Miércoles, 09 de julio de 2008 Quiénes Somos | Analitica.com como Página de Inicio | Mapa del Sitio | Registro | Buscador | Contáctenos
Home Editorial Política Economía y Petróleo Internacionales Global y Social Arte Entretenimiento Sintesís de Noticias
Bitblioteca Analítica Premium Analítica TV Mujer Analítica Zona Empresarial Medicina y Salud   La Reforma Constitucional
Columnistas Bitácora Foros RSS Noti-tips     Horoscopia WAP Plaza Global
Actualidades Dossier Opinión y Análisis Documentos Analítica en el Tiempo

DISMINUIR LETRA | AUMENTAR LETRA | ENVIAR A UN AMIGO | ENVIAR AL EDITOR


Ensayo:"Entrar en el Bosque de los sueños"
Carmen Cristina Wolf

Martes, 27 de noviembre de 2007

Conjurada por la flor de sal, así fue la visión. Vino como si fuera una fiebre, con ese cuerpo, esa mirada. Cuando yo cerraba los ojos ella abría la tierra y el eco de un perfume brotaba de su boca. Le dije entonces que se durmiera, que no susurrara más el nombre por el que me llamaba ni la agonía presentida detrás de las ventanas.
Edgar Vidaurre, La fugitiva

Cuando aparece un poemario que provoca leer interminablemente, cuando se vuelve imprescindible en el pequeño montón de libros de la mesa de noche, se cumple para mí un sueño recurrente y es motivo de celebración. Por eso me vino a la memoria el poema de Edgar Vidaurre, porque no solo las visiones llegan como si fueran una fiebre. También un libro puede convertirse en “el eco de un perfume”, en una fiebre interminable. Así me ha ocurrido con Duermevela, del escritor venezolano José Pulido (Ediciones Pavilo 2004). Una lectura tiene su ritual. Para unos tendrá que ver la luz del amanecer, con el caer de la tarde o la soledad de la media noche. Otros preferirán acompañar el momento con una copa de vino, un buen añejo o un vodka de lejanas estepas.

Y leo estos versos del poema Soñé que los sueños no eran verdad, que de una manera casi mágica me induce a pensar más que nunca en lo que los sueños significan y de dónde surgen: “Este corazón desarropado / sin cuerpo que ponerse / flota en las calles de los sueños / que jamás se caminan de regreso /Esos ojos rodando entre la sangre / Esos ojos que miran lo de adentro” … Este es un libro onírico, como los fragmentos de un film de Buñuel, parecen episodios sacados de una obra de teatro del absurdo, momentos de cotidianidad cruzados con relámpagos de hondas verdades: “Tiene que haber un sueño de otra gente / donde vives prestado”. ¿Somos una ilusión, creemos que estamos y en realidad no es cierto? Como en las páginas web, ¿seremos virtuales empeñados en creer en lo visible? “El amor debería ser una montaña / Cundida de árboles cuyas raíces agarren las piedras / Como si fueran a tirarlas / Y que cada piedra esté cubierta de semillas / Y que de cada semilla crezca una montaña.”

Cada poema de este libro es un universo en sí mismo. Y surge la necesidad de detenerse, reflexionar, sentir lo que nuestro ser nos dice, cuando leemos acerca de una montaña “llena de árboles entusiasmados / Y que cada árbol / Contenga un nido / Donde cada pájaro / Lleve en sus garras diminutas / Un cielo.” Si fuese así como vislumbra Pulido en su sueños, no tendríamos que decir, como Rilke: “Se encuentra uno terriblemente solo entre los árboles”, y es capaz de añadir que ni aun a solas con una persona muerta se queda uno tan solo, porque “Por muy misteriosa que sea la muerte, más misteriosa aún es la vida que no es nuestra vida”.

Hay sueños tan extraordinarios que son difíciles de olvidar. De eso nos relata el poema Cuatro de Duermevela: “Los sueños que no se olvidan / Parecían mejores / Las ilusiones maduraban bajitas / Y uno se desplazaba eufórico en un campo / Donde nada es terrible.” Es una fortuna soñar sin que figuras espectrales o imágenes persecutorias aparezcan. A veces, los protagonistas de los sueños y los acontecimientos oníricos se mezclan con el soñador, dicen cosas, hasta cumplen nuestros deseos más recónditos. Un joven enamorado sueña que su amada desconocida lo besa, un niño encuentra un juguete añorado, un anciano vuelve a ser joven.

Más de una vez quisiéramos tener un cuerpo ingrávido, sin tanto gesto habitual, sin esas imposiciones de los hábitos y de menesterosos requerimientos. Por eso, cuando un sueño es gentil, apasionado, fantástico, puede que pensemos algo parecido a lo que escribe Pulido en su poema Cinco: “Al despertarme vuelvo a ser / El de la taza de café / El que necesita saber la hora / No sé quien era / La persona que me amaba tanto”… También pueden asaltarnos fantasmas horrendos en los sueños, y seria cosa de preguntar entonces: “Y aquella persona que quería asesinarme / ¿Quién era? .… ” No voy a develar las sorpresas de este poemario de desvelo, pero no sería posible dormir tranquila si dejo de referirme a la hondura de los poemas de la segunda parte de este libro, con la aparición de personajes entrañables como Jesús el Nazareno, su madre María y María Magdalena. Me tocan profundamente estos versos, por tratarse del amado Jesús de Nazaret, a quien tanto he imaginado. Y recuerdo uno de los sueños más hermosos que he tenido. Yo era un jovencito de unos 13 años y cabellos oscuros, un niño cualquiera, ni siquiera supe cómo me llamaba. A la orilla de un río veía a Simón Pedro y a Juan el Evangelista bañándose. De pronto Juan se hundió y durante unos minutos que me parecieron eternos desapareció. Cuando su cabeza salió al otro lado, Pedro lo regañó, por el gran susto que le había hecho pasar. Me reí mucho en el sueño. Al reflexionar sobre este episodio pensé en la reencarnación, porque no tenía explicación alguna que yo soñase con ser un joven en aquella época, cuando en aquellos días ni siquiera había visto alguna película o leído algo relacionado con la vida de los Apóstoles. A lo mejor estuve allí, y desde entonces persigo las huellas del Galileo, tratando de encontrarlo de nuevo dentro de mi corazón.

En fin, de estos poemas no quiero adelantarles nada para dejar a los lectores con la inquietud y el deseo de leerlos. Agradezco a la vida por haberme puesto en las manos Duermevela, para dormir con mayor anhelo de soñar. ¿O para desvelarme? Concluyo con el poema Siete de este libro fascinante, y también me prometo entrar en el bosque de los sueños en absoluta vigilia:
“Sueño el barro y la arena
Y acezante el pecho porque construyo
Una casa en el medio de un continente íntimo
Yo soy el paisaje y el agua
La luz y el hombre
El cansancio y la pasión
Yo pongo todo para que el sueño cunda
Y también me sé la desmemoria”.

 
Índice Semanal
Recibe  en tu buzón de correos las noticias publicadas durante la semana.

suscribirse

Analítica WAP
Navega Analítica desde tu móvil para mantenerte informado de las noticias del día.

más información

Analítica RSS
Recibe en tu escritorio los titulares y resúmenes de noticias al momento de su publicación.

Agregar Sección a:











más información

 

Copyright © 1999 - 2007 por
Analítica Consulting 1996
Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.