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Sección: Arte y Cultura

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Simplemente... amor

Carolina Jaimes Branger

Lunes, 24 de agosto de 2009

Los 7 Encuentros" habla de amor por los hijos, por la vida, por la naturaleza



Ese cubano universal que fue José Martí dijo que un ser humano está completo cuando ha plantado un árbol, ha escrito un libro y ha tenido un hijo. Debe ser así, no sólo porque lo dijo Martí, quien dijo tantas verdades, sino porque las tres cosas son obras de amor.

Yo he sembrado varios árboles en mi casa. He llenado de escritos muchas páginas, y tengo tres hijas. Pero la sensación de estar completa como ser humano la tuve cuando terminé de escribir mi cuento infantil "Los 7 Encuentros". Sentí que aunque no escribiera ni una línea más, ya había logrado plasmar mi legado como escritora, que es el mensaje que quiero transmitir como mamá de una niña especial.

Esta situación particular de vida me ha enseñado que la mayor fuerza que existe en el mundo es el amor. A pesar de que en lugares y en ocasiones sintamos que estamos rodeados de odio y que ese odio es el que "manda", por fortuna para todos el amor, como dijo San Pablo en la más hermosa de las cartas que escribió, "& todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás".

Esta semana viví en toda su plenitud el significado de esta frase, cuando mi amigo Freddy Lujano me llamó para contarme esta historia: Tina, su hija de 10 años, estudia en un colegio en el que integraron una niña especial en su salón de clases. Cuando la niña especial entró, tanto Tina como sus compañeras la rechazaron porque la sentían "distinta". No les gustaba incluirla en los grupos de trabajo porque era "lenta". En vano Freddy trató de convencerla de las dificultades que tenía la niña y cuán injusto resultaba que se las aumentaran con esa actitud.

En esos días Freddy llevó a su casa mi cuento. Durante varias noches, lo leyó y lo comentó con Tina. Un día de regreso a su casa, se encontró con un alegre grupo de trabajo de su hija y una sorpresa mayúscula: la niña especial era parte de ese equipo. Y su emoción fue mayor -y lo que lo motivó a llamarme a contarme esto- fue que Tina hizo campaña entre sus compañeras para que nombraran a la niña especial representante del salón en un evento del colegio, y lo logró. A mí se me salieron las lágrimas de la emoción.

Sólo porque esto hubiera sucedido, valió la pena escribir mi cuento. La siembra de amor que significó escribirlo, está dando frutos.

Plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo. Simplemente, amor.

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