Sección: Arte y Cultura
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Carta a Tabaré por la muerte de Benedetti
Rafael Correa DelgadoMiércoles, 20 de mayo de 2009
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Una melancolía profunda se ha instalado desde ayer, y para siempre, en nuestras vidas. La desaparición física de Mario Benedetti nos deja un vacío en lo profundo de nuestra sensibilidad y en lo más hondo del espíritu de Nuestra América.
Crecimos con sus poemas, con sus alertas políticas
siempre lúcidas y emotivas, con sus novelas, con sus cuentos, con su mirada, paradójicamente rebelde y apacible.
Nacemos tristes y morimos tristes,
pero en el entretiempo amamos cuerpos
cuya triste belleza es un milagro
nos decía, en un poema que, como todos los suyos, es un canto de fe y de alegría desesperada.
Se decía que nadie desparece del todo mientras
alguien lo recuerde; si la sentencia es verdadera,
Mario Benedetti se quedará entre nosotros mucho
tiempo, porque tiene guardado un espacio sagrado en el corazón de la Humanidad.
Benedetti está, desde ahora, en ese cielo amaranto de los seres humanos libres, y seguro hablará, junto a José Gervasio Artigas y José Pedro Varela, a Rodó y Matos Rodríguez, a Juana de Ibarborou y Delmira Agustini, a Quiroga y Onetti, a Sendic y Zitarrosa, a los héroes del Maracanazo y a su querido pueblo, de todo lo poético, hermoso y humano que nos legó con su palabra esperanzada.
En nombre del pueblo ecuatoriano, envío a la
República Oriental del Uruguay, mis sentidas
condolencias.
Recibe mi abrazo fraterno y solidario.
Rafael Correa Delgado Residente Constitucional de la República del Ecuador







