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Opinión y Análisis

9 de noviembrede 1989-Caida del Muro de Berlin
La caida del Muro es el primer paso
Alejandro Gómez

 
Miércoles, 9 de noviembre de 2005

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945, el planeta quedó dividido en dos grandes esferas de influencia; por un lado, la comunista liderada por la Unión Soviética, y por el otro, la capitalista liderada por Estados Unidos. Los acuerdos de Yalta y Postdam de 1945 (entre otras medidas) pusieron fin a la guerra y diagramaron el nuevo mapa mundial. De todos modos, la paz no sería absoluta ni mucho menos. Los mismo países que lideraron las conferencias internacionales quedarían enfrentados en lo que se denominó la Guerra Fría.

Como consecuencia de estos acuerdos, Alemania quedó dividida en dos zonas: la República Federal Alemana (capitalista) y la República Democrática Alemana (comunista). Dentro de lo que comprendía el territorio de esta última, estaba la ciudad de Berlín dividida en cuatro sectores: el francés, el inglés, el norteamericano y el soviético. La ciudad se convirtió así en un enclave liberal capitalista en medio de un país sometido al comunismo.

No pasó mucho tiempo antes de que los alemanes, que habían quedado del lado soviético de la ciudad, trataran de pasar por todos los medios a la región occidental de la misma. El caso de Alemania fue paradigmático a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. Siendo el mismo pueblo, con la misma educación, las mismas costumbres y la misma tradición, uno de ellos se desarrolló en libertad y se recuperó de la catastrófica guerra hasta ocupar un lugar de privilegio entre las naciones más desarrolladas del mundo; por su parte, la otra Alemania (paradójicamente llamada Democrática), se sumió en el atraso y la pobreza, signada por un régimen totalitario y sometido a los caprichos de la URSS. No es de extrañar que ante esta situación los alemanes de Berlín oriental buscaran escapar.

Lamentablemente, esta misma suerte correrían la mayoría de los países de Europa del Este que se encontraban detrás de la „cortina de hierro‰. Como si no hubiese sido poco haber soportado la invasión de la tropas nazis durante la guerra, estos países vieron que su „liberación‰ llegaba de la mano del ejército rojo de Stalin.

El Muro de Berlín se convirtió en el símbolo de la Guerra Fría, y se convertiría el último obstáculo para acceder a un mundo donde realmente se respetaban los derechos de las personas. De haber existido „el paraíso socialista‰ que muchos todavía invocan, el muro debió haber sido construido por las fuerzas aliadas para evitar la salida de ciudadanos hacia Europa del Este. Pero, lo que sucedió, fue precisamente al revés de lo que se dice comúnmente. El sistema liberal capitalista fue el que buscaron aquellos que pretendían desarrollar su potencial como seres humanos. Al igual que, como sucede en el presente, cuando las personas emigran de países pobres buscando siempre hacerlo hacia países capitalistas.

Son los países gobernados por los Stalin, los Mao o los Castro los que deben poner barreras de salida a sus ciudadanos. Esas naciones podrían abrir la inmigración a todo el mundo y no conseguirían muchos candidatos para ir a vivir allí. Ni aquellos intelectuales, artistas o deportistas que se casan de relatar las maravillas de esos sistemas de gobierno desean vivir ahí. Es más, cuando por distintos motivos deciden emigrar de sus países lo hacen generalmente a sociedades capitalistas (a las que a veces critican porque les ponen barreras de entrada).

El Muro de Berlín, entonces, se construyó precisamente para evitar el éxodo. Erigido en la segunda mitad del año 1961, fue el triste escenario de miles de intentos de fuga hacia la libertad. Los datos varían, pero se calcula que unas 5.000 personas lograron cruzarlo a lo largo de sus casi 30 años de vida, éstas fueron una minoría, si se tiene en cuenta que 240 murieron en el intento y que aproximadamente 75.000 fueron encarceladas por el sólo hecho de intentarlo.

La caída del Muro el 9 de noviembre de 1989 significó la derrota del sistema comunista y el fin de la opresión de millones de personas, pero esta libertad sola no alcanza. La libertad es una condición necesaria pero no suficiente. Con la caída del Muro algunos vaticinaron „el fin de la historia‰ o hablaron de „pensamiento único‰, pero como podemos apreciar la izquierda no desapareció aunque esté camuflada bajo el término „progresismo‰. La democracia puede estar presente en más países, pero ello no implica que haya triunfado el sistema republicano de división real de poderes y respeto a los derechos individuales.

Por el contrario, en lo últimos 10 años hemos asistido a la proliferación de grupos anticapitalistas. Nuevamente, conocedores de la inviabilidad del comunismo prefieren autodenominarse „antis‰, más fácilmente identificables por lo rechazan que por lo que proponen. Los famosos „globalifóbicos‰ sólo han cambiado de nombre por que sus ideas son las mismas que fracasaron a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, es decir una mezcla de nacionalismo e izquierdismo populista.

Quizás los que profesamos las ideas de la libertad pecamos de entusiastas al ver caer el Muro y consideramos que las condiciones por fin estaban dadas para que nuestras naciones pudieren entrar en un camino de la creación de riqueza y prosperidad. Quizás dimos por hecho el cambio y olvidamos que la libertad hay que alimentarla día a día. Algunos confundieron elecciones democráticas con república y se dejaron ganar el ámbito de lo público a manos de aquellos que habían liderado el fracaso de la „ilusión socialista‰.

La caída del Muro fue el primer paso del camino, no el final del mismo. Algunos países europeos y asiáticos así lo entendieron y comenzaron a construir naciones pujantes a partir de la libertad lograda (un ejemplo de esto es la integración de muchas naciones de Europa del Este en la Comunidad Europea). Comprendieron que la libertad implica responsabilidad, límites y mucho esfuerzo. Pero esta libertad al mismo tiempo, es una posibilidad latente de fracaso en cada decisión o iniciativa que emprendemos. La paradoja, es que precisamente esta posibilidad de experimentar y fracasar es la que abre las puertas del éxito. Si analizamos la historia de aquellos que han triunfado y han avanzado, veremos que su camino estuvo sembrado de dudas, de marchas y contra marchas, pero sobre todo de sacrificios y esfuerzo constantes a lo largo de una extensa jornada.

Al celebrar 16 años de la caída del Muro de Berlín rescatemos el verdadero significado de la libertad que pretendemos para nuestros países. La libertad clásica de nuestra Carta Magna de 1853, la que da a cada uno la posibilidad de ser artífice de su propio destino, esa libertad individual ejercida con responsabilidad respetando los derechos de los demás. Esa libertad que termina donde comienza la de los demás.

Fuente cortesía de:Fundación Atlas -Argentina

 

 

 
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