incambiables que operan sobre realidades inmutables, pues son los sujetos observadores cognoscentes quienes co-construyen sobre lo cognoscible, configurando una noción de Realidad relativa, aunque objetivada y sedimentada en sus sentidos a través del lenguaje como instrumento de acopio que conecta a los miembros de una comunidad, por lo que la noción de patrimonio cultural como un constructo social.

La también colombiana Beatriz Pérez postula la acción educativa del museo, que empapa toda su estructura y dinámica. Considera al museo como espacio propicio para aprendizajes conceptuales, procedimentales y actitudinales, abarcantes de un amplio abanico museístico, desde los museos de arte hasta los de ciencias naturales y tecnología. Según esto, la actividad pedagógica permea la exposición con una creación interdisciplinaria que resulta en muestras pensadas tanto en contenidos como museográficamente, que cuentan con múltiples recursos didácticos que puedan prescindir de intermediarios, concretando así una labor pedagógica de estrategias que potencian interpretación, expresión y comprensión del arte en sus interlocutores.

El museólogo argentino Pablo Ariel Cassino plantea la conciencia clara de las aplicaciones tecnológicas que abren un abanico de posibilidades de acción museal, pues permiten un cambio cultural cualitativo en la gestión de las colecciones, siempre que tal tecnificación no devenga nociva para el museo. Cassino destaca la importancia de no sucumbir a los “encantos de la tecnología”, especialmente la virtual, sin olvidar que “el museo que uno dirige no es un museo virtual, sino que lo virtual es sólo una parte del museo real”, especialmente en su incorporación a la web. Así, Casino remarca que la incorporación de nuevas tecnologías al museo es imprescindible, pero sin tomar eso como el eje central de sus políticas de dirección.

El chileno Joseph Gómez Villar propuso una Museología relacional, considerando que la museología no puede estar ajena a los cambios epistemológicos, nuevos paradigmas, y las visiones del mundo articuladas por los nuevos lenguajes de las ciencias, sobre todo aquellas que tratan los problemas de adaptación y supervivencia de lo cultural. Gómez mira la museología desde una perspectiva relacional, que trasciende la descriptividad de la museística clásica, en favor de una visión explicativa de los objetos museados, con sus propiedades objetivas que los identifican, pero que también los distinguen de los demás, estableciendo unas relaciones que están, no en los objetos, sino “entre” ellos.

El autor parte del enfoque batesoniano para establecer la necesidad de interpretar la información del objeto museado –material o inmaterial- a la luz de su propuesta de Teoría Relacional, esto es, su concepto matriz de toda comunicación y de toda semiosis (de todo acto de significar), de un hacer sentidos eminentemente contextual. Este análisis no trata de explicar literalmente la parte descriptiva o erudita del objeto asilado, sino las relaciones profundas entre los conglomerados de objetos del acervo cultural. En la museología relacional los objetos no son considerados como objetos propiamente y con significados fijos, sino como unidades semánticas potenciales que adquieren sentido en relación con otros objetos y con la memoria transferida por el observador.

En el ámbito del coleccionismo y la museología, el autor conceptualiza al contexto como “ciertos objetos que acompañan al objeto, al lugar donde originalmente se hallaba funcionando o emplazado al objeto, a la información histórica o cultural que acompaña al objeto, en resumen: a alguna clase de acompañamiento que ayuda a comprender lo que determinado objeto ‘es’ “. Y resulta interesante la relación “inversa” gente-museos que propone el autor, pues “no es porque los museos existen que la gente tiene cierta identidad cultural, sino que porque la gente tiene cierta identidad cultural en-acción, es que ciertas colecciones y museos existen y se mantienen”.

***

Este apretado panorama nos da una mirada fugaz pero no menos interesante acerca del estado de evolución y riqueza en el que se encuentra la museología contemporánea iberoamericana, y nos confirma que la necesaria estrategia y operatividad referida al comienzo de estas líneas, no puede ser soslayada, si quiere realizar lo pactado en el importante encuentro iberoamericano de museos de 2007, y que nos mueve a las presentes prácticas, reflexiones y comentarios.

Indudablemente, son muchos los museos iberoamericanos que avanzan, con profesionales que se hacen eco y aportan elementos clave para ese avance. Sin embargo, el título de estas líneas necesariamente refieren también al estado de la museística venezolana, que por su actual funcionamiento y “líneas de acción” estrictamente gubernamentales a las que se halla sometida, evidencia no encontrarse en lo absoluto en sintonía con los avances de sus países hermanos iberoamericanos, y ni siquiera con tendencias o procesos museísticos realmente avanzados en sus funciones y alcances propios. De ello trataremos, con necesaria pena, en la segunda parte de este trabajo.

Fernando Almarza Rísquez

 
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