Sección: Arte y Cultura
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Venezuela desde 1498 hasta 2008
El Paraíso en Llamas:La Campaña Abominable
Domingo, 7 de junio de 2009
Venezuela desde 1498 hasta 2008
Inmediatamente después de la matanza de Espino y Calabozo, en la que Boves demostró por vez primera su “sed de sangre”, su condición de sociópata, Domingo de Monteverde llamó al asturiano para que fuera a atajar el avance de los orientales de Santiago Mariño, que habían desembarcado en enero de 1813 provenientes del islote de Chacachacare. Allí, Boves estaría formalmente bajo las órdenes de Juan Manuel Cajigal y Niño, primo hermano de Juan Manuel Cajigal, el protector de Francisco de Miranda. Cajigal y Niño había sido gobernador y capitán general de Cumaná entre 1804 y 1809 (y fue el padre adoptivo de Juan Manuel Cajigal y Odoardo, el ingeniero y matemático nacido en Cumaná, de gran actuación en Venezuela); luego de la declaración de Independencia fue nombrado gobernador y capitán general de Venezuela. Derrotado por Bolívar en la primera batalla de Carabobo, el 28 de mayo de 1814, entregó al mando a Pablo Morillo en 1815.
Venezuela ya era un inmenso campo de guerrillas. Bolívar había invadido desde Cúcuta y había llegado a Caracas. Monteverde había planeado atacar la Nueva Granada desde Cúcuta y Barinas, con fuerzas al mando de Ramón Correa y Antonio Tíscar, pero esos planes se frustraron debido a la campaña exitosa y rapidísima de Bolívar y el canario, en vez de tratar de atajar al caraqueño, se embarcó en La Guaira rumbo al Oriente para enfrentar a Mariño. En Barcelona lanzó una jactanciosa proclama, en la que anunciaba que acabaría con los “facciosos” de Maturín “con la misma facilidad con que se disipa el humo al impulso del viento”. Pero el burro sopló primero, y el derrotado con todas las de la ley fue Monteverde, que el 25 de mayo no pudo con las fuerzas de Manuel Piar y debió salir con su tonta metáfora entre las piernas rumbo a La Guaira. Y sus desgracias no acabaron allí. Cuando se preparaba a enfrentar ahora a Bolívar en Valencia, le llegaron las noticias de las derrotas de los realistas en Barquisimeto y en Taguanes (31 de julio de 1813) y apeló de nuevo a las armas del venado para refugiarse en Puerto Cabello y ver desde la barrera el paso triunfal de Bolívar hacia Caracas. No mucho después, y luego de retomar la iniciativa y ser derrotado y herido en Bárbula el 30 de septiembre, día en que murió Girardot, el canario se retiró para siempre. Primero fue a Puerto Rico a lamerse las heridas, y luego a España, en donde moriría en 1832.
Mientras Monteverde emprendía su retirada hacia La Guaira poco después de ser derrotado en Maturín, Cajigal, al enterarse de lo ocurrido ese 25 de mayo de 1813 decidió abandonar Barcelona e irse raudo cual venado a Guayana, a poner un Orinoco entre los independentistas y él. Boves, simple y llanamente, se negó a pasar el gran río, y decidió quedarse a pelear, para lo cual armaría a los esclavos para luchar contra sus antiguos amos. Pronto se regó por todo aquel territorio la voz de que el asturiano encabezaría a los desposeídos en una campaña para vengarse de quienes los habían tenido sometidos por generaciones. Los que lo seguían no tenían una idea muy clara de contra quienes luchaban. Les interesaba poco la tendencia de sus enemigos, simplemente seguían al Taita, que se había convertido en un dios de las victorias. Los realistas estaban por un lado y los independentistas por otro, unos representaban a España y los otros a Venezuela, aun sin que mediase una declaración formal de guerra. En medio de ambos bandos estaba Boves con sus hordas, que si bien defendía en teoría la causa del rey de España, en cualquier momento podría haberla enfrentado como lo hizo el Tirano Aguirre, o podría haber cambiado de bando como más de uno lo hizo en aquellos tiempos de confusión y de fuego. En principio, patriotas y godos pretendían estar organizados a la manera de los ejércitos europeos de su tiempo, mientras que lo de Boves era una suma de bandas, un horrendo carnaval de montoneras, un conjunto anárquico de hombres que iban a matar, a cobrarse afrentas reales o imaginarias, que no estaban organizados sino armados para matar. Se quiera o no, en aquel ambiente salvaje, tenían todas las de ganar. Mientras los ejércitos independentistas preparaban una carga y hacían sonar sus tararís de clarín para envolver con gracia y donaire el flanco derecho del enemigo y los soldados escuchaban la marcial tonada que transmitía la orden y luego de disparar el arma la recargaban, los bárbaros de Boves les caían encima como zamuros a un muerto y los rompían a machetazos y golpes de odio.
En noviembre de 1813 Boves lanzó su “bando de Guayabal”, y de hecho anunció que se proponía acabar con la raza blanca y echar de los Llanos a todo el que no fuera mestizo, negro o indio. De aquella barbaridad podría haber salido cualquier cosa, y hasta los realistas se dieron cuenta de que aquello no tenía nada que ver con la causa del Rey ni con la defensa de ciertas costumbres europeas en suelo americano. Ese mismo mes, el 13, Simón Bolívar le escribió a Santiago Mariño una carta en la que aceptaba la idea de un jefe para Oriente y otro para Occidente, pero en la misma fecha, en otra carta a Arismendi, pedía la unidad de los republicanos.
Es en esos días cuando Bolívar, mediante una orden que desde Valencia envió a su pariente Leandro Palacios, que estaba en La Guaira, hace ejecutar a unos 800 españoles que estaban presos en La Guaira, casi todos civiles inocentes, en un acto tan brutal como los de Boves y que deja muy mal parado al Libertador. Historiadores bolivarianos han tratado de justificar aquel acto, que ni siquiera tiene explicación. Para ser justos, hay que rechazarlo con la misma fuerza con que deben ser rechazadas las barbaridades de sus enemigos.
Para suerte de Bolívar, las intenciones de Boves de asesinar a todos los blancos se hacían evidentes. Aunque no esté documentado no pueda probarse del todo, es muy posible que el miedo de los españoles peninsulares a lo que Boves podía representar haya sido la verdadera causa de que España decidiera enviar a Venezuela a Pablo Morillo al frente de una expedición “pacificadora”, aun cuando en aquello momentos parecía que los independentistas estaban del todo derrotados y todo el país estuviese en poder de los defensores de la causa realista, española. Los defensores de la causa española en ese momento eran Boves y Morales, y en manos de Boves y Morales cualquier cosa podría ocurrir. De modo que la expedición pacificadora bien podría haberse concebido contra Boves, y no contra Bolívar, a quien, por cierto, le convenía que la corona enviara tropas estrictamente españolas, porque así lograba del todo lo que se había propuesto durante su Campaña Admirable: que la guerra dejara de ser civil y se convirtiera en internacional, en guerra entre dos naciones, entre España y Colombia.
La Campaña Abominable de Boves empezó en propiedad en Calabozo, en donde ejecutó sin fórmula de juicio a cerca de noventa hombres, todos de raza blanca, y ordenó la captura y ejecución de otros treinta. A las mujeres y los niños los envió a un lugar aislado para que se murieran de hambre. Luego, en Aragua de Barcelona entraría a saco en la iglesia en donde se habían refugiado unos quinientos blancos, y los hizo ejecutar a todos en forma despiadada. En Barcelona ejecutó a no menos de mil blancos. Esa fue su campaña.
Después de separarse de Cajigal, Boves echó a volar solo. Pero no todo le fue fácil. Cuando intentó regresar a Calabozo, que era su patio, fue derrotado por Campo Elías, otro candidato a contraparte de Boves, el 14 de octubre de 1814. Esa batalla de Mosquiteros puede considerarse, en cierta forma, el momento en que los patriotas cambiaron la voz. Las cosas fueron más o menos así: Boves había decidido regresar, como dije, a su patio, que era Calabozo, para desde allí comenzar la toma del país entero y convertirlo en un país sin blancos. Bolívar, al enterarse de sus intenciones, envió a Tomás Montilla al frente de 600 hombres para atajarlo. Pero Montilla no pudo con Boves y, con apenas un tercio de su fuerza, tuvo que replegarse hacia los valles de Aragua y Boves llegó a los llanos de Calabozo, Bolívar decidió entonces mandarle a una de sus mejores fichas: Vicente Campo Elías, que en su paso hacia Calabozo incorporó a sus fuerzas a los recién vencidos, y en El Sombrero se reforzó con otra columna en la que estaban José María Maya, José Manuel Torres y Manuel Cedeño. Campo Elías, luego de reunir las fuerzas, llegó el 14 de octubre a la sabana de Mosquiteros, en donde Boves había colocado 2.500 hombres y dos piezas de artillería. Inicialmente la caballería de Boves, de unos 2.000 hombres, pareció tener la ventaja, pero al poco tiempo los independentistas neutralizaron a los llaneros y consiguieron la victoria. Boves se retiró precipitadamente con apenas 40 de sus combatientes, y Campo Elías, a pesar de lo que proclama de guerra a Muerte ofrecía la vida a los venezolanos aun cuando fuesen culpables, hizo una matanza generalizada de venezolanos que debe haber asustado a más de uno, incluido Bolívar. Calabozo quedó en poder de los patriotas mientras Boves se alejaba, listo para reclutar nuevos combatientes para su causa en contra de los blancos. Curiosamente, la barbaridad cometida por Campo Elías, igual a las que había hecho Boves, sirvió para que muchos indecisos tomaran partido por Boves.
En esos mismos días, Bolívar en los Llanos de Araure derrotó a Yáñez, y Cevallos voló cual garza asustada a Guayana, con lo que Boves, que reclutaba hombres a diestra y siniestra, se convirtió en el único enemigo verdadero de los patriotas por aquellos pagos. Poco después se le incorporaría Morales. Y juntos retomaron Calabozo luego de derrotar a Pedro Aldao (8-12-1814), cuya cabeza fue exhibida en San Fernando de Apure hasta 1818, cuando Páez la hizo enterrar con honores militares. Inmediatamente Boves pasó por las armas a casi todos los blancos y repartió sus tierras tal como lo había prometido en Guayabal. Bolívar se daba cuenta de que la situación se le complicaba cada vez más. La peor amenaza que tenía era la de Boves, que hasta había tenido que debelar una conspiración de los antiguos esclavos en su contra ¡porque era blanco!… La Campaña Abominable crecía, como una marabunta, y se acercaba a Caracas. En una encrucijada, a la vista de los morros de San Juan, los independentistas trataron de frenar a Boves. Vicente Campo Elías había ido de Valencia a San Juan de los Morros, donde se enteró de que los llaneros de Boves avanzaban hacia los valles de Aragua con intenciones de tomar Valencia y Caracas. Campo Elías retrocedió hasta el abra de La Puerta, que era paso obligado para llegar a donde Boves quería. Los llaneros realistas tenían unos 3.000 jinetes y unos 500 infantes, que al principio parecieron no ser suficientes, hasta que el asturiano, con un sistema parecido al de Páez en Las Queseras del Medio, derrotó a su rival. Eso fue el 3 de febrero de 1814. Pero Boves no era un general a la europea. Se sentía un combatiente más, un jinete más, un llanero más. Comía y dormía con sus soldados, y combatía también con ellos. Y ese día recibió un lanzazo que lo dejó mal herido, pero no vencido. Campo Elías no tuvo más remedio que dejar aquel campo y retirarse hacia el paso, también estrecho, de La Cabrera, para evitar que los llaneros realistas tomaran Valencia.
Herido Boves, Morales, su segundo, trató de tomar La Victoria, que era la llave para llegar a Caracas, pero se estrelló contra la resistencia de José Félix Ribas y un puñado de estudiantes de la Universidad y del Seminario, que defendieron como fieras la plaza el 14 d febrero (de 1814). Cuando ya estaban a punto de caer, una carga de Campo Elías, que llegaba desde La Cabrera, obligó a los realistas a retirarse en desorden. Caracas estaba aún a salvo.
A fines de ese mismo mes empezó una larga batalla por San Mateo, otro punto clave para dominar los valles de Aragua y pasar hacia Caracas. Allí tenía Bolívar una bella casa, que utilizó como campo atrincherado para evitar que Boves pudiera pasar. Fue allí, el 25 de marzo, en donde murió el neogranadino Antonio Ricaurte, cuando estalló el polvorín de los patriotas justo cuando llegaba al sitio una columna enemiga por la fila del cerro para caer por la retaguardia de los patriotas. La muerte de Ricaurte, aunque algunos afirman que ya era cadáver y Bolívar lo hizo colocar en el sitio para tener y explotar un mártir, fue convertida en uno de esos grandes actos de heroísmo al que apelan las naciones cuando tambalean. Boves, al enterarse de que Santiago Mariño se acercaba y podía cortarle la retirada, optó por levantar el sitio el 30 de marzo (1814) y presentar batalla a las fuerzas orientales de Mariño, a las que derrotó en Bocachica al día siguiente. A pesar de su victoria, se encontró perseguido por Bolívar y optó por unirse a Cajigal en el sitio de Valencia. Abril y mayo le sirvieron para rejuvenecer sus huestes con reclutas frescos que consiguió fácilmente en los Llanos, y el 15 de junio derrotó a Bolívar y a Mariño, coaligados por fin, en La Puerta. De allí fue a tomar Valencia, que fue cuando se produjeron las famosas y terribles escenas del baile de “piquirico”, que sirvieron para demostrar la barbarie del asturiano y sus llaneros. Poco después, el 16 de julio, entraría a saco a Caracas. En la entrada lo esperaban alegres y felices, dos realistas de alma y corazón, el Conde de La Granja, don Fernando Ascanio y Hurtado, y Juan José Marcano, para felicitarlo, y los llaneros, después de oírlos y entre risas, les cortaron las cabezas porque eran de raza blanca.
Bolívar, previamente, había organizado la famosa Emigración a Oriente, que casi vació la villa. Aquella masa humana que huía de los bárbaros dejó la ciudad el 7 de julio (1814), once meses después de la entrada del Libertador, y avanzó penosamente, dejando un reguero de muertos, hasta el 27 o el 28 del mismo mes, cuando los sobrevivientes entraron a Barcelona. Poco después Bolívar tendría que huir, perseguido por su propia gente, del territorio venezolano, que quedó casi todo en manos de los realistas, salvo por algunas guerrillas regadas. Boves apenas estuvo un corto lapso en Caracas, en donde las matanzas y saqueos fueron terribles. El 16 de octubre tomó Cumaná, donde los saqueos y la masacre fueron inenarrables (allí murieron las hermanas, los sobrinos y la madrastra de Antonio José de Sucre). En Los Magüeyes (el 9 de noviembre de 1814) fue su penúltima victoria, y el derrotado fue José Francisco Bermúdez. Por su parte, su segundo, Morales, fue vencido por Bermúdez y Cedeño en Maturín. Boves, el seudoinvencible Boves, en el final de su Campaña Abominable, encontró la muerte en Urica el 5 de diciembre. En esos días Simón Bolívar, que ya había tenido que escaparse y se había salvado por un pelo de ser ejecutado nada menos que por su tío José Félix Ribas, tuvo dos golpes de suerte: la muerte de Boves en Urica y la de Ribas, que había tratado de continuar la lucha en Tierra Firme y fue capturado y decapitado por los realistas, el 31 de enero de 1815, en Tucupido. El 17 de abril de 1815, como para confirmar la buena fortuna de Bolívar (a pesar de las apariencias), llegaba a las costas de Margarita la Expedición española de Pablo Morillo, que definitivamente convertía aquella guerra en guerra entre dos naciones, y no guerra civil ni de colores. Esa fue la razón fundamental de que Bolívar, a la larga, pudiera obtener la victoria total. La Campaña Abominable había quedado definitivamente enterrada.






